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Viaje al fin del mundo (Patagonia argentina y chilena: 18-11 al 8-12-15) -Diarios de Viajes de America Sur- NADEMO35
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Diario: Viaje al fin del mundo (Patagonia argentina y chilena: 18-11 al 8-12-15)  -  Localización:  America Sur  America Sur
Descripción: Un viaje a la Patagonia es el viaje soñado por cualquier amante de la aventura, pero también es una atracción irresistible para un naturalista.
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Etapa: Viaje al fin del mundo (Patagonia argentina y chilena: 18-11 al 8-12-15)  -  Localización:  America Sur America Sur
Fecha creación: 10/01/2016 18:18  
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Viaje al fin del mundo: Patagonia argentina y chilena –18-11 al 8-12-15.

Días 18-19: Cerdanyola del Vallés (Barcelona). El viaje interminable.
Nuestro viaje comenzó un luminoso día del mes de noviembre, con temperaturas impropias de dicho mes.
Después de pasar por 5 aeropuertos –Barcelona (El Prat)-Madrid(Barajas)-Buenos Aires, “Ministro Pistarini” (Ezeiza)-Buenos Aires(Aeroparque)-Trelew, finalmente desembarcamos en esta última localidad con la intención de tomar contacto unos cuantos kilómetros más abajo, en Puerto Madryn y alrededores, con la famosa fauna de la Península Valdés, una de las joyas de la corona de nuestro viaje. Atrás quedaron los sinsabores de no poder facturar las maletas directamente de Madrid a Trelew, como creíamos, teniendo que hacerlo de nuevo en Buenos Aires con destino a aquella localidad, por motivos de control... Por otra parte, resultó que el avión para Trelew no salía de la puerta C del aeropuerto de Buenos Aires (Ezeiza), sino que lo hacía desde el llamado Aeroparque (vuelos domésticos), para llegar al cual es necesario cruzar por el centro de Buenos Aires, que resulta ser una especie de excursión agradable, si no fuera por el terrible cansancio de los trámites y las horas a bordo de los aviones. Y para más desconsuelo, nada menos que una manifestación de pescadores nos corta la carretera a pocos kilómetros de Puerto Madryn, obligándonos a permanecer en la carretera por espacio de más de una hora.
Somos un grupo de 14 personas cuya única ilusión es viajar a este remoto rincón, pero todos nos vamos dando cuenta de si realmente está valiendo la pena tantas horas sin dormir. De todos modos, aún tengo fuerzas para escribir, hoy día 19, el primer capítulo de nuestra aventura por la Patagonia.

Día 20: Sobre las 8 horas y después de dormir y desayunar en una especie de slfservice del propio hotel Pirén, en donde ayer nos alojaron, ponemos rumbo a Península Valdés, y la primera localidad que visitamos es Puerto Pirámides, con el fin de avistar ballenas francas australes, en donde, según nos cuenta Patricio, el guía de turismo, esta especie se dispone a recobrar fuerzas para su emigración, acompañadas de sus crías.
Nos hacen subir a un barco. Previamente tenemos que ponernos un chaleco salvavidas. Al cabo de media hora aproximadamente, vemos sobresalir del mar la cola de ese espléndido animal y la emoción de la gente va en aumento, tratando de buscar la mejor visión para sus fotos. El mar está un poco agitado y temo que se me moje la videocámara. Pronto aparece madre e hijo: la madre exhibiendo su poderío y majestuosidad y el ballenato acompañándola en todo momento. El alborozo a bordo es tal, que la gente ni siquiera hace caso a las advertencias del guía o encargado del avistamiento, indicando que no debían hablar tan alto ni subirse a lugares peligrosos.
Aún pudimos ver una o dos ballenas más. En estas fechas, aquí sólo quedan hembras. Tenemos que decir que la entrada a la Península Valdés cuesta 260 pesos por persona y ello no suele estar incluido en el precio del viaje, si bien el avistamiento sí. Pero no nos importó demasiado pagar, pues ya se sabe que en la mayoría de los viajes siempre surgen sorpresas, que los viajeros asumen con bastante resignación.
De vuelta a Puerto Pirámides, es el momento de la comida en un céntrico restaurante. En los restaurantes argentinos se suele servir mucha comida, y sirva de ejemplo la enorme ensalada que me pusieron ayer en Puerto Madryn, seguida de merluza a la milanesa. La cerveza, que puedes pedir en botella de cerca de medio litro, es bastante buena.
Luego llegó el momento de visitar 2 lugares costeros, en los cuales pudimos ver lobos marinos (hembras) y una pequeña colonia de pingüinos de magallanes, que como todo el mundo sabe, son muy graciosos. En cuanto a los lobos de mar, decir que la mayoría permanecían inmóviles, descansando en la playa. Todo el mundo disfrutó mucho fotografiando a ambos animales, tan dispares. Además, sobre nuestras cabezas volaban gaviotas, petreles y cormoranes. Durante los aproximadamente 400 kilómetros que hicimos hoy a través de la Patagonia argentina, pudimos ver también un par de maras o liebres de la Patagonia, guanacos, ñandúes o avestruz enana e incluso una especie de ardilla corriendo por la acera cercana a un museo.
Podemos decir que hoy ha sido un gran día para ver fauna. En cuanto a la vegetación, hay que decir que es interesantísima, con especies de plantas propias del desierto, resistentes a los vientos, a la sequía y a terrenos pobres.
Pingüino de Magallanes


