Mostrar/Ocultar
Mostrar/Ocultar Blogs / Diarios
Mostrar/Ocultar Fotos / Pics
COSTA ESTE DE CANADA POR LIBRE 2016 -Diarios de Viajes de Canada- Jmfmb
Indice
Indice
Diarios más leidos
Diarios más leidos
Últimos Diarios
Últimos Diarios
Diarios más Votados
Diarios más Votados
Diarios por paises
Diarios por paises
Ayuda
Ayuda

Compartir enlaces Compartir enlaces

 
 
Enlace:    Corto  Largo
Copia el texto de uno de los cajones para compartir el enlace
Localización: Canada Canada [America]
Jmfmb  Autor:    Fecha creación:  Compartir este diario: 
Descripción: Dos semanas para descubrir los lugares mas emblemáticos combinando ciudades y naturaleza

Índice de Etapas del Diario: COSTA ESTE DE CANADA POR LIBRE 2016



Total comentarios: 5  Visualizar todos los comentarios Comenzar a leer Comenzar a leer

Localización: Canada Canada
    Etapa:  El rio San Lorenzo      
JULIO 2016
El pre-viaje

Después de pensarlo unos cuantos miles de veces, este año finalmente nos decidimos a pasar nuestras vacaciones en Canadá, uno de nuestros destinos soñados desde hacia mucho tiempo.
Tras consultar diversos catálogos de agencias de viajes, diversas páginas de internet y sobre todo después de empaparnos de información en losviajeros.com vamos perfilando el recorrido, que finalmente será muy similar a los que habíamos visto en estos sitios. Llegaremos a Toronto, seguiremos a Montreal, Quebec, Costa de Charlevoix, Tadoussac, fiordo de Saguenay, lago St. Jean, P.N. La Mauricie, Ottawa, Parque Omega, Parque provincial Algonquin, Niágara y finalmente Toronto, desde donde regresaremos. Son unos 3200 kms. en 17 dias. No está mal, pero hay que empezar a mentalizarse que allí las distancias son muy largas.



Después de volver, y visto en pespectiva quizás haríamos algún pequeño retoque, como por ejemplo estar algo más de tiempo en el fiordo de Saguenay y lago St. Jean y algo menos en Toronto. También recortaríamos una noche en Ottawa y la pasaríamos cerca del parque provincial de Algonquin para así poder disfrutar el dia entero allí. Pero en general estamos bastante satisfechos con el recorrido, ya que a excepción de lo que acabo de comentar, en el resto no hemos tenido la sensación de faltarnos o sobrarnos tiempo.
Bién, lo primero que hicimos fué reservar el vuelo. No hizo falta buscar mucho para ver que la mejor opción era hacer el viaje con Air Transat, una “pseudo” low-cost canadiense que nos ofrecía los mejores precios, y además, vuelo directo Barcelona-Toronto. Habia mas opciones, pero la mayoria eran con escala y bastante más caras. Además los horarios de salida a la ida (14:05) y a la vuelta (20:00) se adaptaban perfectamente a lo que queríamos. Después de hacer un seguimiento diario durante un par de semanas para controlar la variación de las tarifas (con el consiguiente riesgo que ello comporta si los precios se disparan), cuando faltaba un mes finalmente decidimos comprar los billetes a un precio que creemos razonable faltando tan poco tiempo para la salida. Curiosamente, el mejor precio era para el dia 15 de julio la ida y el 31 de julio la vuelta, contráriamente a lo que pudiera parecer por ser dos fechas “críticas” en cuanto a inicio y final de vacaciones.
Teníamos previsto contratar un seguro de cancelación y un seguro médico, y a la hora de hacer la reserva del vuelo nos ofrecieron la posibilidad de contratarlo en aquel momento. Las condiciones parecían ventajosas, pero a la hora de contratarlo el sistema no nos dejaba. Llamamos inmediatamente al call center de Air Transat (Normalmente los seguros de cancelación hay que contratarlos 24-48 horas después de hacer la reserva) pero la persona que nos atendió nos remitió a la mañana siguiente. La mañana siguiente, la chica que nos atendió nos dijo que una vez hecha la reserva, ellos ya no podian hacer nada al respecto, y nos dirigió a Allianz, que era la compañía aseguradora. Llamamos a Allianz y nos dijeron que si la contratación no se hacia en el momento de la reserva, ellos tan solo nos podian ofrecer un seguro estándar.
En definitiva, que aunque el problema no era nuestro no pudimos contratar el seguro en las condiciones que nos ofrecian en un principio. Finalmente, unos dias más tarde lo contratamos con Mapfre, e incluia un seguro médico e indemnización por regreso anticipado.
Aunque en julio, cuando fuimos nosotros, todavía no era obligatoria la eta (electronic travel authorization), que como dice el nombre es una autorización de viaje asociada al pasaporte para entradas a Canadá por via aérea, decidimos obtenerla por si acaso. No es un visado, pero a efectos prácticos es muy similar. Es extremadamente cómoda de tramitar, solo se necesitan diez minutos delante del ordenador, y si no hay ningún impedimento, previo pago de unos cinco euros te lo autorizan online casi al momento.
Otro trámite a realizar era la obtención del carnet de conducir internacional. En realidad, esto solo és el carnet de conducir escrito en diversos idiomas. Según las experiencias que leímos en losviajeros.com era muy recomendable obtenerlo, de manera que lo solicitamos en la jefatura provincial de tráfico.
Lo siguiente es contratar el coche de alquiler. Miramos diversas opciones, y al final nos decantamos por AVIS, empresa con la cual ya habíamos reservado varias veces anteriormente, y con la cual no habíamos tenido ningún problema. A la hora de hacer la reserva por internet, otra vez el sistema no nos permite contratar el segundo conductor, de manera que intentamos hacer la reserva por teléfono. Y nos llevamos una gran sorpresa cuando nos dicen que en ese momento tienen una promoción con la cual el precio final será algo menor, y además el pago lo podremos realizar en el momento de la recogida del coche y no en el momento de la reserva. ¡Perfecto! Escogimos un Chevrolet sonic, del segundo grupo, aunque finalmente nos dieron un Hyundai Accent.
Bueno, ya solo quedan los hoteles. Desde hace unos cuantos años, las reservas las hacemos casi siempre a través de Booking.com, y este año también será así. No tuvimos excesivos problemas para escoger en la mayoria de los casos, excepto en Niágara, donde empezaba a escasear la oferta, y sobre todo en Toronto, donde habia un 89 % reservado. Esto hizo que tuviéramos que coger un hotel en el aeropuerto, un poco caro, sin desayuno y a una hora del centro.
En principio ya tenemos resuelto todo lo que necesitamos llevar reservado desde aquí. Añadimos a última hora un pase conjunto de diversas atracciones en Niágara para evitar colas.
Y también aprovechamos para reservar el párking en el aeropuerto del Prat, ya que descubrimos una muy buena oferta para aparcar enfrente de la terminal, o sea a dos minutos a pie y a un precio bastante razonable.
Y ya está. ¡Empieza la aventura!

Gastos antes del viaje
Vuelo Barcelona-Toronto y vuelta (AIR TRANSAT) 579,50 EUR
Seguro médico y de regreso anticipado (MAPFRE) 106,62 EUR
Coche de alquiler (14 dias) (AVIS) 454,45 EUR
Pàrking aeropuerto (17 dias) (AENA) 69,00 EUR
Permiso conducción int. 9,00 EUR
Eta 5,00 EUR

Todos los gastos que aparecen en el diario son por persona, excepto los hoteles, que se refieren al precio por habitación doble, y el alquiler del coche, el párking, y la gasolina, que son precios totales. El cambio aproximado a julio de 2016 era de 1 EUR= 0,65 CAD. En los gastos diarios hemos obviado las comidas, ya que estas pueden variar sensiblemente según cada persona.


PRIMERA ETAPA: EL RIO SAN LORENZO

1º Dia - Vuelo Barcelona-Toronto
Con un margen más que prudencial nos presentamos en el mostrador de facturación de Air Transat, y después de pasar el control de seguridad, ambos trámites sin apenas colas, esperamos pacientemente la hora de embarque.
El avión es un Airbus A-310, algo antiguo, por lo que no tiene enchufes en el asiento ni pantallas individuales. Además el espacio entre asiento y asiento es bastante reducido. Hay wifi interna y descargando una aplicación se puede acceder a diverso material de entretenimiento, películas, juegos, música y documentales. Para comer sirven un sandwich, bebida y café, y un poco antes de llegar un pequeño tentempié, unas barritas para engañar el hambre.
A la hora prevista aterrizamos en el aeropuerto Pearson de Toronto. El control de pasaportes es un poco caótico porque en aquel momento coinciden diversas llegadas y la distribución de las colas no es muy clara. No obstante, el tiempo de espera no es mucho, y en diez minutos llegamos a la ventanilla correspondiente, donde enseñamos el pasaporte, nos hacen un par de preguntas y acto seguido nos dirigimos a recoger la maletas, que llegan sin problemas.
A continuación cruzamos la terminal, que no es pequeña, y nos dirigimos a recoger el coche de alquiler. Está todo muy bien indicado, y pronto llegamos a la oficina de AVIS, en la primera planta sótano. Después de un pequeño contratiempo con el precio del alquiler, habia una diferencia de unos 20 euros de más, recogemos el Hyundai Accent, cargamos las maletas y arrancamos. Era nuestra primera experiencia con un coche con cambio automático, y tal como mandan los cánones nos “atamos” la pierna izquierda atrás y salimos al exterior. En diez minutos llegamos al Towne Places Mississauga by Marriott, que a pesar del nombre tan rimbombante, solo es un hotel de tres estrellas algo anticuado, aunque correcto. Una característica de los hoteles canadienses, al menos en los que hemos estado, son las habitaciones muy grandes, tipo apartamento con cocina. Es una habitación doble con dos camas, pero éstas son tan grandes como las que aquí conocemos como de “matrimonio”, de 135 cm.
Son casi las siete de la tarde y ya es hora de empezar a buscar algo para cenar. En nuestro antiguo horario seria la una de la madrugada. El hotel está situado en una zona con pocos edificios, muy desperdigados, y como no tiene restaurante preguntamos dónde podemos cenar. Nos dan una fotocopia con unos cuantos restaurantes a una distancia razonable a pie. Bueno, restaurantes como los que aquí conocemos solo encontramos un par, de hecho son dos pizzerias. El resto son burguers, que como veremos son muy frecuentes.
Estábamos enterados que en Canadá las propinas son obligatorias, de hecho, éstas son parte del sueldo de los camareros. No obstante, a la hora de pagar le comentamos a la camarera que acabamos de llegar y le preguntamos cómo funciona el tema, para corroborar nuestras informaciones. Nos explicó que se solia dejar un 18 % del total, cuando nostros habíamos leído que este porcentaje oscilaba entre el 10-12 o 15 %, o una cantidad fija. La verdad es que está muy bien montado. Te traen la máquina de la VISA, introduces tú mismo la tarjeta, te pregunta, por este orden: idioma, el total, y si estás de acuerdo, qué propina quieres dejar, o bien una cantidad fija, o bién un porcentaje, que por defecto te ofrece un 15-18 o 20 %. Te pide el PIN y finalmente confirmas. En definitiva, en el caso de pequeñas cantidades, hasta unos 40 dólares es mas favorable dejar un tanto por ciento, y a partir de aquí suele ser mejor dejar una cantidad fija de, por ejemplo, 5 dólares. De todas maneras todo esto es algo muy personal, y nosotros dejamos siempre un 15 %, por comodidad y porque creímos que era lo más habitual.
De vuelta paseíto hasta el hotel. Mañana empieza nuestro primer dia en Canadá

Gastos del dia
Hotel Towne Places (AD).- 145,77 CAD

2º dia - Mississauga (Toronto)-Mil islas-Montreal (565 kms.)

