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DE CAMARA DE LOBOS A CALHETA, Y LEVADA NOVA -Diarios de Viajes de Portugal- Espitoni
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Diario: 6 DÍAS DE ENERO DE 2012 POR MADEIRA  -  Localización:  Portugal  Portugal
Descripción: 6 DÍAS DE ENERO DE 2012 POR MADEIRA
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Etapa:  DE CAMARA DE LOBOS A CALHETA, Y LEVADA NOVA  -  Localización:  Portugal Portugal
Espitoni  Autor:    Fecha creación:   
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Por desgracia, no hay vuelos directos a Maderia desde Palma. No nos quedó más remedio que hacer escala en Lisboa. El vuelo Palma - Lisboa lo hicimos con Air Berlín (80 € por persona ida y vuelta). Salimos puntuales a las 14:50 y llegamos 15 minutos antes de la hora prevista, a las 15:20. Una hora y media de vuelo. ¡Que no cuadra! Ya lo sé. ¿Y la hora de diferencia horaria, qué?. A que ahora ya salen las cuentas.
Nada más recoger la maleta salimos a buscar el vuelo para Madeira en los paneles indicativos. Nos quedamos pasmados, teníamos que cambiar de terminal. Nuestro vuelo salía de la terminal 2. ¿Y ahora qué? La cosa tampoco fue tan grave. Unos letreros salvadores nos indicaron el camino hacia el bus que une ambas terminales. Estaba fuera de la terminal (¡claro, sólo faltaba que el bus se metiese en el edificio de la terminal!). Junto a la puerta de entrada a la zona de “salidas”. El autobús es gratuito, sale cada 10 minutos, y en 5 minutos se planta en la terminal 2, que por cierto, parece de juguete, es pequeñísima.
De Lisboa a Madeira volamos con Easyjet (66 € por persona ida y vuelta). Salimos a las 17:50 y una hora y media después ya estábamos en Madeira. Ya era noche cerrada, lo que nos privó de la primera atracción de Madeira. Su aeropuerto. Ese que está construido sobre el mar. Aterrizar en una pista como esa debe de ser todo un espectáculo. ¡Otra vez será!
Habíamos alquilado un coche con Sixt a través de Rental Car Group. 175 € por siete días de alquiler. Nos dieron un Wolgswagen Polo bastante nuevo. El hombre del rent a car, que chapurreaba español, nos explicó a su manera como llegar al parking. Un lío. Sólo entendimos que teníamos que subir con el ascensor que teníamos enfrente. Al final todo resultó muy sencillo. Simplemente nos dejamos llevar y acabamos en el parking de las agencias de alquiler.
Instalamos el GPS y ….. Mal empezamos, el cacharro no pillaba la señal. Aquello sólo fue un anticipo. Durante todo el viaje el GPS fue a su bola. Para los que uséis chismes de estos, el navegador era un TomTom, con un mapa de Iberia versión 8.65. Los cálculos de ruta fueron nefastos y en varias ocasiones pretendió que bajásemos con el coche por unas escaleras. Sin contar las veces que nos hizo dar vueltas absurdas o que se hizo un taco con la ruta a seguir y nos metió en calles sin salida. En resumen, no hace falta que busquéis un mapa muy actualizado (sobre todo si tenéis que pagarlo). Cualquier versión que tengáis os hará el mismo servicio.
Como el trasto no respondía, nos pusimos en marcha a ciegas. Aquello era una isla. Y no muy grande. Encontrar la carretera de Funchal no debería ser muy difícil. Y así fue. Casi sin darnos cuenta estábamos en la autovía en dirección a la capital. Si nosotros fuimos capaces de encontrar el camino a la primera, quiere decir que es muy, pero que muy sencillo. No os podéis ni imaginar lo torpes que somos para estas cosas. Somos capaces de perdernos con un GPS.
Por fin el GPS reaccionó. ¡Salvados! Con su ayuda resultó muy sencillo encontrar el hotel. Teníamos reservadas siete noches en el Hotel Escola. En teoría estaba en Funchal. Pero a la hora de la verdad estaba más cerca de Cámara de Lobos que de Funchal. El precio fue de 34 € por noche con desayuno incluido. Ah!, y con parking junto a la entrada. Muy cómodo.
La recepcionista, que hablaba español, fue muy simpática. Nos explicó varias cosas y nos dio las llaves de nuestra habitación, la 305. Una habitación bastante amplía limpia, con un baño grande y en perfecto estado. Y sobre todo con unas agradables vistas al mar. Muy buena relación calidad – precio. Un hotel muy recomendable.
Decidimos ir a cenar al centro de Funchal. ¡Qué originales!. Menos mal que teníamos coche. El hotel, en el centro de Funchal, lo que se dice en el centro, no estaba. En coche fueron diez minutos, pero andando hubiera sido una eternidad.
