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Islandia 2017: volvemos a la tierra de hielo y fuego -Diarios de Viajes de Islandia- Lou83
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Diario: Islandia 2017: volvemos a la tierra de hielo y fuego  -  Localización:  Islandia  Islandia
Descripción: Diario sobre un viaje recorriendo Islandia en campervan en septiembre de 2017
Autor:    Fecha creación: 
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Etapa: Introducción  -  Localización:  Islandia Islandia
Fecha creación: 12/10/2017 09:29  
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Bienvenid@ al relato de nuestra segunda visita a Islandia, el país de los volcanes, las cataratas y las auroras boreales. A lo largo de nueve días, recorrimos todo el perímetro de la isla en sentido horario revisitando algunos de nuestros puntos favoritos de la experiencia anterior y añadiendo algunos lugares nuevos a nuestra colección personal.

Tanto el relato de las etapas como las fotografías y videos que lo acompañan son de producción propia, tomando notas sobre la marcha para luego redactar el escrito final y tomando el material audiovisual con alguno de los múltiples aparatos que llevábamos con nosotros. En concreto, las imágenes se han tomado con el siguiente equipo:

Cámara DSLR Canon EOS 6D con objetivos 24-105mm f4 L IS (+ filtro ND400) y Samyang 14mm f2.8.

Cámara de acción Xiaoyi Yi II 4k

Teléfonos móviles Xiaomi Mi Max y LG G4
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Ver Etapa: Introducción



Etapa: Día 0: El camino a Keflavík  -  Localización:  Islandia Islandia
Fecha creación: 12/10/2017 09:30  
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31 de agosto de 2017

Septiembre. Nada especial. Lunes. Menos especial todavía. Una tarde más en una isla de Mallorca en la que las temperaturas vuelven a repuntar tras lo que parecía una tregua por debajo de los 30 grados. ¿Dónde está lo remarcable? Pues en que hace 36 horas estábamos surcando los aires en plena noche para regresar de nuestro segundo paso por ese irreal paraíso que es Islandia. Y como no hay viaje sin diario, aquí estamos. Listos para convertir esas rudimentarias y crípticas notas tomadas con Google Keep en un texto con una mínima coherencia y que sirva de recuerdo de los que ocurrió durante los diez días anteriores. Comencemos.

No hay viaje sin traslado y en eso consiste este “Día cero” que, dado que va a ser más corto de la habitual, aprovecharé para ampliar con una introducción del qué, el cómo y el por qué -no necesariamente en ese orden-.

Este 2017 ha sido especialmente pródigo en viajes para nosotros. Con el objetivo de cambiar la estrategia de un solo viaje de muchos días por varios más contenidos, comenzamos nuestras desventuras en junio con un salto al Parque Nacional de Yosemite. Lo seguimos con algo más modesto pero igualmente espectacular, visitando por primera vez el Principado de Asturias a principios de agosto. Y solo un mes después, lo completamos con la que es nuestra segunda visita a Islandia en dos años.

¿Y por qué repetir tan pronto? Pues por una suma de motivos. El primero, que el recuerdo de esos quince días recorriendo el país con una camper es tan magnífico que desde el mismo instante en que terminaron, teníamos claro que no sería la última vez que pisaríamos el país. El segundo, que Islandia ha sufrido un repentino e imparable aumento de popularidad, provocando que lo que hace dos años eran rincones que disfrutar en completa soledad se estén convirtiendo en parada de autocares con grandes y ruidosos grupos de turistas. Así que mejor volver antes de que sea impracticable. Y por último, en lo que supone un objetivo ya recurrente, volvemos a viajar hacia el norte en busca de temperaturas más frías que las que azotan las Baleares cada verano.

Para el cómo, por supuesto y tras lo bien que resultó en la experiencia anterior, nuestro alojamiento y nuestro medio de transporte iban a ser lo mismo: una camper de la ya conocida empresa Happy Campers, de nuevo reservando el modelo más pequeño y económico “Happy Ex 1” aún a sabiendas de que eso supondrá una pérdida de espacio respecto al modelo “Ex 2” que acabaron entregándonos en 2015.

Y vamos a lo más importante, el qué. Tan solo tres días antes de emprender el viaje, nuestro plan era muy conservador. Dada la duración de solo nueve días y el hecho de que la mitad suroeste del país concentra un porcentaje muy alto de los puntos a visitar sin vehículo todoterreno, nuestra agenda incluía un itinerario discreto y con margen de maniobra suficiente que se limitaba a visitar esa mitad, en concreto el tramo que va desde la montaña de Kirkjufell (al norte de la península de Snaefellsnes, en la costa oeste) hasta la cordillera de Vesturhorn, en el sureste y justo donde la carretera circular inicia su desvío hacia el norte.

