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Cancún-Riviera Maya. Grand Oasis Cancún-Grand Sirenis - Tanis16 - Travel Journeys of Mexico
Journey: Día 1: Llegada a Cancún. Hotel Grand Oasis Cancún  |
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Día 1: 30 de junio. Llegada a Cancún: Hotel Grand Oasis Cancún
El martes 30 teníamos nuestra salida desde Málaga, vía Madrid. Hasta Madrid, íbamos con Spanair y desde allí, con Air Europa hasta Cancún.
Ambos vuelos sin novedad. Pudimos facturar directamente las maletas y además, teníamos los asientos del Madrid-Cancún ya adjudicados.
El avión de Air Europa, sigue siendo un Boeing, con asientos en filas de 2-3-2 y sin pantallas individuales de video... No compré auriculares para ver las pelis, porque iba a ser imposible estar forzando la vista para ver esas pantallitas... Me puse mi mp3 e intenté dormir lo posible, que fue muy poco. El vuelo fue pesadito y más con las personas que, desde que salimos de Madrid, se tiraron tosiendo u estornudando todo el rato. Yo me decía que nunca en mi vida había ido en un avión con más gente resfriada e interiormente, me preguntaba si no cogería la gripe directamente en el vuelo...
Después de 10,30 horas de vuelo, aterrizamos sin novedad cuando ya había anochecido en Cancún.
En el aeropuerto, un poquito de caos con eso de la entrega de los papeles y visados, etc. Rellenamos un cuestionario sobre nuestra salud: "¿tiene tos persistente?", pensé que ninguno de los que se habían pasado el vuelo tosiendo, responderían que sí, ¡seguro!
Por fin la recogida de maletas y el paso de semáforos, lo teníamos verde; sin embargo, otro pasajero que iba delante, aún saliéndole verde, tuvo que hacer un aparte para abrir las maletas ya que por el scáner, vieron algo "sospechoso".
A la salida, chicos de otra mayorista, nos indicaron dónde estaban los de "Travelplán" y allí nos fuimos. Nos indicaron rápidamente la furgoneta que nos llevaría a nuestro hotel y con 6-8 personas más, nos fuimos.
Desde el aeropuerto hasta la zona hotelera de Cancún tardamos unos buenos 20 minutos, media hora. Por los mapas, se ve todo muy cercano, pero lo cierto es que hay un trecho. Llegamos por fin al Grand Oasis y nos fuimos para el check-in.
Yo había solicitado por mail una habitación twin en la pirámide central, que dicen que es una zona más tranquila, pero por un error, nos habían adjudicado una matrimonial, así que debieron encajarnos en uno de los edificios "Playa" frontales al mar, en 3.ª planta.

Vista parcial del hotel y piscina. A la derecha, el edificio donde estábamos alojados.
Cuando llegué a la habitación, vi que estaba bien en líneas generales, aunque con poco sitio para tener las maletas... El cuarto de baño necesitado de una renovación urgente, porque tanto la bañera como el inodoro estaban muy regulares (siendo generosos). La caja fuerte (de pago) resultó curiosa, porque nunca en mi vida conocí una tan obsoleta y rústica, pero cuando abrí las cortinas y vi entre la oscuridad de la noche el brillo de la espuma de las olas al romper allí mismo me dije que, a no ser que el aire acondicionado no funcionara, nos quedaríamos en esa habitación, total, serían sólo 4 días.


Habitación y curiosa caja fuerte (?)
En cuanto soltamos las maletas, nos fuimos a buscar el buffet, que está en la zona de la piscina y jardines. Como es habitual al llegar tan tarde, todo estaba un poco desastroso y con no demasiadas opciones que elegir. Aún así, comimos algo, algún dulcecito, y ya de regreso, a intentar dormir lo posible, que fue poco.
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Journey: Día 2: 1 de julio. Cancún. Día en el hotel.  |
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Día 2: 1 de julio. Cancún. Día en el hotel
A las 3-4 de la mañana, ya no podía dormir más. Lo único que intentaba era aguantar hasta el amanecer y poder ver por fin la playa y el mar con la luz del día.
Sobre las 6 ya había luz suficiente, y con mi cámara de video, me fui para la terraza a empezar a grabar las primeras imágenes. Una toma del oleaje, de la arena limpia..., le doy al botón de retroceso y mi JVC que no hace nada. Le doy al "rec" y sigue igual..., pruebo a abrir la carcasa para sacar la cinta y ¡no se abre!: La cámara se me estropeó en el minuto 2 de grabación.
Ni que decir tiene que me dio un cabreo tremendo, porque estoy acostumbrada a grabar mis viajes y sin eso..., como que no es igual. ¿Y ahora qué? Pues intentaría sustituir el video por las fotos, y poco más. No podía hacer nada.

