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Un verano en Navarra y sus alrededores -Diarios de Viajes de España- Matahacas
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Diario: Un verano en Navarra y sus alrededores  -  Localización:  España  España
Descripción: Recorrido en 2013 por una región llena de posibilidades para los viajeros
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Etapas 1 a 3,  total 15
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Etapa: (I) Carretera y manta: de camino, Burgos.  -  Localización:  España España
Fecha creación: 23/07/2017 08:51  
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En el año 2010 tomamos la decisión de cambiar nuestra tradición de veranear en las playas de nuestra vecina Cádiz. Nos daba la sensación de que las vacaciones resultaban repetitivas, calurosas y aburridas, y nos decidimos a probar en algún lugar del norte de España. Creo que, a día de hoy, todos los miembros de la familia coincidimos en que fue una decisión acertadísima. De hecho, desde entonces se han sucedido nuestros veraneos en Cantabria, Asturias, Navarra, que es el objeto de este relato, así como a distintos lugares de Francia e Italia.
La experiencia a la hora de alquilar casa nos ha enseñado estos años que para acceder a las mejores ofertas en relación calidad-precio hay que reservar poco después de las Navidades, así que nos pusimos manos a la obra en enero y, a través de internet, y después de sopesar muchas otras posibilidades, localizamos la casa Jauregia, en el valle de Baztán, y más concretamente en el pequeño pueblecito de Aniz. Nos convenció su ubicación, a mitad de camino entre San Sebastián, Pamplona, las playas de Francia (Hendaya, Biarritz...), junto a los Pirineos, y en un valle conocido por su frondosidad y su verdor. La casa, según se veía en las fotos del portal turístico toprural y de su propia web, era una preciosidad, con 3 dormitorios y dos baños, además de zonas comunes amplias y con un jardín con vistas maravillosas. Los dueños tenían también junto a la casa una explotación ganadera y una quesería ecológicas, que se podían visitar con los niños, además de adquirir sus productos: quesos, yogures, batidos...
En fin, que nos decidimos por Jauregia, y reservamos para la primera quincena de agosto, al precio de 1.400 euros. A partir de ahí, comenzó esa parte de las vacaciones que tanto me gusta y que me permite disfrutarlas casi durante todo el año: los preparativos, la compra de guías, la búsqueda por internet de sitios que visitar, los posibles restaurantes donde comer, las carreteras y caminos por los que ir viendo los mejores paisajes...
Todo llega y llegó el día de nuestra partida. Este año el plan era que salíamos en coche mi madre, mis hijas Blanca (15 años), y Mariana (4) y yo, mientras que mi mujer, Olga, y el pequeño Marcelo (un año y medio) viajarían el día 2 de agosto en avión hasta Bilbao, donde les recogeríamos. A última hora decidimos salir un día antes, el 31 de julio a primera hora, y parar un día en Burgos. Así, el viaje hasta nuestro destino en Navarra (938 kilómetros desde Sevilla) se haría más llevadero, sobre todo para Mariana, y además conoceríamos esa preciosa ciudad castellana.
El despertador sonó nada menos que a las 4 de la mañana, y nos pusimos en marcha justo una hora después, a las 5. El viaje se hizo rápido, con Mariana durmiendo hasta las 9 y media. Antes de las diez salimos de la autovía para desayunar y dar un paseíllo por la localidad vallisoletana de Tordesillas, a 550 kilómetros de Sevilla y a 160 de Burgos. Esta ciudad, muy importante durante el reinado de los Reyes Católicos, fue escenario de la firma del Tratado de Tordesillas, por el que Castilla y Portugal se repartían los derechos de navegación y conquista del Atlántico. Años después fue el lugar donde Juana la loca, hija de Isabel y Fernando, se recluyó en un convento junto al cadáver de su marido hasta el fin de sus días.
Tras llenar el depósito nos sentamos a tomar café y tostadas en la bonita plaza mayor, de tipología típicamente castellana, propicia para albergar mercados, celebraciones, festejos taurinos, y ser el centro de reunión de los vecinos. Se estaba muy a gusto allí, aunque sobraban los coches aparcados y circulando. Tras un paseíllo por sus calles, nos dirigimos hacia el coche, con el sol empezando a apretar y anunciando lo que iban a ser los dos primeros días del viaje: los de más calor de todo el verano en España.
Reiniciamos la marcha para llegar, dos horas después, a Burgos, donde no nos costó nada encontrar el Hotel Abba, muy bien situado al final de una calle que empezaba en la misma catedral. El hotel es de cuatro estrellas, nuevo, confortable, y con piscina cubierta. No hizo falta pillar el parking, porque se podía aparcar fácilmente junto al hotel.