Nada más llegar al centro ya descubrimos dos de las peculiaridades de Funchal. La primera es que el parking no es que abunde precisamente. Y la segunda es que por la noche no hay mucha vida.
Dimos varias vueltas buscando un lugar donde aparcar. Pero no hubo manera de encontrarlo. Tuvimos que recurrir al plan B, ese que nunca falla. Dejar el coche en un parking de pago. No es la opción más barata, pero si la mas sencilla. Dejamos el coche en el parking de un centro comercial, “Amadia”, muy cerca del Mercado de los Labradores.
No nos complicamos mucho la vida, y nos metimos en el primer restaurante que vimos, el “Almirante”. Cenamos una espetada de carne, una espasa grillada, un bolo do caco y un agua. En total 31 euros. Raciones abundantes y bien acompañadas con su guarnición (una bandeja de patatas fritas y otra de verduras). Una cena deliciosa y a un precio razonable.
Salimos del restaurante a las diez. No quedaba nadie en la calle. Nos moríamos de ganas de dar nuestro primer paseo por Funchal. Pero ante un panorama tan desolador tuvimos que desistir.
Volvimos al hotel por la Estrada Monumental. Nos pareció la típica calle que hay en todas las poblaciones turísticas de playa. Hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos. Y más hoteles, más restaurantes y más tiendas. Eso sí, no se veía a casi nadie en las terrazas. Y ya no digo paseando.
A pesar de todo, la ciudad nos pareció agradable. Con una tenue iluminación de color amarillento que le daba un gran un encanto. No pudimos dar nuestro primer paseo, pero al menos tuvimos nuestro primer contacto con la ciudad.
Al día siguiente nos queríamos levantar a las 9. Si, ya sé que es un poco tarde. Pero estábamos de vacaciones. Y además, nos levantamos a la hora que nos da la gana. ¡Faltaría más!. Por desgracia cometimos un error de principiantes. No tuvimos en cuenta la diferencia horaria y programamos el despertador como si estuviéramos en España. Por eso sonó a las 9 hora española, las 8 en Portugal.
El desayuno volvió a sorprendernos. No se trataba del típico bufet. Nos hicieron sentar en la única mesa que estaba montada con los cubiertos. E inmediatamente nos sirvieron un plato con varios trozos de fruta pelada, piña, naranja, kiwi y papaya. También nos trajeron una bandeja con pan y un plato con mantequilla y mermelada. Cuando terminamos con la frutas nos trajeron un plato con fiambres y queso. Todo acompañado de zumo de naranja, café y té. Para acabar nos ofrecieron huevos, pero ya habíamos comido suficiente por lo que los rechazamos. Un desayuno peculiar y sobre todo excepcional. Además de nosotros sólo había otra mesa ocupada.
Nuestro primer día en la isla decidimos emplearlo en conocer la costa sur. Salimos en dirección a Cámara de Lobos. Utilizamos la carretera vieja; nada de via express. No teníamos prisa, y queríamos disfrutar de las bonitas panorámicas que esa carretera ofrece sobre la costa, a pesar de que ello significara avanzar más despacio.
Había leído hasta la saciedad que esas carreteras eran terribles. Muy bonitas, pero muy malas. Después de haber circulado varios días por ellas, tengo que decir que si y que no. Si, son muy bonitas. Y no, no son tan malas- El firme está en buen estado, y por lo general tienen una anchura correcta, que permite que dos coches se crucen cómodamente. Lo que no puedo negar es que están llenas de curvas, y que las pendientes son terroríficas; lo que obliga a circular muy despacio. Los desniveles son tan exagerados que hay que subirlos en segunda. Y con tanta curva tampoco se puede bajar muy deprisa. Aún así, las maravillosas vistas que se disfrutan durante todo el recorrido compensan sobradamente de las incomodidades de la carretera.
Llegamos a Cámara de Lobos en diez minutos. Justo enfrente del puerto había una zona de aparcamiento. Era zona azul, pero al ser domingo no estaba operativa. Unos eurillos que nos ahorramos.
