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CUBA. DIEZ DÍAS DE ENERO. -Diarios de Viajes de Cuba- Artemisa23
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Diario: CUBA. DIEZ DÍAS DE ENERO.  -  Localización:  Cuba  Cuba
Descripción: Visita de La Habana y un poquito de las zonas occidental y central.
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Etapa: PREPARATIVOS, VIAJE Y LLEGADA A LA HABANA.  -  Localización:  Cuba Cuba
Fecha creación: 01/02/2014 18:02  
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La decisión de hacer un viaje a Cuba en unos días que nos quedaban de vacaciones fue bastante sencilla, establecer el itinerario resultó mucho más complicado. Primero piensas en el clásico combinado La Habana-Varadero, pero en cuanto empecé a indagar, me di cuenta que, puestos a hacer 8.000 Km. y 10 horas de viaje en avión de ida y otros tantos de vuelta, para nuestros gustos había otros lugares más atractivos que una estancia playera por muy bueno que sea el todo incluido. Simplemente se trata de una preferencia personal porque cada cual tiene su forma de ver y vivir las vacaciones. Lo que sí queríamos era visitar algún Cayo para conocer las playas cubanas y hacer un poco de snorkel.

Conforme iba leyendo información, añadía nuevos destinos y descubrí también que la isla es más grande de lo que me había imaginado, con lo cual lo que empezó en siete días acabó en doce, en realidad diez, pues un día se va en la ida y otro en la vuelta: en total, diez días completos allí. Como no era posible alargarlo más, tuve que eliminar lugares tan atractivos como la zona oriental de la isla. Me puse unos destinos fijos como La Habana un mínimo de tres días, Viñales, Trinidad, Topes de Collantes y algún cayo. Demasiadas aspiraciones para tan pocos días, lo sé; pero como los días son los que son, ahí empezó la locura de ver qué hacer, en qué orden y cómo cuadrarlo todo.

La excursión a Viñales de un día desde La Habana que ofertan las agencias no me convencía, es una paliza y te pasas la mayor parte del tiempo metido en el bus pues hay 189 Km. desde La Habana a Viñales. Además, quería incluir Las Terrazas y Soroa. Hay guías que ofertan los tres destinos en un día con un taxista, pero incluso esa opción a la carta seguía pareciéndome una paliza para una sola jornada. Así que me planteé dos o tres días por esta zona para poder unir también Cayo Jutías o Cayo Levisa.

El alquilar un coche quedó descartado casi desde el principio: para dos personas sale bastante caro, en enero no hay demasiadas horas de sol (amanece a las siete y anochece a las seis), a mi no me gusta conducir, somos incapaces de levantarnos antes de las ocho a no ser que nos obliguen y circular por las carreteras cubanas de noche no es muy aconsejable si no se conocen. Tanteé la opción de contratar un coche con conductor, pero el precio también subía mucho. Miré contratar taxis para ir de unos lugares a otros, pero eso complicaba bastante el tema, y con el autobús se pierde bastante tiempo. Finalmente encontré una solución intermedia que terminó saliendo bastante bien: un mini-circuito de tres días: el primer día recorriendo Las Terrazas y Soroa (durmiendo en Soroa), el segundo día visitando Cayo Levisa (duramiendo en Viñales) y el tercer día por Viñales con regreso a La Habana por la tarde. Lo contraté desde España por internet.

Respecto a la zona central, ir a Trinidad sin coche era incluso más peliagudo pues la distancia es realmente considerable 335 Km, y en Viazul suponía casi un día perdido en el trayecto en bus. Puede interesar en viajes más largos, pero con tan poco tiempo, fastidia bastante la verdad. Así que, por cuestión de precio y para aprovechar al máximo, volví a decantarme por la opción del mini-circuito de cuatro días.

Por las fechas de los vuelos, sobre todo el de ida, el 2 de enero, los precios eran bastante elevados, si bien no tanto como en la semana de Navidad. Pero como las fechas no eran negociables por razones laborales, después de mucho mirar y esperar con paciencia a que bajaran los precios de los vuelos (que, por cierto, no hicieron más que ir subiendo según pasaban las jornadas), aproveché una oferta puntual on line de Halcón Viajes, que incluía vuelos directos con AirEuropa, traslados aeropuerto-hotel-aeropuerto, visados, seguro ampliado (que necesito por razones particulares) y 10 noches en el Hotel Sevilla. La oferta era cerrada y suponía perder cinco noches de alojamiento en La Habana, pero por más que busqué, no encontré nada que me saliera más barato en un hotel con esa ubicación, aun reservando cinco noches menos. Por mi cuenta, sorprendentemente solo el vuelo me salía 200 euros más barato por persona que el paquete completo, a lo que tendría que añadir el hotel, los traslados, los visados y el seguro.

En resumen, que un viaje a Cuba lleva tiempo de preparar y tampoco resulta demasiado barato. Hay formas de ahorrar, moviéndose con los autobuses de Viazul, alojándose en casas particulares, etc; pero hay que estudiarlo mucho y contar con más días. Así que a estudiar toca, al fin y al cabo los preparativos no dejan de ser una parte misma del propio viaje, ¿no?