Tras dejar el equipaje, nos dirigimos al centro para dar un paseíllo inicial y comer algo. El plan era visitar por la tarde el monasterio de las Huelgas Reales, que los miércoles por la tarde es gratis, y ya el jueves por la mañana la catedral.
Me suelo guiar por la web tripadvisor para elegir sitio donde comer, pero, para mi sorpresa, Burgos estaba el 31 de julio, y pese al calor, abarrotado de turistas y paseantes, con lo que el lugar elegido, el restaurante Morito, estaba a tope y fue imposible. Tuvimos que comer en la plaza mayor, en un sitio malo de solemnidad, en el que, eso sí, el dueño era muy simpático y atento. Una vez que pagamos, con intento de cobrarnos de mas incluido, nos fuimos hacia el hotel para coger el coche y dirigirnos hacia las Huelgas.
La temperatura era de 37 grados, por lo que les propuse a mi madre y Blanca que si querían se quedaran al fresquito en el hotel, pero me encantó ver que no estaban dispuestas a perderse la visita. Hicimos una breve parada en un parque infantil que estaba a la sombra para que Mariana tuviese su ratito de juego y, a las 5, estábamos en el monasterio.
La visita guiada fue de lo más interesante. Tan sólo el patio de acceso ya impresiona, y la calle en la que está el monasterio es como de otra época, con casas bajitas y abuhardilladas. En la tienda de recuerdos compramos un cuento porque nos llamó la atención el título: el puzzle de Marcelo. La guía del monasterio tenía gracia explicando la visita, que se hizo amena e instructiva. Me dio pena de que Olga no estuviese allí para disfrutarla.
El monasterio alberga las tumbas de sus fundadores: Alfonso VIII y su esposa Doña Leonor. Espectacular el claustro, y los ropajes extraídos de las tumbas y que se exponen en una sala. Es increíble pensar que son las ropas de auténticos reyes del siglo XII.
Al terminar, y después de dejar seca la fuente de agua que había en la entrada, nos montamos en el coche, que estaba a cien grados, para ir al hotel y disfrutar un rato de la piscina cubierta. A Mariana le encantó, tanto que desde entonces no para de decir que quiere volver para bañarse.
Pasamos el resto de la tarde al fresquito en el hotel. Salimos ya para cenar y comprobamos que la diferencia del verano en esta tierra y en la nuestra estriba en que aquí el calor se va cuando se pone el sol, mientras que en Sevilla sigue cayendo fuego toda la noche. Se estaba a gusto en la calle y, esta vez sí, pillamos mesa en el Morito, donde se come a base de raciones buenísimas y muy baratas. Pagamos 32 euros y cenamos estupendamente. Después de un heladito, y de disfrutar casi nosotros solos de la imponente fachada de la catedral iluminada, subimos la calle que nos llevaba al hotel y a un merecido descanso después de un día completo y muy, pero que muy caluroso.
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Ver Etapa: (I) Carretera y manta: de camino, Burgos.



Etapa: (II) De Burgos a Navarra por la Rioja Alavesa  -  Localización:  España España
Fecha creación: 23/07/2017 08:59  
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El 1 de agosto visitamos, tras el desayuno, la catedral de Burgos. Las entradas de los tres (la peque no paga) costaron 13 euros con descuentos de familia numerosa y pensionista, y con audioguías incluidas, o sea, muy baratas. Para que no se aburriera, a Mariana le compramos un libro de actividades y una caja de lápices de colores, así que iba sentándose en los escalones y bancos de la catedral a pintar mientras nosotros disfrutábamos de esta joya del gótico. El edificio es una gozada, Patrimonio de la Humanidad, con sus impresionantes agujas de las torres de la fachada, su espectacular cimborrio sobre el crucero, la escalera dorada, y la capilla de los Condestables de Castilla.
Al terminar la visita, recogimos las cosas del hotel y pusimos rumbo a Navarra, pero no por el camino más corto. El plan era ir a través de la rioja alavesa, con idea de conocer, aunque fuera de pasada, Laguardia y Elciego. Para llegar se atraviesan carreteras preciosas en las que todo lo que alcanza la vista son viñedos, y cada dos por tres pasas por unas bodegas de esas que todo el mundo conoce. La visita a Elciego fue un tanto frustrante, ya que el fantástico y atrevidísimo hotel diseñado por Frank Gehry para las bodegas Marques de Riscal lo han convertido en una fortaleza inexpugnable a la que no se puede acceder ni de lejos para verlo por fuera. Suerte que desde el pueblo, que es una preciosidad, al estar en alto, se puede ver perfectamente este modernísimo edificio, que pese al fuerte contraste con el perfil medieval del caserío, no choca curiosamente, sino que complementa la belleza de este encantador pueblo.