Sin embargo, uno de los muchos encantos -o maldiciones, según a quién preguntes- de Islandia es lo volátil y radical de su meteorología, y en este caso parecía destinada a estropearnos gran parte de la experiencia. Para los primeros días en los que estaríamos recorriendo la ruta prevista, parecía no haber escapatoria. Comenzáramos por donde comenzáramos el viento, la lluvia y los cielos totalmente cubiertos iban a ser nuestra compañía, algo que en algunos de los puntos sobre el mapa iba a deslucir completamente la experiencia. Sin embargo, si echábamos un ojo a la previsión para la mitad norte del país, el resultado era totalmente distinto. Cielos mayormente despejados solo interrumpidos por breves ventanas de nubes, y rara vez acompañados de lluvia.

Así que con muy poco margen pero con la ventaja de conocer ya el país, las distancias y lo que se puede y no se puede hacer, pusimos patas arriba nuestros planes con un claro objetivo: ¿Podríamos dar la vuelta completa? Y renunciando a los “días comodín” para improvisar ante imprevistos y haciendo un esfuerzo adicional de tiradas de carretera especialmente durante los primeros días, las cuentas salían. Era posible trazar un círculo con inicio y fin en Keflavík -zona en la que aterrizamos y recogemos nuestro vehículo- que recorriera todo el perímetro, a excepción de esa península del noroeste muy pocas veces incluida en los planes de los viajeros debido a los rodeos y tiempo que requiere para visitarse como es debido. Todavía manteniendo ambos planes y sus distintas variantes -comenzando en un sentido u en el otro-, estaba decidido. Íbamos a dar la vuelta entera.

Finalizada esta breve introducción para ponernos en contexto, vamos hacia el aeropuerto. En lo que supone un cambio ante la tónica habitual de coger vuelos de primera hora de la mañana para así tener ya un día para disfrutar en el destino, esta vez salimos hacia Son Sant Joan en la tarde de un jueves, pocas horas después de haber salido de nuestros puestos de trabajo. Por algún motivo que desconocemos, los vuelos a Keflavík tanto desde Madrid como Barcelona tienen la costumbre de aterrizar en el destino muy tarde, con el agravio que supone tener que buscar un alojamiento para esa noche si la empresa de alquiler de camper no ofrece servicio de recogida de 24 horas.

El Aeropuerto de Palma de Mallorca está relativamente tranquilo, considerando que hoy es el último día de agosto y la isla se ha convertido en un parque temático sobreexplotado. No tardamos en localizar los mostradores de Iberia Express, nuestra compañía aérea para esta ocasión. Y aquí llegan los primeros nervios. Pese a llegar con un buen colchón de tiempo y tener hasta tres empleados dedicados a la facturación, la cola avanza a un ritmo exasperante. Observamos a los empleados y, a excepción de una mujer que sí parece diligente y tener claros los pasos a seguir, sus dos compañeros más jóvenes invierten muchos más minutos de los que debería ser necesario para facturar el equipaje de los pasajeros. Miradas perdidas hacia el monitor, largos momentos esperando a que el ordenador responda… todo señales que no hacen ninguna gracia cuando sigues en la cola, con varios pasajeros más por delante de ti, y apenas quedan 20 minutos para la hora a la que supuestamente se inicia el embarque.

Afortunadamente alguien toma la obvia decisión de que tengan prioridad para facturar los pasajeros del vuelo cuya hora de salida empieza a acercarse, y gracias a eso ganamos varios puestos en la fila que permiten que llegue nuestro turno. Tenemos la suerte de que nos atienda la experimentada mujer, así que no tardamos en despedirnos de nuestros dos bultos de 11 y 13 kilos y enfilar el camino hacia la planta superior, tarjeta de embarque en mano. Quedan 30 minutos para despegar cuando llegamos a la puerta desde la que abordaremos el avión, que todavía no ha empezado a engullir la inevitable cola de pasajeros que esperan ya frente al mostrador.

El primer salto, desde Mallorca hasta Madrid, transcurre sin problemas y en la poco más de una hora prometida. Tenemos por delante tres horas hasta poder tomar nuestro próximo vuelo en una puerta de embarque cercana a la que nos ha recibido, así que prisa es lo último que tenemos. Nos sentamos en uno de los sillones cercanos a un enchufe de la cafetería Starbucks para pasar el rato a golpe de redes sociales y un café. A menos de 24 horas de recibir nuestro vehículo todavía nos replanteamos qué recorrido hacer y en qué sentido iniciarlo, siempre con un ojo puesto en la previsión meteorológica de los próximos días en el servicio meteorológico islandés. La “vuelta completa” comenzando por el norte se ha estropeado un poco, pero sigue siendo nuestra mejor apuesta.