Dejo un pequeño mapa casero, en naranja los lugares que íbamos a visitar:


El dos de enero salimos con apenas diez minutos de retraso desde el aeropuerto de Barajas. Había reservado los asientos del avión en la web de AirEuropa (10 euros por asiento y vuelo), si bien en la ida no conseguí pillar los de primera fila, con más espacio delante para estirar las piernas. Salimos con lluvia y frío a las 15:15 hora española y después de más de 10 horas de vuelo pesado e interminable, pero sin incidencias dignas de mención, llegamos a La Habana sobre las 19:15 hora cubana, ya de noche allí. Los trámites en el aeropuerto José Martí fueron lentos, pero a nosotros se nos dio bien y terminamos pronto. Nos estaba esperando un autobús de Travelplán para llevarnos a los respectivos hoteles. Otros viajeros tardaron más y aprovechamos la espera para ir a cambiar a la Cadeca (Casa de Cambio) del aeropuerto. Tardamos una media hora porque había bastante cola, pero nos venía muy bien llevar ya moneda cambiada. El cambio fue parecido al que nos dieron en otras Cadecas de La Habana, creo que no varía demasiado de unas a otras, incluso puede que sea hasta el mismo. Donde no hay que cambiar es en los hoteles. En los bancos no probamos, había demasiadas colas.

El trayecto desde el aeropuerto José Martí hasta La Habana Vieja nos llevó una media hora. La verdad es que llegar a La Habana de noche y descubrir sus calles desde el bus es toda una experiencia, porque aunque vas sabiendo que las ciudades en Cuba están mucho menos iluminadas de lo que estamos acostumbrados en España, no deja de resultar chocante encontrártelas medio en penumbra, mientras intentas desentrañar el estado de los edificios, que se adivinan unos decrépitos y otros hermosos y coloristas; pero sobre todo sorprende la gente, la gran cantidad de personas que se mueven tranquilamente entre las sombras. Los parques y las aceras están repletos de niños que juegan, gente que pasea, habla en corros o sentados en bancos o en sus propias sillas. Te preguntas, cómo pueden estar tan panchos en un lugar tan oscuro; y te da un poco de cosa pensar que tú mismo tendrás ir por esas calles en cuestión de horas. Sin embargo, la sensación de cierta inquietud se supera muy pronto.

En el autobús nos dieron una hoja de Travelplán con reseña de excursiones y una cita para el día siguiente a las 09:15 para la reunión informativa de rigor, reunión a la que no íbamos a asistir entre otras cosas porque a esa hora ya estaríamos de camino a Las Terrazas y Soroa.

En la misma entrada del Hotel Sevilla, mientras recoges las maletas, están aposentadas bastantes personas que te ofrecen de todo, guías, taxis, visitas turísticas, puros… No somos muy aficionados a escuchar al primero que se dirige a nosotros y, además, íbamos muy aleccionados sobre el tema de los jineteros, buscavidas y demás gente que intentan sacar algún cuc extra a los turistas, así que simplemente con decir “no, gracias”, la primera prueba quedó superada.

El Hotel Sevilla es todo un histórico en La Habana, fue inaugurado en 1908. Allí se alojaron en los años dorados de la ciudad escritores, actores de cine, cantantes y también tuvieron su cuartel general famosos gansters como Lucky Lucciano. Hay colecciones de fotos de la época muy interesantes en uno de los vestíbulos, junto a los ascensores. Tiene una fachada de corte neomudejar realmente preciosa y sus salones respiran un sabor clásico que resulta muy atractivo, más aún por la noche en que pasan más desapercibidos los desperfectos causados por el tiempo y un mantenimiento limitado. El patio andaluz es encantador para tomar un cóctel o una cena rápida, siempre amenizada con actuaciones en directo de grupos de música cubana.

Al llegar, teníamos hambre, pero estábamos cansados y al día siguiente nos íbamos temprano para Soroa, no nos apetecía salir a patear las calles, buscando un sitio donde cenar. Así que nos sentamos en el Patio Andaluz y pedimos un par de cócteles, unos bocatas de atún (muy ricos) y una ensalada (pimientos y judías verdes de lata), mientras empezábamos a acostumbrarnos a las actuaciones de músicos en directo, que ya no nos abandonarían durante todo el viaje. Nos cobraron 19 CUC, un poco caro, pero tampoco se puede esperar otra cosa en el patio de un hotel así. Y, naturalmente, los músicos pasaron la gorra al final de la actuación, pidiendo una colaboración. Empezábamos con las propinas (esa noche, en media hora, maletero, camarero y cantantes), rutina impuesta que se repetiría constantemente a lo largo del viaje. Terminas aceptando que es algo propio de Cuba, como la música, el ron, la alegría de los cubanos o la imagen del Che. Al principio te pillan un poco descuidado, pero pronto aprendes a disponer de monedas suficientes para no dar de más: un cuc es una propina más que suficiente (en los lavabos, con 0,20 ó 0,30 está bien).