Día 21: Si ayer madrugamos para salir, hoy todavía más. A las 7,30 ya estábamos camino de Punta Tombo, con el fin de ver una reserva de pingüinos de magallanes, más pequeños que otros pingüinos, y que habita en lugares no tan fríos como la Antártida.
En este lugar podemos casi rozarnos con estos simpáticos animales, que en esta época están empollando. Un fuerte y constante viento acompaña nuestro recorrido a través de un sendero debidamente señalizado. La entrada a esta zona cuesta 190 pesos e incluye la visita a un museo situado al principio del sendero. Dedicamos cerca de 2 horas a estar en contacto no sólo con los pingüinos, sino también con petreles, gaviotas, una especie de ave rapaz, cormoranes y un ostrero negro.
Durante el regreso a Puerto Madryn, nuestro guía José Luis modificó su proposición del día anterior para ver elefantes marinos, rebajando el precio a 120 pesos si aceptábamos ir a un lugar denominado Isla Escondida, a unos 20 kilómetros de la ruta principal que lleva a Puerto Madryn. Se acordó, pues, por unanimidad ir allí, lo cual constituyó otro de los momentos culminantes de nuestro viaje a Patagonia. Patricio, nuestro guía argentino especializado en la región, se sintió muy satisfecho del acuerdo, pues el día anterior no se pudo concluir por no estar conformes con el precio una o dos personas. Quizá tuvo algo que ver mi disgusto por irnos de Patagonia sin haber disfrutado de los elefantes marinos, aunque fuese en un lugar distinto, disgusto que había transmitido a ambos guías.
Como he dicho ya, los elefantes marinos que pudimos ver –5 o 6, uno de ellos un macho- constituye hoy uno de esos momentos culminantes que un naturalista ansía tener, pues tienes la oportunidad de ver muy de cerca sus evoluciones, tanto en el agua como en tierra, con esa mirada curiosa hacia nuestro grupo, repleto de aparatos fotográficos apuntándoles. El elefante marino se distingue de los lobos por ser de mayor tamaño y por poseer los machos adultos una especie de trompa.
Finalmente, decir que las fotos tomadas a los elefantes compensan el insoportable viento gélido que tuvimos que sufrir durante la visita.
Antes de llegar a Puerto Madryn nos proponen hacer una visita a un pueblo de estilo galés –ya que los galeses se establecieron en Trelew y en lugares cercanos hace siglos-, en donde podríamos degustar una especie de celebración popular, en la que no faltaría el té y la torta negra, así como la presentación de mujeres con trajes típicos. El precio de todo esto: 200 pesos por persona. Una parte de nuestro grupo optó por entrar a la casa y nosotros, en unión de Rosa –una mujer muy agradable, que nos acompaña desde Santa María de Montcada –preferimos deambular por las calles de otro pueblo, de cuyo nombre no me acuerdo, en donde al fin podemos disfrutar de la presencia de muchos árboles centenarios y del río Chubut.
Pero antes de pasar por este pueblo, he olvidado decir que habíamos pasado por otro poblado galés, Gaiman, cuya casa de té está rodeada por jardines con flores preciosas, enormes árboles, una fuente y un pequeño canal con una rueda en movimiento. Toda la zona es tan exuberante, que nada tiene que ver con la verdadera Patagonia, en buena parte una inmensa estepa árida en donde sólo sobreviven las especies más resistentes a la sequía, los vientos fuertes y la tierra pobre. Un lugar ciertamente inhóspito, pero que posee muchas maravillas naturales que no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.
Elefantes marinos (hembras)

Día 22: Hoy toca viajar a El Calafate, de modo que a las 9 de la mañana nuestro experto conductor, Eduardo, nos recoge para llevarnos al aeropuerto de Trelew, en donde pasamos los trámites oportunos, facturando directamente las maletas a El Calafate, aunque tenemos que cambiar de avión en Ushuaia.
Llegamos a El Calafate sobre las 5,30 de la tarde y sólo habíamos comido lo que suelen servir en los viajes cortos..., un zumo de naranja y dos clases de galletas.
Así pues, después de deambular un buen rato por esta preciosa localidad, decidimos separarnos del grupo por discrepancias en lo señalado por José Luis para cenar en un restaurante llamado Maco –el cual nos pareció poco asequible- y optar por un menú más económico, a base de trucha con patatas, y confieso que ha sido la mejor trucha que he comido en mi vida, a buen precio, pues sólo 160 pesos.
En cuanto a bellezas naturales, El Calafate es incomparable. Añadir a las impresionantes vistas de la cordillera de los Andes en Ushuaia, tomadas desde el avión, las que acabamos de tomar ahora en tierra desde el autobús que nos ha traído hasta aquí. El lago Argentino y las montañas nevadas que lo rodean son un regalo para la vista, pero también el paisaje de menor altura, que nos recuerda a la tundra ártica.
Pero el plato fuerte del viaje será mañana, con la visita al glaciar Perito Moreno, enclavado en el Parque Nacional de los Glaciares.

Día 23: Amanece un día soleado, y a las 9 de la mañana el grupo subimos a un autobús con dirección al indicado glaciar. En el trayecto, el guía nos explica un poco la historia de esta parte de la Patagonia: cómo se formaron los glaciares y un largo etcétera. Nos parece una persona muy instruida sobre el tema.
Las impresionantes montañas nevadas y uno de los brazos del lago Argentino nos acompañarán durante un largo rato; luego aparece una gran planicie, donde vemos ganado vacuno pastando, pues según nos dice el guía, “aquí los pastos son excelentes”.
Y después el bosque de lengas –una especie de haya- y la carretera se retuerce entre éstas en subidas y bajadas. Este bosque está muy deteriorado, debido en parte al cambio climático, pues observamos una ingente cantidad de lengas muertas. Pero lo que más nos llama la atención es la gran cantidad de una especie de arbusto con flores rojas llamado notro.
Llegamos a una de las entradas del parque nacional y nos hacen pagar 160 pesos por persona. Y unos cuantos kilómetros más arriba aparecen los primeros puntos de observación del glaciar Perito Moreno –uno es el denominado Mirador de los Suspiros-, en donde nos quedamos impresionados por su dimensiones y la brillantez de los hielos y, sobre ellos, las montañas nevadas. De vez en cuando se oye el estruendo de las partes que se resquebrajan por la acción del agua. Algunos témpanos de hielo van a la deriva sobre el lago Argentino. Aquí normalmente, aparte de esto, reina un gran silencio, sólo roto por el ruido de los numerosos grupos que visitamos la zona.
Nuestro guía nos lleva a un lugar en donde nos piden 250 pesos por persona por hacer una excursión en barco por el lago Argentino hasta cerca del glaciar, lo cual resulta muy emocionante. Dura una hora y media y tienes tiempo de verlo y fotografiarlo desde distintos ángulos.
Concluida la excursión en barco, toca ahora ver la inmensa masa de hielo desde la pasarela que comienza un poco más arriba y que hace un largo recorrido entre bosques de lengas y notros en flor. De vez en cuando se oye el canto de una especie de gorrión, muy popular en Patagonia, llamado Chincol. Finalmente se llega a unas instalaciones en donde puedes comer a base de bocadillos. En resumen, lo más bonito de Perito Moreno es su majestuosidad, pero también la belleza de las montañas entre las que está encajado. Desgraciadamente y debido al cambio climático, este glaciar ya ha perdido 20 metros de altura en su parte frontal, pero sigue siendo un atractivo único para turistas y estudiosos de la naturaleza que aún nos queda.
Glaciar Perito Moreno