Dimos una vuelta por el pueblo. Empezamos por el puerto. Pequeñito. Con unas cuantas barcas de colores muy vivos con predominio del azul. Y dos grupos de hombres jugando a las cartas. Bueno, jugaban cuatro, el resto los rodeaban y miraban la partida con mucho interés. Como si se tratase de las series finales del campeonato del mundo. Después recorrimos el espigón de hormigón hasta el final. Tampoco os creáis, son unos pocos metros. A la vuelta disfrutamos de la que a nuestro gusto es la imagen más bonita de Cámara de Lobos. Delante la playa con unas pocas barcas. Detrás el pueblo con las casas que van subiendo por la ladera de la montaña. Y más arriba las plataneras sembradas sobre el acantilado. Muy chulo. Subimos por unas escaleras y llegamos a una especie de paseo marítimo, desde el que se tienen unas vistas fantásticas del Cabo Girao. Creo que es el punto desde el que se disfrutan de unas mejores vistas del Cabo.
El paseo acaba en una plaza de estilo moderno que contrasta con el resto del pueblo. Justo detrás esta la Iglesia matriz. La típica iglesia que luego vimos en todos los pueblos. Fachada blanca muy sencilla con una sola torre cuadrada. En ese momento estaban celebrando una misa. No quisimos molestar, por lo que nos limitamos a echar un vistazo desde la puerta. Una cosa que nos sorprendió fue que todavía no habían retirado la decoración navideña.
Dimos una vuelta por las calles de los alrededores. Nos limitamos a lo que vendría a ser el barrio marinero, sin subir a las calles de la parte alta del pueblo. No parecían tener nada interesante. Aunque el motivo principal para no ir a verlas fueron las cuestas. Hay que echarle mucho valor para atreverse con esas cuestas.
El pueblo resultó agradable, pero no nos llegó a enamorar. Esa fue la tónica general en todos los pueblos que visitamos. Y es que todos se parecen. Una foto de una calle elegida al azar podría ser de cualquier pueblo.
De todas formas Cámara de Lobos es de los más interesantes. Quizás al ser el primero que visitamos nos dejó mejor impresión. Lo recordamos como un pueblo con un cierto ambiente marinero. Como un pueblo que se había quedado anclado en el tiempo. Sin duda lo mejor es la imagen de las casas rodeadas de plataneras escalando los acantilados.
Volvimos al coche y salimos en dirección a Cabo Girado. De nuevo por la carretera vieja. Las cuestas para subir hasta allí arriba son tremendas. En mi vida había visto una carretera con una pendiente como esa. Me daba miedo pararme. Estoy convencido de que si nos llegamos a parar, el coche se hubiera ido para atrás. Con aquella pendiente ni freno de mano ni naaaa. Subimos de un tirón sin poder pasar de segunda. En ese momento pensé. “Seis días así. Este coche no aguanta, lo reventamos seguro”. Menos mal que me equivoqué. El coche cumplió como un jabato. Pudo con todas las cuestas y no se quejó ni una sola vez.
Un poco antes de llegar arriba hay un funicular que permite bajar casi en vertical por el acantilado hasta la orilla. No dudo de que las vistas sean magníficas. ¿Pero y el mal rato que se pasa colgado allí dentro?. Estar colgado de un cable a no sé cuentos metros de altura acojona al más pintado. Y lo peor es que cuando estás abajo tienes que volver a subir, todavía te queda otro viaje. Noooooo. A mi no me pilláis. ¡Invento del demonio!.
Por si a alguno no le ha quedado claro, no nos paramos, pasamos de largo. Al poco rato llegábamos al mirador. Está indicado y además hay un parking. Ante tanta evidencia no tardamos mucho en darnos cuenta que aquel era nuestro próximo destino.
El mirador está a unos 100 metros del aparcamiento. Lo primero que se hace al llegar a un sitio como este es mirar hacia abajo. Es como un ritual que todo el mundo está obligado a cumplir. Y si no os lo creéis sólo tenéis que sentaros un rato y observar a los turistas que vayan llegando. Todos cumplirán con el ritual. Nosotros somos unos guiris de manual, así que cumplimos con nuestra obligación; asomarnos al acantilado. Y sí, es alto. En teoría el segundo más alto de Europa, 580 metros. No llevábamos el metro, pero así, a ojo, yo diría que le falta un palmo para los 580 metros.
La verdad es que la altura impresiona. Pero lo que más llama la atención es que no cae directamente sobre el mar, sino sobre una faja, algo así como una pequeña franja de tierra dividida en parcelas de forma alargada. Y más curioso todavía, las parcelas estaban sembradas. ¿Pero a quién se le ocurre ir a sembrar algo allá abajo?.
