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Venecia en profundidad - Brucelee2000 - Travel Journeys of Italy

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 Travelogue:  Venecia en profundidad      Author(s):  brucelee2000   brucelee2000 
Description:PELS PUESTUS PRODUCTIONS de la Venecia más conocida o la más íntima. ¿Te atrevés a descubrirla con nosotros?
Location: Italy  [Europe]    Input Date: 01/09/2008 12:48:47    Visits This Month: 110    Visits Prev. Month: 328    Whole you visit: 7547
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Journeys 1 to 5,   Total: 5  


 Journey: UN PASEO MUY AGRADABLE   

Empezamos el viaje desde el aeropuerto de Girona-Costa Brava con la compañía Ryanair. La verdad es que todo estuvo genial. Partimos un par de minutos antes de la hora marcada y llegamos también antes del tiempo previsto.

Tomamos Treviso a eso de las 6 y media de la tarde. Recogimos la maleta y salimos hasta la zona de recepción del aeropuerto para comprar un par de billetes de la compañía ARTV que te lleva hasta la piazzale de Roma en Venecia. Por suerte, nadie compró billete para alguna de las ciudades intermedias entre Treviso y Venecia, así que nos plantamos en la Serenissima antes de lo planeado.

Tras dejar atrás al horrorosa plaza de Roma, cogimos el mapa de la ciudad para intentar llegar lo más rápido posible a nuestro hotel. Según habíamos visto al hacer la reserva, lo teníamos bastante cerca. Además, un anciano se brindó a indicarnos la vía correcta. He de decir que la gran mayoría de los venecianos, al igual que este señor, son muy atentos y amables y que buenamente se prestan a ayudarte.

Así que en menos de 5 minutos nos plantamos en nuestro hotel “AL SOLE” un tres estrellas situado en Fundamenta Minotta, Santa Croce 136. Quedamos encantados de la fachada del hotel, ya que está en un antiguo palacio del siglo XIV. Además, tal y como habíamos pedido, nos dieron una habitación con vistas al canal y grata fue la alegría al abrir los ventanales y encontrar que por delante del hotel estaba pasando un góndola. Sin duda, un buen comienzo.

Por cierto, queréis ver nuestra habitación, está en la foto de la fachada del hotel. Es la segunda de arriba a la izquierda.


Así pues, tras admirar un rato el paisaje de la ventana (canal, tejados e incluso el campanario de San Pantalón), salimos a la calle dispuestos a tomar Venecia.

Nos sorprendió de entrada la estrechez de las calles. Sabíamos de ello por los comentarios del foro y de la guía, pero no te haces la idea hasta que no estás realmente allí. Y es que Venecia está repleta de callejones, soportales, calles sin salida o canales sin puente, y la verdad es que lejos de ser un contratiempo, llega a ser divertido e interesante, ya que siempre hay algo que ver.

Pasamos por Santa Maria Gloriosa del Frari, San Polo y San Aponal hasta llegar a las inmediaciones del Puente de Rialto. Antes, pero, nos encontramos con el reloj de la iglesia de San Giacomo di Rialto, famoso por no marcar hora correctamente desde tiempos inmemoriales. Tras admirar los pórticos fuimos sin más demora a visitar el famoso Puente de Rialto.


Tras vencer los numerosos tenderetes que hay, llegamos hasta el Gran Canal para tener una perspectiva del Rialto. No descubriré ahora está construcción, pero realmente es un portento de la arquitectura. Hasta finales del XIX fue el único puente que unía las dos orillas del Gran Canal. Es decir, forzosamente por él pasaban desde Dogues , comerciantes, nobles y aristócratas, hasta mendigos, ladrones y gente diversa. Personajes famosos de la ciudad como Casanovas y Tintoretto, también se veían obligados a pasar por el puente si quería llegar al otro lado del Gran Canal.

También es curioso encontrarse con que a banda y banda del paso central, hay dos hileras paralelas de tiendas, donde podréis aduirir cualquier tipo de recuerdo de la ciudad. Aunque no os lo aconsejo, porque aquí, inevitablemente son más caros. Nosotros pudimos evitar la tentación porque a esas horas ya estaban todo cerrado.

El balcón exterior nos permitió relajarnos mientras mirábamos la preciosa estampa del Gran Canal con sus góndolas, vaporettos, lanchas diversas, etc… Esta, claro está, es una parada obligada.


El siguiente punto de interés que nos habíamos marcado fue la piazza San Marcos, así, que guardamos el mapa y nos dejamos guiar por los numerosos carteles amarillos que te indican qué dirección coger para llegar a esta preciosa plaza. Así, sin más, nos dimos cuenta que estábamos pasando por debajo de la Torre dell’Orologio, y que delante nuestro estaba la que Napoleón calificó como “el salón más hermoso de Europa”. No es que tenga a Napoleón entre mis decoradores preferidos, pero he de admitir que la plaza te quita el hipo, y es que está pensada para impresionar a los visitantes. Si te imaginas que estás unos cuantos siglos atrás y que llegas a Venecia en barco, el panorama que te encuentras es de lujo y de poder, y es que los venecianos eran auténticos maestros en el arte de la opulencia y la grandiosidad. Una visita a la Basílica o al Palacio Ducal bien certifican estas palabras.

Estuvimos de suerte, ya que los retablos de la fachada de San Marcos estaban recién restaurados y sus colores brillaban aunque los rayos del sol poco a poco iban abandonando las calles de la antigua República[/align].


Pero la suerte fue desapareciendo, ya que parte de la piazza estaba ocupada por un escenario que impedía tener una visión global de la misma. Por desgracia, como veremos, no fue ese el único contratiempo.

Proseguimos hasta los pies de las 2 columnas que dan entrada a Venecia desde el Mar. Son las columnas de San Marcos y San Teodoro, que fueron traídas desde Constantinopla. Desde este punto se tiene una visión de la cerca isla de San Giorgio Majore muy bonita, con el embarcadero de las góndolas delante y la susodicha iglesia al fondo. Claro que también se puede observar a mano derecha la no menos impresionante Iglesia de Santa Maria della Salute. Pues aquí la suerte brilló por su ausencia. Resulta que está en obras, y aunque se adivinaba su perfil, pues la verdad, no es lo mismo.