Después de desayunar, cargamos de nuevo las maletas, arrancamos (Nos volvemos a atar la pierna izquierda atrás. Por si acaso…) y ponemos rumbo a Gananoque, un pequeño pueblo desde donde salen las excursiones para ver la región de las Mil Islas. Primeras impresiones de las carreteras canadienses: Coches muy normales, estilo europeo, y lejos de aquellos coches americanos tan grandes que nos esperábamos. En cambio los camiones sí son inmensos, muy largos y muchos de ellos con uno o varios remolques, y aquellas cabinas con largos morros que vemos en las películas americanas. Las marcas de los coches más habituales son curiosamente las japonesas y las coreanas, Hyundai, Kia, Toyota, Nissan y en menor cantidad Ford, Volkswagen y algun Mercedes y BMW. También hay mucha cantidad de Pick-Up, que aquí sí dominan las marcas americanas GMC y Ford.
El límite de velocidad es de 100 Km/h en autopistas y carreteras anchas y 90 Km/h en el resto. De todas maneras pronto nos damos cuenta que todos los vehículos, absolutamente todos, camiones incluidos, circulan a más de 100. Diría que a 110-120.


Algunos ejemplos de señalización vertical en las carreteras

Bueno, los sitios para realizar la excursión de las mil islas son Kingston, Ivy Lea, Rockport y Gananoque. Nosotros nos decidimos por éste último por ser un pueblo pequeño y por (según leemos) no haber problemas de aparcamiento. Cuando vamos a la taquilla a comprar los billetes nos dicen que el siguiente barco está completo, y por tanto deberemos esperar al de las tres de la tarde. Aprovechamos para comer una hamburguesas (¡cómo no!) y a continuación nos ponemos en la cola para embarcar. Al abrir el cordón parece que se vaya a acabar el mundo porque toda la gente sale disparada a coger sitio en la cubierta superior para tener las mejores vistas. En realidad desde cualquier sitio se ve todo, pero bueno, somos así…


Las mil islas son… haremos un acto de fe y nos creeremos que son mil porque nosotros no las contamos. Estan repartidas en una zona no muy extensa del rio San Lorenzo. Absolutamente todas están edificadas, desde las más grandes con grandes mansiones de gente “de pasta” hasta los pequeños islotes con una casita de madera que cuando abres la puerta te caes al agua. El rio San Lorenzo hace de frontera natural entre Canadá y Estados Unidos, y en principio nuestra orientación nos permite determinar que a nuestra izquierda tenemos territorio canadiense y a nuestra derecha estadounidense. Pero después de un rato virando a un lado y a otro, y pasando por entre varias de las islas, acabas un poco desorientado, y cuando crees que estas viendo territorio de Estados Unidos resulta que te fijas en que tienen plantada la bandera de Canadá, y viceversa. Muy curioso.


En cualquier caso la excursión, que dura una hora, es divertida e interesante. Por cierto, el tiempo muy nublado y tristón.
De vuelta en Gananoque cogemos el coche y nos disponemos a recorrer los 250 km. que nos quedan hasta Montreal.
En la autopista vemos diversos carteles, inmensos, que nos advierten de las multas que deberemos pagar si sobrepasamos los límites de velocidad. Ir a 120 km/h nos puede suponer 95 CAD, a 130 km/h 210 CAD y a 140 km/h 290 CAD. De todas maneras, no sabemos si los hay, pero nosotros prácticamente no vimos radares, solo uno móvil situado en una furgoneta con un cartel luminoso inmenso (calculamos unos 3x3 mts.) señalando la existencia del mismo. Continuamos constatando que absolutamente nadie circula a 100 km/h ni tan siquiera los mega-camiones que circulan en gran número.
Llegando a Montreal, el navegador nos lleva por un puente de pago. Según nos informaron, en Canadá no hay autopistas de peaje, excepto la 407, que sirve para descongestionar la circunvalación de Toronto. En este caso, no hay casetas de peaje, solo unos lectores de matrícula situados en ambos extremos. Si no dispones de un sistema automático de pago, dias más tarde te envian la factura a casa. En el caso de un coche de alquiler, la factura se envia al domicilio de la empresa de alquiler, que posteriormente se la reenvía al usuario. El problema es que los costes de gestión que cobra la empresa de alquiler, en mi opinión son desorbitados, y el precio final puede resultar casi abusivo. No obstante hay que reconocer que en el contrato te advierten de este hecho.
En definitiva, si no es estrictamente necesario yo no utilizaria esta autopista.
Como hemos dicho estábamos llegando a Montreal y el navegador nos llevaba por un puente de peaje, concretamente el puente Champlain. Como en aquel momento no teníamos claro qué sistema de pago nos encontraríamos, y para evitar algún susto posterior, decidimos cambiar la ruta y pasar por el puente Jaques Cartier, al final del cual se encuentra el Sandman Signature, el hotel donde nos alojaremos. Este puente, de más de dos kilómetros y medio une los dos lados del rio San Lorenzo y la isla de Sta. Helena que se encuentra en medio. Al principio del mismo empezamos a encontrar algo de congestión, pero en el centro ya nos detenemos. Al cabo de unos momentos vemos por el retrovisor que se acercan a gran velocidad y con todas las sirenas funcionando diversos vehículos de bomberos. “Quizás ha habido algún accidente…”, dijimos. Avanzamos muy lentamente y empezamos a encontrar policias, cada vez en mayor número. Empezamos a pensar si hay alguna amenaza terrorista, o algo similar. Tal como vamos llegando al final del puente más y más policia, calles cortadas y la sensación que está pasando algo “gordo”. Finalmente, justo unos metros más allá llegamos al aparcamiento del hotel. Sin exagerar parece que estemos en un estado de sitio, aunque la gran cantidad de gente que se ve por la calle parece ajena a toda esta movida. Vamos a la recepción del hotel, y después de los trámites correspondientes, le preguntamos a la recepcionista qué ha pasado. Y nos dice que nada, que eso es porque aquella noche hay ¡fuegos artificiales! “Amos, no me jodas…” Toda esta parafernalia, ¿sólo por unos fuegos artificiales? Además, los fuegos son en la isla de Sta. Helena, a más de un kilómetro de donde nos encontramos!
Hay una gran multitud de gente, muchos de ellos provistos de sillas. Bueno, la verdad es que nos pareció todo muy curioso y exagerado.
La situación del hotel es muy buena, ya que se encuentra enfrente de la parada de metro, que en menos de un cuarto de hora nos dejará en el centro de Montreal.

Gastos del dia
Excursión Mil islas.- 49,90 CAD
Hotel Sandman (AD).- 161,59 CAD


3º dia - Montreal

Hoy tenemos el dia entero para descubrir Montreal, de manera que después de almorzar nos ponemos en marcha. Es una gran ventaja poder dejar el coche en el aparcamiento del hotel todo el dia y poder desplazarnos en transporte público sin tener que preocuparnos de dónde aparcar.
En nuestra opinión Montreal no tiene un especial atractivo. Empezamos por el ayuntamiento, que como es domingo está cerrado, por lo cual solo lo vemos por fuera. Enfrente está el castillo Ramezay, que según la guía que llevamos es uno de los sitios aconsejados para ver. En la puerta vemos unos soldados vestidos de época y tenemos la intuición que no vale mucho la pena, de manera que desistimos de entrar. Al lado mismo está el centro histórico de Montreal, concretamente la plaza Jaques Cartier y la calle St. Paul son las vias más emblemáticas. Ahí se concentra también la zona de bares y restaurantes. Un poco más allá nos encontramos el “Marché de Bon sécours”, un antiguo mercado que hoy en dia acoge unas galerias comerciales con la mayoría de franquícias de ropa internacionales.


El ayuntamiento de Montreal y el interior de la catedral de Notre Dame

Llegamos a la catedral de Notre Dame. Los edificios religiosos no serian el principal argumento para visitar Canadá, pero entramos y tenemos la sensación de estar en el interior de una catedral francesa, lógico, por otra parte. La diferencia está en el exterior, ya que está rodeada de grandes rascacielos y el contraste es bastante impactante.
Después de comer dedicamos la tarde a visitar el Mont Royal. Para llegar nos dejamos llevar por la intuición y claro, pasa lo que pasa, que aparecemos en la zona universitaria, lejos del camino de acceso. Vuelta atrás, y ahora sí, con el mapa en la mano emprendemos la subida al mirador, que se hace por medio de unas escaleras de madera, aunque también podemos utilizar un camino, más largo pero de pendiente mas suave. Por el camino podemos comprobar como las ardillas, a diferencia de las que vemos por aquí no son huidizas y están acostumbradas a la presencia humana. Hasta pudimos acariciar alguna de ellas.


Bueno, después de la dura subida llegamos al Mont Royal. Allí encontramos un edificio en el que se realizan diversas exposiciones, aunque lo mejor es la balaustrada desde la que tenemos una fantástica panorámica de Montreal y el rio San Lorenzo. Solo por eso ya vale la pena subir hasta ahí.
De vuelta al centro, decidimos coger el metro y acercarnos a la isla de Sta. Helena. Es un pulmón verde de la ciudad y una gran zona de entretenimiento. Durante el verano, los fines de semana hay conciertos y multitud de actuaciones, algunas de pago y la mayoria gratuitas. Tambien hay un planetario y una zona de atracciones acuáticas. Al ser domingo estaba abarrotado de gente.
Volvemos al centro, cenamos, cogemos el metro, y a dormir.

Gastos del dia
Billete transporte 24 h. .- 20,00 CAD
Hotel Sandman (AD).- 161,59 CAD


4º dia – Montreal-Québec (267 kms.)

Después de desayunar y cargar las maletas en el coche emprendemos el camino hacia Quebec. Podemos hacerlo por la izquierda del rio San Lorenzo, por la autopista Felix Leclerc, o bien por el lado derecho, por la autopista Transcanadiense. Nosotros cogemos esta última. El tráfico es fluido de salida pero de entrada hay unos atascos monumentales, que al parecer son habituales. Repostamos en una gasolinera, exactamente igual que aquí. Hay tres tipos de gasolina, la más barata de las cuales es la “ordinaire” en Quebec, o llamada “regular” en Ontario. El precio durante el viaje ha oscilado entre los 0,95 y los 1,20 CAD. No hay mucha diferencia entre gasolineras cercanas, pero si entre zonas diferentes. Como aquí, vamos.
Volvemos a salir a la autopista, y a la altura de Trois Rivières cruzamos el rio y continuamos por la Felix Leclerc. El firme de las autopistas en general nos ha parecido algo deficiente con algunos baches e irregularidades. Las carreteras principales tienen poquísimas curvas, de radio amplísimo y monótonas e interminables rectas. Si ademas añadimos la conducción de un coche con cambio automático, puedo decir que por primera vez en mi vida me he aburrido conduciendo.


A mediodia llegamos al aparcamiento del hotel Classique, que es donde pernoctaremos las próximas dos noches. Como todavía no está preparada la habitación aprovechamos para comer en un restaurante adyacente. Una vez más, la habitación es muy amplia y con salida a un pequeño balcón. Algo caro, lo mejor del hotel es su situación, que si bien no está en pleno centro, está muy bien comunicado con el mismo. Delante mismo del hotel está la parada del bus. En unos veinte minutos el 800 nos dejará en la misma entrada al centro antiguo de Quebec, al cual entramos por la puerta Kent, una de las seis que se conservan en la muralla. El “Vieux Québec” es de estilo inconfundiblemente europeo, francés más concretamente. Sin duda es aquí donde se ve mas claramente la ascendencia francesa de la ciudad. Pasamos por delante del ayuntamiento y pronto llegamos a la “terrasse Dufferin”, un mirador privilegiado sobre el rio San Lorenzo y la “Ville Baisse”, la parte baja del casco antiguo de Quebec. La inmensidad del rio se ve aquí en toda su realidad. Justo detrás de la terraza Dufferin se levanta la impresionante silueta del “Chateau Frontenac”. En realidad, a pesar del nombre de castillo, nunca lo ha sido, de hecho simpre ha tenido la misma función: Es un hotel. De lujo, concretamente. Se puede acceder al hall y comprobar que todavía conserva aquel aire victoriano con el que se construyó, pero con un toque decadente, de haber ido a menos. De todas maneras, la habitación sigue costando 440 euros la noche por lo cual aún conserva una clientela bastante exclusiva. A finales del siglo XIX y principio del XX, la compañía de ferrocarriles Canadian Pacific Railway no solo se dedicaba al negocio de la construcción y explotación ferroviaria, sino que además tambien construia hoteles de lujo. Actualmente el “Chateau Frontenac” pertenece al grupo Fairmont, y según la wikipedia es el hotel mas fotografiado del mundo.