Por supuesto, dada la oferta que llevábamos, no esperábamos ni el desayuno vip en el restaurante del ático, ni una habitación tipo suite con maravillosas vistas en los pisos más altos. Nuestro desayuno era en el buffet del lobby y nos dieron una habitación normalita en el tercer piso que daba a la calle. No era muy amplia (la cama si tendría casi 2m de ancha), pero tampoco íbamos a parar mucho dentro. El armario muy pequeño, una mesa, una cómoda con cajones, un escritorio y una televisión grande de pantalla plana. Había secador de pelo y botecitos de gel, champú y body milk. Los muebles viejos, igual que las toallas, sábanas y colcha. El cuarto de baño muy antiguo también. Sin embargo, todo estaba limpio, no había bichos más allá de algún insecto tamaño pequeña mosca, el agua salía caliente y el aire acondicionado funcionaba bien. Había enchufes a 110 y 220 voltios, y no son necesarios adaptadores. Los cargadores de teléfonos y máquinas de fotos cargan bien incluso en los enchufes de 110.

Habitación con figuritas de cisnes (otro día tuvimos elefantes):

Por la noche, como es lógico, costó conciliar el sueño por la diferencia horaria, y en la nebulosa de ese querer dormir y no poder, escuché con horror como golpeaba furiosamente el agua contra los cristales de las ventanas: estaba lloviendo a cántaros. ¿Se habría acabado nuestra tradicional suerte con el tiempo en los viajes? ¡Puffff!

Fachada del Hotel Sevilla por la noche:

Uno de los salones del hotel:

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Ver Etapa: PREPARATIVOS, VIAJE Y LLEGADA A LA HABANA.



Etapa: LAS TERRAZAS Y SOROA.  -  Localización:  Cuba Cuba
Fecha creación: 01/02/2014 18:34  
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Desayunamos en el buffet del lobby. Desayuno correcto sin tirar cohetes, con fiambres, bollos y pastelillos no muy variados, huevos, bacon, salchichas, morcilla… Los zumos normalitos, para mi gusto mejor el de mango que el de naranja. Te hacían tortilla francesa al momento si la pedías. El café no estaba mal, de máquina o servido de una jarra. Frutas tropicales, también plátanos. Todo amenizado por un grupo que interpretaba música clásica. Realmente difícil de explicar la sensación entre decadente y encantadora de desayunar en el comedor de época de un hotel de supuestas cuatro estrellas, con bastantes cristales rotos en sus bellas ventanas con vidrieras, alguna pequeña hormiga ascendiendo por el mantel y música de fondo en directo como en el Titanic.

Antes de irnos, avisamos en la recepción del hotel que no se extrañasen si a lo largo de los diez días de nuestra reserva, algunas noches no dormíamos en la habitación, ya que teníamos previsto desplazarnos a otras zonas del país por varios días. Naturalmente, no pusieron ninguna pega, pero agradecieron que se lo advirtiésemos para quedarse tranquilos y no achacar nuestra ausencia a alguna otra circunstancia menos grata. Dejamos en la habitación parte del equipaje y llevamos solamente lo que íbamos a utilizar en los tres días que íbamos a pasar fuera, lo cual nos resultó francamente cómodo.

A las 08:30 vinieron a buscarnos para iniciar la excursión de tres días por la zona occidental de Cuba. Eramos cuatro personas, nosotros dos y una pareja sueca, muy majos los dos, ella había vivido en Madrid unas cuantas semanas para estudiar español y él había estado de visita varias veces, así que hablaban un poquito de español. A mi intento de ser amable y prácticar inglés (where are you from? …), el chico respondió con un “I love Madrid” tan sincero, corroborado por ella, que los dos se ganaron mis simpatías de inmediato, jeje. Completaban el grupito la guía y el conductor, los dos realmente muy abiertos y agradables, buena gente. Estuvimos los seis como en familia durante los tres días. Para mi, lo peor fue que el monovolumen en el que fuimos tenía los cristales tintados muy oscuros y eso me molesta en los viajes porque me gusta ver bien el exterior e ir haciendo fotos.

Después de la lluvia torrencial de la noche anterior, estaba todo empapado y el día había amanecido cubierto. Salimos al Malecón y empezamos a ver los edificios ya a la luz del día. La guía nos fue explicando exhaustivamente los lugares que íbamos recorriendo y contestaba a todas nuestras preguntas. Las olas golpeaban furiosamente y pudimos comprobar de primera mano la veracidad de las fotos que aparecen en algunas revistas: las olas se elevaban varios metros, pasaban por encima del malecón y el agua caía inclemente no ya sobre las aceras (no había peatones imprudentes a la vista) sino sobre los pocos vehículos que circulaban por la zona del Malecón, uno de ellos el nuestro. Daba un poco de cague el violento pero hermoso espectáculo. Supongo que a la gente del norte de España no le hubiese producido la impresión que a nosotros.