Para colmo, avanzamos hasta el Ponte Della Paglia para hacernos una foro en pareja con el puente de los suspiros al fondo, (algo realmente muy original y que desde aquí invitó a todos los que visitéis Venecia a copiar esta original idea, ya que poca gente piensa en hacerlo... bueno, la verdad es que harían bien en poner un “su turno” para poder hacer la foto ya que hay una cantidad de gente tremenda retratando con el puente de telón de fondo), pues resulta, que la fachada lateral de los calabozos estaba ocupada por unos andamios. Vaya, pues que nos echaron a perder la instantánea.

En eso que la zona se iba llenando de vecinos, curiosos, turistas y demás gente. Al parecer, se celebraba ese fin de semana (tercera semana de julio) la fiesta del Redentore, que conmemora el final de la peste en 1576. Así es que desde la Giudecca se monta un castillo de fuegos artificiales y la gente se agrupa en torno a la desembocadura del Gran Canal para tener la mejor vista posible.

Nosotros paseamos tranquilamente por Riva degli Schiavoni y saludamos a Emanuele I que se encuentra allí a caballo, eso si, sable en mano por lo que pueda pasar. Luego nos adentramos por la calles del Castello, vimos el primer campanile inclinado, el de San Giorgio dei Greci. Al parecer el hundimiento de la ciudad afecta a la estabilidad de los campanarios, y ya veréis como este no es el único caso. Tras el tranquilo paseo sin rumbo por el Castello, volvimos hasta los pies del puente de la paja para hacer como el resto de gente allí agrupada. Comer a la espera de los fuegos. Pero no tuvimos paciencia, ya que pasaba el tiempo y no empezaban, así es que fuimos a comer nuestro primer helado, que por cierto estaba muy rico, y volvimos hasta la Torre dell’Orologio. Justo al entrar en San Marcos empezó el castillo de fuegos artificiales. Así que nos quedamos un rato a las puertas de la Basílica contemplando los avances por el cielo de los cohetes, para luego empezar la retirada que nos llevaría al hotel.


Fue este un paseo muy placentero, ya que la mayoría de gente se quedó admirando los fuegos, así que pudimos caminar con toda tranquilidad por unas calles, que en días sucesivos encontraríamos abarrotadas de gente. Nos cruzamos con todo tipo de tiendas, que si relojes, gafas, bolsos, máscaras, hasta una tienda con un F1 de Ferrari. Bueno, de todo lo que os podáis imaginar.

Así es que al llegar al Puente de Rialto, pudimos también subir tranquilamente y admirar desde esta posición, de nuevo, los interminables avances de la pirotecnia. Una vez más nos alegramos de que no hubiesen acabado, ya que era poca la gente que se encontraba sobre las balaustras del puente.

Antes de llegar al hotel, y a la altura de San Aponal, dimos un rodeo por la calle del Ponte Storto (el Puente Torcido), y tras cruzarlo y pasar por un soportal dimos con una de la curiosidades que nos persigue por nuestros viajes: la calle más estrecha de la ciudad. Sí, es cierto, Venecia está llena de calle estrechas, pero es que está lleva por nombre “Calle Stretta”, es decir, calle estrecha. Así que foto de rigor, y de nuevo hacia el storto para proseguir hasta el hotel.



Y aquí finalizaba el primer día (o medio día si preferís en Venecia). Agotados pero muy contentos con lo que habíamos visto hasta el momento.

 Journey: VENECIA POR DENTRO   

Nos despertamos bastante temprano con la idea de llegarnos a la piazzale Roma y comprar los vales de transporte de 72 h, y así poder empezar la jornada con una visita entera por el Gran Canal a bordo de los autobuses marítimos venecianos, los vaporettos.


Es, sin duda, un paseo encantador en el que casi no tienes tiempo de admirar todos los edificios porque a cuál más bonito o sorprendente. El trayecto en vaporetto tarda uno 45 minutos en llegar hasta la plaza de San Marco, pero no es para nada tiempo perdido y bien vale la pena pagar el paseo por esta avenida de casi 4 Km de longitud. La anchura va variando según por la zona por la que pasas. Al parecer el tramo más estrecho es de unos 30 metros, llegando a 70 metros el más ancho. También es sorprenderte saber que durante este largo recorrido sólo pasaremos por debajo de tres puentes: Scalzi, Rialto y Academia. Aunque muy pronto se podrá pasar por el nuevo puente ideado por Calatrava y que ya se encuentra en la parte final de su construcción y es ampliamente visible desde los aledaños de la plaza de Roma.


Durante el recorrido se pasa por delante de infinidad de Palacios, iglesias y demás edificios singulares. Y es que el Gran Canal refleja la opulencia de la ciudad. La parte más conocida de ella está formada por grandes construcciones pensadas para impresionar al visitante (o a los propios vecinos). Esto se puede ver muy claramente en una de las anécdotas que se explica sobre la familia Labia. Los Labia, eran comerciantes catalanes que ayudaron económicamente a la República en época de grandes gastos. En agradecimiento (por así decirlo), les dieron la entrada al patriarcado veneciano, pero al no ser de estirpe totalmente veneciana no se les permitió construir sus palacio justo enfrente del Gran Canal, y por eso dejaron un espacio libre hasta las aguas. Pues bien, se dice que cuando tenían visita importante, los Labios servían sus cenas en platos de oro, y que al acabar la misma, los tiraban por la ventana del palacio porque decían que no valía la pena perder el tiempo limpiándolos. Los invitados quedaban descolocados ante tal dispendio y sorprendidos por la riqueza que podía acumular una familia que se daba el lujo de tirar la cubertería de oro. Lo que no sabían estos, es que habían unas cuantas barcas esperando que los platos llegasen volando para recuperarlos.


El recorrido por el Gran Canal nos llevó a descubrir palacios muy bonitos como Ca d’Oro, C’Foscari o el Palazzo Dario, por decir unos cuantos nombres. Pero igualmente nos llamó la atención la cantidad de embarcaciones diferente que surcan sus aguas. Evidentemente que nos esperábamos encontrar vaporettos y góndolas, pero además, como digo, puede encontrarse desde antiguos remeros practicando con los típicos jerséis a rallas, el barco de la basura (que no camión, evidentemente), canoas ultra modernas adelantando viejas barcazas . De todo un poco.