Amanecer en la playa del Grand Oasis
Ese día lo íbamos a pasar íntegramente conociendo el hotel y sus posibilidades; sin ello, no terminas de saber dónde está cada cosa y al final, te pierdes algo. Así que bajamos a desayunar (buen buffet con salmón ahumado, dátiles, nueces, incluidas) y a ver toda la zona de piscinas y playa.

Restaurante "Ibiza", buffet.
Como ya me había informado antes, no fue novedad ver que efectivamente, la franja de playa es estrecha (aunque de unos 800 mts, de largo) y rocosa. Lo que antes era una maravillosa playa de arena blanca ha quedado bastante reducida, pero eso sí, la arena es de un blanco sublime y el agua de un azul que nunca antes he visto. Tenían razón todos los que decían que el mar de Cancún es de un azul extraordinario. Imposible de definir, hay que verlo directamente para darse cuenta, pero es un azul, azul-azul precioso.

Las olas rompiendo junto al hotel.
Bueno, el mar tenía tanto oleaje que no di una brazada en los cinco días. Ni loca. Se formaban unas pozas de agua en la orilla que permitían darse un gran remojón si preferías la playa a la piscina. La piscina se extiende también por toda la longitud del hotel y es enorme. Tiene zonas más tranquilas y otras donde la marcha empieza a media mañana y no se sabe cuándo termina... A las 7-8 de la tarde, aún te encuentras gente dentro del agua...
La sombra no es fácil de conseguir. No hay palapas y las hamacas bajo las palmeras se ocupan relativamente temprano... Si te tirabas allí bastantes horas, comenzabas a ver a parejas y familias con niños y después spring-breakers que comenzaban a alborotar, brincar, saltar y beber durante todo el día. Eso sí, cada uno a su aire y sin meterse con los demás (al menos, lo que yo vi).
El hotel tenía 4-5 restaurantes a la carta a la disposición más el buffet principal y el snack de las piscinas, así que la comida era abundante. La calidad del buffet era normal, mientras que los restaurantes a la carta, eran bastante buenos.
Podías almorzar en el Italiano, el de Mariscos o el Thai; y además, podías cenar en el Mexicano gourmet o en el Brasileño (que se añadían a los demás por la noche).
Nosotros almorzamos casi siempre a la carta, porque la comida era infinitamente superior. El italiano, estupendo: Sopas, pizzas, pasta, carnes, pescados...; el de pescado y mariscos, exquisito; el Gourmet mexicano mereció la pena (era el único que había que reservar con antelación, a las 7 de la mañana).
Esa mañana, después de dar una vuelta, buscamos el lugar de la reunión de Travelplán. Más de una hora que sirvió solamente para saber que a las 2 nos recogerían para irnos a nuestro siguiente destino y poco más. Pero no vino mal ir, de todas maneras íbamos a pasar el día "en reposo", así que no nos perdimos nada. Por supuesto, no contratamos absolutamente ninguna excusión, aunque sí hubo gente que lo hizo.
El resto del día lo pasamos yendo y viniendo, y cambiando 50 euros en el hotel, para tener dinero para el trayecto del día siguiente a Isla Mujeres. |
Journey: Día 3: 2 de julio. Isla Mujeres.  |
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Día 3: 2 de julio. Isla Mujeres.
Después del desayuno nos pusimos en marcha para Isla Mujeres. Sales del hotel, te recorres el inmenso jardín de entrada y llegas a la Avenida Kukulkán, que es donde se alinean todos los hoteles prácticamente. Allí, en el obelisco de los hoteles Oasis, esperamos que pasara un bus y en menos de 2 minutos, ya estábamos subidos. Le dijimos al conductor que nos parara en la zona donde se pudieran tomar los buses para los ferries Ultramar para Isla Mujeres. El bus no tenía aire acondicionado (la mayoría no lo tienen) y nos costó sólo 7,50 pesos por persona...