Día 24: El Chaltén se encuentra a 4 horas de autobús de línea de El Calafate. Sobre las 8 de la mañana todos estábamos preparados para la partida. No tardamos mucho tiempo en dejar esta localidad y atravesar de nuevo la inmensa estepa patagónica, haciendo una parada en un restaurante situado cerca de uno de los ríos que vierten sus aguas a uno de los brazos del Lago Argentino. La cordillera de los Andes nos acompaña durante un buen rato. Vemos glaciares y altos picachos, que finalmente terminan en el más hermoso de todos, el pico Fitz Roy. Finalmente, el autobús comienza a subir por una retorcida carretera y el paisaje monótono de las llanuras patagónicas cambia repentinamente. Ahora vemos grandes cortados que forman valles deslumbrantes. Comenzamos a ver bosques de lengas, muchas de ella sin vida, aunque, no obstante parecen tener retoños en el propio tronco casi seco. Cruzamos el río Fitz Roy y entramos en El Chaltén, coronado por el mencionado pico, de 3.400 metros de altura. Pero hay otros de menor altura, y luego, nos dicen, están los glaciares y lagos. Como es natural, el Chaltén vive del turismo de temporada. Aquí se pueden organizar numerosas excursiones de mayor o menor dificultad, pero que no dejan indiferente a nadie. Nuestro guía oficial nos indica que no puede acompañarnos, pues todas las excursiones que parten de aquí sólo deben tener un guía local. Una forma de dar trabajo a los empleados locales.
Sobre las 12 llegamos a la estación de autobuses, pero continuamos luego hasta llegar al restaurante Rancho Grande, situado casi al final de la calle principal. Aquí comprobamos que los albergues en donde nos instalamos, ofrecidos por la agencia de viajes, dejan mucho que desear, pues las habitaciones están en un lamentable estado de conservación. El armazón que soporta cada una de las 4 camas oscila cuando intentas subirte a la más alta. Todo nos parece viejo, triste y destartalado, quizá sólo adecuado para los chavales que suben a la montaña a pasar un fin de semana, pero nada adecuado para un turista que paga religiosamente un viaje de por sí carísimo. Y, desgraciadamente, tenemos que decir casi lo mismo con respecto a cabañas Nevis, en El Calafate.
En fin, mañana será otro día, que aprovecharemos para descubrir este maravilloso rincón, siempre y cuando esta noche no nos caigamos de la cama...

Día 25: La excursión prevista para hoy pasa por ser una de las más bonitas de cuantas se realizan desde El Chaltén. Se trata de una excursión de treking que dura más de 9 horas, si tenemos en cuenta que en el camino hacemos muchas paradas para observar el pico Fitz Roy y otros de menor altura, en una zona en donde, además, hay una laguna glaciar.
Nuestro destino es, pues, la denominada Laguna Torre. Tenemos que caminar por un terreno abrupto que atraviesa grandes bosques de lengas –que están presentes en Patagonia en casi todas partes-, muchas de ellas en descomposición. Un paisaje francamente fascinante. Nos dicen que la causa de que se hayan muerto tantos árboles no es otra que el agua y el hielo.
Descubrimos una cascada poco después de salir de El Chaltén, la cual lleva el nombre de Cascada Margarita y se precipita al río Fitz Roy, que fluye en dirección a El Chaltén. De pronto aparece en el cielo un cóndor . Me apresuro a preparar mi videocámara. Es precisamente el acontecimiento que esperábamos. Vuela majestuoso durante un buen rato, hasta que finalmente se posa en un saliente de un roquedo. El cóndor aún volvería a volar poco tiempo después, escudriñando las praderas alpinas en busca de carroñas. Durante la noche suele descansar en los salientes de las rocas. Es el buitre de mayor envergadura alar –unos 3 metros- y un verdadero símbolo para los habitantes de los Andes. Está en peligro de extinción, pues cada día dispone de menor espacio para vivir e incluso mueren a manos de los cazadores furtivos.
El camino es largo y tortuoso, pero de dificultad media, como rezan los carteles. Así pues, al fin vemos las caudalosas aguas del río Fitz Roy, que proceden de la Laguna Torre y a continuación vemos un mar de lengas muertas pero en pie. Nos adentramos de nuevo en el bosque de lengas, muchos de cuyos troncos yacen en el suelo o inclinados conformando formas curiosas. Hay muchos hongos y líquenes. Un dato curioso es que las lengas que crecen en las laderas de la montaña son de un color verde uniforme, en contraste con aquel mar de lengas del llano.
Con los pies y las piernas doloridas de la larga caminata y siempre con la imagen del pico Fitz Roy y otras agujas próximas, llegamos finalmente al borde de la Laguna Torre, en donde nos tomamos un descanso para comer algo y recuperar fuerzas. Al cabo de un rato vemos aparecer en el cielo un pequeño halcón, que luego descubrimos que se llama Matamico Blanco y que viene en busca de restos de comida. Es tan manso que casi come de nuestra mano. A veces planea sobre nuestras cabezas llegando casi a detenerse en el aire como lo hacen los cernícalos, lo cual maravilla a todos los allí presentes.
Como era de esperar, el camino de regreso a El Chaltén resultó más duro que el de ida a Laguna Torre.