Entramos en el avión y despegamos de Barajas, demasiado tarde para un vuelo que nos mantendrá encerrados en cabina durante cuatro horas y media. Alcanzar la medianoche y el cansancio acumulado de un día que ha incluido jornada laboral hace que el trayecto hasta Keflavík se haga largo, muy largo. Solo la bendita compañía de series ayudan a sobrellevar el trago, solo animado durante la última hora cuando por la ventana una tenue y suave mancha verde llama la atención de los pasajeros a nuestro lado del avión. Configuro la cámara para ganar fotosensibilidad en deprimento de calidad y… efectivamente, una aurora boreal nos está dando la bienvenida al espacio aéreo islandés. Emite muy poca luz y el foco situado en el ala junto a nosotros no ayuda, pero no se puede decir todos los días que hayas visto estas hipnóticas luces mientras vuelas.


Si el objetivo era ver auroras, es un buen comienzo

Cuando nuestro avión toma tierra, alcanza la terminal y ponemos los pies sobre el Aeropuerto de Keflavik es… madre mía, es muy tarde. Para los islandeses pasa una hora de la medianoche, pero debido a la diferencia horaria para nosotros son las tres de la madrugada. Desactivamos el modo avión de nuestros teléfonos móviles y, tal y como nos prometió Movistar, se conectan a la red de Siminn mediante roaming sin necesidad de ajustes adicionales. ¡Y por fin sin pagar más!

Salimos al vestíbulo de la terminal y cambiamos en la oficina de divisas 80 euros por el equivalente en coronas islandesas, probablemente más cantidad de la que necesitemos ya que prácticamente todo se puede pagar con tarjeta de crédito. Perdemos por el camino un buen pellizco en concepto de comisiones y un cambio “no tan favorable”, pero el resultado no hubiera sido muy diferente de haber realizado el trámite en una entidad bancaria de España antes de venir. Ya con un poco de efectivo en el bolsillo, hacemos un recorrido visual del vestíbulo para encontrar a un hombre con una tablet en la que figura el nombre de L. Es el dueño de la casa cercana al aeropuerto y a la oficina de Happy Campers en la que pernoctaremos esta noche, reservada a través del portal de Airbnb.

El propio dueño nos saca de la terminal a cambio de pagar 1500 coronas -bastante aceptable, teniendo en cuenta que solo el aparcamiento ya cuesta 500-. Al principio no parece querer mucha conversación, pero tras unos minutos se suelta y hablamos sobre cómo todos los vuelos de sus huéspedes españoles llegan tardísimo. En apenas diez minutos estamos frente a su casa, en la que la planta inferior queda reservada para las tres habitaciones de alquiler y el salón, baño y cocina comunes para todos sus huéspedes.


Nuestro efímero dormitorio

Con el cansancio acumulado y la necesidad de estar listos para que nos recoja Happy Campers dentro de 5 horas, no queda mucho más que decir ni hacer. Tras un breve recorrido por las instalaciones para no andar perdidos cuando queramos aprovechar el desayuno incluido en la reserva, nos despedimos de nuestro anfitrión y perdemos el mínimo tiempo necesario en enchufar nuestros teléfonos, preparar la ropa para mañana y meternos en la cama. El primer objetivo ya está cumplido. Estamos en Islandia.
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Ver Etapa: Día 0: El camino a Keflavík



Etapa: Día 1: En Kirkjufell también sale el sol  -  Localización:  Islandia Islandia
Fecha creación: 12/10/2017 09:37  
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Nota: Éste es nuestro segundo viaje a Islandia, con lo cual hay sitios que no visitamos. Si quieres más información sobre la que fue nuestra primera toma de contacto con el país, puedes visitar nuestro otro diario: www.losviajeros.com/Bl... ervan.html

1 de septiembre de 2017


Mapa de la etapa 1


El de ayer fue un día largo y tedioso. El de hoy se presenta igualmente extenso, pero tendrá mucho más que ofrecer. ¿Y eso por qué? Pues porque cuando dan las ocho de la mañana y tras darnos una ducha en el cuarto de baño compartido de nuestro alquiler para la pasada noche, estamos listos. Y estamos en Islandia.

A estas horas de la mañana, en Keflavík, y procediendo de un clima como el de Mallorca en agosto… hace frío. Nos toca adaptarnos a toda velocidad a las nuevas temperaturas mientras esperamos pacientemente a que por la calle aparezca la “Happy Shuttle”, el servicio de traslado que va recogiendo a clientes de Happy Campers para llevarlos a sus instalaciones donde nos espera el que será nuestro vehículo y hogar para los próximos días. Los minutos van pasando y el frío se pega a los huesos, pero a las 8:30 aparece al fin la furgoneta y apenas unos minutos más tarde nos encontramos en las nuevas y coloridas instalaciones de la empresa de alquiler de campers.