Y así pudimos comprobar de cerca que lo de la noche anterior desgraciadamente no era un espejismo y que la Iglesia de La Salute estaba en plena restauración. Nos bajamos en la parada de San Marcos donde teníamos la intención de visitar por dentro tanto la Basílica como el Palacio Ducal.

Llegamos con el tiempo suficiente para poder ver tranquilamente la plaza. El día anterior lo habíamos hecho casi de noche, así es que queríamos comprobar cuan diferentes se nos presentaban todas las maravillas que alberga la piazza (por cierto, que esta es la única piazza de Venecia, el resto o bien son piazzale o bien campos). A decir verdad, a la luz del día aún es más impresionante, y más aún si se tiene la suerte de poder admirar los mosaicos de la fachada recién restaurados como fue el caso. Así que ya nos tenéis allí tirando fotos a todas las zonas, que si el Campanile, que si las columnas, el reloj, los tetrarcas, la Porta Della Carta... bueno, un sin fin de instantáneas. A esas horas la cola empezaba a formarse para entrar en la Basílica, pero pasamos de entrar porque teníamos una visita guiada por los Itinerarios Secretos del Palacio Ducal. Así es que preguntamos a uno de los encargados del Palacio y nos dejó entrar sin hacer cola, ya que habíamos hecho la reserva de la visita por teléfono desde casa.



La visita guiada te lleva por zonas del Palacio que no pueden ser visitados más que de esta forma, y aunque la concertamos en italiano entendimos bastante bien las explicaciones de la guía. Empieza la visita en el patio, donde te encuentras con los dos brocales de bronce. Sin duda los más bonitos y ostentosos de la ciudad.


Luego te llevan por la lujosa Scala d’Oro, obra de Sansovino para llevarte, pasando por una puerta pequeña y bastante disimulada, al inicio de la zona secreta. Así es que entramos en unas habitaciones muy pequeñas y austeras donde trabajaban los escribanos. El calor era bastante notable, porque la ventana era muy pequeña. Dato este curioso, porque desde el patio la ventana ocupa la altura de dos pisos. En realidad es una falsa ventana y esta pensada para confundir a los visitantes, ya que estos se piensan que las habitaciones de dentro deben ser enormes dadas las magnitudes de la ventana. Y es que los venecianos eran unos auténticos maestros en el arte de impresionar. La propia plaza es otro ejemplo claro de ello.

Proseguimos por la visita a las celdas de Plomo, las que estaban bajo los techos, y aunque puede parecer que los reos podrían pasar mucho calor por ser el techo de plomo, un sistema de falsos techos y ventanas ventilaban la zona. Esto sí, la altura de las celdas no era muy alta, y reos como el famoso Casanova, no estaban muy cómodos que digamos. Luego nos enseñaron diferentes salas, hasta llegar a la de torturas. Por último nos llevaron a la famosa celda por la que se escapó Casanova. Si queréis saber cómo lo hizo... tendréis que hacer la visita secreta, jejeje.


Luego puedes continuar la visita de la “entrada normal” en la que puedes ver el resto del palacio, calabozos llamados pozzi (pozos), y como no, pasar por el famoso Puente de los Suspiros, donde puedes hacerle una foto al puente de la paja con San Giorgio Majore al fondo. También vimos la Bocca di Leone, una especie de cara esculpida en la pared mediante la cual se podían poner mensajes por la boca para denunciar prácticas ilegales de los ciudadanos (por lo que se ve no estaban para bromas los mandatarios).


Tras la visita guiada, salimos a la piazza a contemplar los frescos recién restaurados y a decidir qué dirección tomábamos.


Lo mejor, vista la cola que había para entrar en la Basílica, era ir a comer y luego enfrentarse a ella... pero no fue así. La razón es muy buena. Mi mujer dice que dado nuestro historial en la material que no lo cuente, ya que al final no nos vais a creer, pero bueno, yo no me corto:

Pasamos por la puerta principal de la Basílica. Ya he comentado que la cola era bastante larga. La zona esta vallada, pero hay como un pasillo por la parte central. Así es que caminamos un poco haciéndonos los despistados. Mi mujer, que me conoce más que yo qué se, ya se lo vio venir. Pero bueno, me siguió que era lo importante, así es que nos pusimos detrás de una mujer que iba con sus hijas y que entraban por ahí, con la misma idea que nosotros, que a estas alturas del relato ya os habréis percatado que, una vez más, nos íbamos a colar. Y así, sin más, pasamos por debajo del arco de entrada. Ni el vigilante, que estaba metiendo orden en la cola de salida se percató, ni los abnegados visitantes de la cola oficial no nos delataron. Lo cierto es que entramos sin más y sin hacer cola. Tan directos fuimos que no reparamos que a mano derecha había el acceso a la terraza de la Basílica.

Así es que entramos y pudimos admirar la inmensidad de esta iglesia, en el que reinan los dorados. Preciosa es la decoración de las cúpulas. En especial la de la Ascensión (la cúpula central), pero el resto no se queda atrás. Tras pagar la entrada de turno vimos la Pala d’Oro que es un retablo elaborado con piedras preciosas por los orfebres medievales. Aunque Napoleón se llevó algunas piezas, sigue siendo impresionante.

Al salir, nos dimos cuenta de que nos habíamos saltado la entrada a la balconada, así es que fuimos hacia la escalera que te lleva hasta la taquilla. Pagamos para ver a los caballos originales de San Marcos (los de la fachada son imitaciones) y entramos en el piso superior. Al salir a la balconada la vista es genial, a tus pies la piazza con todo de turistas, las columnas, el reloj... genial.



Más fotos, incluida la Longgeta del Campanile, también, tras decir que éramos de los viajeros, pudimos hacer fotos del interior de la Basílica (bueno, es lo que le dije a mi mujer... soy de los viajeros me das permiso para tirar unas fotos en el interior de la Basilica), visita a los caballos... y a comer que el estómago se quejaba.

Tras vagabundear un rato por la zona, encontramos mesa en Ostarini Aesconte, en Corte Perini. Comimos en la terraza muy bien por 14 Euros por cabeza (cubierto y servicio incluido).

Después de pagar nos dirigimos de nuevo a la plaza en búsqueda de la parada del vaporetto que lleva hasta la isla de San Giorgio, pero al pasar frente al Campanile, vimos que la cola no era muy larga así que subimos.