La terraza Dufferin se extiende paralela al rio y cuando acaba continúa un paseo llamado “promenade des governeurs”. Hay diversas glorietas que hacen la función de mirador. Vemos también una rampa que cuando leemos los paneles informativos nos enteramos que se trata de una rampa para ¡bajar esquiando! Efectivamente, aunque Québec se encuentra a una latitud similar a Barcelona, cada invierno suele nevar bastante.
La “promenade des Governeurs” se alarga hasta “Les Planes d’Abraham”, un gran parque urbano con cuatro millones de visitantes al año y donde se realizan espectáculos musicales. Al lado, y formando parte del parque encontramos la “Citadelle”, un recinto militar, que como estaba en restauración pudimos ver exteriormente.
Cuando acabamos de dar la vuelta nos encontramos de nuevo en el “Vieux Québec”. Ha refrescado un poco y una chaquetilla no está de más.


Estamos en una zona muy turística, por lo que abundan los locales de restauración. Debido a ello los precios también son sensiblemente más altos que en Montreal. Un detalle curioso: En los restaurantes se sirve gratuitamente una jarra de agua para beber. Interesante a la hora de pagar para aquellos que no beben otra cosa. Otro detalle que nos gustó es que nunca hemos tenido que pedir la cuenta, ellos mismos te la traen, evitando así largos ratos de desesperante espera, tan habituales en algunos restaurantes. En general todos los camareros y camareras que nos han atendido han sido extremadamente amables.
Salimos del restaurante, ahora ya no refresca, ahora ya hace frio, por lo que volvemos a coger el bus 800 y nos retiramos hasta mañana.

Gastos del dia
Billete bus (x2) .- 5,80 CAD
Hotel Classique (SA).- 132,16 CAD


5º dia – Québec y cascada de Montmorency (40 km.)

Hoy decidimos cambiar de planes sobre la marcha. Teníamos previsto pasar el dia entero en Quebec y al dia siguiente ir haciendo ruta hacia St. Simeon pasando por las cascadas de Montmorency, la basílica de Ste. Anne de Beaupré, el cañón de St. Anne y la costa de Charlevoix. Intuimos que todo el dia en Quebec quizás seria excesivo y optamos por ir por la mañana a la cascada de Montmorency y de esta manera el dia siguiente no estaria tan apretado. Fue una sabia decisión.
En unos veinte minutos en coche llegamos al aparcamiento superior del parque, hay otro en la parte baja, a nivel de rio. La entrada incluye el aparcamiento y el teleférico que une ambos aparcamientos.


Aunque el parque es mucho mas extenso, la inmensa mayoria de la gente se desplaza hasta allí para ver el salto de agua. Según la guia que nos facilitan con la entrada, la cascada de Montmorency es más alta que las cataratas del Niágara. Hombre, no lo negaré, pero la diferencia de magnitud entre ambas es tal que la comparación resulta un poco absurda. No obstante, la visita vale la pena. Saliendo del aparcamiento vamos por un sendero hacia una pasarela sobre la cascada y de allí continuamos por otro sendero que nos lleva a unas escaleras que bajan en zig-zag a la parte inferior. Allí es posible acercarse al pie de la cascada, aunque pagando el precio de una monumental ducha. Desde aquí, después de unos 300 m. llegamos al otro aparcamiento y al teleférico para volver al inicio. Las vistas que obtenemos desde cualquier punto del recorrido son espectaculares. Una vez más, desde la parte superior volvemos a tener una vista panorámica del rio San Lorenzo.


De vuelta al hotel, dejamos aparcado el coche y después de comer volvemos a la ciudad antigua, donde vemos la catedral de Notre Dame. Vuelve a caer otra tromba de agua como las que hemos venido padeciendo intermitentemente desde el principio del viaje. Más tarde nos dirigimos a la parte baja y al petit Champlain. Podríamos situarnos perfectamente en un barrio antiguo de cualquier ciudad francesa.
Después de cenar damos un paseíto hasta la parada del bus, y alrededor de la medianoche llegamos al hotel.

Gastos del dia
Billete bus (x2) .- 5,80 CAD
Entrada cascada de Montmorency.- 34,36 CAD
Hotel Classique (SA).- 132,16 CAD


6º dia – Québec-Basílica de Ste. Anne de Beaupré-Cañón de Ste. Anne-Costa de Charlevoix-St. Simeon (185 km.)

Hoy nos despedimos de Quebec, y la primera parada será la basílica de Ste. Anne de Beaupré. Llegamos en pocos minutos, ya que se encuentra en las afueras. Además del santuario, encontramos diversas tiendas de recuerdos, un centro de acogida y un hotel. Se trata de un lugar de peregrinaje, al estilo de otros centros marianos como Lourdes o Fátima, que acoge cada año a medio millón de peregrinos. Según leemos, es el santuario donde se han producido mas curaciones de todo el mundo. La basílica actual es de 1946, anteriormente habia otra más pequeña que se quemó en 1922.


A cinco minutos de aquí se encuentra el cañón de Ste. Anne. Hay un gran aparcamiento y aunque solo está lleno la mitad se ve bastante movimiento de personal. Nos ponemos las zapatillas de “andar”, sacamos las entradas y empezamos a seguir una senda que rápidamente nos conduce hasta la parte alta de la garganta. Es un recorrido muy corto y asequible. Volvemos a tener un cielo grisáceo y amenaza lluvia.


En cinco minutos llegamos a la primera pasarela que pasa por encima del rio. El agua tiene color marrón y parece que está muy sucia, pero son los sedimentos férricos los que le dan esta tonalidad.
Continuamos avanzando por el sendero que va por el lado derecho del cañón, y nos paramos en un par de miradores desde donde podemos apreciar la espectacularidad del lugar. En unos pocos minutos más llegamos a la parte baja, y allí vemos mucha gente que está realizando la via ferrata que sube por el lado izquierdo. También hay una tirolina que atraviesa la garganta de lado a lado. Finalmente, los que no hacemos ni una cosa ni otra (y es que ya tenemos una edad…) paseamos por un puente colgante que hay al final del salto. En conjunto es todo bastante espectacular, y en nuestra opinión vale la pena la visita.
La vuelta la hacemos por el lado izquierdo.


Salimos de nuevo a la carretera y llegamos a Baie St. Paul, donde aun encontramos un bar abierto a las tres y cuarto y podemos comer. No hay gran cosa para ver allí, de manera que volvemos a salir a la carretera 362, que es la que nos llevará hasta La Malbaie. Hay un parque cerca del rio, aunque por la extensión parece que estemos al lado del mar.
Finalmente a última hora de la tarde llegamos a St. Simeon, donde tenemos nuestro hotel reservado. En realidad es un motel típico de carretera, muy básico pero correcto para pasar la noche, que es de lo que se trata. La situación es casi idílica, al lado de la desembocadura de un riachuelo y justo delante del rio San Lorenzo. Todo ello visto desde la habitación. Pero hemos dicho casi idílica. El pero es que justo enfrente por encima nuestro pasa la carretera principal que rompe el encanto. St. Simeon es muy pequeño pero está estratégicamente situado en la confluencia de la carretera de la costa, la 138, y la que va a Saguenay, la 170.
Después de comprar algunas provisiones, vamos a cenar a uno de los pocos restaurantes de carretera que hay.
Son casi las nueve y media de la noche, aunque parecen las doce, ya que no hay nadie por la calle.
Con la luna llena observándonos nos vamos a dormir.

Gastos del dia
Entrada basílica Ste. Anne de Beaupré.- 2,00 CAD
Entrada cañón de Ste. Anne.- 13,50 CAD
Motel Gentilhommière (SA).- 112,27 CAD


7º dia – St. Simeon-Tadoussac-Fiordo de Saguenay-Saguenay (225 km.)

Hoy nos despertamos un poco excitados, ya que tenemos previsto hacer una de las actividades “estrella” del viaje: La excursión de avistamiento de ballenas.
Almorzamos en el jardín del hotel unos “bocatas” auto-preparados, y rápidamente nos ponemos en camino para realizar los 50 km. que nos separan de Tadoussac. Al llegar al fiordo la carretera se acaba y tenemos que subir al transbordador gratuito que nos llevará hasta el otro lado, donde se encuentra Tadoussac. Desde allí salen las excursiones de avistamiento de ballenas. Hay dos opciones, a bordo de un barco o a bordo de una lancha rápida (zodiac).


Hay un aparcamiento que está prácticamente lleno, lo que nos da idea de la cantidad que gente que pretende hacer lo mismo. Cuando estamos en la cola para contratar la excursión, tenemos una “iluminación” y decidimos que en lugar de hacerla en barco la haremos en zódiac. Estas lanchas pueden llevar hasta catorce personas, y cogemos las dos últimas plazas que quedan libres para aquella hora. En la siguiente imagen nos vemos con un traje de marinero de Pescanova en la mano. Como la talla debe ser universal, tan universal que debe ser talla única, midas un metro y medio, o midas dos metros, la “pinta” una vez vestidos es… Bueno, digamos que cómica. Después de andar los cien metros que nos separan del muelle, nos sentamos en la lancha. Los asientos van distribuidos longitudinalmente en medio y el personal va sentado de lado.
En este punto hay que comentar que hay diversos carteles en los que te advierten que la responsabilidad de llevar cámara de fotos es exclusivamente del pasajero.
- Hombre, lógico ¿no?
- Tenga en cuenta que durante el trayecto el agua puede salpicarle…
- Claro, ¿y?
- Mire que si entra agua y se carga la cámara, después no venga a pedir responsabilidades…
- A ver, ¡que llevo toda la vida con la cámara a cuestas! Bah, tonterias.
Estábamos a punto de “asesinar” la cámara pero nosotros aún no lo sabíamos.
Bueno, pués nada, el tripulante, que va convenientemente protegido en una cabina, arranca y empezamos a alejarnos de la costa.
Como pienso hacer fotos sin mesura a los miles de ballenas que veremos… Porque veremos muchas ballenas, ¿no?, sitúo la cámara en mi falda y encima suyo pongo la propia bolsa de la cámara.
El cielo está muy grisáceo y no es descartable que llueva. Pero eso no es negociable, o hacemos la excursión tal como está el tiempo o no la hacemos.
Empieza a salpicarnos el agua, pero poca cosa.
Cada vez estamos mas lejos de la costa. Las salpicaduras ya son superiores. Debemos protegernos con la capucha del traje.
Ahora la lancha empieza a pegar saltos al choque con la olas. Las salpicaduras ya son duchas. Empezamos a tener dificultades para protegernos. Las gafas de sol que en principio llevábamos para protegernos del viento ya están empapadas y no vemos nada.
Una mirada a la cámara y empiezo a tomar consciencia que la estamos perdiendo.
El mar está muy encrespado y las olas son considerables.
Al cabo de unos seis kilómetros, la zódiac se para donde se supone que veremos ballenas. De repente, me doy cuenta que llevo un mareo que no puedo ni moverme! ¡Después de más de cincuenta años es la primera vez en mi vida que me mareo! Mi mujer, que está perfectamente, y el resto de gente empiezan a otear el horizonte en busca de ballenas.
- Mira, mira, allí!
- Ah, no, parecía…
- Mira, mira, allá!
- Ah, no tampoco…
Empieza a llover.
Yo sigo KO.
Según la información que proporciona la AML, que es la empresa que gestiona estas excursiones, los últimos dias se habian visto rorcuales comunes y belugas. Ballenas azules en esta época del año no hay. Las belugas viven todo el año allí, por tanto debería ser relativamente fácil ver alguna. Pero solo vemos un par de ellas saltando por encima del agua, y muy lejos.
Poco a poco se van reuniendo allí todas las zódiac y un par de barcos. Están todos comunicados por radio y se avisan cuando alguno ve alguna ballena. Pero como nadie ve nada nos vamos moviendo a otras zonas en busca de la ballena perdida.
Yo sigo KO. Estoy yo como para buscar ballenas o lo que sea…
Sigue lloviendo.
Nos vamos moviendo de un sitio a otro, pero al cabo de una hora y media emprendemos el camino de vuelta a Tadoussac con una gran sensación de frustración. Cuando llegamos al puerto, el chico que pilotaba la lancha nos invita a hacer una pequeña excursión hasta el fiordo de Saguenay, como compensación por no haber visto nada. De hecho, la probabilidad de ver alguna ballena es tan grande, que la empresa garantiza que si no ves ninguna te devuelve el dinero. Esto es la teoría, por eso intentan compensarte con esta pequeña excursión para que no te vayas con tan mal sabor de boca. El problema es que no hemos ido hasta allí para ver el fiordo, sino para ver ballenas.
En fin, seguramente era la actividad que nos hacía más ilusión del viaje y ha resultado la más frustrante.
Después de devolver los trajes empieza a caer otra tromba de agua, momento que aprovechamos para comer. Aunque con el tema de las ballenas hay una gran cantidad de turistas, no hay muchos restaurantes en el pueblo.