No es nuestra primera experiencia con ellos. Ya en 2015 y tras sopesar todas las opciones, la relación entre precio, prestaciones de los vehículos y opiniones de sus clientes anteriores nos hizo decantar por Happy Campers para conseguir un medio de transporte y alojamiento ambulante durante nuestros días en Islandia. Otras empresas pueden llegar a ofrecer vehículos más económicos, pero la disposición de su interior -obligándote a salir al exterior para ciertas tareas- o la falta de algunas funcionalidades -¿sin calefacción? ¿en serio?- nos hacían descartarlas. También existen otras opciones, pero no nos convencían tanto. Un turismo normal y encadenar albergues reservados te priva de la libertad para improvisar y además no abarata el precio. Otro coche normal combinado con una tienda de campaña… no es para nosotros. Y una autocaravana, aunque tentadora, también exige un esfuerzo económico adicional y además nos presenta serias dudas si queremos transitar por algunas carreteras que, sin ser de tipo “F” y restringidas a vehículos 4x4, tienen un pavimento que pone a prueba la pericia y paciencia del conductor.

El caso es que nos presentamos ante el mostrador con nuestra reserva de una camper modelo “Happy Ex 1”. La empresa ofrece tres tipos de vehículo, a cada cual más grande y con capacidad para más plazas y espacio interior en el que moverse. Además, la coletilla “Ex” queda reservada para los vehículos de la flota “antigua” a cambio de una reducción en el precio. Por lo tanto, con una “Ex 1” lo que hemos buscado es priorizar absolutamente el presupuesto en detrimento de la comodidad. Albergamos todavía una mínima esperanza de que el destino nos tenga reservado un nuevo regalo en forma de mejora gratuita, tal y como ocurrió hace dos años cuando pese a reservar igualmente una “Ex 1” finalmente disfrutamos de una “Ex 2”, con todo lo que supone dar el salto de una Ford Transit a una Renault Traffic. Pero esta vez no hay suerte: pese a preguntarlo y estar dispuesto a pagar la diferencia, a Happy Campers las cosas le van muy bien y toda su flota está reservada. Esta vez sí tocará adaptarse a las estrecheces de una “Ex 1”. Nos queda el consuelo de que debemos estar protagonizando la reserva más barata de la historia de la empresa, gracias al descuento por fidelidad del 10% que Jon, uno de sus empleados, nos ofreció cuando durante nuestra comunicación previa a realizar la reserva. Para colmo, el siempre variable cambio de divisa entre euros y coronas islandesas parece jugar hoy a nuestro favor, ya que a la hora de pagar el resto de la reserva tras descontar la señal la cantidad se queda en unos 899€ muy lejos de los 950€ que esperábamos pagar.

Uno de los dos empleados dedicados a presentarle a los clientes sus nuevas camper nos acompaña al parking, donde nos espera probablemente el vehículo más antiguo y machacado de toda la flota de la empresa. Todo funciona, pero tanto por dentro como por fuera queda claro que esta Ford Transit ha tenido una vida movida. Dato que confirmamos al encender el contacto y leer la friolera de más de 230.000 kilómetros recorridos. La inevitable comparación del espacio interior disponible respecto a la Happy Ex 2 rebaja levemente nuestra excitación por iniciar el viaje, pero intentamos centrarnos en el dinero ahorrado con esta decisión.

Sin cambios drásticos en la previsión meteorológica respecto a lo que decía la noche anterior, no volvemos a cambiar nuestros planes. Iniciaremos nuestra aventura de nueve días dirigiéndonos a un norte que parece esperar mejor tiempo que el sur, y para fechas siguientes tocará adaptarse a lo que el inestable e imprevisible clima islandés tenga preparado para nosotros. Una hora y media y 111 kilómetros nos separan de la ciudad de Bogarnes, para la cual debemos gastar nuestras primeras 1000 coronas en una colapsada garita que da acceso al túnel de Hvalfjörður que permite atravesar el homónimo fiordo y evitar así un largo rodeo por el interior. Tras saludar a las primeras ovejas y caballos durante el recorrido, paramos el motor en el supermercado Bónus de la ciudad.