Recorrimos la zona occidental de La Habana, vimos las banderas agitarse al viento frente a la oficina de negocios estadounidense, pasamos por Miramar, el barrio más elegante, con sus amplios y arbolados paseos flanqueados por magnificas casas de principios del Siglo XX, perfectamente conservadas, muchas de ellas en la actualidad representaciones diplomáticas y residencias de extranjeros; vimos el extraño y enorme edificio de la antigua embajada de la URSS (hoy embajada de Rusia), los barrios de las afueras… En fin, lugares y detalles que ahora se me escapan y que nos iba explicando la guía, con la cual congeniamos bien desde el primer momento. Al final, tomamos la autopista y empezamos el viaje propiamente dicho. Unos 74 Km. hasta nuestro primer destino: Las Terrazas.

Por el camino, pudimos apreciar las peculiaridades de la autopista cubana, más bien una vía desdoblada de dos carriles en cada sentido, en la que te podías encontrar cualquier cosa, animal o persona. El tráfico es muy escaso y la velocidad no es baja (unos 100 Km/h), pero requiere bastante atención porque en cualquier momento aparecen peatones cruzando, personas que esperan la llegada del autobús pero que se refugian del sol o la lluvia debajo de los puentes, en la mediana; muchos ciclistas, algunos circulando en sentido contrario y no siempre por la parte derecha o el arcén, coches del año de cantalapiedra circulando a 20 Km/h, carros de todo tipo, vehículos parados por averías o cuyos conductores se detienen para charla de sus cosas o a recoger a las numerosas personas que “hacen botella” (el autostop es una forma de transporte como otra cualquiera en Cuba, incluso favorecida por las autoridades que proclaman que el que tiene un vehículo debe ayudar al que no lo tiene). Tampoco es nada extraño tropezarse con vacas, caballos y hasta cerdos aposentados en la pista o cruzándola a sus anchas. De hecho, fuimos testigos de todo eso. El firme en general no es malo, pero sin previo aviso surgen más que baches, socavones, que deben sortearse improvisadamente. Nuestro conductor iba rápido, pero conocía perfectamente el terreno, yo creo que se sabía los baches de memoria y no noté que cometiera las imprudencias que he visto en otros lugares.

El cielo no cambiaba su color gris, pero había dejado de llover. Ya en la provincia de Artemisa (jaja, ¿qué me recuerda ese nombre?), quiso asomar un poco el sol, pero al desviarnos por la carretera que lleva a Las Terrazas, el asomo de luz quedó atrás y nos enfrentamos con las hermosas elevaciones de la Sierra del Rosario y unos nubarrones negros muy poco prometedores. Pese a todo, el paisaje envuelto en una frondosa vegetación era francamente bonito.




LAS TERRAZAS.

Este complejo o “comunidad”, como le llaman, surgió en 1968 por una iniciativa del Gobierno cubano para rescatar antiguos parajes de la deforestación acaecida en tiempos coloniales por la sobre-explotación de las minas de cobre y las plantaciones cafeteras. Aprovechando un proyecto de la UNESCO de 1971 para vincular a las comunidades rurales con su entorno, se creó un pueblo de unas 900 personas, salpicado de pequeñas casas proyectadas para armonizar con la privilegiada naturaleza de la zona, con todos los servicios de una ciudad en miniatura. Se trataba de animar a los campesinos de la zona a permanecer en ella y cuidar de su entorno natural . En 1985, la UNESCO declaró “Reserva de la Biosfera” a la Sierra del Rosario y se iniciaron planes para convertir “Las Terrazas” en un centro de turismo sostenible y ecológico. Desde 1995 todas las ganancias que reportan los ingresos turísticos revierten en el cuidado del medio ambiente y del pueblo.

Un inciso para señalar que aquí ya vimos como la guía empezaba a pagar entradas y a guías locales. Con ello quiero decir que la visita de la mayor parte de los lugares con interés turístico, incluso en plena naturaleza, suele costar un precio en Cuba. No pretendo valorarlo, supongo que es necesario para mantener los entornos, simplemente lo comento a título informativo.

La verdad es que el lugar es precioso, con una espesa vegetación semi-selvática y casi virgen, cuyo atractivo no quedaba empañado por un día sumamente gris. En el centro de recepción de visitantes, situado frente a un hermoso lago, nos obsequiaron con un cóctel y conocimos a la guía local, una joven lugareña encantadora, que nos fue mostrando los alrededores, al tiempo que nos contaba un sin fin de cosas de la comunidad, nos mostraba aves, cultivos, las plantas, las casas… Por ejemplo, nos enseñó a identificar la flor nacional y la típica palmera cubana: la palma real. También respondió a todas las cuestiones que le íbamos planteando sobre todo mi marido y yo pues los suecos hablaban menos. Nos invitaron a café en el Café de María, una encantadora señora mayor a la que saludamos; fuimos a visitar la Casa Museo de Polo Montañez, un conocido cantante de la zona, fallecido a los 37 años en un accidente, muy querido por los cubanos y paseamos por el entorno del Hotel Moka, todo ello en el marco de un paisaje realmente idílico, en el que no faltaban caballos pastando y bastantes rapaces surcando el cielo nublado.




Me hubiera apetecido hacer la tirolina sobre el río, pero no funcionaba debido al mal tiempo. Empezó a caer una fina lluvia que si bien no molestaba demasiado, tampoco permitía otras actividades previstas como bañarnos en las pozas del río o emprender alguna caminata seria por los bonitos senderos. Una lástima.