Vista del Grand Oasis Cancún
Nos paró en una calle con un montón de tráfico diciéndonos que de allí salían las van para el Puerto... y efectivamente, preguntamos y justo había una delante nuestro que iba para allí. Hicimos lo mismo: que nos parara en el puerto de los ferries de Ultramar.
Los ferries a Isla Mujeres se pueden tomar desde varios puntos, también desde la zona hotelera, pero esta última opción es más cara y más limitada en horarios, por eso preferimos ir al Gran Puerto.
El trayecto cuesta 35 pesos, es muy corto, y hacía un airecito impresionante en la cubierta superior.

Vista desde el ferry a Isla Mujeres
Cuando atracamos, cogimos un taxi a la salida del puerto y le indicamos que queríamos ir hasta Playa Lancheros (42 pesos), a ver los tiburones gato y a comer pescado "txinxich" en uno de los chiringuitos de por allí.
Por desgracia para nosotros, llegamos a la playa, pero estaba llena de algas secas en la orilla, y vivas en el agua.

Pisando todas las algas secas en Playa Lancheros
En el chiringuito no había nadie (8,30 de la mañana) y el hombre que cuidaba los tiburones no se había ni levantado, probablemente. Andamos un poco hasta una playa más limpia al lado y resultó ser la del hotel "Isla Mujeres Palace", de la conocida cadena de lujo, propietaria entre otros del Moon Palace, Xpu Ha Palace, etc... Le preguntamos al chico de las tumbonas, y claro, estaban reservadas para los del hotel, pero no sólo eso, sino que por el horizonte venían en varios yatecitos mogollón de huéspedes desde los otros hoteles de Cancún de la cadena, ya que aquella se consideraba su "club de playa". Le preguntamos al muchacho sobre el cuidador de los tiburones gato, y nos comentó que hasta las 11 o así no aparecía, pero que él creía que había uno de uno de los "corrales". Así que para allí nos acercamos a verlo desde arriba.

Tiburón-gato solitario
El tiburón sólo hacía dar vueltas y vueltas y la verdad es que, aún sabiendo que es inofensivo, no dejaba de ser un animal bastante grande y yo ni loca me hubiera metida sola en el gua con él (¿y si le daba por darme un bocado...?). Así que nos limitamos a hacerle fotos desde arriba y a sacarme una difícil perspectiva en la que salíamos ambos (el tiburón y yo).
En definitiva, la playa estaba desagradable, el dueño del tubirón durmiendo y el chiringuito cerrado. ¿Qué hacer? Pues no nos queda más remedio que irnos a otra playa.
Tomamos allí mismo un taxi y le decimos que nos lleve a Playa Norte, considerada en todas las guías como la más bonita de la isla (60 pesos). En un pis pas llegamos y nos acercamos a la primera zona de hamacas disponibles.
A esa hora está todo tranquilo y vacío. Esa playa sí que es bonita, poco profunda, con barcas ancladas y con todo el horizonte azul celeste del mar en calma... ¡vaya paisaje!
Así que le preguntamos al hamaquero que cuánto, y son 40 pesos por persona las 2 hamacas con su sombrilla. Le decimos que sólo vamos a estar hasta medio día, pero no hay rebaja: que el precio es por el día entero. Bueno, pues no importa. Pagamos y al agua rápido.