En menos de 10 minutos teníamos toda Venecia debajo nuestro, desde la Basílica, hasta la Salute, San Giorgio, Murano, y todos los tejados de casas y palacios. También desde aquí se distingue bastante bien el escondido Palazzo Contarini del Bovolo, una de nuestras visitas obligadas, que aunque a sabiendas que estaba en reformas interiores y que no podríamos subir por su sorprendente escalera , queríamos ver al menos la fachada.


Estuvimos un buen rato hasta que vimos que se acercaba la hora en punto y preferimos escaparnos del toque de las campanas.

Al salir pasamos por el Puente de los Suspiros de camino de la parada del Vaporetto que nos llevó hasta San Giorgio. Una vez ahí, pagamos de nuevo para subir a su campanario (esta claro que no paras de pagar por todo) y ver, desde las alturas, la entrada principal de Venecia: La piazza San Marcos con sus columnas, Palacio ducal y Basílica.
Desde lo alto del campanario tamben pudimos comprobar que muchos del resto de campanarios de la ciudad están bastante inclinados. Por esa razón, muchos de ellos no son visitables. También vimos que en la cercana isla de la Giudecca había una hilera de farolillos amarillos de punta a punta. Así pues, improvisamos y decidimos coger el vaporetto y pasear un poco por esa zona. Visitamos la iglesia del Redentore, que sea dicho de pasada, no nos gustó ni mucho ni poco. Lo que si que estuvo interesante fue pasearse por un puente de madera que lo montan sólo para los días de la fiesta del Redentore. Es curioso, porque lo que hace este puente es unir la orilla de la Giudecca con la orilla del sestiere Dorsoduro, otro de los barrios que aun no habíamos tenido oportunidad de conocer. Así que no nos dejamos perder la oportunidad de cruzar por esta estructura hasta llegar al Zattere, que vendría a ser como el paseo marítimo de Dorsoduro (en las fotos podéis ver el puente de madera desde el campanario de San Giorgio y desde Dorsoduro en dirección a la Giudecca).



El cansancio ya hacía efecto, así que nos paseamos a lo largo del Zattere hasta encontrar la parada del mismo nombre y gracias al vaporetto 61, nos llevaría hasta la piazzale Roma y de allí al hotel, andando, era un santiamén.

Tras el merecido reposo salimos decididos a llegarnos hasta el mencionado Palazzo Contarini del Bovolo. Para llegar, guardamos el mapa para poder pasear por las calles menos transitadas por turistas. Nos perdimos unas cuantas veces, pero tras unos cuantos soportales, calles estrellas y cortes (calles sin salida), al fin dimos con la parada del vaporetto de San Silvestre, la cual nos vino bien para cruzar el Gran canal hasta la parada de Sant’Angelo que está en la otra orilla., y entonces, empezó a llover, aunque duró poco.

Tras el paseo, llegamos a Campo Sant’Angelo, donde sobresale por encima de los tejados vecinos, el campanario de Santo Stéfano. Bueno, si los que habíamos visto estaban inclinados, éste tenía todos los números para caer en ese mismo instante. No fue así (supongo que San Stéfano debe ocupar todo su tiempo en vigilar al campanario, si no, no entiendo porque no cae).


Tras pasar por la Calle Della Mandola, donde nos encontramos con la pizzería L’angelo que se ha hecha famosa en el foro, llegamos a Campo Manin. De ahí, un cartel en amarillo nos indicó la dirección correcta para llegar hasta el Contarini del Bovolo. Pero a esas horas, las fotos no salían muy bien por la falta de luz. No es que fuera muy tarde, ero el palacio está escondido entre callejuelas y la luz ya casi no entraba. Así que dejamos pendiente las fotos y nos fuimos a la caza y captura de la pizzas al corte de Angelo.

No seré yo quien diga que son las pizzas más buenas que he comido jamás, pero tienen una fama bien merecida y disfrutamos de la cena escondidos en un portal mientras en la calle empezaba, nuevamente, a llover.


Por suerte, al acabar la cena cesaron las gotas y volvimos hacia Campo Sant’Angelo para llegarnos a la Fenice. Fue este un paseo muy agradable. Las calles, no sabemos si debido a la lluvia, estaban literalmente desiertas. Así es que pudimos disfrutar por entero del paseo y de calles de nombre tan peculiar como Rio Tera dei Assassini. Fue una de los momentos en que más a gusto nos sentimos paseando, con algunos restaurantes muy bonitos pero fuera del alcance de nuestro bolsillo, y con alguna góndola que surcaba tranquilamente por los pequeños canales de la zona.

Seguimos el paseo y sin darnos cuenta llegamos a los pórticos que corresponden al Museo Correr. Pórticos, por otro lado, que son también de la plaza de San Marcos. Pudimos hacer alguna foto nocturna en tranquilidad y casi a solas.


Aunque la tranquilidad duró poco... y es que empezó a llover forma copiosa. Tuvimos dudas de si coger el vaporetto he ir de retiro. Suerte que no nos movimos ya que resultó ser una tormenta muy violenta y los arcos de la plaza nos salvaron.


Después de más de un cuarto de hora, la lluvia cesó por completo. Como aún teníamos fuerzas, optamos por no tomar el vaporetto. Así que nos metimos de nuevo por las calles del sestiere de San Marcos, que a estas alturas ya conocíamos, y nos dirigimos sin prisas hasta Rialto. Una vez allí, tomamos las calles del barrio de San Polo paralelas al Gran Canal, para entrar por unas callejuelas hasta Campo San Silvestreo. Luego de pasar por Sant’Aponal y ver la floristería Biancat (quien haya leído a Donna Leon y a su comisario Brunetti sabrá de qué hablo; por cierto, si os gusta la novela negra recomiendo esta autora que tambén vive en Venecia), buscamos Santa Maria Gloriosa del Frari. Tras pasar por delante de sus leones, no tardamos a encontrar el ya conocido camino de retorno al hotel.

 Journey: LA VENECIA DE LOS VENECIANOS, LA DE LAS LEYENDAS, Y GÓNDOLAS   

Empezamos la jornada del lunes con la idea de visitar los sestieres de Santa Croce y de Cannaregio.