Las vistas desde el mirador a mano derecha, no resultan muy espectaculares. Hacia el lado izquierdo si que resultan más atractivas. Se ven los acantilados, y alguna faja. Destacaría dos cosas. La primera es que la costa está urbanizada más allá de lo que sería deseable. Está totalmente construida. Sólo les falta meter casas colgando en las paredes de los acantilados. La segunda es que aprovechan cualquier espacio que queda sin construir para sembrar. ¿Y que tiene eso de curioso?. Pues que algunas parcelas están trabajadas hasta el borde del precipicio. Por decirlo de otra manera, las coles se asoman al acantilado y pueden saludar a sus primas las lechugas que están sembradas en las fajas que hay abajo.
Seguimos nuestro camino. Nuestro próximo destino era Ribeira Brava. Antes habíamos subido, así que ahora tocaba bajar. El descenso fue menos pronunciado. Las vistas sobre la costa eran muy bonitas. Al menos eso me dijo me mujer. Yo iba conduciendo y con tanta curva, no podía dejar de mirar la carretera. Me estaba perdiendo el paisaje. ¡Y eso si que no!. En cuanto vi un hueco me paré. La carretera está salpicada de de unos mini aparcamientos para un coche, máximo dos, donde es posible detenerse y disfrutar de las vistas. Algo así como pequeños miradores.
Pues si, le tuve que dar la razón a mi mujer. Las vistas eran fantásticas. Los acantilados y el mar son una combinación fantástica que nunca defrauda. Para nuestro gusto sobraban unas cuantas casas. Pero que se le va a hacer, nadie es perfecto.
Seguimos bajando, y un poco antes de llegar a Ribeira Brava, vimos indicado un mirador. Volantazo y a ver que era aquello. A los pocos metros pudimos disfrutar de unas encantadoras vistas sobre un nuevo tramo de la costa, con Ribeira Brava a nuestros pies. Muy bonito.
Sin más paradas por fin conseguimos llegar a Ribeira Brava. Aparcamos junto al puerto, y nos sentamos en la terraza del Bar Londres a descansar. ¡Qué dura es la vida del turista!. Nos tomamos una coca cola y un cortado, por los que tuvimos que pagar la friolera de 1’70 €. Por lo general todo resulta más barato que en España.
Enfrente estaba la playa. De piedras negras. Empezamos el recorrido por ese lugar. Yo a eso no lo llamaría playa, pero ……… No hacía tiempo de baños, pero aunque hubiera hecho calor, no creo que nos hubiésemos bañado allí. No eran piedrecitas, sino pedruscos. Parecían de lo más incómodo.
Después dimos una vuelta por las calles de la parte baja del pueblo. Lo único interesante fue la Iglesia Matriz. Una de las más bonitas que vimos en toda la isla. Nos gustó. Tanto la fachada, un poco más trabajada que la mayoría de las que vimos; como el interior, adornado con muchas flores y detalles navideños. Hasta la plaza en la que estaba la iglesia tenía encanto. Empedrada con piedras negras y blancas. Un conjunto precioso.
En cambio el resto del pueblo no tenía nada destacable. Si no fuera por la iglesia matriz no valdría la pena parar en Riberia Brava.
Nuestro siguiente destino era Punta do Sol. Nuevamente aparcamos junto a la playa. Como en Ribeira Brava, la playa era de piedras negras. No les llegué a coger el punto a esas playas. En cambio la fachada marítima si que era muy bonita. Pequeña pero con encanto. Edificios de cuatro alturas con las fachadas pintadas de diferentes colores. Y a ambos lados, los acantilados que delimitaban el pueblo. Un conjunto muy resultón.
Y las calles que se esconden en la parte posterior también son encantadoras. Casas blancas formando un conjunto muy armonioso que invita a pasear tranquilamente por sus calles. Y detrás los acantilados que rodean el pueblo. De color negro.
Punta do Sol fue el pueblo que más nos gustó. Es pequeño, pero muy armonioso. Resulta un conjunto muy agradable con varios rincones muy pintorescos.
Ya iba siendo hora de comer. En el pueblo vimos dos restaurantes. Uno encaramado en el acantilado y otro en la playa. Elegimos el de la playa. Estaba más cerca, y además no hacía falta subir ninguna cuesta. Creo que son dos razones de mucho peso que demuestran un análisis exhaustivo del asunto.
El restaurante se llamaba “Mare Alta”. Pedimos una mariscada para dos personas, un plato de patatas hervidas, pan y un agua grande. La mariscada consistió en cuatro raciones, una de pulpo con cebolla frita, una de almejas con salsa, otra de mejillones y una última de gambas a la plancha. Nos cobraron 36 € en total. Las raciones eran abundantes y nos costó terminárnoslas. Y sobre todo, la comida estaba de muerte, buenísima. Sobre todo el pulpo, que me volvió loco. Nos dimos un atracón.