Playa Norte!!!
¡Qué maravilla! Para mí, ésta ha sido la mejor playa de cuantas he visto: por color, por poca profundidad y oleaje, por paisaje...
Al ratito nos pedimos un Coco al natural y aprovechamos las posibilidades fotográficas del momento.
Para mediodía decidimos levantar el campo, lo cierto es que cuando estoy fuera de casa tengo muchas veces la sensación de "estar perdiéndome algo" si no estoy en movimiento. Y tampoco necesitamos demasiadas horas de sol..., porque tengo sol todo el año, así que a esa hora decidimos irnos para el ferry, de manera que, como ya no íbamos a poder probar el pescadito de la isla, probarlo al menos en el hotel (que para eso estaba pagado).
En definitiva, que de nuevo en taxi hasta el muelle. "Está muy cerca, —nos dice el de las hamacas—, 10-15 minutos andando y ya está". Sí, pero... ¿con este calor...? No, no. Pago 20 pesos y listo.
A la vuelta, más de lo mismo, ferry al Gran Puerto y a esperar la van o el autobús en la entrada. En este punto estuvimos un poco incómodos, porque había 2-3 taxistas que se ofrecían a llevarnos a precios astronómicos, el sol caía de plano y la van que no pasaba. Encima, un lugareño con algún tequila de más, se empeñaba en contarnos y hablarnos lo bueno que él era y que sólo quería que lo lleváramos en taxi hasta el crucero. Después de hacernos los sordos un buen rato, le contesto que si para una van, nosotros le pagamos el billete. Así conseguimos que se callara por fin.
Llegó la van y nos subimos los tres. El lugareño nos la sacó hasta por menos de lo que hubiéramos pagado nosotros, y pagamos por los 3, 25 pesos, hasta el centro de Cancún. Desde allí, de nuevo al bus de la Zona Hotelera y por fin a nuestro hotelito.
Intentamos no almorzar en el buffet, así que descubrimos el restaurante de pescado y marisco "Cocoa Fish Grill" y después de esperar unos 10 minutos por una mesa (eran pasadas las 2), nos sentamos por fin con una espectaculares vistas del mar rompiendo abajo a comer unos deliciosos platillos de pescado y marisco.

Camarones
Por la noche, repetimos restaurante, porque en los otros había colas de más de media hora, además, el menú para cenas es distinto al igual que el salón: de día es al aire libre y por la noche es en una zona cerrada, con aire acondicionado y con muy buen aspecto. Aquí os pongo una fotito de otro de los platos:
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Journey: Días 4 y 5: Cancún: Cancún: Hard Rock & Coco Bongo & Planet Hollywood & más.  |
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Días 4 y 5: Cancún. Hard Rock & Coco Bongo & Planet Hollywood & más
Los días 3 y 4 de julio los dedicamos a vagar un poco por la zona comercial de Cancún. Yo había sopesado la posibilidad de comprarme una cámara de video que sustituyera la mía averiada y, preguntando en conserjería, me indicaron que el lugar donde encontrarla más asequible sería tal vez el centro comercial Walmart.
Así que después de desayunar, tomamos el autobús que lo marcaba: Zona Hotelera-Walmart-Mercado 28. Como es habitual, le pedimos al conductor que nos avisara y así lo hizo. Bajamos y nos dirijimos directos a la sección de videocámaras, pero..., ¡decepción!, demasiado caras.
Fuimos tontos y no investigamos sobre productos alimenticios, etc. que hubiera sido divertido y lo que sí hicimos fue conectarnos en un pequeño Ciber que había allí mismo y mandar unos mensajitos a la familia.
De ahí nos metimos en el Mercado 28, cogiendo otro bus. La verdad es que lo encontramos porque seguimos a las 3-4 personas que se bajaron a la vez, porque te dejan un poco lejos. Al principio, daba algo de corte, porque había poco movimiento, y todo el mundo te quería vender.
Allí compré unas muñequitas (típicas de Chiapas, me dijeron) y un par de camisetas de niño, también un sombrero para mí... Lo cierto es que creí que me habían tratado bien en el precio, y nada más volver la esquina vi que, al menos en las camisetas, me habían tomado el pelo. Otro de los puestecitos ofrecía 4 camisetas blancas por 100 pesos..., también las compré, pero de tallas mayores.
En el Mercado 28 es donde he comprado los collares más bonitos y baratos de todo el viaje: a 100 pesos unidad (unos 5,50 euros), de turquesa, ojo de tigre, etc., que he visto en otros lugares (sobre todo en Playa del Carmen) a casi 200 pesos. Así que la lección que me traje fue que antes de nada, debía mirar bastante por todos lados (y mira que tengo experiencia en estos temas, pero ¡nada! ¡siempre te toma el pelo alguien!)
Después, de vuelta al bus, paramos en otros centros comerciales (todos de la zona hotelera) para hacernos unas fotillos rápidas, pero decidimos volver, con más dedicación y más pesos, al día siguiente.

Starbucks y uno de los hoteles Riu
Al día siguiente, 4 de julio, comenzamos por cambiar dinero en el Santander situado cerca del Centro Comercial Plaza Caracol y los hoteles Riu. Muy buen cambio y no necesitas pasaporte, como en otros bancos, basta con el DNI.

Autobús pasando por Plaza Caracol
Desde allí, bus arriba y abajo, llegamos al Centro Comercial La Isla. Es de los que más me ha gustado. Primero, porque tiene delante uno de los hoteles Westin, con espectacular color y arquitectura y al otro lado, el carísimo hotel Aqua: impresionantes.