Bien es cierto que ya habíamos pasado por Santa Croce, lo habíamos hecho de paso hacia Rialto, o de vuelta al hotel, pero es un barrio que sus límites se confunden bastante con los de San Polo, así que quisimos adentrarnos en él.

Aunque íbamos sin una ruta establecida, teníamos claro que queríamos visitar el Ponte de le Tette. Así que nos adentramos en el entramado de las calles que unen San Cassiano con Sta. Maria Mater Domini.

Ir sin rumbo claro en Venecia conlleva, inevitablemente que te pierdas. Y eso pensé cuando vimos a nuestra derecha una calle con el nombre "calle del Morti", que le habían puesto el nombre a esa calle, porque uno que no encontró tampoco el puente se murió allí de asco (si, puede parecer un chiste barato, pero o te lo tomas a guasa o te vuelves loco buscando). Finamente una abuela del barrio nos indicó que teníamos el puente frente a nuestras narices (como era de esperar) y de paso explicó la historia del nombre del puente. Para quien tenga curiosidad sobre la historia de este puente pongo el enlace hacía un artículo donde lo explico: www.losviajeros.com/no....php?n=153


De allí nos dirigimos tranquilamente hasta el Mercado de Rialto. Fue un paseo muy plácido y diferente, ya que no nos topamos con la habitual muchedumbre de la zona de San Marcos. Así que llegamos al mercado y nos mezclamos con los propios del lugar. El colorido de frutas y verduras predominaba y nos vino a la memoria el recuerdo del Mercat de la Boqueria en Barcelona.

Tras rondar un poco por allí, fuimos en búsqueda del traghetto de la parada de Peschería, pero por desgracia, lo encontramos cerrado debido a las obras de mantenimiento de su plataforma. Así que lo mejor que podíamos hacer es llegarnos hasta San Silvestro para coger el vaporetto que te lleva hasta Ca’d’Oro.

Ca’d’Oro con sus diminutos leones fue, pues, nuestra entrada de lujo al tranquilo sestiere de Cannaregio. Y es que una vez nos alejamos del Gran Canal, casi nos encontramos que estábamos paseando solos por él. Solamente pasaban por la calle los vecinos de la zona y esto nos hizo apreciar aun más el paseo.


Tras alejarnos del Gran Canal, seguimos caminando por entre las casas, que a decir verdad, había alguna que necesitaba una urgente reparación, hasta llegar a Campo dei Mori donde nos encontramos a los tres hermanos Mastelli y a su criado Antonio Rioba petrificados en las paredes de los edificios. Al parecer la codicia rompió el saco y se convirtieron en piedra tras blasfemar para certificar la hipotética certeza de un trato que resultó ser fraudulento

A título personal, este era uno de los dos sitios que más me habían intrigado de Venecia, así es que degusté el momento tranquilamente. De paso encontramos la casa de Tintoretto, que se encentra justo al lado del moro que tiene el turbante más grande.

Seguimos or Fondamenta Della Sella hasta cruzar al río paralelo y encontrar la iglesia de Madonna dell’Orto. Por sus aledaños muchos pintores (la mayoría mujeres) inmortalizaban o bien la fachada de la iglesia o los puentes cercanos.

Decir que no compramos la Chorus Pass y que por lo tanto no pudimos entrar a las iglesias que entraban en ese bono. Dudamos mucho de comprarla o no, pero creo que acertamos, ya que al no tenerla nos pudimos dedicar por entero a disfrutar de las calles y a ir sin prisas.

Tras ver la fachada de la iglesia, continuamos para encontrar un nuevo moro en la fachada del Palazzio Mastelli. Este más pequeño y representado en un friso de piedra conduciendo un camello.


Curiosidades en este barrio muchas. Encontramos por ejemplo el único puente de Venecia sin barandas, en el cruce de Fondamenta de la Misericordia y Fondamenta de St Felice. Al parecer, antiguamente abundaban estos puentes, pero al final todos (menos este) optaron por poner barandas en ambos lados para evitar que la gente se cayese a lo canales. Finalmente tomamos rumbo, tras pasar por el lado del puente sin barandas de Foundamente Nuove para ver la desde su orilla a la isla del vidrio, Murano, y a San Michele, el cementerio dela Serenissima.


Al mirar el reloj nos dimos cuenta que era conveniente buscar algún lugar para comer, así que fuimos en dirección al Gran Canal donde teníamos referencias de algunas osterías.

Nos encontramos con el Sottoportego e Corte Grasi, el soportal más bajo que vimos en Venecia. Nos pensábamos que era el más bajo hasta que al día siguiente compramos una guía secretea de Venecia de Corto Maltese y vimos que hún hay otro más bajo (muy recomendable esta guía). Entonces nos percatamos de que se nos había olvidado uno de los lugares por los que queríamos pasar. El Ghetto. Así que volvimos por las zonas conocidas hasta llegar al susodicho lugar al cual se accede por un puente de hierro forjado muy elegante.

Un paseo por el Ghetto, nos permitió ver que aun hay parte de la comunidad judía viviendo en la zona, y que las sinagogas y comercios te recuerdan, al igual que el monumento conmemorativo del Holocausto que la presencia judía se hace sentir.


Vimos allí un restaurante. Tomamos nota de él y continuamos caminando por la zona para ver si encontrábamos otro sitio o ya nos quedamos allí. Así que salimos del Ghetto por el otro lado para encontrarnos con el palacio Labia al Fondo. Paseamos por las calles cercanas, pero los restaurantes nos parecieron muy turísticos, así que volvimos al del Ghetto, no sin antes comprar una pequeña mascara del doctor Peste (otro de los personajes populares de la ciudad).

Una vez finalizada la comida subimos al vaporetto para llegar hasta piazzale Roma y de allí a descansar un rato que nos lo teníamos más que merecido

Salimos con la intención de saldar algunos deberes pendientes. Traghetto, Contarini del Bovolo, librería Aqua Alta (descubierta en el foro por _NICO_) y el paseo en góndola.

Así que para variar un poco la ruta salimos en dirección al traghetto en San Tomà. Pagamos los 50 céntimos por barba y cruzamos el Gran Canal evitando la aglomeración de la zona del Rialto. Al saber que éramos catalanes uno de los conductores expresó su malestar por Barcelona, una ciudad que no le gustó mucho y a la que no piensa volver. A todos los que tengáis en mente visitar la Ciudad Condal, casi no hacer caso de este comentario. Más que nada porque lo que más conocía era la Modelo (la prisión) y al parecer no piensa volver porque aun tiene cuentas pendientes con la justicia. Sin palabras.