Viajar a Islandia es caro en muchísimos aspectos, y la alimentación es uno de ellos. No basta con tomar la decisión de preparar tu propia comida para evitar los prohibitivos precios de los restaurantes: también hay que saber elegir la franquicia más económica. Y ahí Bonus es claramente la opción a elegir, seguida de cerca por Kronan y ya lejos de los precios más altos de Netto o Kjarval. Pese a ello, la cartera se resiente: nos gastamos 7000 coronas -unos 56 euros al cambio actual- en todo aquello que vamos a necesitar en los próximos días y requería mantenerse fresco, siendo así imposible traerlo en nuestro equipaje. Evidentemente, esos víveres indispensables incluyen varios yogures Skyr, postre local rico en proteínas y que poco a poco está introduciéndose en la europa continental. Los del Lidl no son ni mucho menos como los originales, pero sí una imitación aceptable.

Bogarnes nos espera a la salida del supermercado con un sol radiante y temperaturas que para los locales son suficientes para ir en manga corta, pero la alegría duraría poco. En cuanto emprendemos la marcha hacia el norte y ascendemos un puerto de montaña que nos separa de la península de Snaefelssnes, el sol da paso a un denso manto de nubes que viene acompañado por una fuerte lluvia y prácticamente nula visibilidad. Encontrándonos a apenas unas decenas de kilómetros de nuestra primera parada -¡y qué parada!- turística del viaje, nuestras caras son un poema. Pero… ¿hemos dicho ya que el tiempo en Islandia es una locura? Pues estábamos a punto de verificarlo. En apenas un minuto y como por arte de magia, el pueblo de Grundarfjördur se revela ante nosotros totalmente despejado, manteniendo a raya ese temido banco de nubes que parece haberse quedado agarrado en la ladera de la montaña de la que procedemos. Nos recibe también el pueblo con muchos más coches y gente por las calles de lo que recordamos, confirmando así que la popularidad de Islandia ha subido exponencialmente en apenas dos años.

Y llegamos a Kirkjufell. Y no se nos podría haber ocurrido un mejor estreno para el viaje. Uno de nuestros lugares favoritos no solo de Islandia, si no de la suma de todos los destinos que hemos visitado, nos espera con una ausencia de nubes que no pudimos disfrutar en los dos días que pasamos frente a él durante nuestra experiencia anterior. No nos podemos librar del molesto viento y el sitio se ha visto alterado levemente con la instalación de cordones de seguridad, pero eso es lo de menos.

Nos encontramos el pequeño aparcamiento entre Kirkjufell y sus cataratas vecinas de Kirkjufellsfoss completo, por lo que debemos esperar varios minutos hasta que uno de los coches enciende sus luces y se marcha para dejar un hueco disponible. Tras conseguir aparcar, solo queda una cosa que hacer: disfrutar. Cargamos con las mochilas, nos preparamos para el viento y enfilamos el camino hasta el estratégico balcón por encima de las aguas de Kirkjufellsfoss. No hay palabras para describir el nivel de disfrute que supone para nosotros ver la picuda montaña y las cataratas en estas condiciones de visibilidad perfecta, teniendo en cuenta lo difícil que resultó hacerlo en nuestra visita anterior de hace dos años.


Siempre Kirkjufell


Contra pronóstico, el día nos acompaña

Hay algo de gente, pero por ahora mucho menos de la que temíamos. Cuesta hacer una fotografía sin alguien cruzando entre la montaña y nosotros, pero en todo momento hay espacio disponible para plantar el trípode y dar rienda suelta al obturador. Durante este trance, una pareja de turistas parece sacar algo de su mochila y… sí, es una estelada catalana. No voy a meterme en temas políticos -ni siquiera tengo una opinión plenamente formada al respecto-, pero que al llegar a un lugar así tu prioridad sea hacerte una foto reivindicativa me resulta… extraño.


Nunca nos cansaremos de este lugar


Complicado encontrar un instante sin gente cruzando


Las montañas frenando a las nubes tras nosotros

Pasaríamos horas simplemente de pie frente a Kirkjufell y sus cataratas, pero en algún momento hay que cambiar de posición. Lo hacemos primero para rodear parcialmente el pequeño lago que forman las aguas de Kirkjufellsfoss tras superar sus escalones. Desde aquí la silueta de la montaña cambia, no tan radicalmente como cuando regresas a Grundarfjördur pero sí jugando con la perspectiva para que su cima parezca más picuda si cabe. A las 15:00 completamos el rodeo que nos lleva de regreso a nuestro vehículo y nos despedimos de Kirkjufell, presumiblemente esta vez para más que dentro de otros dos años. Cumplida la misión de verla acompañada de cielos despejados, ya solo queda en el “debe” poder disfrutarla bajo un cielo nocturno plagado de auroras. Eso quizás requiera pasar la noche en esas cabañas situadas a su izquierda y que vimos un día navegando por Airbnb…


Cambiando un poco la perspectiva


Otro punto de vista hacia Kirkjufellsfoss

Nos alejamos de la zona pasando de nuevo por Grundarfjördur, con parada obligatoria tras la salida del pueblo para un último vistazo a nuestra montaña favorita ahora desde el ángulo que muchos consideran “el lado feo”. Nuestro próximo alto en el camino se encuentra al noreste de nuestra posición, pero el camino más directo obliga a conducir por una carretera 54 que todos los servicios de navegación y viajeros que nos han precedido desaconsejan debido a su estado. Por ese motivo nuestros próximos kilómetros nos llevan de nuevo hasta Bogarnes para desde allí volver a ascender, en una alternativa que pese a incrementar la distancia en 40km supone, según los cálculos de Google Maps, alcanzar prácticamente a la misma hora nuestro siguiente destino.