Fuimos colina arriba hasta las ruinas del antiguo Cafetal Buenavista, que data del año 1802, a 240 metros de altitud, con unas vistas preciosas de toda la comunidad y la Sierra del Rosario. Se pueden ver los antiguos secaderos y conserva la cocina original, la antigua casona se ha convertido en un pequeño restaurante, donde comimos muy bien, quizás porque era nuestra primera comida en Cuba y todo suponía una novedad: ensalada, malanga (un tubérculo parecido a la papata), moros y cristianos (arroz con frijoles negros), ropa vieja (una mezcla de verduras con tiras de carne, muy rica), pollo y de postre arroz con leche. Disfrutamos bastante de la comida los siete, nosotros cuatro, las dos guías y el conductor, hablando de todo un poco, de España y de Cuba (de Suecia, menos, Riendo .)

Cafetal Buenavista:


Como la lluvia no cesaba y el baño en el río San Juan resultaba una utopía, cuando terminamos de comer dejamos Las Terrazas y emprendimos viaje hacia Soroa, que está a unos 16 Km, una media hora.

SOROA.

La población de Soroa se encuentra a 250 metros de altitud sobre el nivel del mar, rodeada de selva tropical. Los lugares más turísticos se encuentran en la zona conocida como Villa Soroa, junto al cauce del río Manantiales, un sitio muy bonito. Por fortuna había dejado de llover.


En primer lugar, fuimos a visitar el Orquideario. Había leído comentarios de foreros diciendo que no vale la pena entrar a verlo. Como nosotros lo teníamos incluido, entramos. Eso sí tuve que pagar un cuc por hacer fotos. También teniamos incluido servicio de guía, un señor mayor muy amable que nos explicó todo lo habido y por haber sobre las flores y las plantas del parque, lo que te hace ver la naturaleza con otros ojos. La vegetación espectacular, no había demasiadas flores quizás por la época del año, pero el tamaño y el color de las hojas y los árboles hacen que el paseo resulte muy agradable. También hay una preciosa vista de la Sierra del Rosario, aun sin sol. A mi me gustó, pero, claro, no tuvimos que abonar el precio de la entrada (creo recordar que eran 4 cuc). A mi modo de ver, un lugar bonito pero no imprescindible si se va ajustado de presupuesto.






A continuación, fuimos caminando por la orilla del río hacia la cascada del Saltón (también se paga por verla). Muy agradable el paseo por el bosque tropical y la vista desde un mirador, hasta llegar a la bonita cascada (a mi todas las cascadas me gustan). Estaba previsto un baño en la poza que forman sus aguas, pero el tiempo no estaba para baños. Por un lado mal y por otro bien porque había muy poca gente en un lugar por lo general bastante concurrido.




Nuestro hotel era el “Villa Soroa”, a 200 metros del puente que cruza el río para ir a la cascada del Saltón, muy cerca del orquideario. Es un complejo de cabañas (bungalows) individuales, que rodean una gran piscina. Las habitaciones que conforman las cabañas son muy básicas y dan la sensación de ser un poco endebles, como a merced de la lluvia y el viento.Por lo demás, estaba limpio y el agua caliente funcionaba perfectamente.




En cuanto dejamos las cosas en la habitación, ya solos, volvimos al puente que cruza el río. No llovía e incluso se atisbaba algún rayo de sol entre las nubes (aún no habíamos visto ni el sol ni el azul del cielo cubano). Queríamos subir al mirador, desde donde nos aseguraron que había unas hermosas vistas de la sierra y del valle, llegando incluso a verse la costa. Es una atractiva caminata de unos dos kilómetros por el bosque tropical. Ascendimos el sendero deprisa porque también queríamos intentar ir después al Castillo de las Nubes. La subida es empinada y tiene algún tramo fuerte, pero nada especialmente fatigoso. Si hay tiempo, merece la pena hacerlo: las vistas son espectaculares.y no se puede por menos que sentarse a disfrutar del panorama, eso sí, sin acercarse demasiado al borde del risco porque hay una caída de cuidado. Allí salió un poquito el sol y nos regaló una vista idílica. Tardamos una hora larga entre subir y bajar.





La palma real (palmera símbolo de Cuba):

De vuelta a la carretera, la seguimos hasta el Castillo de las Nubes, anunciado como “la mejor vista de Soroa”. Daba vueltas y revueltas y parecía que no se acababa nunca. Nos habían dicho que era un kilómetro y medio, pero parecían cien. La verdad, no sé, pero anduvimos mucho más seguro. Si tenéis coche, subid con él. Al fin, llegamos al castillo, que es una imitación de un castillo medieval construido en 1940 por el propietario de las tierras. Ahora está casi en ruinas, pero en la distancia da el pego y con un entorno espectacular, las fotos quedan muy aparentes. Se ven andamios y obras empezadas para convertirlo en un restaurante, pero según el vigilante, un tipo muy dicharachero y agradable, nos dijo que ya tenía que estar abierto al público. Así que la cosa va para largo.