Después de 127 km. a través de la carretera 172 llegamos a Saguenay. Esta carretera va por el lado izquierdo del fiordo, pero aunque discurre muy cerca del mismo, hay una franja de bosque que impide que desde la misma se tenga una buena panorámica. De ahí el comentario del principio del relato, que ahora programaríamos más tiempo en esta zona, para poder desviarnos de la carretera y ver más rincones al lado del fiordo.
En Saguenay nos encontramos en los bajos del hotel un bar musical a un lado y una discoteca en el otro, que además están abarrotados de gente, con lo cual tememos que hoy será difícil conciliar el sueño. Pero no, la verdad es que la habitación estaba muy bién insonorizada y pudimos dormir perfectamente.

Gastos del dia
Excursión avistamiento de ballenas.- 65,00 CAD
Hotel du Fjord (AD).- 159,40 CAD


8º dia –Saguenay-Lago St. Jean-Val Jalbert-St. Jean des Piles (P.N. La Mauricie) (431 km.)

Cuando nos despertamos lo primero que hacemos es mirar por la ventana, y un dia más el cielo está muy encapotado y parece que de un momento a otro va a caer una buena tromba de agua. Cuando empezamos a desayunar empieza a llover.
Cargamos tan rápidamente como podemos las maletas en el coche y ponemos rumbo al lago St. Jean. Este lago, de más de 1000 km2 es uno de los más grandes de Quebec. Aprovechamos una pequeña tregua para detenernos a orillas del mismo y podemos contemplar su inmensidad. No obstante, aunque la vista es chula, en absoluto es espectacular, en nuestra opinión, claro.
Continuamos hasta el pueblo fantasma de Val Jalbert. Este es el calificativo que sale en las guias. En realidad se trata de un poblado, muy similar a lo que en Catalunya se conoce como las colonias textiles del siglo pasado. En este caso su actividad era la producción de papel, lo cual se conseguía gracias a la existencia de un salto de agua que aprovechaban para crear la energia necesaria para hacer funcionar la fábrica. En 1927 se abandonó el poblado tal cual estaba y hasta los años 60 no se decidieron a reconstruirlo para, además de producir electricidad, darle un uso turístico.
Podemos ver las casas de los obreros, el convento, la escuela, la iglesia y otros edificios propios de la época. La cascada también forma parte del atractivo turístico, y hay un teleférico que sube hasta la parte superior de la misma. Desde allí se puede dar un pequeño paseo hasta unos rápidos que hay unos metros más allá. Todo está preparado con pasarelas de madera que terminan en un mirador. Nosotros hicimos la bajada a pie, hasta la parte media de la cascada, donde hay otro mirador. También desde aquí podemos ver al fondo el lago St. Jean.
Al lado del molino, donde estaba la fábrica ahora hay un restaurante de comida rápida, en el cual aprovechamos para comer unos sandwiches.


Vuelve a caer otra tromba de agua, una mas y tenemos que esperar a que amaine. En las noticias de ese dia dijeron que la noche anterior hubieron pequeñas inundaciones en la zona. No me extraña con lo que cayó.
Después de ver un interesante audiovisual sobre la historia del poblado, y aprovechando que ha escampado y hasta ha salido un poco el sol, vamos a ver una pequeña representación en clave cómica de la vida en el poblado.
Volvemos al coche, y nos quedan 269 kilómetros hasta St. Jean des Piles, a las puertas del parque nacional La Mauricie. Una vez más, una carretera (la 155) recta, casi sin ninguna curva, a 100 km/h y muy, muy monótona, excepto la parte final, donde vamos paralelos al rio St. Maurice y el paisaje, ahora sí, es espectacular y de gran belleza.
Llegamos al hotel rural donde pasaremos las dos próximas noches. Sin dudarlo ni un instante, el peor alojamiento del viaje, un fuerte olor a “fritanga” en todo el establecimiento (hay un restaurante en la planta baja), cuando llegamos casi no había presión de agua, el baño era muy pequeño y la ducha claustrofóbica. No obstante, estaba todo muy limpio.
Tuvimos además una mala experiencia, ya que cuando llegamos preguntamos a qué hora cerraba el restaurante. Nos dijeron que a las nueve, y como eran las ocho y media les dijimos que dejábamos las maletas y en cinco minutos estábamos en el restaurante. Efectivamente, transcurrido ese tiempo nos presentamos, y ahora nos dicen que ya no nos pueden atender. Muy, muy mal. Para no volver. Estábamos en un entorno rural y ponernos a buscar restaurante a esas horas, sin conocer nada, era tarea complicada. Por suerte encontramos un pequeño bar de carretera donde nos atendieron amablemente.
Nos vamos a dormir, porque mañana nos toca descubrir el P.N. de La Mauricie. Pero esto ya será en la segunda parte del diario, la de los parques nacionales.


Gastos del dia
Entrada Val Jalbert.- 27,40 CAD
Maison Cadorette (AD).- 93,50 CAD
[/size]
Ver Etapa: El rio San Lorenzo


Localización: Canada Canada
    Etapa:  Los parques nacionales y Ottawa      
SEGUNDA ETAPA: LOS PARQUES NACIONALES Y OTTAWA

9º dia –P.N. La Mauricie

Hoy tenemos otro dia que se prevé emocionante, nos disponemos a descubrir nuestro primer parque nacional de Canadá. La Maison Cadorette, el hotel rural en el que hemos pasado la noche está a cinco minutos escasos de la entrada del parque nacional La Mauricie, ese fue el motivo por el que nos alojamos allí.
El parque tiene una extensión de más de 500 km2 y una carretera lo atraviesa en sentido este-oeste. A la entrada hay una caseta de acogida donde, además de informar sobre el parque se paga la correspondiente tasa. La carretera no es de peaje si la utilizamos solo para desplazarnos por ella sin detenernos, pero solo que nos detengamos en alguna de las zonas de aparcamiento ya debemos pagar. A efectos prácticos podriamos decir que para los habitantes de la zona el paso por la carretera es gratuito pero para los turistas, que seguro haran uso de algún aparcamiento, es de pago.
La información que nos ofrecen es abundante, con diversos mapas llenos de excursiones, cortas, largas, medianas, de diversos dias, a pie, en cáyac o en bicicleta. Ciertamente está muy bien montado.


Una de las cosas que nos causaba cierta inquietud era la presencia de osos. Efectivamente, cuando preparábamos el viaje, y después de informarnos extensamente sobre los parques nacionales , una de los temas que siempre aparecia era que los osos y los humanos conviven en el mismo territorio. A continuación siempre te decían que estos plantígrados no atacan casi nunca a los humanos, de hecho son muy asociales y cuando oyen ruido se alejan. Pero no hay que perder de vista que son animales salvajes, y ante determinadas situaciones pueden llegar a resultar potencialmente peligrosos. Acercarte demasiado a las crias o un encontronazo por sorpresa son situaciones infrecuentes pero tambien complicadas de controlar. Finalmente te indican cómo debes actuar en estos casos. Realmente los encontronazos son mínimos y los ataques extremadamente raros, pero siempre queda aquel gusanillo por si te encuentras con uno. Recordais aquel chiste de Eugenio de “vale, pero ¿hay alguien mas?”. Pués eso. De hecho, estas situaciones son mas probables cuanto mas te alejas de las zonas turisticas, a las cuales pocas veces se acercan.
Con todo este precedente le preguntamos a la chica de información cómo estaba el tema de los osos. Con una sonrisa de oreja a oreja nos dijo que los osos negros, que son los que hay allí, eran pequeños, graciosos y no quieren saber nada de los humanos. Insisto: “Vale, pero ¿hay alguien más?”.


Nos recomendó una excursión de unos seis kilómetros. En concreto desde el aparcamiento de “Rivière-a-la-pêche”, salen diversos itinerarios, y nosotros escogemos el que lleva hasta el lago Solitaire. La ruta pasa por medio del bosque, lo cual es bueno porque el sol no toca directamente y en pleno verano se agradece, pero por otra parte no hay mucha oportunidad de disfrutar de las vistas.
El cielo se empieza a encapotar y amenaza tormenta. Por suerte solo cayeron unas gotas y pudimos realizar el trayecto entero sin mojarnos.
Encontramos bastante gente, aunque sin estar saturado, y está todo muy bien indicado.
En unas tres horas estamos de vuelta en el aparcamiento.
Proseguimos nuestra ruta dentro del parque y la siguiente parada la hacemos en el lago Edouard. Aquí hay una gran zona de acampada, una playa de arena fina en el lago y una tienda con cafetería. También hay una zona de pic-nic, con barbacoas, mesas, bancos y fuentes. Aprovechamos para comer unos sándwiches. Mayoritáriamente hay caravanas, inmensas comparándolas con las que solemos ver por aquí, pocas tiendas y también alguna autocaravana.
Cuando acabamos de comer damos un paseíto por los alrededores del lago, ya que desde allí salen varios senderos. Es todo llano y encontramos mucha gente, sobretodo familias enteras.
Seguimos nuestra ruta y nos detenemos en el área del lago Wapizagonke. Una de las actividades mas comunes en los parques canadienses son las excursiones de varios dias con cáyac (o “rabaska” en idioma local), alejándote hacia zonas mas salvajes. En este punto encontramos una caseta en la que se puede alquilar el cáyac, la tienda y todo lo necesario para la aventura. También te dan un bidón para poner la comida y por la noche colgarlo de algún árbol para evitar que venga un oso y te lo quite. Los osos tienen un olfato extremadamente fino y les gusta mucho “robar” la comida de los otros. Los mapas estan muy bien detallados y te indican las rutas a seguir para ir saltando de un lago a otro con el cáyac a la espalda.
Al lado mismo de la caseta vemos la indicación de otro sendero y como vamos bien de tiempo decidimos dar otro paseíto por los alrededores del lago. Pero al inicio del camino vemos otro cartel en el que se ve la foto de un oso, y pone, en francés e inglés “Presencia de osos, precaución”. Vaya, vaya. Es óbvio que no hicimos ni los primeros diez metros del camino…


En las diversas zonas de acogida de los aparcamientos hay unas pizarras en las que la gente puede apuntar los animales que ha visto en sus excursiones. Cuando alguien detecta la presencia cercana de osos debe comunicarlo al personal del parque y éste inmediatamente lo señaliza. Supongo que siempre vale mas prevenir y evitar algún encuentro conflictivo. Además, si detectan que alguno se acerca demasiado, el personal del parque intenta alejarlo de las zonas frecuentadas por las personas.
Continuamos nuestra ruta y después de un par de paradas para contemplar los diversos lagos, que al final todos resultan muy similares, volvemos a parar, en este caso en el área de Shawenegan-Esker. Afortunadamente en julio el dia es largo, y aun nos queda algo de tiempo para hacer una pequeña excursión de unos tres kilómetros, en concreto la de las cascadas que parece tener buena pinta. Pero al inicio del sendero volvemos a encontrar otro cartel advirtiendo de la presencia de osos. ¡Caray! Pués por ser que no habia problemas con los osos… No obstante, como vemos bastante gente que viene de ese camino pensamos que a lo mejor no es para tanto, y quizás las advertencias son un poco exageradas, de manera que iniciamos la ruta. Al principio el camino va paralelo a unas pequeñas cascadas de pendiente muy suave.