Un último vistazo antes de perderla de vista


Grundarfjördur y su montaña

Remontando el puerto de montaña en el que horas antes los cielos se abrieron, sufrimos de nuevo escuchando como nuestra Happy Ex 1 lo pasa francamente mal remontando fuertes pendientes. Con la llegada de las cuestas, la velocidad de 90 km/h empieza a bajar rápidamente hasta los 60 pese a mantener el pie pisando a fondo el acelerador. Es en estos instantes cuando ocurre algo que nos mantendría preocupados durante un buen rato: nos damos cuenta de que una luz del cuadro de mandos está encendida. Somos incapaces de recordar si lleva encendida desde que comenzamos a conducir o ha sido ahora cuando se ha iluminado.

La preocupación no mejora cuando, consultando por internet, concluimos que ese es el piloto de “alerta por malfuncionamiento del motor”. Recién salidos y con nueve días de carretera por delante, una alarma como esa es lo último que quieres encontrarte a las pocas horas de salir del garaje. Como nos encontramos en un lugar relativamente remoto, decidimos enviar por ahora un correo a Happy Campers y esperar a alcanzar Bogarnes para, desde allí y si no hemos recibido respuesta previamente, llamarles por teléfono para recibir ayuda inmediata. Esos kilómetros de regreso hasta la ciudad transcurren en un silencio dentro del vehículo que hace palpable que ambos estamos preocupados ante lo que se puede avecinar. Un cambio de vehículo, acudir un taller… todas ellas opciones que irremediablemente nos harían perder unas valiosísimas horas nada más empezar una agenda ya de por sí apretada.

Llegamos a Bogarnes y, ante la falta de respuesta por correo electrónico, llamamos al teléfono de atención. El empleado que nos atiende, que sospecho que es el mismo que nos presentó la camper unas horas antes, nos tranquiliza inmediatamente. Se trata de un malfuncionamiento del piloto del que son plenamente conscientes y no acarrea detrás ningún problema real con el vehículo. Se disculpa por no haberlo mencionado durante el trámite de entregarnos la furgoneta y reconoce que ir por el país con un coche con esa luz encendida no es lo ideal, pero insiste en que no hay nada de lo que preocuparse. Por la confianza previamente adquirida con la empresa decidimos creerle y no darle más vueltas al asunto, aliviados al saber que por lo menos hoy no habrá que cambiar de planes. Aprovechamos el paso por Bogarnes para realizar un primer repostaje en una gasolinera N1, en la que nos beneficiamos de un simbólico descuento de tres coronas islandesas por litro gracias a la tarjeta de fidelidad que acompaña a las llaves del coche.

Nos quedan tres horas por delante en las que, al iniciar de nuevo el ascenso hacia el norte, descartamos ya por completo la que iba a ser nuestra primera excursión del viaje antes de que decidiéramos hacer saltar por los aires nuestros planes y rodear toda la isla. La catarata de Glymur se encuentra al este de Bogarnes y su inmensa altura -la segunda más alta conocida en toda Islandia- bien merece dedicar unas horas para llegar lo más cerca posible de ella. Sin embargo nuestra nueva agenda rodeando todo el país hacía muy complicado encajar esta parada así que, pese a ser una de las cosas inéditas que no habíamos hecho dos años antes, decidimos descartarla en favor del resto de nuestra intenciones.

De nuevo Vedur, el sistema meteorológico islandés, acierta lo imposible cuadrando exactamente las horas y las zonas en las que encontramos lluvia y aquellas en las que el cielo se despeja. Pasamos de largo junto a los desvíos para la catarata de Glanni y los cráteres de Grábrok, viejos conocidos a los que consideramos que no merece la pena hacer una revisita. Superamos los desvíos que a mano izquierda nos llevarían a los fiordos del oeste, esa poco explorada península en la esquina superior izquierda del país y que promete menor afluencia de público y paisajes espectaculares -nos quedamos con ganas de ver la catarata de Dynjandi- a cambio de un largo recorrido por sus carreteras.