La Isla y el hotel Aqua

Logo del Planet Hollywood y el hotel Westin.
Entré en "Liverpool", una de las tiendas libres de impuestos del centro comercial, y me compré una crema Clinique super barata (me ha salido a menos de 30 euros, cuando su precio es más de 40 aquí). De ahí estuvimos repasando y a través de la tienda del Acuario, coincidimos con el Show de los Delfines:

Delfin saltando
De nuevo al bus y a bajarnos para ver todo lo demás: Coco Bongo, Hard Rock Cafe, Dady Rock, ¡la bomba!!

Coco Bongo el 4 de julio

Dady Rock

Hard Rock Café

Nos faltaron aún así varios centro comerciales como el Forum by the Sea, o haber probado algo de Bubba Gump (al que conocíamos de Nueva York), pero... una próxima vez será...
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Journey: Día 6: 5 julio. Cancún: recapitulación y llegada a Riviera Maya.  |
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Día 6: 5 julio. Cancún: recapitulación y llegada a Riviera Maya.
Éste era nuestro último día en Cancún, venían por nosotros a las 2 del mediodía y a las 12, como es normal, debíamos dejar la habitación.
Antes de desayunar a las 7, nos bajamos a la playa para darle un "último adiós". Aunque apenas la habíamos disfrutado sí habíamos pasado ratos muy divertidos observando todo el mogollón de gente durante las tardes. A esas horas, recomiendo ponerse en una de las hamacas que se situán en la pendiente de arena y justo a la sombra del edificio. Ahí estás fresquito, bajas a refrescarte a la "poza" cuando quieres y ves todo lo que pasa.

Despedida de nuestra playa
Paseamos hasta la playa del Gran Meliá, que es igual de mala y escasa que la nuestra (la inmensa mayoría de las de esa franja de Cancún son así) y hacemos unas fotos del que es uno de mis hoteles favoritos (a priori) y en el que espero estar algún día. Tiene una piscina de dimensiones similares a la del Gran Oasis, pero imagino que un poco menos abarrotada y con otro tipo de huéspedes (no en vano, cuesta el doble o más, que el Oasis).

Playa y hotel Gran Meliá Cancún.
Regresamos, pasando al lado del Fiesta Americana Condesa, por algunas zonas en las que el mar directamente te llega a mojar, porque las olas rompen directamente en los muros del hotel.

Playa del hotel Fiesta Americana Condesa, en el camino de vuelta.
Después del desayuno subí por la escalera exterior de la pirámide, para hacer las panorámicas del hotel y de la playa. Justo en ese momento caí en la cuenta de que la cámara de fotos tiene opción de grabar video, así que me atreví a intentarlo (y al final, me ha salido bien).

Piscina a primera hora de la mañana.
Para las 12, ya estábamos haciendo el check out. Nos dejaron la pulserita puesta, hasta poco antes de que nos fuéramos, para que pudiéramos almorzar, etc., pero como no queríamos dejar las maletas descuidadas, nos dirijimos directamente al VIP lounge (sólo para los clientes del Grand Oasis) y allí nos sentamos, en uno de los sitios más frescos del hotel.
Al rato, me acerqué a la zona de piscinas, para al menos, coger un par de hamburguesas con patatas que me llevé para dentro y tomárnoslas con una cerveza.
La mayoría de los piscineros se limitan a comer en el snack bar, pero para nosotros fue la primera vez: me gusta más el buffet, aunque sea para una ensalada.
Por fin, soltamos las "pulseritas" y llegó el encargado de Travelplán, para llevarnos a nuestro nuevo destino: El Sirenis, en la Riviera Maya.
Pero ahora llega el momento de hacer un alto y recapitular algo de lo que me ha parecido Cancún y el hotel.
Mucho había leido en las guías (sobre todo la del Trotamundos), en las que se despreciaba Cancún, llamándolo el Torremolinos o el Benidorm mexicano. Bueno, pues a mí me ha gustado, es más, me ha encantado. Ya quisiéramos los malagueños, tener "éste" Torremolinos (sin quitarle gracia al nuestro, que la tiene, por supuesto). La franja de playa y los colores del mar son espectaculares. La arquitectura de los hoteles y centros comerciales, impresionante. La variedad de ofertas para divertirte, comprar, comer, hacer excursiones es casi ilimitada...
Para mí era una gozada subir al autobús, tras esperar 2 minutos o menos, y empezar a ver los hoteles alineados: distintos, originales, con enormes zonas ajardinadas delante... y empezar a situar cada uno en su sitio, después de haberlos visto decenas de veces en los catálogos... En definitiva, que si se está en un hotel con mejor playa, y ya has visto la zona de la Riviera, yo me quedaría con Cancún, entre otras cosas, porque me aburre estar todo el día en la tumbona y me gusta mezclar el descanso con las compritas (o al menos, con la posibilidad de hacerlas). Cancún tiene además un punto a su favor, y es su cercanía con Isla Mujeres, donde tienes playas tan bonitas y tranquilas como las de la zona de la Riviera. En definitiva, me han quedado cosas que hacer y ganas de volver una próxima vez.