Aunque la foto parece torcida la realidad es que el torrente tiene esa forma caprichosa

Además baja muy poca agua y la gente en lugar de seguir el sendero va caminando al mismo lado del agua. Una vez llegados a la parte superior descubrimos un lago aparentemente no muy grande que configura un rincón muy idílico. En realidad, para ser más exactos es la cola del lago Wapizagonque que hemos visto anteriormente. En la orilla del lago hay unas pasarelas de madera y podemos avanzar hasta el punto en que el sendero se separa del mismo y se adentra en el bosque. Y aquí debemos dar por finalizada la excursión, ya que hay otro cartel alertando de la presencia de osos, con la diferencia que en este caso prohibe explícitamente el paso a partir de ahí. Visto el panorama debemos dar marcha atrás y volver por donde habíamos venido.
Aprovechamos los últimos instantes de sol, y tras efectuar un par de paradas más para ver el paisaje, salimos del parque con la sensación de haber disfrutado bastante de todo lo que hemos visto.
Nos acercamos a cenar a Shawinigan, que es la capital comarcal, y al acabar vuelta al hotel y a dormir.



Gastos del dia
Entrada P.N. La Mauricie.- 8,50 CAD
Maison Cadorette (AD).- 93,50 CAD



10º dia – St. Jean des Piles (P.N. La Mauricie)-Parque Omega-Ottawa (345 km.)

Un dia más, después de desayunar nos ponemos al volante del Hyuandai, y salimos a la carretera en dirección al parque Omega. Por cierto, a estas alturas ya tenemos casi controlado el tema del cambio automático, aunque algún dia aún tenemos la tentación de pisar el embrague al arrancar. En unas tres horas muy monótonas llegamos a las puertas del parque.
El parque Omega, es un extenso recinto en el que podemos ver diversas especies en semi-libertad pasando con el coche por un recorrido señalizado. Aunque parece que es una visita para “guiris” (lo és), habíamos leído en diferentes diarios publicados aquí en losviajeros.com que era divertido y valia la pena. La verdad es que vimos ciervos, bisontes, lobos, osos y alguna otra especie común, pero no otras más esquivas.
Como llegamos al mediodia aprovechamos para comer unas salchichas en la cafetería que hay en la entrada. Después compramos una bolsa de zanahorias y nos ponemos con el coche en la cola para iniciar el circuito. Precisamente uno de los reclamos del parque, sobre todo de cara a los chavales, es el poder dar de comer de la propia mano a los ciervos. (Ahora que no nos oye nadie, los que no somos tan chavales también nos reímos un montón). Cuando los coches se acercan donde están los animales, estos se acercan a buscar comida. Como eso es diario, al final ya conocen el ritual. La gente se lleva tres, cuatro, cinco o mas bolsas de zanahorias.
Después de unos cien metros los coches empiezan a pararse, y efectivamente los ciervos se van acercando. Es muy divertido porque llegan a meter la cabeza dentro del coche en busca de la codiciada zanahoria.


Más adelante sigue el circuito y a la mitad del mismo llegamos a un aparcamiento y una zona de entretenimiento que hay al lado, carrito de helados incluido. Hay mucha gente. A un kilómetros de allí, mas o menos, hay una granja en la que conviven animales comunes como conejos, cerdos, pavos y algún pollo. Todo muy bien montado para los pequeños. Hay una caravana que te acerca hasta allí, aunque nosotros y la mayoria de la gente hacemos el corto trayacto andando.
Desde la granja hay un itinerario circular por el bosque que lleva a una cabaña de azúcar, donde se fabrica el jarabe de arce, tan característico de aquellas tierras. No obstante, en este caso solo tiene una función decorativa, al menos a la hora que pasamos por allí.
Cuando volvemos al aparcamiento nos desplazamos a un recinto cercano a ver un espectáculo con lobos. Bueno, no se trata de un espectáculo própiamente dicho. Hay una tribuna de madera donde se concentran los visitantes mientras abajo hay unos cuantos lobos que se acercan hasta allí en busca de los trozos de carne que les lanza una cuidadora, que a la vez va dando explicaciones sobre estos animales.


Una vez hemos vuelto al aparcamiento cogemos de nuevo el coche y empezamos el trayecto de vuelta pasando por la zona de los osos. Aprovechamos para darle la última zanahoria a un ciervo que por lo visto aún no estaba harto.
Y hasta aquí la visita al parque Omega, reitero que para nosotros es una atracción enfocada a los pequeños de la casa, pero que los adultos también pueden pasarlo divertido.


Después de 80 kilómetros llegamos a Ottawa, en concreto al ByWard Blue Inn, un hotel situado en un bloque de pisos, algo antiguo, situado en pleno centro de la capital de Canadá. La habitación es correcta, sin más. El aparcamiento es muy pequeño, solo caben ocho coches y nosotros ocupamos la última plaza que queda libre.
Al lado del hotel hay una gran cantidad de bares y restaurantes y al ser domingo hay mucha animación.

Gastos del dia
Entrada Parque Omega.- 28,00 CAD
ByWard Blue Inn (AD).- 157,50 CAD


11º dia –Ottawa

Hoy tenemos todo el dia para descubrir Ottawa. Tal como hemos dicho al principio, ahora habríamos variado ligeramente nuestro plan. Habríamos estado allí hasta media tarde y hubiéramos ido a pasar la noche al lado del parque provincial Algonquin. De esta manera hubiéramos tenido tiempo suficiente para ver Ottawa y el dia siguiente entero para disfrutarlo en Algonquin.
Empezamos el dia por lo que tenemos mas cercano, el mercado de ByWard. Ayer por la noche habia una gran animación de bares y restaurantes y esta mañana se ha convertido en tránsito constante de camionetas de reparto y un montón de gente poniendo orden en los locales. El mercado, lógicamente, está muy animado.
A cinco minutos de allí nos encontramos el “Fairmont Chateau Laurier”, otro hotel monumental de la cadena Fairmont, tan suntuoso pero también tan decadente como el otro que vimos en Quebec.
Al lado mismo del hotel está el canal Rideau. Este es un canal que une el rio Ottawa, solo unos metros mas allá y el lago Ontario. Desde el nivel en el que nos encontramos, justo al lado de la entrada del hotel hasta la unión con el rio el desnivel es de 24 metros, y para salvarlo hay ocho esclusas. El canal tiene 202 kilómetros y es patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Según leemos, su uso hoy en dia es mayoritariamente vacacional. Las esclusas se manipulan a mano, suponemos que para darle un aire mas turístico. Hay mucha gente que como nosotros se agolpa para ver todo el proceso de elevación de hasta diez embarcaciones.


Unos metros mas allá llegamos a la explanada donde se levanta el parlamento de Canadá. Recordemos que Ottawa es la capital administrativa del pais. Y lo es, porque según nos contaron en la visita que hicimos al parlamento, en su dia tanto la parte francófona como la anglófona se disputaban el dominio del pais. Como no se ponian de acuerdo, finalmente llegaron a una solución de consenso: La capital del pais sería Ottawa porque estaba en medio de ambas regiones. De hecho, el rio Ottawa, que atraviesa la ciudad, hace de frontera natural entre las regiones de Ontario y de Quebec.
El complejo del parlamento está formado por tres edificios, uno principal en el centro, donde está la torre y el parlamento própiamente dicho, y dos edificios mas pequeños a cada lado formando una U donde estan las dependencias administrativas. Todo en medio de una gran explanada verde por delante y haciendo frente al rio por la parte de atrás.
Para visitar el parlamento hay visitas guiadas gratuitas, para lo cual hay que sacar entrada en la oficina de turismo que se encuentra a unos doscientos metros del mismo. Como el aforo es limitado, cuando llegamos nosotros ya no quedaban entradas para la torre y para el parlamento solo quedaban para la visita de las dos de la tarde. Un poco a destiempo ya que es la hora de comer, pero no hay alternativa. Un consejo obvio para aquellos que tengan intención de realizar la visita es que vayan a la oficina de turismo a buscar las entradas a primera hora de la mañana.
El cielo está muy encapotado y amenaza lluvia, pero se trata de aprovechar las tres horas que nos quedan hasta la visita, de manera que vamos a dar un paseo por la orilla del rio. Pero lo aprovechamos poco porque se pone a llover y por tanto decidimos desplazarnos a un bufet libre cercano donde comemos por un precio muy razonable.
Al acabar volvemos de nuevo al parlamento y después de pasar dos severos controles de seguridad esperamos que nos llamen para iniciar la visita. Muchos visitantes, muchos guardias de seguridad y muchas guias, aunque parece que todo está perfectamente sincronizado. La visita dura una hora y media y es muy completa. En nuestra opinión lo mas destacable es el hemiciclo y sobretodo la biblioteca. Todo es de estilo victoriano y muy británico.


Una vez hemos salido del parlamento, aprovechamos que ha salido el sol y nos vamos a la zona del canal Rideau y al centro, donde está la zona comercial.
Después de cenar nos desplazamos de nuevo a la explanada del parlamento ya que hemos visto anunciado un “mapping” en la fachada del mismo. Interesante, con mucha gente, turistas la mayoria, aunque aparentemente es un turismo local.

Gastos del dia
ByWard Blue Inn (AD).- 157,50 CAD


12º dia –Ottawa-Parque provincial Algonquin-Huntsville (344 km.)

Es curioso que cuando nos despertamos encontramos la factura que nos han dejado por debajo de la puerta durante la noche. Esto nos ha sucedido en varios de los hoteles en los que hemos estado. Otro hecho común es que el pago se suele realizar en el momento del “check-in”, lo cual es interesante porque te ahorras las posible colas a la hora de salir.
Un dia mas, después de almorzar y cargar las maletas al coche, nos disponemos a realizar los 259 kilómetros que nos separan del parque provincial Algonquin, donde llegaremos ceca del mediodia. Como hemos dicho antes, esta seria una de las cosas que cambiariamos, ya que solo dispondremos de medio dia para disfrutar del parque, en lugar del dia entero si este trayecto lo hubiéramos hecho ayer.
La mas de tres horas de viaje no tienen nada especial, y cerca de la una llegamos al edificio de acogida del parque. Algonquin tiene una forma similar al parque de La Mauricie, pero mucho mas extenso, ya que tiene 7600 km2 (La Mauricie tenia 500). Tambien tiene una carretera, la 60, que lo atraviesa de este a oeste, y a lo largo de la cual hay diversos aparcamientos y zonas de acampada y servicios.
La primera parada la hacemos en el lago Opeongo, al cual llegamos despues de desviarnos unos seis kilómetros de la carretera principal. La vista es fantástica. Mirando al horizonte solo vemos agua, árboles y naturaleza. Es lo que veríamos de cerca si hubiésemos tomado una “rabaska” y nos hubiéramos perdido lago adentro. A orillas del mismo hay una caseta en la que podemos alquilar todo lo necesario para ir de excursión, tal como vimos en el parque de La Mauricie.
Deshacemos los seis kilómetros y volvemos a salir a la carretera 60. Después de un kilómetro y medio llegamos al centro de visitantes. Como es la hora de comer aprovechamos para zamparnos unos sandwiches. En el mismo edificio hay una terraza-mirador en la cual hay una webcam cuyas imágenes podemos observar desde la página web del parque.


Siguiente parada: el lago Two rivers. A continuación del aparcamiento encontramos un camino que nos lleva hasta una playa de arena. La zona de baño está delimitada por unas boyas y no se extiende más allá de 12-15 metros.
En el otro extremo del lago Two Rivers hay otro aparcamiento donde volvemos a parar. Aquí hay una cafetería y una tienda de souvenirs. Como ya es media tarde deberemos desistir de realizar alguna excursión, y nos conformaremos con hacer la ruta con el coche e ir parando en los diversos lagos que hay a lo largo de la carretera.
Nos detenemos en el lago Cache. Aquí encontramos un pequeño embarcadero y podemos ver varias islas con casa en alguna de ellas.