Cuando faltan 20 kilómetros para alcanzar nuestro destino, superamos la ubicación de uno de nuestros campings favoritos de cuántos visitamos en 2015. Desgraciadamente Ferdabjónustan Daeli ha pasado a ser un negocio exclusivamente de alquiler de cabañas, quedando totalmente descartado volver a pasar la noche en sus ya inexistentes terrenos para acampada ni volver a encontrarnos con el perro de los dueños que vigilaba los alrededores. Es aquí donde abandonamos el cómodo asfalto de la “Ring Road” para dirigirnos al norte a través de una carretera 711 sin asfaltar y llena de baches, pero que podemos superar a velocidades cercanas a los 60 km/h pese a la fama que tiene de impracticable entre muchos de los compañeros viajeros con los que hemos intercambiado impresiones. La cubertería tras nuestros asientos supone toda una orquesta cuando superamos baches y más baches, pero sin mayor contratiempo llegamos al parking de Hvitsérkur a las 18:45.

Nadie no islandés llama a este lugar Hvitsérkur. En su lugar, se le conoce como aquel animal al que cada uno considera que se parece el pequeño arco de piedra que emerge de las aguas a pocos metros de la orilla y motivo por el cual encontramos en el mirador en lo alto del acantilado a seis o siete personas. Algunos le llaman el perro, otros el mamut… nosotros pertenecemos a ese grupo que ha optado por llamarle El Elefante. Y ante él estamos, tras bajar con cautela por el rudimentario descenso embarrado que nace en el mirador y encontrándonos en la orilla apenas otras dos parejas haciendo lo mismo que nosotros: sentarse ante el arco y ver como las olas rompen contra él antes de seguir su curso hasta nosotros. Hay marea baja, pero no la suficiente para poder acercarse a pie hasta la mismísima piedra.


Cuando despertó, el elefante seguía ahí


La marea alta impide acercarse, pero otros podrían intentarlo


Las orillas de Hvítserkur, ahora desde el mirador

Con la larga hora que pasamos frente a Hvitsérkur termina nuestra primera etapa del viaje, satisfechos por haber podido hacer todo lo previsto y con un tiempo que ha sido benevolente en los momentos clave. Falta ahora el último y más pesado tramo de carretera del día, deshaciendo primero los 20 bacheados kilómetros de nuevo hacia el sur para retomar la carretera circular y seguir avanzando hacia el este. Son las 21:30 cuando alcanzamos nuestro primer camping del viaje, en este nuevo escenario en el que ya no está permitido acampar prácticamente en ningún sitio que no sean los campamentos especialmente habilitados para ello. Tenemos ciertos problemas para localizarlo ya que las coordenadas GPS que traemos de casa parecen no ser las correctas, pero finalmente damos con él un par de kilómetros antes de lo previsto. A razón de un total de 2700 coronas por dos personas podemos pasar la noche aparcados sobre una de las múltiples superficies de hierba afortunadamente resguardadas del fuerte viento por filas de altos árboles.

Es turno de disfrutar de nuestra primera cena ambulante, y nos espera una desagradable sorpresa cuando sacamos por primera vez nuestros víveres de la nevera. Pese a mantenerla todo el día configurada al mínimo de potencia (en modo “Enfríar” y no “Congelar”), todo lo que extraemos de ella está absolutamente solidificado. Los yogures, la leche… incluso el queso y la sobrasada están tan helados que es imposible cortar ni untar nada. Improvisamos con cosas que no era necesario mantener en frío y decidimos dejar la nevera apagada, ya que la ausencia de calor y el estado actual de las cosas deberían asegurar que nada se eche a perder en el corto plazo. No es lo ideal, pero cenamos.

Siendo la primera noche, esperábamos que la adaptación a este nuevo y más pequeño modelo de furgoneta fuera duro. Y así es. Cuesta acostumbrarse al reducido espacio disponible en el interior de la Ford Transit cuando desplegamos por primera vez la cama, la vestimos con el cubre colchón y las almohadas proporcionadas por Happy Campers y extendemos sobre ella los dos sacos de dormir de Decathlon que traemos de casa. Una vez instalados y con la calefacción afortunadamente funcionando a la perfección, es evidente que las dimensiones de la cama son muy inferiores a los de la Happy Ex 2. Estamos apretados pero con la esperanza de que con el paso del día nos acostumbremos a nuestro nuevo hogar dormimos por primera vez bajo el techo de nuestra furgoneta, un descanso que veníamos mereciendo tras las pocas horas de sueño de la noche anterior.
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Ver Etapa: Día 1: En Kirkjufell también sale el sol

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  Últimos comentarios al diario  Islandia 2017: volvemos a la tierra de hielo y fuego
Total comentarios 4  Visualizar todos los comentarios

Isla74  Isla74  12/10/2017 12:58   
Bueno bueno Muy feliz me quedo por aquí muy cerquita que Islandia es un destino de nuestra lista Guiño Fantástico comienzo de diario! y preciosas fotos!! Gracias por compartir Amistad Te estrello desde ya Guiño Un abrazo!