Día 26: Antes de partir en dirección a El Calafate aún tengo tiempo para realizar una corta excursión a un lugar llamado El Salto del Chorrillo, una cascada que se precipita por las rocas formando una poza y que luego se transforma en un arroyo cristalino con restos de lengas muertas en su cauce. Todo un paraíso para los sentidos. Experimentar finalmente estas sensaciones compensa tener que soportar la polvareda levantada por los vehículos en un tramo de la pista que sale de El Chaltén y que después podemos tomar un camino tranquilo que atraviesa grandes bosques de lengas muertas y vivas, entre las cuales se oculta una gran cantidad de pájaros. Tanto a la ida como a la vuelta, no dejo de tener sorpresas, pero una de las más sorprendentes es la visión al fin de un pájaro carpintero, cuya cabeza es roja y el resto del cuerpo negro. Se trata del carpintero de Magallanes.
Ya de nuevo en la pista, veo aparecer de pronto una pareja de otra especie de carpintero, el Pitío, que vuela hacia las rocas y parece como si estuviesen capturando hormigas. Decir finalmente, que nada más salir de El Chaltén a una hora temprana, se detectan ya una buena cantidad de pájaros en los campos semiabandonados, cubiertos de herbazales y arbustos. Vuelan de un lado a otro muy inquietos, lanzando cantos y llamadas, como suele ocurrir en primavera. Son aves que nunca había visto en Europa, de plumajes bellísimos. Por otra parte, situado en una de las lengas muertas próxima a la cascada de El Chorrillo, un pájaro diminuto se afana en sacar adelante a su prole dentro de un nido instalado en el tronco semipodrido. Lo cierto es que este bosque nuevo para mi, formado por esta especie de haya, alberga un sinfín de vida. Pero es una lástima que uno de los más importantes mamíferos de la Patagonia, el Emul, esté aquí en peligro de extinción.
Ya de regreso a El Calafate, dispongo de algo de tiempo para visitar la reserva ornitológica Laguna Nímez, en las afueras de la ciudad, en donde se alimenta una gran cantidad de aves, entre las que se encuentra el flamenco rosado austral, el gavilán patagónico o el halcón chico. Esta reserva está considerada como IBA, es decir, Área Importante para las Aves. La entrada cuesta 100 pesos por persona. Y dado que en el grupo en el cual me integro, cada uno de nosotros, como es natural, tenemos diferentes gustos y oportunidades fuera de las excursiones obligadas, algunas de ellas me he visto obligado a hacerlas en solitario.

Día 27: Hoy hemos viajado durante unas 6 horas, es decir, desde El Calafate hasta Puerto Natales. El servicio de autobús de línea se retrasó media hora, por lo que en lugar de salir a las 6,30 de la mañana, lo hacemos a las 7. Así pues, todo el grupo tenemos que soportar la espera en la salida de cabañas Nevis –que no recomendamos a nadie- sin que nos dieran una explicación del motivo del retraso. Al fin, una vez embarcados descubrimos que en algunas marchas el autobús hace un ruido extraño en el techo, parecido a una vibración, que resulta muy molesto. Una vez más, nadie protesta. Y un problema más: la calefacción no funciona.
Cuando llegamos a la frontera con Chile, tenemos que esperar un par de horas por los trámites de policía, en una pequeña sala repleta de gente. Finalmente, el autobús continúa aún unos kilómetros más abajo por la misma pista de ripio (sin asfaltar) que habíamos tomado poco antes, para conectar finalmente con la carretera chilena que nos lleva a Puerto Natales. Aquí el paisaje patagónico cambia profundamente. Ya vemos un terreno más fértil, con enormes extensiones de pastos para el ganado, en las que vemos muchos rebaños, fundamentalmente vacas y ovejas. En la lejanía vemos las enormes montañas de los Andes, muchas de las cuales aún conservan la nieve.
El océano Pacífico baña estas costas, pero el viento resulta hoy muy fuerte. Y tendríamos ocasión de comprobarlo durante la tarde de nuestra llegada al Hostal Francis Drake –que nada tiene que ver con cabañas Nevis-, pues nos resulta bastante acogedor, a pesar de no disponer de ascensor.
Nada más poner los pies en Puerto Natales, lo primero que hacemos es cambiar euros por pesos chilenos, a razón de 730 pesos por un euro. Y lo hacemos en una oficina particular de cambio, que según nos dicen resulta más ventajoso.
Dado que nuestra llegada se efectúa sobre las 5 de la tarde, el resto del día ya no hacemos nada más que deambular por el pueblo tomando fotos.

Día 28: Una de las excursiones más importantes de nuestro viaje por la Patagonia chilena es la que contratamos ayer en Puerto Natales, que partiendo en barco desde esta localidad se adentra en la región de las Torres del Paine.
Pero antes de proseguir con el relato de la excursión a El Paine, tenemos que advertir de un fallo en la grifería de la bañera-ducha del Hostal Francis Drake, que impedía la salida del agua por la alcachofa de la ducha. Resultó que estaba agarrotado el mando que desvía el agua a ella. Se tuvo que avisar a un empleado para que se solucionara el problema.
Durante unas 3 horas navegamos por el fiordo La Última Esperanza, azotados por fuertes vientos, aunque el día transcurre entre nubes y claros. Llegamos a un lugar en el que vemos un par de cascadas precipitarse por estas enormes montañas. Más abajo, encaramado sobre una roca, vemos un lobo marino. Seguimos navegando unos cuantos kilómetros más arriba (en total serían unos 40) y nos hacen bajar para hacer un pequeño recorrido hasta el glaciar Serrano, un lugar de una extraordinaria belleza salvaje, con un extenso bosque de lengas y muchas plantas y flores únicas. El mismo glaciar, aunque nada tiene que ver en extensión con el Perito Moreno, es digno de observar con atención, fijándonos en los témpanos de hielo flotantes más abajo y en la inclinación de la masa de hielo, así como en el río que se forma a partir del glaciar. La fuerza del viento que sopla en la zona del Paine es terrible, pero a pesar de ello todos nos apresuramos a tomar fotos y vídeos.
Al regreso al punto de partida, tenemos que embarcar en una Zódiac con un potente motor fuera borda, con la que, después de vestirnos con una especie de impermeable amarillo y chaleco salvavidas, proseguimos viaje río arriba. Las Torres del Paine, enclavadas en el parque nacional del mismo nombre, se nos presentan con toda su increíble majestuosidad. Llega un momento en que debemos pasar a otra Zódiac en un punto más elevado del río Serrano. Por último, hacemos un alto en el camino para la comida en una instalación turística de la ribera. En el menú figura salmón, sopa, ensalada, vino y un licor preparado de cuyo nombre no me acuerdo. Ya nos quedarían pocos kilómetros para llegar a nuestra meta –el Lago Tyndall-, en cuyas cabañas nos instalamos.
Nuestras maletas habían sido transportadas hasta aquí desde Puerto Natales, por medio de un microbús. Comprobamos que estas cabañas, salvo sorpresas, son bastante confortables, y sus alrededores, con las Torres del Paine al fondo, constituyen un auténtico paraíso para los amantes de la natura y la aventura; eso sí, siempre que estemos dispuestos a soportar las inestables zódiacs que nos traen río arriba, muchas veces en unas aguas muy agitadas. Debes estar dispuesto a una eventual mojadura, tanto la tuya, como la del material fotográfico que lleves. En cuanto al barco, nos da la impresión de ser bastante viejo para estas excursiones.