Otra parada, en este caso en el lago Peck, y a continuación, como ya son más de las siete decidimos hacer un último alto en el lago Little Joe. Para llegar hasta allí deberemos desviarnos por una pista sin asfaltar, aunque perfectamente transitable. Al final de la misma encontramos el hotel Arowhon Pines, a orillas del lago.
Y aquí es donde tuvimos el susto del viaje. De repente, saliendo del bosque corriendo se nos plantó delante del coche un animal enorme, y no se si se asustó mas él o nosotros. Era un alce, como digo inmenso, con una cornamenta inmensa y tan grande como un caballo. Parecía asustado y como digo salió corriendo de dentro del bosque, corrió unos metros por la pista delante nuestro y volvió a entrar al bosque. El susto fue mayúsculo, y una vez recuperados nos dimos cuenta de la suerte que habíamos tenido, ya que si hubiésemos topado con aquel animal, y a pesar de la poca velocidad a la que circulábamos, el coche hubiera quedado inservible. Llamar a la asistencia, esperar un coche de sustitución… Uff! Menos mal que todo quedó en un gran susto.


Aquí el amigo... Con el susto no atinamos a hacerle alguna foto decente. Esta fue la única que se medio salva.

Y aquí se acabó nuestra visita al parque Algonquin, un poco frustrados por la poca duración de la misma, pero disfrutando al máximo lo que vimos.
Después de 50 kilómetros llegamos cerca de las diez de la noche al Comfort Inn, un típico motel de carretera en el que pasaremos la noche.
Mañana pondremos rumbo a Niágara, pero esto ya lo veremos en la tercera parte del viaje.

Gastos del dia
Entrada P.P. Algonquin 8,50 CAD
Comfort Inn (AD).- 146,44 CAD
Ver Etapa: Los parques nacionales y Ottawa


Localización: Canada Canada
    Etapa:  Niágara y Toronto      
TERCERA ETAPA: NIÁGARA Y TORONTO

13º dia –Huntsville-Región de Muskoka-Niágara (220 km.)

Hoy decidimos hacer un pequeño cambio de planes sobre la marcha. Teniamos previsto hacer el trayecto hasta Niágara, (unos 180 kilómetros), por la mañana, llegar al mediodia, y de esta manera disponer de toda la tarde allí, así como la mañana del dia siguiente, y aprovechar la tarde del dia siguiente para ver Niágara on the lake y acabar el dia en Toronto, que es donde tenemos el hotel reservado. Pero a última hora optamos por dedicar la mañana a visitar la región de Muskoka, llegar a Niágara a última hora de la tarde y el dia siguiente dedicarlo entero allí y prescindir de Niágara on the lake.
Volvemos a tener un tiempo muy inseguro y llueve ligeramente. A los pocos kilómetros de salir de Huntsville llegamos a Bracebridge, donde está el enlace de la carretera 118. En esta zona hay una gran cantidad de lagos. El que lleva el nombre de la región es el mas grande y tiene infinidad de entradas e islas, recordándonos vagamente a la zona de las Mil islas. A cada paso que damos descubrimos casas de vacaciones y hoteles, por lo que fácilmente deducimos que se trata de una zona muy turística. Desde la misma carretera podemos ver el paisaje, que básicamente se compone de marismas e infinidad de nenúfares. Esta tierra es la propia de los indios hurones, y los nombres reflejan esta realidad.


Vamos rodeando el lago Muskoka y en una de sus innumerables entradas encontramos el pueblo de Bala. No hay mucho que ver, pero aprovechamos para dar un pequeño paseo a orillas del lago y por su pequeño embarcadero.
Después de unos cuantos kilómetros recorriendo la carretera 169 y sin dejar en ningún momento el lago a nuestro lado, llegamos a Gravenhurst, donde enlazamos con la autopista 11. Esta es la que nos llevará hasta los alrededores de Toronto. Aunque no hay mucho que explicar, creemos que la visita valió la pena por los paisajes que recorrimos.
Ya es la hora de comer y paramos en un área de la autopista, cerca de Severn Bridge. La verdad, nos pareció muy similar a las que conocemos aquí, eso sí, las únicas opciones para comer solo son de comida rápida. Una de las cadenas de este tipo de comida es la “Tim Hortons”, la cual se puede encontrar casi en cada esquina de Canadá.


Tal como vamos acercándonos a Toronto el tráfico es cada vez más intenso, aunque las retenciones son mínimas. Cuando dejamos atrás la circunvalación de Toronto y ya creíamos que habíamos pasado lo peor, una vez tomamos la Queen Elizabeth way, la autopista que une Toronto y Niágara, es cuando empiezan los problemas de verdad. Retenciones y más retenciones y la hora media que deberiamos haber tardado en recorrer los 120 kilómetros, se convirtieron en más de dos horas y media, con lo cual llegamos al destino a las siete de la tarde.
Bueno, de hecho llegamos a Niágara, pero aún debemos encontrar el B&B Villa Alexandrea, donde pasaremos la noche. La dirección que le ponemos al GPS parece que no es muy correcta y pasamos un buen rato para encontrar la casa.
Finalmente damos con ella. Exteriormente parece algo dejada, un jardin poco cuidado y una mansión con cierta similitud a la de la familia Adams. De momento, aunque la puntuación de Booking.com era excelente, no da muy buena impresión.
Llamamos al timbre pero no responde nadie. Decidimos esperar unos minutos a ver si aparece alguien.
Al cabo de unos veinte minutos se abre la puerta de atrás de la casa y sale una pareja. Le preguntamos si saben algo de los propietarios y nos quedamos pasmados cuando nos dicen que la mujer está dentro de la casa, que se llama Maria y que entremos por esa puerta de atrás y la llamemos, que a lo mejor no nos ha oido (¡!!)
Bueno, pues nada, seguimos sus instrucciones. Subimos al primer piso por una escalera exterior, abrimos la puerta que está abierta y nos dirigimos a la sala principal.
- Hello, Mrs. Maria…
- Hello…
Hay una escalera que baja a la planta sótano, pero hay un cartel que pone muy claro que aquella parte de la casa es privada y que no se puede pasar.
Quizás la señora Maria no oye bien…
- HELLO, MRS. MARIAAAA…
- HELLOOOOOO…
Unos instantes de espera sin respuesta y a la que nos disponíamos a bajar las escaleras aparece la Sra. Maria!
Una mujer de avanzada edad con ciertos problemas de movilidad.
- Hola Sra. Maria, qué tal? Hemos estado llamando pero no nos contestaba nadie.
Lógicamente nos dice que no ha oido nada.
Después de enseñarnos la habitación le hacemos un par de preguntas sobre cómo llegar a las cataratas y qué hacer allí, y a continuación nos vamos a acabar de apurar lo poco que queda de tarde. Ya son las ocho y media.
La casa por dentro está muy arreglada y sobre todo muy limpia, aunque en un estilo muy clásico. Su situación es muy buena, porque aunque no está en pleno centro, solo necesitaremos diez minutos para llegar al “Rainbow bridge”, el puente que cruza el rio y que une Canadá con Estados Unidos. En este punto el rio hace de frontera natural.


Como hemos dicho al principio, habíamos comprado por internet el “Niagara adventure Pass”, que hay que canjearlo en la oficina del centro de visitantes. Cuando llegamos después de otros diez minutos, ésta ya está cerrada y nos dirigen a la taquilla de la Table Rock. Diez minutos mas y llegamos. Teníamos mucho interés en canjear el pase porque el dia siguiente las colas podian ser considerables y ahora no parecia que tuviera que haber mucha gente en la taquilla. Efectivamente, solo hay un par de personas en la cola. Nosotros pensábamos que allí solo nos cambiarian el vale por la entradas, pero nos dicen que algunas atracciones solo se visitan con hora programada, de manera que sobre la marcha readaptamos el plánning para esta noche y el dia siguiente. Cogemos hora para el “Niagara’s fury” para dentro de unos minutos y el resto para mañana. En nuestra opinión, para los que no adquieran el pase y compren las entradas individualmente para cada atracción, ésta se la pueden saltar tranquilamente. Se trata de un documental proyectado en una sala en la cual estamos sobre una plataforma que se mueve y de donde salen chorros de agua. En la entrada nos proveen de un poncho de plástico. Para los que hayan estado en Futuroscope por ejemplo, sabrán como funciona, ya que allí hay diversas de estas atracciones. Pero, siempre dejando claro que solo se trata de nuestra opinión, no hay comparación posible, y como digo no vale la pena.
Una vez hemos terminado, salimos al exterior a contemplar las cataratas, que estan al lado. En este punto la caida de agua está a escasos metros y la perspectiva es impresionante. Lo difícil es encontrar un hueco desde donde poder contemplarla y hacer alguna foto, porque está abarrotado de gente. Además por la noche hay una potente iluminación de colores que lo hace aún más espectacular.
La Sra. Maria nos habia dicho que a las diez de la noche habían fuegos artificiales, de manera que tenemos el tiempo justo para echar un bocado y poder estar allí a tiempo para verlos. Pero se nos presentó una compañera inesperada: la lluvia.


Parece que en este viaje hemos pisado alguna cosa mal oliente porque además de los parques nacionales y la excursión de avistamiento de ballenas, esta era otra de las experiencias estrella del viaje. Creo que no me faltó nadie del santoral por recordar.
Visto el panorama decidimos dejar la cena para después del espectáculo y refugiarnos momentáneamente en el edificio de la Table Rock. Cada vez se va acumulando mas y mas gente. La lluvia cada vez arrecia mas y pensamos que a lo mejor se suspende el espectáculo.
Pero gracias a la divina providencia, o gracias vete a saber qué, a las diez en punto deja de llover y empiezan puntualmente los fuegos, con lo cual salimos al exterior y los podemos ver en medio de la multitud que se agolpa allí.
A parte de las cataratas, Niágara tiene otras muchas atracciones, lo cual desconocíamos. Hay un mini Las Vegas, con casinos, salas de juegos, cines y restaurantes. Todos cierran a las dos de la madrugada. Cenamos en Kelseys, un burguer-pizzeria que hay en la calle Clinton Hill, una de las mas concurridas.
A las doce y media ya no circula el bus, de manera que volvemos andando al B&B, donde llegamos en unos veinte minutos.

Gastos del dia
Niágara adventure pass 55,00 CAD
B&B Villa Alexandrea (AD).- 94,92 CAD


14º dia –Niágara-Toronto (180 km.)

Escogimos el B&B Villa Alexandrea por su buena puntuación en booking.com, por su precio razonable y por su situación. El desayuno muy abundante y a la carta. Y además nos permitieron dejar aparcado el coche todo el dia.
Emprendemos camino hacia el “White water walk”. Intentamos hacer una planificación muy cuidadosa porque habia mucho que ver y habia que distribuir bien el tiempo. Además estábamos condicionados por los horarios de algunas atracciones que ya nos venian asignados en las entradas.
En poco mas de un cuarto de hora caminando llegamos. Faltaba casi media hora para la hora que teníamos asignada pero nos dejaron entrar. Según pudimos comprobar, la asignación de horas no viene dada por ninguna disponibilidad de plazas, sino tan solo para distribuir homogéneamente a los visitantes y de esta manera evitar grandes aglomeraciones. De esta manera hay cierta flexibilidad a la hora de entrar.
El “White water walk” es un conjunto de pasarelas de madera que permiten acercarse a la misma orilla del rio Niágara en el punto donde éste es mas salvaje. Es una zona de rápidos que visto desde aquella posición resulta impresionante. En el túnel que da acceso podemos ver una pequeña exposición fotográfica de las diversas personas que a lo largo de la historia han intentado cruzar el rio en aquel punto, y parece que muchos de ellos no tuvieron demasiado éxito. Y es que hay gente que se aburre mucho…
La visita es rápida, de manera que cuando terminamos cogemos el bus y vamos un par de kilómetros mas allá, concretamente hasta el “Whirlpool aero car”, un teleférico obra de un español que va de un lado a otro del rio en el punto donde se acaban los rápidos y traza un gran recodo. La vista desde arriba es espectacular. Muy espectacular. Esta atracción no entraba en el pack que compramos pero la experiencia compensó sobradamente el precio que pagamos.
La cabina está en un estado impecable, pero es muy antigua y precisamente en 2016 se cumplian cien años de su inauguración. Caben unas 35 personas, y hay una guía que va distribuyendo al personal por toda la cabina para equilibrar el peso. En el centro solo va ella y va dando explicaciones durante los diez minutos que dura el trayecto. Da la sensación que la gente no está muy por la labor de escucharla y está mas pendiente de disfrutar de las espectaculares vistas.