Lapilvi  Lapilvi  12/10/2017 19:48   
¡Magnífico comienzo de diario, Lou83! Ya me encantó el anterior, el de vuestra primera visita a Islandia, que leí con entusiasmo porque entonces estábamos preparando nuestro propio viaje a esa espectacular tierra. Y ahora estoy disfrutando de vuestro segundo periplo incluso más, porque cada párrafo que leo me hace brotar un recuerdo maravilloso. Nosotros también regresamos de allí con la certeza de que algún día volveríamos. ¿Qué tendrá esa isla que embruja de tal manera?

Por cierto, la narración buenísima y las fotos espectaculares. ¡Enhorabuena! Espero con ganas los siguientes episodios. Otras cinco estrellas para ti.

univad  univad  15/10/2017 08:59
Estaba esperando este nuevo diario, junto con el anterior de Islandia me vienen genial de cara a nuestro viaje. Detalladísimo y con unas fotos preciosas, como siempre. Sólo una corrección: Hvitserkur no es un elefante, por supuesto es un rinoceronte! Mr. Green Os dejo mis estrellas y me quedo por aquí leyendo!

lou83  lou83  15/10/2017 10:29   
¡Gracias por vuestros comentarios!

Bueno, a Hvitserkur se le dan muchos nombres, cada uno a gusto del consumidor xD

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Fecha: Lun Oct 02, 2017 10:27 pm    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Una semana entera en Reikiavik yo tampoco lo haría...la capital es de lo menos interesante que tiene el pais...con un día ya te sobra.

Quizás dar la vuelta a la isla con las pocas hora de sol, nieve etc que debe haber en Enero sea muy ajustado...pero si pienso que puede ser factible una ruta por el sur. Intenta no perderte Jökulsárlón
mirr
mirr
Travel Adict
Travel Adict
Ago 08, 2016
Mensajes: 31

Fecha: Lun Oct 02, 2017 10:47 pm    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

hola! Nosotros estuvimos 15 días haciendo ruta x la isla en junio, te doy mi opinión en cuanto a lo que vi. Como dicen la capital en un día tienes suficiente. Si bien es cierto, en enero hay muy poquitas horas de luz y quizá si que os salga más a cuenta contratar excursiones xa poder así, optimizar esas horas de sol y sacarle el máximo provecho. Por otra parte, pienso que dependiendo de los días tmb es factible alquilar un coche y hacer el sur hasta la laguna glaciar y diamond beach, pero ojo que ahora por ejemplo está cerrada y no se puede llegar hasta hofn. En cuanto a las excursiones...  Leer más ...
margi
margi
Super Expert
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Ene 25, 2011
Mensajes: 485

Fecha: Mar Oct 03, 2017 06:41 am    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Como te han dicho los demás, yo te sugeriría que alquiléis un coche y al menos hagáis un recorrido por la parte sur sur de la isla, sin saliros de la ring road. Ir a Islandia y quedaros en Reikiavik parece desperdiciar una buenísima ocasión.
Mehrunissa
Mehrunissa
Travel Adict
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Abr 17, 2014
Mensajes: 57

Fecha: Mar Oct 03, 2017 07:42 am    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

¡Ok, muchas gracias! Veo que todos coincidís en no quedarnos en la capital, así que a lo mejor lo replantearé como 3 ó 4 noches allí (con excursiones) y las demás hacer ruta por el sur. Mucha gente recomienda el norte pero veo que en invierno la carretera puede estar en peores condiciones, así que no nos arriesgaremos. Aunque sé que es una pena y que vamos a perdernos muchas cosas, tampoco quiero estar preocupada por las carreteras, sobre todo porque casi todo el rato será de noche.

Apunto las cuevas de hielo, ¿algún otro imprescindible más que sea poco conocido?
wanderlust
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Moderador de Zona
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Ago 23, 2011
Mensajes: 25051

Fecha: Mar Oct 03, 2017 01:03 pm    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Mehrunissa Escribio:
¡Buenas noches! Acabo de reservar viaje a Islandia para enero de 2018, y como nos da un poco de miedo conducir en esas fechas por si el tiempo es malo, hemos decidido quedarnos en Reikiavik toda la semana. ¿Qué excursiones nos recomendáis? ¿Hay algo para lo que sea mejor alquilar coche aunque sea un día? ¡Gracias!

Viajar a Islandia en Invierno
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