Por la tarde decidimos cambiar de registro. Ya habíamos visto varios pueblos, Y sí, estaban bien, eran agradables. Pero no nos habían dejado boquiabiertos. Teníamos que buscar algo diferente. Era el momento de intentar hacer una levada. Y mira tú por donde, teníamos una muy cerca. La Levada Nova.
Nos montamos en el coche, y a la salida del pueblo, vimos un letrero naranja que indicaba el camino a la levada. Empezamos a subir. Pasamos por delante de dos letreros más. Íbamos bien. Pero tras un rato sin ver más letreros empezamos a dudar. Nos paramos a preguntar. Efectivamente nos habíamos pasado de largo. De nuevo para abajo. Volvimos a preguntar a una mujer y nos indicó donde estaba el inicio de la levada. Preguntar a la gente resulta una buena opción en Madeira. No resulta difícil entenderse con ellos, y sobre todo son muy simpáticos. Te dan toda clase de explicaciones. Siempre con una sonrisa. Muy buena gente estos madeirenses.
La entrada a la levada estaba justo enfrente del tercer letrero naranja. La verdad es que no quedaba muy claro hacia donde señalaba. Y la entrada no se veía. Son cuatro escalones que pasan inadvertidos. Incluso cuando estábamos de pie frente a la entrada teníamos nuestras dudas de si realmente aquello era el inicio de la levada. Lo único que nos empujó a meternos por allí fue la acequia. Al final una levada no es más que un camino junto a una acequia.
Recorrimos los primeros metros rodeados de cañas hasta llegar a una escalera que se cruzaba con el camino, y que nos hizo dudar nuevamente. Tras unos metros, por fin empezó la levada de verdad. Un recorrido totalmente llano de 10 km, 5 de ida y otros tantos de vuelta. En total tardamos unas dos horas y cuarto en hacer todo el recorrido. Y en todo ese tiempo tan sólo nos cruzamos con una persona. Creo que se trata de una levada poco conocida, por lo que muy poca gente se aventura a realizarla.
Era la primera levada que recorríamos, por lo que en aquel momento no fuimos conscientes de ello, pero esta levada es muy peculiar. Prácticamente todo el camino se hace sobre el muro de hormigón de la acequia. De unos 40 cm de ancho. A un lado la montaña con la levada a los pies. Al otro lado un precipicio. El vacío. No hay ningún tipo de protección, ni una simple cuerda a la que agarrarse. La sensación de vértigo era tremenda. La levada transcurre a 400 metros de altura, así que ya os podéis imaginar el panorama. Mirar hacia abajo daba yuyu. Un resbalón y no lo contamos. La verdad es que el peligro era más una sensación que una realidad. El muro estaba en buen estado y la anchura era más que suficiente para poder andar cómodamente. Pero aún así tengo que reconocer que se me pusieron de corbata.
La levada ni sube ni baja. Pero el fondo del valle si que va cogiendo altura, de manera que cada vez está más cerca de la levada, hasta que finalmente confluyen justo al final del camino. Por eso la sensación de vértigo es cada vez menor. Incluso llegue a pensar que me había acostumbrado. Pero a la vuelta, a medida que aumentaba la altitud volvió el acojone. Pues no, no me había acostumbrado a la altura.
Las vistas sobre el valle son impresionantes. Realmente espectaculares durante todo el recorrido. Primero sobre el mar y Ponta do Sol. Después sobre el valle. Un valle cubierto de vegetación, con una corriente de agua en el fondo. Por fin estábamos viendo algo diferente. Eso si que hacía que el viaje a Madeira mereciese la pena.
Durante el camino se tiene que atravesar un túnel bastante largo. Pero como es en línea recta, al fondo se ve un punto de luz, por lo que no resulta claustrofóbico. De todas formas es necesario llevar una linterna para poder cruzarlo tranquilamente. Había algunos charcos en el suelo y sin luz seguro que acabaréis metiendo un pie en el agua. ¡Patosos, que sois unos patosos! Nosotros llevábamos dos linternas, pero una no pudimos ponerla en marcha. Menos mal que la otra no nos falló.
También hay que pasar por debajo de dos cascadas. Mejor dicho, cascaditas. Pero con el suficiente volumen de agua como para mojarse. Así que necesitaréis un nuevo complemento, un chubasquero.