Nos quedamos sorprendidos cuando nos dijo que teníamos que pagar entrada para llegar al mirador propiamente dicho, ya que desde la zona donde está el castillo tampoco es que se vea demasiado. Recelamos un poco, pero tenía tickets impresos y, al final, después de tanto padecer para llegar arriba, no era cuestión de marcharnos sin más. Así que pagamos, creo que fueron 2 cuc. Luego lo entendimos el motivo del pago, se trata de una especie de restaurante con pequeña piscina e instalaciones recreativas. A la hora que fuimos (casi las seis de la tarde) ya solo quedaba abierto el bar. Compramos nuestra primera TuKola y contemplamos el paisaje. Muy bonito, pero me gustaron más las vistas desde el mirador del parque, claro que allí hay que subir a pata y aquí se puede llegar en coche cómodamente.


Al salir, el vigilante nos indicó un atajo para no tener que bajar nuevamente por la carretera. La verdad es que ahorramos mucho tiempo, lo que nos vino muy bien porque se echó la noche encima rápidamente.
Cenamos en el restaurante del hotel, un sitio agradable, con buenos cantantes en directo, que pidieron su correspondiente propina al terminar, pues no faltaba más. La cena estuvo bien, los entrantes, fijos (ensalada, patatas y arroz) y los principales a elegir (pollo, carne de res o cerdo con guarnición de verduras). De postre, mermelada de mango con queso.

Por la noche, me despertó un aguacero tremendo que golpeaba las endebles paredes de la cabaña: otra noche pasada por agua, menudo panorama para el día siguiente, en Cayo Levisa
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Ver Etapa: LAS TERRAZAS Y SOROA.



Etapa: CAYO LEVISA.  -  Localización:  Cuba Cuba
Fecha creación: 01/02/2014 21:09  
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Al amanecer, oí el canto del gallo. Teníamos que salir muy temprano porque, según nos dijeron, el camino hasta el muelle donde se coge el barco para Cayo Levisa (una isla, a la que se llega en un barco que sólo tiene horario de salida a las 10:00 y de regreso a las 17:00) más que largo es complicado por el mal estado de las carreteras. Después de desayunar en el buffet del restaurante, emprendimos la ruta. No llovía, pero estaba muy nublado. Pese a todo, llevábamos bañadores, tubos y gafas para hacer snorkel, qué optimistas, jeje.

Todo lo que nos contaron sobre la carretera desde Soroa al muelle del barco para Cayo Levisa se quedó corto. Al mal estado habitual de esas carreteras, junto con los parones debidos a encontrar ciclistas, peatones, vacas, cerdos, caballos, burros y demás en las calzadas, se unieron los efectos de la lluvia torrencial de la noche anterior, que dejaron las vías hechas un verdadero desastre: no había socavones, sino auténticas cuevas en las carreteras. Atravesamos pueblos, donde pudimos ver calles de tierra, casas semi derrumbadas y gente realmente pobre. Sin embargo, también vimos bastante ganado pastando en los campos verdes.

Llegamos por los pelos a coger el barco: nuestro vehículo parecía una croqueta, rebozada en barro del camino, el cielo estaba muy gris y la toilet del bar del muelle en estado realmente deplorable. No pedían propina; faltaría más; pero la verdad, para eso, mejor que la pidan y esté en condiciones.

Muelle en el que se coge el barco hacia Cayo Levisa.
Ese día nuestra guía pudo venir con nosotros a Cayo Levisa. No lo conocía, era la primera vez que la dejaban embarcar hacia allí. Normalmente, los cubanos no tienen permitido ir a Cayo Levisa, que está muy cerca de las costas norteamericanas y es un lugar muy utilizado por los balseros para huir de Cuba. El trayecto dura unos 20 minutos.

Vista desde el barco:

La pequeña isla es la más turística del archipiélago de los Colorados. De lejos parece un enorme manglar con un largo dedo de arena blanca en un extremo, quizás una instalación playera desierta o abandonada. Nada más desembarcar, cruzamos unas pasarelas de madera que están sobre los manglares, donde se asienta una urbanización de cabañas turísticas también unidas por pasarelas, que armonizan bien con un paisaje casi virgen, y llegamos a una playa de arenas blancas de unos tres kilómetros de longitud.
Llegada a Cayo Levisa:

Nos dieron un cóctel de bienvenida. Hay dos restaurantes, un centro de buceo (ese día cerrado por el mal tiempo), vestuarios, etc. Pudimos utilizar las tumbonas y las sombrillas: pero de baño, nada. Nuestro gozo en un pozo, nos habíamos quedado sin uno de los alicientes del viaje: el snorkel en el famoso arrecife coralino de Cayo Levisa. De pantalón corto, paseamos por la orilla, con las olas lamiendo nuestros pies: el agua estaba caliente. En la arena había algas y coral arrancado por las fuerte lluvias de la noche anterior. Vimos pájaros y cangrejos ermitaños, pero con el mal tiempo no pudimos deleitarnos con las estrellas de mar que aparecen en tantas fotos de este lugar.