Día 29: Hoy vamos a visitar el auténtico Parque Nacional Torres del Paine, pues en donde nos instalamos es la periferia. El Paine significa “río azul” en la lengua de los nativos, y en verdad el río Paine y muchos lagos son de este color.
Así pues, hoy partimos en autobús a través de pistas de ripio y la primera parada es para que nos demos cuenta desde un mirador del paraíso natural en el que nos hemos instalado. Y así es: son las primeras imágenes de la zona de las cabañas, contempladas desde la montaña que rodea el lago Tyndall.
El autobús sigue avanzando por una retorcida carretera desde la que vemos un paisaje de montañas increíbles por su belleza, en donde vemos ríos, lagos y lagunas, y todo ello dominado por las torres del Paine.
La entrada al Parque Nacional cuesta 18.000 pesos chilenos por persona. Ahora comienzan las verdaderas emociones. El autobús no tarda en detenerse de nuevo y nosotros nos disponemos a luchar contra el fuerte viento del Paine por un sendero de unos 800 metros, con un paisaje indescriptible, siempre dominado por las torres y los cuernos del Paine, hasta llegar a unas cascadas que sólo podemos ver desde el mirador de Los Cuernos. El río que forma las cascadas es bastante caudaloso y el agua al dispersarse por las rocas es levantada por el viento. Nos aconsejan tomar las máximas precauciones, pues José Luis nos advierte que aquí soplan los vientos más fuertes de la zona del Paine. El lugar se denomina El Salto Grande.
Pero las emociones continuarán a unos cuantos kilómetros más arriba, cuando bajamos de nuevo del autobús para emprender una camino que nos lleva, entre un intrincado bosque de lengas, hasta la salida del glaciar Grey. Un gran arenal precede al lago del mismo nombre y al fondo, entre brumas, podemos ver dicho glaciar, inmenso e inhóspito. En el lago vemos los témpanos de hielo o icebergs desprendidos del glaciar. Caminamos lentamente por la arena y piedras durante un buen rato, maravillándonos con el paisaje, pero soportando un viento tan fuerte, que casi nos tira al suelo. La masa de arena forma una especie de muralla, al otro lado de la cual está como encajado el lago. Tomamos la subida hacia un mirador, entre las omnipresente lengas y otros raros arbustos y flores propias de zonas inhóspitas.
Después de ver lo anterior, ¿qué queda aún por ver...? Pues bien, necesitaríamos mucho más tiempo y dinero para verlo todo. Así que volvemos sobre nuestros pasos para seguir viaje, siempre bajo un fuerte viento y una ligera llovizna, que hace que tengamos que proteger las cámaras en una bolso de plástico.
Ya de regreso, la siguiente parada es para ver las cascadas del lago azul, una de las más bonitas del recorrido. Más adelante podemos ver al fin una buena cantidad de guanacos, que no se asustan apenas de nuestra presencia, ocupados en alimentarse de diversas especies de plantas o bebiendo en el río.

Día 30: Hoy las previsiones del tiempo no son buenas para el Paine, pero sobre las 8,30 estamos en camino hacia un lugar denominado Las Torres, deteniéndose el autobús sólo unos instantes para que podamos sacar fotos. El estado de ánimo del grupo sigue siendo bueno, a pesar del mal tiempo, pues son muchas las emociones acumuladas –buenas y malas- a lo largo del viaje al fin del mundo. Poco importa que en nuestra cabaña del lago Tyndall el agua de la ducha salga amarillenta y al parecer no tenga arreglo o que durante hora y media se vaya el agua o la luz. En cuanto al agua de boca, en el restaurante tienen la gentileza de llenarnos una garrafa.
El propósito de la excursión de hoy no es otro que subir a la base de las Torres del Paine, con un desnivel de 1000 metros. Es un treking considerado de alta dificultad, motivo por el cual y dadas las malas condiciones del tiempo, algunos de nosotros optamos por no ir. Por consiguiente, 6 personas decidimos hacer por nuestra cuenta otra excursión más corta a un lugar denominado El Mirador de los Cuernos, pero más o menos a medio camino, el viento empezó a arreciar de tal forma –y lo que es peor, una gélida llovizna que nos golpeaba casi como los perdigones de los cazadores-, tenemos que tomar la decisión de volver a nuestro punto de partida. El viento –ahora por la espalda-, nos golpea tan fuerte, que en algunos momentos casi nos hace caer al suelo. Luego nos enteraríamos que también en la otra excursión algunas personas habían tenido que retroceder. Quienes conozcan bien las malas pasadas que juega el viento y la lluvia en el Paine, hacen muy bien en tomar las máximas precauciones antes de emprender el camino... Nosotros no las tomamos, y podemos considerarnos afortunados de haber superado el trance. Pudo haber sido mucho peor.
Una buena comida y una jarra de cerveza –que en la Patagonia es bastante buena, aunque no tiene la calidad de la alemana-, sirve para poner fin a nuestro recorrido de hoy. Pero durante el retorno al lago Tyndall, aún tenemos ganas de tomar muchas fotos desde el autobús, de las preciosas lagunas y lagos glaciares. Hay muchas de diferentes formas y tamaños. De vez en cuando vemos algunos guanacos que nos miran con curiosidad.