Una vez llegados a la otra orilla, la gente se redistribuye pasando al lado opuesto al que venia para que todo el mundo tenga una vista de ambos lados. Abajo podemos ver diversas lanchas que van hasta la misma entrada de los rápidos. Ésta y un tour en helicóptero son otras de las múltiples actividades que podemos realizar en Niágara, aunque en este caso el precio ya resulta mas elevado.
Una vez hemos bajado del teleférico, cogemos el bus y nos acercamos al “Rainbow Bridge”. Como hemos dicho antes, este puente une ambas orillas del rio, y por tanto Canadá y Estados Unidos. En la parte canadiense, que es en la que nos encontramos, hay una aduana de carretera y en el lateral otra de peatonal. Muchos turistas aprovechan para cruzar el puente para así tener una panorámica de la ciudad de Niágara y sus cataratas. Pero como estos americanos estan un poco neuróticos con el tema de la seguridad, si quieres pasar al centro del puente, debes pasar un control de frontera. Por tanto, ya te advierten que si pasas aquel punto aunque solo sean unos instantes y vayas solo unos metros mas allá para ver las vistas, al volver te pedirán de nuevo el pasaporte y toda la documentación necesaria como si entraras por primera vez en el pais. No sé yo qué pasaria si algún despistado se dejara el pasaporte y pasara ese punto, porque teóricamente no podria volver a entrar a Canadá, y lógicamente tampoco podria entrar en Estados Unidos.
O sea que después de comprobar que llevamos la documentación encima, salimos al puente y comprobamos como, efectivamente, las vistas son fantásticas. Tenemos una perspectiva de todo el conjunto de las cataratas, tanto las canadienses como las estadounidenses, y también de la ciudad de Niágara.
No nos planteamos pasar al lado de los Estados Unidos porque según leemos no hay mucho que ver.


Después de las correspondientes fotos y un cuarto de hora contemplando la panorámica volvemos atrás para reentrar en Canadá. Hay un poco de cola, formada casi enteramente por turistas que acaban de hacer lo mismo que nosotros, y tras esperar unos veinte minutos pasamos de nuevo el control de pasaportes y volvemos a pisar suelo canadiense.
Es ya la hora de comer, de manera que hacemos un tentempié en la cafetería de la “table Rock”. Al acabar nos dirigimos a la puerta del “Journey behind the falls”, otra de las atracciones para la que tenemos hora asignada al cabo de unos minutos.
En la entrada te dan un poncho de color amarillo, que puede que te libre del agua que cae, pero es muy sofocante. Aquí la aglomeración de gente ya resulta casi asfixiante. Unos ascensores bajan unos metros, y después de pasar unos túneles salimos a una plataforma al pie mismo de las cataratas. Es sobrecogedor el estruendo que produce el agua al caer, y siento ser tan repetitivo, pero nos pareció muy espectacular.
Una vez acabada la visita nos dirigimos rápidamente al punto de acceso al “Hornblower”, el barco que nos acercará al pie de las cascadas. Parece ser que hasta hace unos años esta atracción la gestionaban conjuntamente Estados Unidos y Canadá con el famoso nombre de “Maid of the Mist”, pero actualmente cada pais se ocupa de su parte. Hay dos barcos en cada orilla que no paran de ir y venir.
Una vez “protegidos” con el poncho que nos han dado (en esta ocasión de color rojo), accedemos al barco y nos situamos en el piso superior en primera línea. Hay que decir, no obstante que hay diversos niveles y la vista es buena desde casi cualquier sitio.


Cuando llegamos al punto a partir del cual ya no nos podemos acercar mas por seguridad, el barco hace un giro sobre si mismo para que todo el personal pueda ver la inmensidad de las cataratas. Por cierto, para no repetir el fiasco de la réflex (aquella que falleció en acto de servicio en la excursión de avistamiento de ballenas), en este caso protegemos más que convenientemente la otra cámara que llevábamos y cuando la sacamos de la funda lo hacemos con total garantia de que no vaya a morir ahogada.
La perspectiva desde aquí es fabulosa, y la verdad es que al lado de la furia del agua nos sentimos muy poquita cosa.
Bueno, ya hemos vuelto a tierra firme y ya hemos visto las principales atracciones de Niágara. Son las siete de la tarde y nos resistimos a marcharnos de aquel sitio que ahora ya podemos decir que nos ha entusiasmado. Es uno de los pocos lugares que hemos visitado en que la realidad ha superado las expectativas. Decidimos prolongar un poco mas nuestra estancia y nos quedaremos a cenar. El dia anterior habíamos visto un restaurante desde donde hay una perspectiva casi en primera linea de las cataratas. Si es de noche y estas están iluminadas parece que la cosa pinta bien.
Mientras esperamos la hora de cenar nos paseamos por la calle Cliffton Hill y alrededores y al fondo vemos la silueta de la “Skylon tower”. Mmm… ¿Subimos? No lo teníamos previsto, sobretodo porque pensábamos que no nos daria tiempo. Dicho y hecho.


Ahora ya podemos decir que hubiera sido un crimen no subir porque las vistas desde allí son más que espectaculares. Unos ascensores cubren los 160 metros de altura en 52 segundos. Hay un restaurante, un buffet y el mirador. Nos habiamos planteado quedarnos a cenar, pero al margen del precio, que no es barato, el problema es que si no has reservado mesa al lado de los ventanales, seguramente te tocará cenar en el interior de la sala, con lo cual el encanto, lógicamente, no es el mismo.
Desde el mirador tenemos una vista de 360 grados que abarca, por un lado toda la ciudad de Niágara, y por el otro el rio Niágara y sus cataratas. Es increible la extensión y la inmensidad de todo el conjunto.
Después de disfrutar de la panorámica y dejar la tarjeta de memoria de la cámara temblando nos dirigimos a cenar al Victoria Park edgewater, el restaurante que hemos comentado antes, que sorprendentemente no está lleno, probablemente porque siendo las nueve y media de la noche la mayoría de la gente ya ha cenado. Aunque la comida no es nada del otro jueves, el sitio vale la pena por su situación.


Cerca de las once de la noche volvemos paseando al B&B Villa Alexandrea, donde hemos podido dejar el coche aparcado todo el dia gracias a la gentileza de su dueña, y nos ponemos en ruta para llegar al Alt hotel Toronto airport.
Nos ha quedado por ver Niágara on the Lake, pero el tiempo no dio para mas.
Cerca de las dos de la madrugada llegamos al hotel, después de sufrir algún que otro atasco a pesar de ser medianoche.
El Alt hotel es un cuatro estrellas, moderno y confortable, pero caro y a una hora del centro de Toronto. Como hemos dicho antes no es el hotel ideal para hacer turismo, pero habiamos dejado la reserva para última hora y no quedaba nada disponible a un precio razonable en el centro. Era la opción menos mala.

Gastos del dia
Whirlpool aero car 13,80 CAD
Alt hotel Toronto airport (SA).- 184,02 CAD


15º dia –Toronto

Un inconveniente del Alt hotel es que para desayunar solo hay un autoservicio con algunas pastas, algún sandwich y algunas bebidas, todo envasado.
Lo primero que hacemos hoy es devolver el coche de alquiler. El trámite es muy rápido y no tenemos ningun problema. Además está todo muy bien señalizado.
Tenemos dos dias y medio para disfrutar de Toronto. La manera más rápida de llegar al centro es utilizar el UP Express, un tren convencional que te acerca hasta Union station en unos 25 minutos. El problema es que es muy caro. La alternativa es coger un bus exprés hasta el metro y desde allí llegar hasta el centro. En este caso el trayecto dura entre tres cuartos de hora y una hora según los enlaces. El hotel está situado al lado mismo del aeropuerto, pero los autobuses salen de la terminal 2, con lo que debemos tomar el “rail-link”, un monocarril elevado que enlaza las dos terminales y la zona de aparcamientos, que es donde estamos, de manera que ahí se van otros diez minutos.
Nos pasamos un buen rato buscando o una taquilla o unas máquinas expendedoras donde sacar el billete dels bus, pero no encontramos nada, por lo cual preguntamos en la taquilla del UP exprés, que sí tiene atención y venta de billetes, aunque solo para ese tren. Nos dicen que solo hay un par de máquinas en la planta inferior, que además de estar bastante escondidas, cuando las encontramos no funcionan. Así las cosas deberemos sacar el billete en el propio autobús. En nuestra opinión el sistema de títulos de transporte del área metropolitana de Toronto es bastante enrevesado. En la mayoría de las grandes ciudades españolas el billete sencillo o las diversas tarjetas multiviaje suelen tener una validez temporal de una hora, u hora y cuarto, dentro de cuyo periodo puedes realizar los transbordos que necesites. En Toronto, al sacar el billete en el autobús debes indicarle al conductor que tendrás que efectuar un transbordo, y éste te da un cupón aparte para poder coger el metro, de manera que te da dos billetes. Supongo que si debes efectuar más transbordos deberá darte tantos cupones como cambios debas efectuar.
En cualquier caso, cogemos el autobús 192, llamado “Rocket Express”, que solo hace un par de paradas hasta la estación de metro de Kipling, donde llegamos al cabo de 25 minutos. Desde allí otros 20 minutos hasta la parada de Bloor-Yonge, y tras cambiar de línea finalmente llegamos a la Union station. Como allí hay diversas taquillas, decidimos comprar los billetes para la noche, y el chico que nos atiende nos ofrece un pase de 24 horas, para cualquier tipo de transporte y válido hasta las cinco de la madrugada del dia siguiente. Su precio es ridículo comparado con el de un billete normal y además es válido para dos personas.



El centro de Toronto es una curiosa mezcla de antiguos edificios monumentales, como el omnipresente hotel Fairmont, o el edificio de la Union station, y grandes edificios de líneas mas modernas y fachadas de cristal.
Bueno, ya ha llegado la hora de comer, y después de buscar un poco, casi todo lo que vemos son burguers. Entramos al “The Loose Moose”, un local muy grande donde, irremediablemente, comemos unas hamburguesas, y solo nos faltan las Coca-colas para ejercer totalmente de americanos. Pero como solo bebemos agua…
Hay riadas de gente com camisetas azules de los “Blue Jays”, que es el equipo de béisbol de la ciudad ,que juega en la liga profesional de los Estados Unidos. Y es que ese fin de semana se celebraba el “All stars” en el estadio de Toronto, el Rogers Centre, una de cuyas características principales es su cubierta retráctil. Nos llama la atención las esctrictas medidas de seguridad para entrar al mismo, debiendo pasar todo el mundo por arcos de seguridad y con registros muy exhaustivos de bolsas y mochilas. Por todo ello hay largas colas para acceder, cuando aún faltan casi tres horas para empezar el partido.
El estadio está situado en pleno centro de la ciudad, compartiendo espacio con el “Rippleys aquarium”, la torre CN y el museo del ferrocarril. Este último se halla situado en los terrenos que antiguamente albergaban las instalaciones ferroviarias de la Union station. En una esquina del museo encontramos la “Steam Whistle brewery”, una fábrica de cerveza que ocupa el antiguo depósito de locomotoras.
A media tarde nos desplazamos al “Chinatown” de Toronto, que de todos los que hemos visto hasta ahora en diversas ciudades es uno de los mas grandes y auténticos. En algún momento nos hace sentir como si estuviéramos en Shanghai o cualquier otra ciudad de China.


Para cenar nos desplazamos a Yonge Dundas square, que, salvando las distancias seria el Times Square de Nueva York o Piccadilly circus de Londres. Como hay mucha animación nos quedamos a cenar en el “Milestones”, un restaurante con terraza en la primera planta desde la que se tenia una vista de la plaza. Curiosamente, por ser viernes, la cola no es muy larga y solo tenemos que esperar unos veinte minutos.
Después de dar un paseíto por esta zona tan animada, metro, bus y al hotel a dormir.