Recorrimos la playa hasta una zona en que el manglar no deja seguir y regresamos, caminamos hacia el otro lado, observando las cabañas de la urbanización entremezcladas con los árboles, al borde de los manglares. Luego descansamos en las tumbonas, recibiendo la caricia de la brisa fresca. Poco más había que hacer en Cayo Levisa con semejante tiempo. Una lástima porque yendo a la derecha, pasada la urbanización, hay una bonita zona de playa virgen.



Fuimos pronto a comer al restaurante El Galeón, donde teníamos comida y bebida incluida: era un buffet con la sempiterna comida cubana: ensalada, verduras, arroz (esta vez amarillo) y pescado a la parrilla, unos pescados enteros muy raros y también filetes (muy rico). En las zonas marítimas de Cuba siempre hay que tomar pescado, suele estar muy bueno, mucho mejor que en La Habana, donde no siempre se encuentra. Oímos a los trabajadores cubanos comentar que pescado de esa calidad no llega a la capital y si llega cuesta muy caro. Tomamos Tukola y Bucanero (la cerveza más fuerte, la más ligera se llama Cristal). Para tomar el café nos dieron una pajita, curioso, era la primera vez que tomábamos café con pajita.


Después de comer, nuevo paseo por la playa y los manglares. Había mosquitos, muy pequeños, como minúsculas motas negras, parecían inofensivos (¡ya,ya!). La luz en la playa se volvió extraña, el reflejo en el agua adquirió un tono sorprendente: o iba a aclarar o a caer el diluvio universal.



Lamentablemente, sucedió esto último. Eran las tres de la tarde y el barco no salía hasta las cinco, ¡menudo panorama! Atrapados bajo los cobertizos de madera y paja de un restaurante en Cayo Levisa…




Por fortuna, nuestra guía se movió rápido. Un barco que llevaba a trabajadores de los restaurantes de regreso a sus casas salía a las cuatro; si estábamos de acuerdo podía intentar que nos llevaran. Hay unanimidad entre los suecos y nosotros: ¡siiiii! Y menos mal que pudimos hacerlo, porque empezó a diluviar y llegamos empapados, pese al cobijo metálico de las escasas zonas cubiertas del barco.


No sé cuántos kilómetros hay desde Cayo Levisa a Viñales, pero fue al menos una hora y media de viaje y no dejó de llover en todo el camino. Afortunadamente, todavía era de día y pudimos aprovechar la luz todo el trayecto, cosa que no hubiera sucedido de haber salido a las cinco. Eso sí, apenas había tráfico y después de un tramo sumamente malo, la carretera hacia Viñales mejoró.

Los paisajes eran verdes y hermosos y empezamos a ver los famosos mogotes, gigantes de piedra con formas fantasmagóricas entre la espesa capa de agua que poco dejaba ver detrás de los cristales tintados.

Llegamos a Viñales pasadas las cinco y media. Fuimos al hotel los Jazmines, donde supuestamente nos alojábamos mi marido y yo. Llovía tanto y se había puesto tan oscuro que ni nos acercamos al mirador. Lo veríamos al día siguiente. Finalmente había habido un error en la reserva y nos llevaron con nuestros compañeros suecos al hotel La Ermita. Los dos hoteles eran los que ofertaba el tour, así que no había motivo de queja. Luego nos alegramos del cambio de hotel.

El hotel La Ermita está situado en una colina, junto al pueblo de Viñales, que se divisa perfectamente desde el restaurante junto a una panorámica preciosa del resto del valle. Nos gustó el aspecto del hotel, magníficamente situado, y las vistas, aunque llovía muchísimo. Para ser un dos estrellas, estaba bien: una habitación amplia, con equipamiento muy básico pero correcto, baño limpio, agua caliente, y una bonita terraza que daba a una amplia piscina, inútil con aquel tiempo.

Vista del hotel cuando llegamos. Llovía muchísimo y estaba anocheciendo:
Cenamos en el restaurante-mirador, con las luces de Viñales al fondo, aunque al ser de noche no se veía gran cosa. Aparte de los entrantes sempiternos cubanos que no voy a repetir, nos dieron a elegir el plato principal y escogimos pasta con marisco (el marisco en Cuba normalmente se refiere a lo que ellos llaman “camarones”, pero que en España son “gambones”), que estaba muy buena. A destacar el membrillo de mango con queso que nos pusieron de postre.

Toda la noche estuvo lloviendo a cántaros. Hacía, no voy a decir que frío, pero sí bastante fresco. A unos diez grados, los cubanos se quejaban amargamente porque para ellos eso era mucho frío. Nos contaron que habían tenido un mes de diciembre muy cálido, con temperaturas de 30 grados hasta hacía un par de días. También nos explicaron que en enero suele haber algunos días de mal tiempo, porque llegan frentes fríos del norte (Estados Unidos estaba en plena ola de frío) que traen lluvia y bajas temperaturas. Nos había pillado, ¡pues qué bien! En la cama, mientras escuchaba caer el agua y soplar el viento, pensaba en que nuestra tradicional buena suerte con el tiempo se había acabado. Lo de no hacer snorkel en Cayo Levisa me importaba menos, habíamos podido pasear por la playa y, al fin y al cabo, el snorkel se podía hacer en otros muchos lugares; pero que nos lloviera de esa forma en Viñales me fastidiaba bastante. Es un sitio con un paisaje único, que apetece ver en todo su esplendor con luz y buen tiempo. En fin, tocaba cruzar los dedos.
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  Últimos comentarios al diario  CUBA. DIEZ DÍAS DE ENERO.
Total comentarios 20  Visualizar todos los comentarios