Día 1-12: A diferencia de ayer, hoy amanece en el lago Tyndall un día soleado, aunque bastante fresco. La silueta de las imponentes montañas nevadas del Paine, de sus torres y cuernos, nos acompañan durante un buen rato. Y nos parecen más blancas que nunca, pues durante la noche a semejantes alturas es posible que hubiese nevado, a pesar de que aquí es ya finales de la primavera.
Así pues, sobre las 8 de la mañana, nuestro grupo está ya a punto de dejar este paraíso con dirección a Punta Arenas, pasando por Puerto Natales, pero con unos paisajes de estepa, lagos, ríos y lagunas de una gran belleza. A partir de Puerto Natales comienza la “ruta del fin del mundo”, como rezan los carteles de tráfico. El paisaje se suaviza; las montañas están lejanas, pero las inmensas llanuras fértiles acogen un gran número de cabezas de ganado vacuno y ovino. Sin embargo, esta estepa patagónica chilena es muy variable, pues muchas veces vemos inmensos cementerios de troncos muertos de lengas, y nos preguntamos cuál es el motivo de que no los recojan.
El viaje a Punta Arenas dura unas 5 horas. Nos encontramos con una ciudad distinta a cuantas hemos visto hasta ahora, de unos 100.000 habitantes, bastante acogedora, con bonitas iglesias, un puerto en donde recalan grandes barcos mercantes y turísticos, un monumento dedicado a los descubridores –pues estamos en la península de Magallanes- y un posadero cerca del puerto, en donde hay una gran cantidad de cormoranes de roca, así como gaviotas dominicanas y australes.
Nos alojan en el Hotel Plaza, pero he aquí la primera sorpresa desagradable para un grupo cansado del viaje: tenemos que subir las maletas por una escalera hasta la primera planta. Y esperemos no tener otras sorpresas...

Día 2: Hoy nos espera un largo viaje en autobús, pues son más de 1.000 kilómetros los que nos separan de Ushuaia, en la isla de Tierra del Fuego. Tenemos que cruzar el Estrecho de Magallanes a lo ancho -alrededor de 27 kilómetros- pues de largo tiene unos 560. El paisaje aquí, durante muchos kilómetros, sigue siendo patagónico, con infinidad de ovejas y muchos caballos, además de algún guanaco. Vemos a un armadillo correr a esconderse cerca de la cuneta de la carretera.
Pero sólo a unos 100 kilómetros de Ushuaia empezamos a ver cómo cambia el paisaje, con altas cumbres nevadas y una vegetación exuberante. Habíamos visto verdaderos cementerios de lengas desde la carretera, pero a partir de ahora son jóvenes y verdes y se suben por las faldas de las montañas hasta casi rozar los neveros. Y es sobre todo en el Paso Garibaldi, a unos 50 kilómetros de nuestro destino, en donde el bosque adquiere toda su grandeza. Antes de subir la cima, hay un hermoso lago llamado Aguas Blancas. A partir de aquí existen muchas instalaciones turísticas y deportivas, incluso algunos telesillas, por lo que pensamos debe de haber pistas de esquí. Las altas montañas nevadas que venimos viendo durante el viaje ya no nos abandonarían hasta Ushuaia, una pequeña ciudad situada a orillas del canal de Beagle.
Después de 12 horas de viaje en un ruidoso autobús, cuyo conductor es un verdadero experto en conducir por pistas de ripio –pues una parte del viaje se hace por estas pistas- finalmente llegamos a la hostería Rosa de los Vientos, en donde nos alojamos sobre las 7 de la tarde. Descubrimos que por la pared del cuarto de baño de nuestra habitación, a ras del suelo, había una filtración de agua, que el encargado de la hostería trata de remediar chupando el agua con una toalla. Probablemente debido al polvo del camino y al cambio de temperatura –que aquí es hoy primaveral- escribo estas líneas con un constante moqueo y lagrimeo. Y todo sea por dejar constancia de lo que nos ocurre cuando viajamos...

Día 3: Pero los problemas con la habitación continúan, pues el agua sigue entrando, de manera que al final nos la cambian por otra, pero por lo visto era provisional, ya que por la tarde nos dicen que no podemos seguir allí, pues está en camino un grupo que necesita una habitación grande. Por lo tanto, nos suben las maletas 2 plantas más arriba, eso sí, con unas muy buenas vistas panorámicas. Es increíble la falta de seriedad que hay en algunos hoteles, camuflada en unas amables palabras.
En relación a la excursión de hoy, decir que es todo un éxito. Sobre las 8,10 de la mañana un minibús nos recoge en la hostería para visitar el Parque Nacional Tierra del Fuego. En realidad existen varias excursiones. Optamos por combinar el minibús y el famoso “tren del fin del mundo”, para lo cual el minibús te lleva hasta la estación de partida del tren, es decir, donde comienza el viaje, de unos 7 kilómetros, y te recoge en la última estación. Ahora bien, no es cierto, según nos dice un empleado de la estación, que estos trenes no admiten pasajeros de vuelta a la estación de partida. Cualquier persona puede efectuar el viaje de ida y vuelta en el tren del fin del mundo, que por supuesto constituye una experiencia inolvidable, ya que aparte de la singularidad de los vagones y máquinas en una vía estrecha y a una escasa velocidad, por paisajes increíbles, aquí te cuentan la azarosa vida de los cautivos del famoso presidio de Ushuaia. Claro que el tren tiene poco que ver con el original, pues es ahora un tren turístico.
El minibús nos está esperando con el resto del grupo, y comienza el recorrido guiado por el parque nacional. Una de las vistas más bonitas es la del lago Pataia. En toda la zona del parque aún quedan refugios de castores. Nos dice el guía que están muy perseguidos, y a pesar de que han eliminado muchos, aún quedan unos 100.000. El problema, según nuestro guía, es que destruyen el bosque. Nosotros pensamos que es el hombre quien de verdad destruye el bosque. Por lo tanto, creemos que deberían dejar tranquilos a los pobres castores de Tierra del Fuego.
Vemos los muy frecuentes chimangos, un ave rapaz y carroñero, y un cauquen real junto a La Ensenada. En cuanto a las especies vegetales, la más importante es la falsa haya o “fagus notos”, que forma grandes bosques verdes. Entre ellos aparecen con frecuencia lagos, lagunas y ríos. Es el paraíso en la Tierra. Pero no nos dejamos engañar: este paraíso se está deteriorando cada vez más por las basuras, los ruidos producidos por el turismo, las motos de montaña, los quads y el cambio climático... Son las últimas zonas salvajes a las que el hombre ha empezado a meterle mano. Su futuro es incierto. La misma Ushuaia pretende ser un paraíso para el turismo salvaje, pero hay grandes aglomeraciones de pobreza en las chabolas que miran al mar desde las montañas.
Finalmente, decir que la excursión de hoy nos cuesta en total 1.270 pesos por persona, 500 del tren, 600 del minibús y 170 por la entrada al parque nacional. Son precios que incluyen la recogida en el hotel y el servicio guía. Pero hay opciones más baratas, si la excursión la haces por tu cuenta.