Tarifa taxis
Al respecto del hotel, lo elegí sabiendo los riesgos que corría, porque después de ojear las críticas en Tripadvisor te pones sobre aviso. Me imaginaba que la habitación podía estar mal, que el aire no funcionara, que algo pasara en el baño...; en definitiva, iba pensando que probablemente habría que cambiar de habitación o tendríamos problemas: no ha sido así (si hubiera estado más días, sí habría pedido un cambio). Es lo que yo llamo un hotel "de supervivencia". Lo elegí por el precio y ya sabía lo que me iba a encontrar, ya que de ninguna manera hubiera podido pasar los mismos días en otro hotel más caro. Se me salía del presupuesto.
Ciertamente, el hotel necesita una reforma en los baños urgente..., también tener más toallas, geles, etc. (que están un poco racionados). Igualmente, le perjudica todo el mogollón de la zona Oasis (y hasta lo marchosos que son algunos, que volvían a las tantas, formando escándalo). Si las habitaciones estuvieran bien conservadas, diría que sería un muy buen hotel de 4* por menos de 60 euros/persona. Los restaurantes a la carta son muy buenos, incluso superiores en presentación y platos a los del Grand Sirenis; la piscina es enorme y preciosa, las zonas comunes están bien. Sólo tiene ese fallo en las habitaciones (supongo que las habrá mejores, y también peores).
Respecto a la playa..., es una lástima que casi no te puedas meter y que haya poca franja de arena. Pero les pasa lo mismo a todos los hoteles alineados en esa zona. Es decir, te vas al Gran Meliá, y tampoco te puedes meter ni tienes playa. Respecto a eso no pueden hacer nada.
El trato recibido por el personal ha sido muy bueno. Cuando precisaba algo para la habitación, dejaba una nota bien visible y punto. También tienen servicio de habitaciones, que usamos alguna vez, y sin problemas ni demoras. En definitiva. ¿volvería a este hotel? Pues si el precio me compensara, sí. Aunque actualmente elegiría otro de la misma cadena, pero en otra zona de playa deCancún.
Pero volvemos a nuestro traslado al Sirenis: un poco más de una hora de camino, que se me hizo algo largo. El conductor hablando y hablando por todo el trayecto, el descarado cartelito diciéndote que te agradecerá una propina y además, él mismo diciéndote que cobran sólo no sé cuánto al día. Total, que al final, nos da "cosa" y le damos 5 euros. ¡Ole! Pero bueno, me digo, como no hemos hecho ni haremos ninguna excursión con ellos, es lo único que van a ver.

Carretera
Llegamos al Sirenis, con una entrada más modesta que los Barceló o los Bahía Príncipe y entramos en la urbanización (10 minutos a pie, si quieres salir a la carretera por tu cuenta).
Digo que tengo la tarjeta VIP (porque habíamos estado ya en otro Sirenis antes) y me dan la pulserita color bronce dorado. ¿La habitación? La había pedido en 3.ª planta de los bloques 19, 18 ó 10..., por orden de preferencia. Pues nos ha tocado en el 10, mi última opción ¡vaya!
Pero vamos en el trenecito super contentos, el hotel está al 30% y por eso, toda el ala "Sirenis Mayan Beach" está cerrada, incluyendo la heladería (¡fiasco total!!, pensaba haberme pasado horas allí todos los días...). Por lo demás, ¡qué bien que vamos a tener hamacas y palapas y playa, sin bullas!!
Entramos finalmente a la room 1024 y... ¡qué diferencia! ¡Qué grande! ¡Qué camas! ¡Qué espacio para poner las maletas! Vamos al baño (que me lo conocía de memoria por otras fotos): ¡Qué maravilla! ¡Qué montón de cositas! ¡El albornoz y las zapatillas! ¡Ah, qué bien vamos a estar aquí!!