A continuación seguimos camino hacia Laguardia, a 10 kilómetros del pueblo anterior. Aparcamos con suerte dentro de la muralla, y tras pasear por sus conservadas calles medievales y por la placita del ayuntamiento, que es para enmarcarla, nos sentamos a comer en una mesa exterior de un bar. Sigue haciendo un calor impropio de estas latitudes, así que al terminar la comida, nos vamos al coche donde los que pueden duermen y todos disfrutamos del aire acondicionado de camino a nuestro destino para las vacaciones: el valle de Baztán.
A eso de las 6 de la tarde, tras otros 200 kilómetros con pequeño lio de camino incluido al entrar en Pamplona, llegamos a Baztán. Se accede por la carretera Pamplona-Irún, en la que vas observando en minutos cambiar el paisaje de llano a montañoso, y vas viendo aumentar a pasos agigantados la vegetación, hasta cubrirse todo el paisaje de bosque y de color esmeralda, con grandes caseríos blancos con tejados a dos aguas y ventanas repletas de flores. Tras pasar el túnel de Almandoz, un giro a la derecha te saca de la carretera nacional y casi del planeta, para entrar en ese otro mundo que es el valle de Baztán, con su propio clima, su propio paisaje. Rodeado de montañas, da la impresión de haber permanecido inalterable en su aspecto y en sus costumbres desde hace siglos.
A poco de entrar en él, la carretera se vuelve estrecha y los árboles de sus márgenes tapan con sus espesas copas el cielo, dándole una belleza al camino que, seguramente, en los días y noches de invierno, con las nieblas constantes de la zona, lo transformarán todo en territorio misterioso y propicio para todas esas creencias mágicas y de personajes del bosque que tan famosas se han hecho con la publicación de la novela El guardián invisible y el resto de la trilogía del Baztán, de Dolores Redondo.
De pronto se abre un claro y aparece un pequeño núcleo de casas. Por fin hemos llegado a nuestro destino, Aniz. Giramos en la carretera a la izquierda para subir por la única calle del lugar, hasta llegar a la última casa, Jauregia, reconocible, como dice la dueña en internet, por tener cuatro árboles en la entrada. Aparecen Maider y su marido Iñaki, jóvenes, simpáticos y amables, y casi pidiéndonos perdón por el calor que hace hoy, y jurando y perjurando que esta temperatura no la hace nunca aquí, como si ellos tuviesen la culpa. Nos enseñan la casa, que es tal y como se ve en las fotos: muy amplia, rústica y con muy buen gusto en la decoración.
Soltamos las cosas y salimos pitando para Elizondo, el pueblo más grande del valle, porque son las seis y media y tenemos que hacer la macro-compra en el súper, después volver, ducharnos y estar abajo para cenar a las 9, ya que a esa hora nos la servirán en el comedor que hay en la planta baja de la casa. Maider nos recomendó el supermercado BM, muy grande y de calidad. Tras la compra, paramos en el pueblo de Irurita, de camino a Aniz, para comprar el famoso chocolate con avellanas, del que dimos buena cuenta allí mismo, en la plaza del pueblo.
Nuestra primera cena en Jauregia consistió en un paté de ciervo de aperitivo una estupenda ensalada de langostinos y unos medallones de solomillo ibérico presentados sobre tostas y adornados con limón. Todo muy bueno, regado con tinto de Navarra y culminado con postres caseros, cuajada en mi caso.
Subimos casi a rastras la escalera, y es que el día había sido largo y dado para mucho, nada menos que en 3 Comunidades Autónomas distintas: Castilla-León, País Vasco y Navarra. El calor de la tarde ha desaparecido y por las ventanas entra un fresquito estupendo ¡Vivan los Pirineos!
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Ver Etapa: (II) De Burgos a Navarra por la Rioja Alavesa



Etapa: (III) Recogemos al resto de la tropa y, de camino, visitamos Getaria  -  Localización:  España España
Fecha creación: 23/07/2017 09:03  
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Tras dormir de un tirón, me levanto temprano y lo primero que hago es cruzar a la quesería, donde hay gente trabajando desde que amanece, y comprarles yogures naturales y yogures batidos para el desayuno. Están buenísimos y desde ese día los tomaremos a diario para empezar la jornada.