Día 4: Hoy navegamos por el canal de Beagle, en lo que constituye una de las excursiones en barco, que parten del embarcadero cercano a la hostería, más bonitas de nuestro viaje por la Tierra del Fuego. El canal de Beagle es la frontera natural entre Chile y Argentina y conecta el Atlántico con el Pacífico. Tiene una longitud de 280 kilómetros.
Dejando atrás el marco incomparable de Ushuaia, pronto avistamos una gran colonia de cormoranes de roca y gaviotas, de las que notamos el olor de sus excrementos. La gente se apresura a tomar fotos desde el catamarán. A pesar de que el día es soleado, el viento gélido hace que mis manos se queden casi insensibles para operar la videocámara, pero sigo adelante, pues la ocasión es única. Seguimos navegando, y al cabo de aproximadamente una hora avistamos lobos marinos, entre ellos un macho negro, en otro de los roquedos. Cuando dejamos este segundo descubrimiento de la jornada, aún seguimos filmando vistas del canal de Beagle y aves marinas volando a ras del agua. Pronto aparece el Faro del Fin del Mundo, que no es muy llamativo si no fuera por su significado. Y después del faro, viene la sorpresa final, quizá la más interesante, la Pingüinera. Y es que los pingüinos siempre son graciosos. Son unas aves muy raras. Aquí se encuentran los pingüinos de Magallanes y el pingüino Rey, un poco más grande y con el vientre rosado. Aquí permanecemos un buen rato, deleitándonos con estos animales, que en el mar se desenvuelven muy bien.
Finalmente, la gente entra a la sala del catamarán. Lo cierto es que hemos permanecido en los espacios de popa y proa unas 2 horas y media y el frío se nos ha metido en los huesos. Yo mismo hace días que sufro de un goteo nasal que no me deja vivir, pero este es un viaje que solamente se hace una vez en la vida, por lo que nadie está dispuesto a perderse ninguna ocasión...

Día 5: Bien, pues hoy toca a dejar Ushuaia. A las 13,30 nos recogerían 5 taxis para llevarnos al aeropuerto internacional. Pero hasta esa hora, aprovecho para visitar uno de los museos más interesantes de la ciudad, mientras mi mujer compra algunos recuerdos.
El Museo del Presidio consta de 2 salas, una dedicada a la historia de la vida en el famoso penal del fin del mundo, y otra a la exploración de la Antártida, además de un recinto dedicado a Darwin. Aquí podemos ver también las especies de aves más asombrosas, dispuestas en una gran vitrina. En cuanto al presidio, figura incluso la figura de algunos famosos delincuentes. No faltan los trajes de los reclusos e incluso una muestra de los grilletes que portaban en los tobillos. En resumen, a lo largo de muchas salitas situadas a cada lado del pasillo central, se puede resumir cada una de las etapas de la vida de un recluso. Pero baste decir que su vida era un verdadero infierno y no tenían ninguna posibilidad de escapar, pues los muros de la prisión eran de piedra y no se podían excavar túneles. Sólo había la posibilidad de que el fugado contara con colaboradores dentro o fuera del penal. Una impresionante colección de barcos famosos relacionados con la Antártida se pueden ver en la sala propiamente dicha.
Sobre las 4,15 despegamos de Ushuaia, este paraíso perdido en el fin del mundo, para llegar a Buenos Aires –Aeroparque- a las 21,15. Enseguida nos trasladan al hotel Waldorf, situado poco más o menos en el centro de la ciudad, cuyas habitaciones parecen bastante confortables, salvo sorpresas...