Vista exterior

Habitación

Albornoz

Amenities

Minibar
Y sí, lo cierto es que la habitación es una pasada.
Bueno, comenzamos a colocar todo por fin en los armarios (en Cancún casi no había sacado nada de las maletas) y al rato, decidimos bajar e ir a preguntar algunas cosas al lobby.
En este hotel, como en otros, cada edificio tiene sus propios "Concierge", de manera que cualquier reserva para restaurantes, preguntas generales, etc. se las tienes que hacer a ellos. Es muy práctico, pero a la vez, termina siendo pesado, porque tus salidas y entradas están totalmente "controladas" y cada vez que tropiezas con uno distinto, te caen las mismas preguntas: "¿y qué les está pareciendo México?" "¿Y es la primera vez que vienen?" "¿Cómo, que son hermanos?, pues es la primera vez que conozco este caso."
Te hacen tal "marcaje" que cuando bajábamos a cenar y volvíamos, teníamos las camas rehechas y unos bomboncitos colocados, justo aprovechando el momento en el que sabían que el terreno estaba libre. O a veces decíamos: "Aquí ha estado alguien". ¿Porqué? Porque nos lo dejaban todo oscurito, las cortinas cerradas y nosotros siempre lo teníamos al contrario.
Pero bueno, los empleados de las habitaciones, en nuestro caso, Daisy, un encanto y sin un fallo: siempre teníamos la habitación lista super temprano (porque, no lo dudo, éramos los primeros en salir de la planta) y atendía lo que le pedíamos.
Como decía, bajamos y nos explicaron cómo ir al lobby, pero la explicación fue tan inexacta, que fuimos justo al lado contrario, a la zona del restaurante "El Rancho" que es al lado de la piscina. Preguntamos allí a uno de los camareros y no sólo nos llevó al lobby, sino que nos dijo que esa noche podíamos cenar, si queríamos, en el restaurante a la carta donde estaba él, que era el de cocina Cajun-Creole (vamos, de la zona del Mississippi). Pues le hicimos caso y fue una de las mejores cena del Sirenis.
Puedes elegir un plato de cada sección: entradas, sopas, plato fuerte y postre. Lo único que recuerdo fue que en el buffet de entradas había unos camarones empanados en coco (similares a los que me comí en el hotel de Cancún) y otras rarezas exquisitas. Y que después nos pusieron un filetón sabrosísimo.

Foto platillo restaurante Cajún
En esta estancia de 14 noches hemos probado el máximo de restaurantes, para sacar en claro a mi entender, los que no merecen la pena: el mexicano (malo, definitivamente) y el japonés, curioso, pero nada más (pasas un calor horrible y además la cena se hizo eterna). Muy buenos: cajún, francés (con coste adicional, pero que nos entraba al tener la tarjeta Sirenis Vip), mediterráneo e italiano. Regular: el brasileño.
Después de la cena, a dormir; para no dar oportunidades a los mosquitos (en Cancún sólo tuve 2 "piquetes" el último día). |
| TRAVELOGUES SOURVEY |
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mariafc 28/07/2009 23:50:17
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| Holaaa me esta encantando tu diario!! Jo es genial de verdad solo de leerlo me esta dando una envidiaaa jeej mas vale que a finales de agosto voy yo para alli. Te importaria darme tu correo (o si prefieres te doy yo el mio) esque yo tambien voy al Oasis Cancun y asi te pregunto cositas sobre el hotel e instalaciones :) 1 besitooo |
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mariazgz 13/08/2009 08:01:04
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| me esta encantando tu diario, a ver cuando puedes seguir para terminarlo que tengo curiosidad, una pena lo de playa paraiso, porque para mi fue la mas bonita que vi en mi viaje, que pena..... |
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CARIBEÑA 15/09/2009 19:57:10
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| Muy bonito el Diario, pero una cosita porqué no te puedes bañar en Cancùn, en esa fraja de hoteles que además son muy conocidos, por que digo yo que tendrán playa ¿no?. Saludos. |
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