Así que llegamos hasta Campo Santo Stefano para pasar luego al de Sant’Angelo y finalmente a campo Manin donde tomamos las calles de la derecha para llegar al Contarini del Bovolo. Esta vez sí tuvimos suerte y las fotos salieron bien. Este era el otro lugar que queríamos degustar con tranquilidad, y la segunda visita nos permitió verlo con más calma. La pena es que actualmente no se puede visitar ya que lo están restaurando por dentro. De todos modos, en una tienda de cuadros donde más adelante compramos un cuadro que tenía por motivo el propio Contarini del Bovolo, el vendedor nos dijo que lo realmente bonito es la fachada. Aún así, nos quedamos con las ganas de ver la fachada de la Basílica de San Marcos desde la cima de la escalera de caracol.


De vuelta a Campo Manin un gondolero nos brindó sus servicios, pero no aceptamos el trato ya que nos pedía de inicio 120 euros por un paseo de 30 minutos. Sabíamos, de antemano, que el precio oficial era de 80 Euros 40 minutos, así que no aceptamos. Al rato apareció por detrás un compañero más joven pidiendo que le escuchásemos. Y así zanjamos el trato por 80 Euros.

No entraré a valorar si es caro o no (por supuesto que lo es), pero nos hacía ilusión la vuelta y nos queda un recuerdo muy grato del paseo en góndola. El gondolero era muy amable y nos explico cantidad de cosas durante el recorrido que nos llevó por lugares que no se ven si vas andando. El trayecto fue de Rio di San Luca, Rio Fuseri, Rio di San Salvador, Puente Rialto y retorno a Campo Manin. Realmente un paseo muy bonito. Donde nos hicimos cantidad de fotos y pudimos apreciar lugares que a pie son inaccesibles.


Tras pasar por el Teatro de la Fenice fuimos hacia el siguiente punto de interés, la librería Aqua Alta. Pero no fue posible visitarla porque, más que nada, nos perdimos. Bueno, realmente fui yo quien lió el recorrido. Confundió la librería con otro lugar de interés, así que al llegar a Campo San Lorenzo (en el sestiere de Castello), me di cuenta de mi error. Eso sí, no hay mal que por bien no venga, y es que en Rio San Lorenzo había una jefatura de policía. Eso fue lo que me confundió. El comisario Brunetti, al cual, como he dicho, soy adicto a sus peripecias venecianas, trabaja allí según su creadora, Donna Leon, así que me pude fotografiar con la jefatura de fondo. Además, pudimos apreciar desde ese ángulo, mucho mejor el campanario torcido de San Giorgio dei Greci.


Terminadas las fotos, pasamos por delante de la laguna. La figura eqüestre de Vittorio Enmanuel II salió a recibirnos. Luego nos adentramos por las calles del Castello hasta llegar al Mc Donald's de San Marcos, donde cumplimos nuestro ritual de visita de sus... WC ya que la comida que sirven, pues va a ser que no .

He de decir que de todos los Mc Donald’s que hemos visitado este era el que tenía, con diferencia, peor lavabos. No quiero ser desagradable y por esto no abundaré en este tema, sólo os quiero prevenir que si tenéis que ir al WC mejor hacerlo en otro sitio, ya que este era lo más parecido a una pocilga, que he visto. Así que desistí y salí sin usarlo (voy a tener que enviar una queja al Sr Mc Donald’s, un usuario asiduo a sus lavabos no merece llevarse tal desengaño).

Una vez en la piazza San Marcos, nos detuvimos a contemplar con mas tranquilidad el exterior del Palacio Ducal, la Isla de San Giorgio Maggiore, la Basílica y los famosos cafés con sus terrazas musicales.




Como ya se hacía tarde, seguimos caminando por las calles de San Marcos. Al llegar a Rialto, cogimos el vaporetto hasta la conocida plaza de Roma, ya que la temperatura había bajado un poco y quisimos coger un jersey antes de ir a cenar a una pizzería cerca del hotel.

Luego, pasamos por un bar donde nos tomamos un par de prosecco (vino blanco escumoso) y nos llegamos hasta el vecino sestiere de Dorsoduro (vecino porque sólo cruzando el puente de delante del hotel ya entrabas en él).

En Dorsoduro nos encontramos un ambiente muy juvenil. Con gente de toda clase de países tomando ahí sus copas y cenando. A estas horas ya estábamos muy rendidos, así que dejamos la visita para el miércoles por la mañana y tocaron retirada hacia el hotel.

 Journey: POR LAS ISLAS Y UNA CENA EN EL GRAN CANAL   

A levantarse temprano toca. La jornada de hoy nos tenía que llevar hasta algunas de las islas cercanas. Desestimamos la visita a Murano y decidimos llegarnos hasta Torcello y Burano.

Así que después del desayuno nos acercamos hasta piazzale Roma a coger uno de los numerosos vaporettos que te acercan hasta Fondamente Nuove. En nuestro caso fue el nº 51. El recorrido hasta Fondamente Nuove fue tranquilo y vistoso, ya que se pasa, tras dejar atrás el Gran Canal por la curva del vistoso Palacio Labia. Tambíen se pasa bajo el arco central del único puente que tiene tres arcos de la ciudad. El Ponte dei Tre Archi. Igualmente nos cruzamos con algunos remeros que aprovechan las aguas del Canale delle Sacche para practicar de cara a la Regata Storica que celebra el primer domingo de septiembre.

Sin más llegamos a Fondamente Nuove donde cogimos el Vaporetto LN que, tras superar las aguas de la laguna, nos tenía que dejar en Burano. Al subir, nos sorprendió ver diferentes esquelas con la foto del fallecido puestas por el barco. Al parecer es la forma que tienen para que la gente que utiliza esa ruta con asiduidad se entere de los fallecimientos de los vecinos de las islas más alejadas de Venecia.


Después de pasar por delante de San Michele y hacer escala en Murano, el vaporetto siguió hasta Burano. Más o menos 45 minutos de recorrido entre Venecia y la isla de las casas coloreadas. Poco hay de comentar del trayecto. Fotos de rigor a Murano, al cementerio y a Venecia (por cierto que se adivinaba a lo lejos el campanile de San Marcos) y poquita cosa más.