Es día 2 de agosto y nos montamos en el coche rumbo a Bilbao, donde recogeremos a Olga y Marcelo que llegan en avión. Mariana ya está nerviosa solo de pensarlo. Con solo cinco años recién cumplidos, se ha portado de maravilla estos dos días: buena, obediente, y tan graciosa como siempre. Vamos a tener que repetir esto a menudo, porque cuando está con la madre y con el enano...
El camino a Bilbao se hace pesadillo, son nada menos que 165 kilómetros hasta el aeropuerto. Se pagan varios peajes en una autopista con tramos a veces demasiado curvados para una vía rápida. Nada más llegar al aeropuerto, aparecen Olga y Marcelo porque el vuelo se ha adelantado. El peque se pone muy contento de vernos. Con solo año y medio, el tío ya se ha montado tres veces en avión, y le queda una cuarta para volver a Sevilla.
En el mismo parking del aeropuerto Olga se encargó de reubicar las sillitas de los niños en el coche. Ahora éramos seis y había que habilitar la tercera fila del coche, en la que iría, encantada de la vida, Mariana. Acto seguido, nos pusimos en marcha. Al planear el viaje, pensamos que ya que había que venir hasta aquí, lo suyo sería aprovechar a la vuelta para parar en algún pueblo bonito de la costa vasca para comer y dar un paseo. Nos decidimos por Getaria, la patria chica de Juan Sebastián Elcano, ya en la costa de Guipuzcoa y a mitad de camino entre Bilbao y nuestra casa de Aniz.
Llegamos sobre las dos y media porque salir de los alrededores de Bilbao fue complicado. Aparcamos cerca del puerto, y caminamos unos minutos hasta el centro del pueblo. En tripadvisor recomendaban comer en Politena, un restaurante con un menú del día algo carillo (20 euros), pero que incluía pescado fresco de la zona. Yo tomé merluza y estaba espectacular, los demás se decantaron por las lubinas y doradas.
Después de la comida, paseamos bajando hacia el puerto. Pudimos visitar la iglesia de San Salvador, de la que me llamaron muchísimo la atención tanto la fuerte cuesta abajo interior desde el ábside a los pies, como el pasadizo exterior bajo la nave de la iglesia que comunica la calle mayor con el puerto.
Una vez que llegamos al puerto, paseamos por allí un rato: a un lado está la playa, pero la mayor diversión de los chavales del lugar, como ya vimos en otros pueblos pesqueros, es tirarse al agua desde la cuesta del puerto.
Al irnos y recoger el coche, tuvimos la desagradable sorpresa de que lo habían multado, ya que estaba en zona azul y no nos habíamos dado cuenta. En fin, cincuenta euritos que tendré que pagar.
Al salir de Getaria, tiramos por la carretera costera, que es imprescindible si se quiere disfrutar viendo los mejores paisajes costeros de Euskadi, ya que va dibujando el borde del mar hasta la playa de Zarauz, eso sí, por contra luego tienes que salir del atasco que supone meterte en el gran núcleo turístico de la costa guipuzcoana, pero merece la pena de todos modos.
Al llegar a Aniz, Marcelo recorrió todo el jardín con sus carreras y conoció al que sería su compañero de correrías durante las vacaciones: un pequeño gatito que vivía en el jardín y que se arrimaba a todo el que se acercaba por allí. A Olga le encantó la casa.
Bajamos a cenar y hoy Maider nos había preparado cardos a la navarra y de segundo cordero al chilindrón. Aunque todo está de rechupete, y la fuente en la que venía el cordero queda para pasar la prueba del algodón, decidimos que a partir de mañana cenaremos ya en nuestra casa, porque esto no hay estómago ni bolsillo que lo resista. Así que almorzaremos en la calle y cenaremos cualquier cosilla en casita.
Concluye así nuestra tercera jornada de viaje. Como ya llevamos recorridos 1.350 kilómetros, apetece para mañana (3 de agosto) una excursión cortita. Elegimos ir a Zugarramurdi, a visitar las cuevas de las brujas, que están a poco más de 30 kms, y después volver a Elizondo, donde hay una fiesta que organizan los comerciantes de la ciudad.
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Ver Etapa: (III) Recogemos al resto de la tropa y, de camino, visitamos Getaria

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  Últimos comentarios al diario  Un verano en Navarra y sus alrededores
Total comentarios 1  Visualizar todos los comentarios

marimerpa  marimerpa  26/07/2017 07:08   
Fantástico viaje, gracias por compartirlo en el diario. ¿No te animas a ponerle unas fotos?

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