Gastos del dia
Billete simple bus + metro 3,25 CAD
Billete 24 h. (2 personas) 12,00 CAD
Alt hotel Toronto airport (SA).- 174,02 CAD


16º dia –Toronto

Otro dia entero para disfrutar de Toronto. Igual que ayer, seguimos el mismo proceso, y a media mañana volvemos a encontrarnos en el centro de la ciudad. Después de un paseo para ver el ambiente, vamos a comer a un buffet llamado “Marché”, donde comemos bastante bien a un precio muy razonable.
Después de comer, cogemos el autobús hasta la calle Dupont, y tras un corto paseo llegamos a la Casa Loma, un edificio de estilo gótico con forma de castillo, y en cuyo interior hay un museo. Desgraciadamente una confusión al ver los horarios en la información hizo que llegáramos pocos minutos antes de cerrar y solo pudimos ver su exterior. Este edificio de mas de cien años es muy solicitado para celebrar bodas y otros eventos sociales, y para rodar reportajes y películas por su peculiar estilo, único en Toronto.
De vuelta al centro, nuestro plánning para esa tarde era subir a la torre CN, pero cuando llegamos la cola para entrar es tan inmensa que lo dejamos para el dia siguiente. Sobre la marcha decidimos entrar al “Rippleys aquarium”, el famoso acuario de Toronto, donde tambien hay algo de cola pero mucha menos que para entrar a la torre. Hay diversas salas con una gran variedad de especies marinas, entre las que destacan sobre todo las rayas y los tiburones.
Parece mentira como pasa el tiempo, porque cuando salimos ya es oscura noche y es hora de cenar.


Nos acercamos a la zona del puerto, en la cual hay una gran cantidad de locales de ocio. Nos decidimos por el “Amsterdam brewhouse”, un restaurante a orillas del lago Ontario, y al cual accedemos después de veinte minutos de espera. Es sábado noche y hay mucha gente.
Otro paseíto para ver el ambiente (mucho) de la zona y a medianoche nos retiramos al hotel.

Gastos del dia
Rippleys Aquarium 33,50 CAD
Billete 24 h. (2 personas) 12,00 CAD
Alt hotel Toronto airport (SA).- 174,02 CAD


17º dia –Toronto y vuelo Toronto-Barcelona

Pues nada, esto se acaba. Pero aun nos queda buena parte del domingo para seguir disfrutando de Toronto, ya que el vuelo sale a las ocho de la tarde.
Después de desayunar y hacer el “check-out” pedimos a la chica de la recepción si podemos dejar las maletas hasta la tarde, a lo cual accedió amablemente. Seguramente fue la parte mas positiva de tener el hotel en el aeropuerto ya que de esta manera pudimos aprovechar al máximo todas las horas en Toronto sin preocuparnos de dónde dejar el equipaje.
Un dia más seguimos el mismo ritual, “rail-link” del aeropuerto, bus 192, metro y otro bus hasta las inmediaciones de la torre CN.
Hoy es domingo y las calles están prácticamente vacias.
Como nuestra relación con Murphy es un poco tormentosa, hoy último dia tenia que hacer acto de presencia. ¿Y cual es la mejor manera de tocar lo que no suena? Efectivamente, hoy llueve.
Cuando llegamos a las taquillas de la torre no hay prácticamente cola, y ¡Oh, milagro! ¡Ha dejado de llover!
Pero ahora es peor. Ahora hay niebla. No me veo ni los pies…
¿Qué hacemos? ¿Subimos? En la taquilla hay un cartel que advierte de la circunstancia, lo cual les honra, pero tampoco haria falta porque desde abajo ya se puede comprobar que no se ve la punta de la torre, donde está el mirador.
Con un cabreo más que monumental, decidimos subir de todas maneras a ver si tenemos un poco de suerte y dentro de un rato desaparece la niebla. Cuando llegamos arriba, evidentemente la suerte pasa de nosotros y tenemos que hacer la visita con aquella niebla tan hija de su señora madre, y solo podemos aprovechar los pequeños resquicios que quedan a ratos. Las vistas son (deben ser) fantásticas, con una panorámica por un lado de la ciudad de Toronto, y por el otro del lago Ontario. Al menos eso dicen los mapas.


Una actividad que se puede realizar desde lo alto de la torre es salir al exterior y pasear por el borde de la misma. Para el que quiera descargar adrenalina...

Bajamos de la torre con una gran sensación de frustración, pero el tiempo no se detiene, y decidimos ir a comer pronto para acabar de apurar los últimos instantes en Toronto. Para no perder tiempo buscando vamos al mismo restaurante-buffet al que fuimos ayer, y al acabar nos dirigimos a la Nathan Phillips square, donde se encuentra el ayuntamiento torontés. Bueno, ayuntamientos, ya que está el nuevo y el viejo.
El antiguo es un edificio de estilo inequívocamente británico, rodeado de grandes rascacielos. Desde su construcción a principios de siglo hasta mediados de los sesenta fue la sede del gobierno municipal. El nuevo no tiene ningún atractivo, de hecho son dos torres que forman cada una de ellas un cuarto de círculo.


Aprovechamos para agotar la bateria de la cámara de fotos, y finalmente volvemos al Alt hotel a recoger las maletas. Desde allí nos dirigimos a facturar el equipaje, y tras pasar el control de seguridad con bastante fluidez, nos disponemos a esperar pacientemente las dos horas que faltan hasta la salida del vuelo.
El avión de vuelta es un Airbus A-330, un modelo más moderno que el de la ida, con pantallas individuales pero con un espacio para las piernas que no es mucho más ancho que el del vuelo de ida.
En este caso no es un vuelo directo, sino que haremos una escala en Montreal. No obstante, es una escala solo para recoger y dejar viajeros, el avión es el mismo y por tanto no nos hará falta bajar del mismo. Es una parada de una hora y media. Sorprendentemente todos los vuelos han ido a la hora.
El viaje lo hacemos de noche y aprovechamos para echar alguna cabezadita, con lo cual se nos hace un poco más corto que el de la ida.
Puntualmente, cuando faltan veinte minutos para las doce del mediodia aterrizamos en el Prat, recogemos las maletas sin más contratiempos y “pa casa”.

Gastos del dia
Torre CN 50,60 CAD
Billete 24 h. (2 personas) 12,00 CAD
Alt hotel Toronto airport (SA).- 174,02 CAD
Gasolina total (3.259 km.) 185,00 CAD


Gastos totales del viaje (2 personas).- 5.495 EUR


Para acabar, comentar que, inclemencias meteorológicas no controlables aparte, la valoración del viaje es muy positiva ya que prácticamente todo salió según lo previsto.
Sí, no nos importaria repetir…
Gracias por habernos leido.
Ver Etapa: Niágara y Toronto


Votaciones al diario
  Puntos Votos Media
Mes actual 0 0
Mes anterior 0 0
Total 15 3
Votos
0 Votos
0 Votos
0 Votos
0 Votos
0 Votos
Para votar este diario debe registrarse como usuario

Registrate AQUÍ
Visitas mes anterior: 587 Visitas mes actual: 622 Total visitas: 3317

  Últimos comentarios al diario  COSTA ESTE DE CANADA POR LIBRE 2016
Total comentarios 5  Visualizar todos los comentarios

sobogo  sobogo  07/01/2017 18:24   
Que bien me va a venir para el viaje que estoy preparando para Agosto!!estoy deseando seguir leyendo

marimerpa  marimerpa  08/01/2017 19:31   
Te está quedando genial, y el viaje tiene muy buena pinta. Deseando leer la segunda parte, tiene que ser espectacular. Te adelanto las 5 estrellas.

jmfmb  jmfmb  11/01/2017 08:29   
@sobogo: No dudes en preguntar cualquier duda que tengas!

jmfmb  jmfmb  11/01/2017 08:31   
@marimerpa: Gracias por tu comentario. Espero que tambien te gusten la segunda y tercera parte del relato.

naru  naru  16/01/2017 21:04
Perfecto para nuestro viaje familiar en Agosto!

Visualizar todos los comentarios >>
CREAR COMENTARIO EN EL DIARIO

Registrate AQUÍ

Foros de Viajes
Itinerarios-Rutas Tema: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto, Quebec...)
Foro USA y Canada Foro USA y Canada: Estados Unidos y Canadá. Información y consejos sobre Nueva York, Los Angeles, San Francisco, Chicago, Montreal, Otawa...
Ultimos 5 Mensajes de 1275
722568 Lecturas
AutorMensaje
carolco
carolco
Indiana Jones
Indiana Jones
Ene 23, 2014
Mensajes: 4707

Fecha: Mar Abr 25, 2017 04:41 pm    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto,...

Aclarar: Llegada a YUL/Montreal o a YYZ/Toronto!

La "Costa Este" de Canada es bastante "amplia"

Parques Nacionales hay mas de 40 en Canada.

Hay una promocion por los 150 años de Canada, con Ingreso gratuito a los "Canada Parks"

Enjoy!/Savourer!
Banoa!!!
Banoa!!!
Super Expert
Super Expert
Mar 11, 2011
Mensajes: 540

Fecha: Jue Abr 27, 2017 08:46 am    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto,...

Estoy pensando en ir a Costa Oeste Canadá en verando con dos niños (5 y 9)

Un par de preguntas, antes de decidirme del todo y empezar a mirar a fondo:

¿12 días completos está bien, es suficiente o mejor alargar un poco más? En Toronto ya he estado y en Niagara tb (aunque quizás volveríamos)

¿Es un buen destino para hacer con autocaravana? La costa oeste ya se que sí, pero aquí como es mucho más de visitar ciudades, aunque haya también parques, pues tengo la duda.

Gracias anticipadas.
chris_alon14
chris_alon14
Travel Adict
Travel Adict
Jul 13, 2016
Mensajes: 72

Fecha: Mar May 16, 2017 12:51 am    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto,...

Hola. Estoy preparando mi viaje a la costa Este de Canadá de finales de junio y julio. Viajaré solo si no encuentro compañer@s y no se muy bien como plantearlo, a ver si me podéis aconsejar. He estado mirando las opciones y creo que sería una buena opción hacerme las ciudades en tren y luego alquilar coche para recorrer parques naturales. ¿Qué tal veis esto? ¿Será mucho dinero alquilar un coche para 1 sola persona?, ¿creéis que merece la pena? ¿Alguna idea de como podría plantearlo para hacerlo lo mejor posible? Llego a Montreal y vuelvo desde allí también y tengo unos 22 días. Gracias...  Leer más ...
jmfmb
jmfmb
Silver Traveller
Silver Traveller
Mar 13, 2010
Mensajes: 12

Fecha: Mar May 16, 2017 09:23 pm    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto,...

Hola chris_alon14. Aunque las distancias son muy largas, en mi opinión 22 dias es una cantidad de tiempo muy generosa para ver perfectamente la costa este. Sobre el tema de los desplazamientos, en principio parece una buena idea alquilar el coche solo para los parques y fuera de las ciudades, pero creo que te hará falta una planificación muy meticulosa, ya que si solo lo alquilas por periodos cortos de tiempo a lo mejor te sale comparativamente más caro que si lo haces por un periodo superior. Nosotros lo alquilamos quince dias con AVIS y la experiencia fué satisfactoria a un precio...  Leer más ...
chris_alon14
chris_alon14
Travel Adict
Travel Adict
Jul 13, 2016
Mensajes: 72

Fecha: Mie May 17, 2017 12:39 am    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto,...

Sí. Lo que quería plantear es la manera de por ejemplo al principio ver algunas ciudades grandes en tren (llego a Montreal) tipo Montreal, Toronto y quizás luego alquilar coche y al final del viaje devolverlo en Quebec y luego ya de Quebec a Montreal hacerlo en tren? Como ves eso más o menos?

Recuerdas más o menos cuanto os salió por día para hacerme una idea? Ya que lo bjsco y tal pero claro, al precio base luego hay que sumarle el seguro etc...

Gracias
CREAR COMENTARIO EN EL FORO
Respuesta Rápida en el Foro
Mensaje:
Registrate AQUÍ




All the content and photo-galleries in this Portal are property of LosViajeros.com or our Users. LosViajeros.net, and LosViajeros.com is the same Portal.
Aviso Legal - Publicidad - Nosotros en Redes Sociales: Pag. de Google + Pag. de Facebook Twitter - Política de Privacidad