Artemisa23  artemisa23  03/05/2016 18:52   
Hola, vagalume8. Muchas gracias. Me alegro que te haya gustado mi diario y espero que te sea útil. La verdad es que no recuerdo el nombre de la agencia cubana con la que hicimos el tour. Podía ser algo así como Cubatour, cubanatour o parecido. Lo siento, no me acuerdo; además, había un par de agencias con nombre parecido y no podría asegurarte cuál fue.
Saludos.

ALFMA  ALFMA  16/10/2016 18:42   
artemisa23 Me ha gustado mucho el diario, muy bien explicado. Enhorabuena!!! te dejo las 5*

Artemisa23  artemisa23  16/10/2016 19:47   
ALFMA, muchas gracias por leer el diario y por los puntitos. Me alegro que te haya gustado. Saludos.

LANENA69  LANENA69  05/03/2017 14:08   
Veo que tenemos lso mismos gustos,nos vamos siguiendo los pasos,yo estuve hace unos 20 años,Cuba es mágica a pesar de la escasez y el deterioro,quisiera volver.Venga como me sigues cayendo bien te lo estrello,jajajajaja.

Artemisa23  artemisa23  23/03/2017 19:42   
No había visto tu comentario, LANENA69. Muchas gracias. La verdad es que hemos coincidido en los destinos de nuestros viajes. Pese a sus cosas, Cuba me gustó bastante y espero volver algún día. Ánimo con tus diarios.

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Charly66
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Ago 23, 2010
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Fecha: Mar Nov 28, 2017 05:42 pm    Título: Re: Cuba por libre: rutas e itinerarios

Para el tiempo que vas a estar en el cayo no compensa los kilómetros y el tiempo que vas a perder. Lo que dicen por ahí, quita cayo y mete cayo levisa o Jutías que son muy buenas playas en Viñales, también vas a tener playa en Trinidad y la Habana, aunque no son como esas. O haz como dice artemisa, haz excursión de ida y vuelta a Viñales. Ten en cuenta que si vas a Viñales en viazul, cuando llegues ya habrán salido las excursiones, con lo que tendrás que hacerla al día siguiente, el día que te vas y no podrás ver cayo levisa ni jutías porque salen muy temprano, podrás hacer la del valle...  Leer más ...
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Silver Traveller
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Fecha: Jue Nov 30, 2017 06:05 pm    Título: 14 días en Cuba

Lo primeros quiero agradecer a todos los que dejáis vuestros comentarios y anécdotas pues me han sido y serán muy útiles. Esta es nuestro segundo viaje a Cuba y la verdad es que tengo más ganas de ir que la primera vez y ya es decir. Vamos a ir desde 15 abril al 29 y nuestro recorrido será el siguiente: 15 salida de Madrid a La Habana,allí cogeremos el viazul con destino a Bayamo,allí estaremos en casa de unos familiares de una amiga que va con nosotros. Estaremos en Bayamo el día 16 El 17-18-19 nos trasladamos a pasar unos días en Guardalavaca en el hotel playa verde el cual nos han...  Leer más ...
Brigantina
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May 09, 2009
Mensajes: 23190

Fecha: Jue Nov 30, 2017 07:43 pm    Título: Re: 14 días en Cuba

Traslado tu mensaje al hilo adecuado.

Un saludo.
Charly66
Charly66
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Ago 23, 2010
Mensajes: 107

Fecha: Vie Dic 01, 2017 08:54 am    Título: Re: Cuba por libre: rutas e itinerarios

Yo para Santiago suelo coger casa en esta página rentaencuba.es/es/alqu... o-de-cuba/
Que envidia con las Tunas, es donde más tiempo paso cuando voy, no dejes de ir al Toledo´s, se come muy bien, está situado muy céntrico pero el cartel está pegado a la pared en lugar de saliente y es fácil pasárselo
fjrc
Fjrc
Super Expert
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Sep 13, 2007
Mensajes: 250

Fecha: Vie Dic 01, 2017 09:58 am    Título: Re: 14 días en Cuba

Hola buenos días, nosotros estuvimos en Santiago cuatro noches en esta casa totalmente recomendable: Nombre: Casa Miriam en Santiago de Cuba, Dirección: Heredia No. 412 entre Reloj y Clarin, Santiago de Cuba, Dirección electrónica: miriamgiro @ infomed.sld.cu, Teléfonos: 22 622328, 54 274666 ó 55 333503, está muy bien situada entre la plaza de marte y el parque céspedes, para comer hay dos lugares que a nosotros nos gustaron y recomendaron en la propia casa y fue un acierto total, Bendita Farandula y La terraza, lugares para visitar hay muchos, ahí no me atrevería a recomendar ya que es muy...  Leer más ...
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