Al llegar a final de trayecto, nos apeamos para pasar al vaporetto T que hace la ruta Burano-Torcello.

Torcello es una pequeña isla en la que habitan unas decenas de personas. Su atractivo principal son la catedral bizantina y la iglesia de Santa Fosca, a parte del campanile que no quisimos subir. También hay el conocido como trono de Atila. Al parecer el primero de los hunos utilizó este asiento de mármol como trono (en la tercera foto de abajo lo podéis ver a mano izquierda).



De la visita nos quedamos con buen recuerdo del gran mosaico del Juicio Final, así como del Mosaico del ábside donde aparece la Madonna del siglo XIII sobre un fondo dorado. Del resto, la verdad es que poco puedo decir, ya que decidimos volver hacia el vaporetto ir llegar a Burano.

En Burano el ambiente es mucho más animado. Pudimos pasear tranquilamente por sus calles y admirar los colores vivos que utilizan para pintar sus fachadas. El color da a la isla una aura especial. Los aldeanos, te explican entre risas que lo de los colores es debido a la niebla ya que es muy difícil acertar cuál es la casa donde viven, y por eso las pintan de colores diferentes para diferenciarlas y así cuando regresan los pescadores de su faena en el mar puedan encontrar sus casas sin más dificultad.

También entramos en diferentes tiendas que venden prendas hechas con encajes de hilo, aunque los precios prohibitivos nos privaron de comprar nada.



Una vez visitado la gran parte de la isla tomamos el barco de retorno a Venecia.

Llegaba ya la hora de comer y teníamos 2 sitios para visitar. Santi Giovani e Páolo o la iglesia de Santa María dei Miracoli. Nos decidimos por la última atraídos por las noticias que avalaban su preciosa fachada. Además, los venecianos tienen cierta predicación para casarse en esa iglesia, así que pensamos que bien valía la pena pasar.

Acertamos, ya que en el propio campo encontramos una tienda de máscaras artesanales que nos encandiló. Así que entramos a curiosear. Había de todo tipo, formas, tamaños y colores. Al final compramos una al estilo Casanova y otra Pierrot.

Pasamos por de Santa María dei Miracoli, la cual he de decir que tiene bien ganada su fama de bonita y nos encaminamos al Gran Canal, pasando por calles bastante ruinosas, para coger el vaporetto que nos acercara al Angelo a tomar unas pizzas pues ya teníamos mono.

Aprovechamos la ruta para llegarnos también al puente de la Academia. Así que hicimos fotos de esta zona del gran canal, con la Salute en plena restauración, pero con algunos de los palazzos ya restaurados y, mostrando así, sus mejores galas.


Justo debajo del puente nos subimos al vaporetto que nos acerco a nuestro hotel. Esta vez preferimos bajar en Ferrovia, para poder pasar por el Ponte degli Scalzi y así completar la visita a los tres puentes que por el momento permitían cruzar el Gran Canal.

Al salir a la calle, de nuevo la lluvia había hecho acto de presencia, aunque no duró mucho rato. No nos dimos por rendidos y fuimos andando, y esta vez sin perdernos a la librería Aqua Alta.

Peculiar, curiosa, diferente, inusual... estos son algunos de los adjetivos que van que ni pintados para este establecimiento. Un cartel en la entrada dice que es la librería más bonita del mundo. Yo no diría tanto, pero lo que está claro es que es prima-hermana de la Shekespeare & Co. De París.

El nombre no es una frivolité del dueño, ya que al fondo de la librería hay una puerta que da directamente a uno de los canales, así es que cuando sube la marea, el agua entra irremediablemente dentro de ella. Pero bueno, no hay peligro para los libros. Al menos hay una góndola y una barca repletos de ellos por si las moscas.


No podíamos marchar sin hacer alguna compra. Así que nos quedamos la edición en inglés de los Itinerarios fantásticos y ocultos de Corto Maltes en Venecia. Un muy buen libro con rutas, leyendas y curiosidades de Venecia. ¡Lástima de no haberlo comprado antes de ir a Venecia! También nos quedamos con un par de libros fotográficos sobre la ciudad. Al ir a pagar, una última cosa fuera de lo común antes de abandonar la tienda. El gato del dueño saltó sobre a caja registradora y empezó a comer ya que su plato de comida estaba encima del mostrador. Ver para creer.

Estábamos relativamente cerca de Santi Giovanni e Paolo, pero preferimos caminar conocer un poco más esta zona del Castello, para acercarnos luego a Rialto y buscar un restaurante cerca del Gran Canal para cenar. Así que paseamos por Santa Maria Formosa. Al llegar por calle delle Bande entramos en una tienda de cuadros muy pintoresca. Nos quedamos con un par de cuadros pequeños. Uno que representa al Contarini del Bovolo y el otro a una góndola pasando por debajo del Ponte dei tre Archi. El día nos había cundido en cuanto a compras.

Llegamos, por fin al restaurante l’Omnibus, justo al lado del Gran Canal y a unos 250 metros del Ponte di Rialto. Nos decidimos por este restaurante ya que viajares1placer dio buenas referencias en su diario. Así que reservamos mesa y fuimos ligeros hacia el hotel para dejar las compras que pesaban lo suyo y también porque el cielo, una vez más, amenazaba lluvia.


Volvimos pasando por las callejuelas de Santa Croce para tomar el vaporetto en San Tomà y bajar luego en Rialto. El camarero que nos reservó la mesa se alegró al comprobar que llegamos 5 minutos antes de la hora concertada.

Estuvimos muy bien en la terraza. Con la mesa justo al lado del Gran Canal, de tal manera que si nos llega a caer algo, fijo que se iba directo al agua. Estuvimos bastante entretenidos viendo a los gondoleros como regateaban con los turistas, y viendo pasar embarcaciones de todo tipo.



Pedimos una jarra de prosecco y un combinado de gambas y pescado y otro de queso con tomate, además de un par de plaos de pasta que resultaron ser muy buenos. Estábamos a media cena cuando empezó a llover copiosamente. Los camareros, al ver que empezábamos a mojarnos, nos llevaron a una mesa más protegida por el toldo, así que pudimos acabar de comer sin más contratiempos.