Días 6, 7 y 8: Y la sorpresa llegó en forma de ruido. Nos toca la habitación 715 en uno de esos hoteles monstruo que hay en todos las grandes ciudades del mundo. Aquí nos molesta especialmente el ruido de lo que parece ser la turbina de un extractor que hay en el exterior del edificio. Tenemos uno de ellos en el cuarto de baño, que sólo funciona al dar la luz, con lo cual no molesta tanto.
En cuanto a la ciudad de Buenos Aires, ¿qué puedo yo contar que no haya sido dicho ya? Aquí puedes hacer lo que quieras, pues esta ciudad te ofrece tantas cosas, que necesitarías toda la vida para dedicarla a ella. Es un mundo, simbolizado en el obelisco situado en la avenida 9 de Julio y dedicado a la República; la Casa Rosada, en la Plaza de Mayo, y también la Catedral. Puerto Madero, el barrio de La Boca, con el Caminito...
En 2 días y medio que permanecemos aquí sólo tenemos tiempo para entrar apenas en contacto con los “buenos aires” que para mi nariz significa esta ciudad, después del terrible clima de la Patagonia. Creo que todas aquellas personas que tengan algún problema respiratorio, como una rinitis crónica, deberían tomar medidas antes de ir allí, pues el problema se agrava. En mi caso, he podido comprobar que el clima de algunas ciudades no es tan malo para la salud como se pretende.
Por otra parte, decir que no era en el fondo de nuestro interés visitar una gran ciudad, pues yo quería hacer sólo un viaje ornitológico, naturalista, que no se pudo realizar al no alcanzar la ONG el suficiente número de personas interesadas, pero esta ciudad nos fue puesta en el programa de la agencia de viajes.
Sin embargo, aquí también hay pájaros, y muchos. Sólo tienes que ir en dirección a Puerto Madero, cruzar las dársenas, a las que rodean impresionantes edificios, y entrar en la Reserva de Aves de Costanera Sur, sitio Ramsar y una de las mayores zonas húmedas del sur de la ciudad. Aquí hay infinidad de especies orníticas, vegetales y también algún enorme lagarto, como el que pudimos ver el día 6. Estuvimos andando durante muchas horas, casi hasta la extenuación, siempre rodeados de mucha sombra, terrenos pantanosos y cantos de aves, de las que tan sólo pudimos ver algunas.
Naturalmente, Buenos Aires no es sólo enormes avenidas, grandes bulevares con elegantes edificios de viviendas para ricos, que apuntan al cielo o los imponentes y vanguardistas edificios de las oficinas de las grandes multinacionales o puentes como el De la Mujer, sobre una dársena; aquí hay también enormes bolsas de pobreza, barrios que viven en la desesperación. Basta ver a mucha gente tirada por las calles cuando llega la noche. Los turistas no nos atrevemos a salir a ciertas horas... En la Plaza de Mayo, aquella de las “madres de Mayo”, que horrorizó al mundo, todavía quedan presentes los testimonios de las injusticias cometidas por los dirigentes políticos, como la guerra de las Malvinas, con unas cuantas cruces, pues las familias de los soldados muertos en aquella guerra reclaman compensaciones, en lugar del olvido. Allí murieron alrededor de 600 muchachos de reemplazo. La Plaza de Mayo, en donde también se encuentra la Casa Rosada y la Catedral, ha sido siempre un lugar de protesta contra las injusticias, como rezan las pancartas siempre presentes.
El día 8 es el último día de nuestra estancia en Buenos Aires. Durante la mañana aprovechamos para visitar el Retiro, con un bonito parque en donde se pueden ver algunas especies de árboles gigantes, el monumento al general San Martín, forjado en hierro ennegrecido, pero muy expresivo, y al lado un árbol de Navidad, a cuyos pies aparece la virgen con el niño y San José. Caminamos de nuevo por los lugares más destacados de la ciudad y después de comer en el Retiro, en donde, como en todas partes, suelen servir mucha comida, que casi siempre sobra, tratamos de gastar los últimos pesos que nos quedan y esperar hasta las 7,35 de la tarde, a cuya hora nos recoge en el hotel un minibús para llevarnos al aeropuerto internacional Ministro Pistarini, en Ezeiza. La salida del avión con destino a Madrid está prevista para las 22,55, y a la hora en que me entretengo escribiendo estas líneas finales de nuestro viaje, la una y veinte de la madrugada, aún no hemos despegado. El motivo nadie lo sabe a ciencia cierta. El comandante se limita a comunicar que aún no han sido autorizados para despegar. Los problemas en un viaje pueden ser muchos y a veces incomprensibles. A los pasajeros casi nunca se les cuenta la verdad. Y otro problema: a mi mujer y a mi nos dieron asientos no contiguos, por lo cual acabé en una discusión con uno de los “acomodadores”, que finalmente nos acomodó juntos en la cola del avión.
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  Últimos comentarios al diario  Viaje al fin del mundo (Patagonia argentina y chilena: 18-11 al 8-12-15)
Total comentarios 3  Visualizar todos los comentarios

marimerpa  marimerpa  11/01/2016 12:32   
Gracias por compartir tu experiencia en este fantástico destino. ¿Me permites dos sugerencias? Por un lado, quedaría mejor si lo estructuras en etapas. Si no quieres una por día, puedes poner una etapa por destino (Una para Ushuaia, otra para El Calafate,...). Por otro lado, si le pones unas fotos quedaría más atractivo, y seguro que tienes fotos fantásticas.

Saludos

PABLOEING  PABLOEING  14/01/2016 11:22   
fotosssssssssssssss

NADEMO35  NADEMO35  18/01/2016 18:49   
Hola amigos: como podéis ver, al fin he sabido cómo insertar fotos a mi diario "Viaje al fin del mundo". Cuando tenga tiempo insertaré algunas más.
Saludos.

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Region_Isla Tema: Patagonia: ¿Me podría aconsejar por favor? (Argentina/Chile)
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Fecha: Sab Sep 23, 2017 09:00 pm    Título: Re: Patagonia: ¿Me podría aconsejar por favor

Yo al menos no veo otra forma, por Argentina, de incluir El Chaltén y el Parque Nacional Torres del Paine sin pasar varias veces por El Calafate. Al fin y al cabo El Chaltén está al norte de El Calafate y Torres del Paine está hacia el sudoeste.

Otra posibilidad sería Ushuaia - Punta Arenas - Puerto Natales - Torres del Paine - El Calafate. Sé que hay autobuses entre Ushuaia y Punta Arenas. Cuestión de que compruebes los horarios y el tiempo que se emplea para ver si te compensa.

Saludos.
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Fecha: Dom Sep 24, 2017 02:12 pm    Título: Re: Patagonia: ¿Me podría aconsejar por favor

Por alojamiento en el Calafate, te recomendaria ¨Rukahue¨una hosteria pequeña, regenteada por una familia, magnifica.
eviajera
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Dic 28, 2007
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Fecha: Lun Sep 25, 2017 02:40 pm    Título: Re: Patagonia: ¿Me podría aconsejar por favor

A mí me parece que necesitas dos días para Iguazú y analiza bien los horarios, a ver cuantas horas netas te salen entre aterrizajes, traslados...
Lluego allí te recomiendo la visita de los dos lados (argentino y brasileño) ofrecen alternativas diferentes.
Hazte un cuadro claro con los tiempos.
Tu propuesta, a mí, me parece insuficiente.
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Jul 24, 2010
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Fecha: Lun Sep 25, 2017 07:10 pm    Título: Re: Patagonia: ¿Me podría aconsejar por favor

Gracias a todos por vuestros comentarios.
Respecto a Iguazú tenía entendido que necesito 1 día entero para un lado y 1/2 día para otro. Es verdad, está muy justo. Quiero ver horario de vuelos para encajarlo.
Reo55
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Mar 15, 2016
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Fecha: Lun Sep 25, 2017 09:48 pm    Título: Re: Patagonia: ¿Me podría aconsejar por favor

Del lado argentino tienes para recorrer el circuito superior y el inferior, te llevara todo el dia. Del lado brasilero en medio dia lo haces, eso si, verifica los vuelos y sus horarios.
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