El paseo no presenta ninguna dificultad. No es nada exigente. Su única dificultad radica en la sensación de vértigo que produce. No es una levada apta para personas que tengan miedo a las alturas. Ni tampoco es recomendable hacerla con niños pequeños. El riesgo de caída es real, y con niños nunca se sabe.
Todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Es un paseo realmente precioso, y las vistas son de las mejores que se pueden disfrutar en Madeira. Y todo eso aderezado con un subidón de adrenalina motivado por la altura.
A una altura más baja, discurre la Levada do Muinho. El recorrido es el mismo, y acaba casi en el mismo punto que la Levada Nova. Lo ideal es ir por una y volver por la otra. Pero en ese momento no lo sabíamos, por lo que el camino de vuelta lo hicimos de nuevo por la Levada Nova.
Un último apunte sobre la levada. Estaba en obras. Al ser domingo no había nadie trabajando, pero había montones de grava y de arena que no dejaban lugar a dudas. Y sobre todo dos letreros, uno al principio y otro al final que así lo atestiguaban. Es probable que entre semana, mientras se desarrollen los trabajos de reparación de la levada no se pueda pasear por allí. Me parece una medida lógica. Tener que saltar por encima de las obreros con un precipicio a un lado no creo que sea lo más recomendable.
Todavía nos quedaba tiempo para alguna visita más. Pues nada, a por el próximo pueblo, Madalena do Mar. De nuevo buscamos la carretera vieja. Este tramo me encantó. No tanto por las vistas como por la carretera propiamente dicha. Atravesamos dos túneles excavados en la roca. Y entre los dos túneles una enorme cascada caía sobre la carretera. Al atravesarla el agua golpeó el coche con fuerza, como si nos estuvieran tirando cubos de agua desde mucha altura. Fue algo muy sorprendente. No nos esperábamos una cascada en medio de la carretera. Tal vez por eso nos quedamos prendados de ese lugar.
En Madalena do Mar no nos detuvimos mucho tiempo. Nuevamente una playa de piedras negras. La diferencia con las anteriores era la fuerza con la que el agua rompía en la orilla. No sé si siempre es así. Pero meterse en esa playa con esas olas es algo parecido a un suicidio.
El pueblo no tenía nada intersantel. Ni tan siquiera la iglesia, que resultaba bastante sosa. Por buscarle algo destacable, las plataneras. Hay muchísimas plataneras, tanto por en medio del pueblo, como por las laderas de las montañas que rodean el pueblo.
Volvimos a coger la carretera vieja y nos dirigimos a Calheta. Pero un poco antes de llegar, la carretera estaba cortada. No nos quedó más remedio que dar media vuelta y buscar la via express.
No nos paramos en el pueblo. Nos dirigimos directamente al paseo marítimo. Quedaba poco tiempo de luz y no queríamos perdernos la principal atracción de ese pueblo, las dos playas de arena tostada. Pequeñas, muy pequeñas. Resguardadas detrás de un espigón horrible formado por enormes piezas de hormigón. Para ser justos hay que reconocer que las playas no tienen el menor interés. Son peculiares porque en Madeira apenas hay playas de este tipo. Pero no por eso son bonitas. Hemos visto playas mucho más bonitas que las de Calheta. Pero es lo que tienen las guías de viaje, que a veces nos llevan a ver cosas que no tienen mayor interés. Por lo menos disfrutamos de una bonita puesta sol. El cielo se tiñó de unos precisos colores anaranjados y amarillentos. Ya teníamos algo que justificaba el haber ido hasta Calheta.
Ya eran casi las siete. Se había hecho de noche. Era hora de volver al hotel. Por la noche no tiene sentido utilizar la carretera vieja. Con la oscuridad no se puede disfrutar de las vistas, y la pare negativa, las curvas, siguen ahí. Así que mejor no arriesgarse a tener un accidente. Tomamos la vía express y en menos de media hora estábamos en el hotel.
Esa noche renunciamos a la cena. Todavía estábamos llenos de la comilona que nos habíamos pegado al mediodía.
En cuanto a la temperatura fue muy agradable todo el día. Rondando los 18º. Incluso por la noche. De día lució el sol, lo que acrecentaba la sensación de calor. Con un jersei fino era más que suficiente. Por la noche, a pesar de que la temperatura era la misma refrescaba un poco, y una chaqueta fina no venía nada mal.
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  Últimos comentarios al diario:  6 DÍAS DE ENERO DE 2012 POR MADEIRA
Total comentarios 3  Visualizar todos los comentarios