Pagamos la cuenta y fuimos en busca de un par de helados (no se cuantos nos llegamos a comer durante estos días) y luego tras pasar por los alrededores de la Fenice, llegamos a Calle Larga XXII de Marzo donde hay muchas tiendas de marca carísimas. Al final de la calle nos metimos de nuevo en San Marcos ya que había un concierto. La verdad es que la música no sonaba muy bien que digamos, así que dimos una última vuelta y subimos por última vez al vaporetto, ya que era el último día en que podíamos usar el bono de transportes, y hacia el hotel, donde llegamos agotadísimos después de una jornada que nos había llevado desde las islas hasta las algunas de las calles más escondidas de la Venecia.

 Journey: SOBRE DORSODURO Y UN ÚLTIMO ADIÓS   

Llegó finalmente el miércoles, día de nuestra partida.

Después de dejar preparadas las maletas en la consigna del hotel, salimos del Al Sole para cruzar el punte y así, sin más, llegar al sestiere que nos quedaba pendiente de visitar. Dorsoduro.

Empezamos paseando por Santa Margherita. Allí nos encontramos con el mercado en pleno campo. Los productos que vendían, decían ser locales, y la verdad es que la fruta tenía muy buena pinta, y el pescado seguro que también, ya que estaba toda la zona llena de gaviotas a la expectativa de que los pescaderos se despistasen para robarles el producto.

Entramos luego a visitar Santa Maria dei Carmini, otra prueba más de que estábamos en el barrio de los pescadores. Tras ver la típica colada colgada de edificio a edificio, cruzamos el río para ir en búsqueda de un puente curioso, el Ponte dei Pugni, famoso por ser este el lugar donde diferentes bandas venecianas rivalizaban entre ellos a golpe de puños. A su lado, en el río San Bárnaba, una barcaza repleta de frutas y verdura también vendía allí su género.



Dejamos atrás Campo San Bárnaba y el río Malpaga para introducirnos en el corazón de este sestiere. Encontramos algunas tiendas artesanales de máscaras, y aunque ya las habíamos comprado, entramos un rato a mirarlas porque también eran muy curiosas.

Tras andar sin un rumbo fijo, visitamos la iglesia de San Trovaso. Luego al salir dimos con el Squero di San Trovaso, uno de los últimos varaderos que quedan en Venecia dedicados a la construcción y reparación de góndolas. Pedimos permiso para entrar y así vimos en primera línea algunas de las técnicas que utilizan para arreglarlas góndolas, aunque lo que nos pareció más curioso es el aspecto tirolés que tiene el taller. Esto es debido a que los primeros moradores del taller provenían de la zona de los Dolomitas.




Llegamos luego al Zattere, donde ya habíamos estado en anterioridad, así es que volvimos a entrar por las callejuelas hasta encontrarnos en la parte trasera del Guggenheim. Aunque queríamos ver la Salute, el tiempo apremiaba y también teníamos ganas de tomar algo, ya que el calor era bastante severo, así que volvimos hasta Campo San Bárnaba para tomar unos refrescos. Antes, pero, aún tuvimos tiempo de entrar en una librería que tenía muchas ofertas y no pudimos resistirnos a comprarle a nuestro peque un libro de dibujos del ratoncito gondolieri.

Queríamos ver la fachada de la Salute de más cerca, así como la piazza San Marcos por última vez. Así que la mejor opción era cruzar el Gran Canal. Al no tener operativo la tarjeta de los transportes, cogimos un traghetto y disfrutamos del último viaje en barca por el Gran Canal. Una vez en la orilla del sestiere de San Marco, caminamos en búsqueda de una de las calles que diese en frente de la salute para poder hacer unas fotos a su fachada, que aunque estaba en plenas obras, no nos quisimos perder.


Quedaba ver la piazza, así que tomamos la abarrotada Calle Larga XXII de Marzo. Curioso fue el detalle de ver que justo en frente de las carísimas tiendas de marca, había los ”vú cumprá” (los “quiere comprar” que vendrían a ser nuestros “paisa, bueno, bonito, barato”) con el mismo material a precios para todos los bolsillos.


Finalmente llegamos a la plaza San Macos. Dimos el último paseo a la par que hicimos las últimas fotos y curioseámos en una de las tiendas de cristal de Murano. Nuestra historia en Venecia estaba acabando y lo sabíamos.


Volvimos sobre nuestros pasos para ir en búsqueda de un bar cerca de Campo San Mauricio, donde vendían bocadillos y nos sentamos en un puente cercano a comer y descansar, para luego proseguir por, la ya ahora conocida, ruta de Santo Stefano-Sant’Angelo-Campo Manin-Rialto.

Tomamos prestados unos minutos de relax en el Ponte di Rialto viendo los avances de las góndolas por el Gran Canal. A nuestra izquierda, un poco al fondo, vimos como el restaurante donde habíamos cenado la noche anterior, L’Omnibús estaba casi hasta la bandera. Últimas instantáneas.


Tomamos luego Riva del Vin para adentrarnos por las calles estrechas que dan al canal. Pasamos por un sin fin de esas calles que el primer día nos parecieron un laberinto y que ahora eran como si fuesen de nuestro barrio, hasta llegar al hotel Al Sole a recoger las maletas.

A llegar a la plaza Roma, uno ya cree que está fuera de Venecia, porque está llena de autobuses y otros vehículos a ruedas. Durante todos los días que habíamos pasado en Venecia, no los habíamos echado en falta para nada.

Una vez en el avión, tuvimos la suerte de ver Venecia desde el aire. Parecía muy pequeña y tranquila. Desde allí localizamos la piazza San Marcos, ahora sí, por última vez. El Campanile, orgullosamente alto nos la hizo encontrar con facilidad.

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brucelee2000   brucelee2000   28/11/2009 11:23:25      
Gracias lolaluna. Venecia es una pasada tiene que verla.

brucelee2000   mouses   27/01/2010 23:18:48      
Fantástico diario, ya casi no hace falta ir....., jajajajaja, muy ameno y con estupendas fotografías...., nosotros tendremos solo dos días enteros y el tercero en dos partes pero intentaremos disfrutarlo tanto como vosotros....., felicidades te dejo mis estrellas.

brucelee2000   luesluda   29/01/2010 23:03:46   
Una vez más leer tus diarios te transportan a la ciudad elegida.






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