Gulpiyuri  Gulpiyuri  20/08/2012 13:56   
Muchas gracias por tu diario, me ha encantado.
Es un destino pendiente.
Te dejo las estrellas.

alejandria  alejandria  25/01/2013 00:51   
Me ha parecido un diario estupendo, ameno, fácil de leer. Y lo que es más importante, de utilidad para los que, como yo, estamos preparando un viaje a Madeira básicamente para andar por sus levadas. Gracias por compartirlo. Te he dejado mis estrellas

marimerpa  marimerpa  19/10/2014 16:27   
Gracias por el diario, me ha gustado mucho. Y me viene muy bien, que la semana que viene me voy a Madeira. 5 estrellas.

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macdidia
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Sep 14, 2008
Mensajes: 26

Fecha: Jue Sep 28, 2017 09:24 pm    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Que currazo. Me quito el sombrero, esta genia. Espero tener un poco de tiempo y acabar el diario que has colgado mío. De verdad chapeau!! Y una idea fenomenal.
spainsun
spainsun
Site Admin
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Sep 01, 2000
Mensajes: 69097

Fecha: Jue Sep 28, 2017 09:50 pm    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Magnifica recopilación de datos. Gran trabajo. Aplauso Aplauso Aplauso Aplauso
rocmat
rocmat
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Mar 11, 2012
Mensajes: 482

Fecha: Vie Sep 29, 2017 06:40 am    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Menudo curro, gracias porque será de utilidad seguro!
Molleda
Molleda
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May 23, 2009
Mensajes: 261

Fecha: Jue Oct 12, 2017 07:59 pm    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Hola a todos. Estoy pensando en mis próximas vacaciones de verano y tengo el ojo echado en Portugal. Vaya por delante q no conozco Portugal

Somos un matrimonio con una hija de 4 años. He pensado alojarnos por Cascais y desde allí visitar los lugares de mayor interés como Sintra, Lisboa, etc...

Queremos un hotel familiar, el típico cerca de la playa, con animación nocturna, media pensión. Alguna sugerencia?

He pensado en Cascais porque cercano a Lisboa parece q es lo más turístico, si alguien se le ocurre otra zona bienvenida sea.

Muchas gracias por adelantado
chamiceru
chamiceru
Moderador de Zona
Moderador de Zona
Feb 05, 2009
Mensajes: 29703

Fecha: Vie Oct 13, 2017 11:59 am    Título: Re: Viaje a Portugal : Consejos

Hola
En el Foro de Cascais tienes varios hilos con información sobre la zona Guiño
Saludos
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