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Islandia 2015: Cataratas, volcanes, cráteres y glaciares en campervan -Diarios de Viajes de Islandia- Lou83
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Diario: Islandia 2015: Cataratas, volcanes, cráteres y glaciares en campervan  -  Localización:  Islandia  Islandia
Descripción: Vuelta a Islandia en sentido antihorario en dos semanas en agosto-septiembre 2015.
Lou83  Autor:    Fecha creación:  Compartir este diario: 


Etapas 1 a 3,  total 19
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Etapa: Introducción  -  Localización:  Islandia Islandia
Fecha creación: 23/09/2015 06:47   Compartir esta etapa: 
Bienvenido al relato de nuestro viaje durante dos semanas alrededor de Islandia y mediante una furgoneta reformada como campervan. Durante las dos semanas pudimos visitar gran parte de los muchos atractivos que el país ofrece incluso sin disponer de un vehículo todoterreno. Tanto el relato de las etapas como las fotografías y vídeos que lo acompañan son de producción propia, tomando notas sobre la marcha para luego redactar el escrito final y tomando el material audiovisual con alguno de los múltiples aparatos que llevábamos con nosotros. En concreto, las imágenes se han tomado con el siguiente equipo:

- Cámara DSLR Canon EOS 550D con objetivos 18-55mm f/3.5 (+ filtro ND1000), 12mm f/2.8 y 50mm f/1.8
- Cámara de acción GoPro Hero
- Teléfono móvil LG Nexus 5
- Teléfono móvil LG Nexus 4
Ver Etapa: Introducción



Etapa: Día 0: De Mallorca a Keflavik pasando por Barcelona  -  Localización:  Islandia Islandia
Fecha creación: 23/09/2015 07:07   Compartir esta etapa: 
30 de agosto de 2015


Mapa de la etapa 0

Mallorca. 29 de agosto de 2015. Se avecina un sábado caluroso en una nueva racha de temperaturas altas y humedad extrema que no bajará en intensidad hasta el miércoles siguiente. Pero en un pequeño piso en el sur de la isla los planes son otros. Porque hoy, a las 7 de la mañana, dan comienzo nuestros 15 días de aventura para este año.

Nuestros yo viajero de los dos últimos años optaron por los Estados Unidos para saciar su sed de turismo. En 2013 disfrutamos de la costa este norteamericana, visitando parques y bosques como Acadia o White Mountain además de descubrir y redescubrir las ciudades de Boston, Nueva York y Washington DC. En 2014 nos sacamos la espina de uno de los grandes 'must' de nuestra agenda, dedicando varios días al Parque Nacional de Yellowstone en el occidental estado de Wyoming y aprovechando la cercanía para hacer un tour que nos llevó por hasta seis Parques Nacionales además de otros hitos de renombre como Horseshoe Bend o Monument Valley.

Este año podía ser el del cambio. Todavía nos quedan muchos cabos sueltos tanto en la tierra de las barras y estrellas como en su vecina Canadá, pero vista nuestra tendencia al alza de disfrutar de la naturaleza, una opción mirando al norte empezaba a coger fuerza. Y, coincidiendo con una época en la que dicho destino parece estar en pleno auge para los turistas españoles, nos subimos a la ola. Hoy, 29 de agosto de 2015, ponemos rumbo a Islandia.

En realidad todavía queda un buen puñado de horas para eso, ya que nuestro periplo comienza con una larga escala en Barcelona que aprovecharemos para visitar a la familia. Por ahora agotamos un par de horas desayunando, recogiendo los últimos aparatos electrónicos y cargadores que llevar, echando un último vistazo a algunas de las cámaras en directo de livefromiceland.is y echando una fugaz partida a Guitar Hero 5 antes de que mi suegro llame al timbre para llevarnos hasta el aeropuerto Son Sant Joan. Nuestro equipaje, dos bolsas de deporte con el añadido de ruedas y un asa extensibles que adquirimos hace unos meses aprovechando una oferta de los supermercados Lidl. Y a la espalda sendas mochilas con, por un lado todo el equipo fotográfico y electrónico de supervivencia, y por otro documentación variada y algunos víveres que llevar para intentar minimizar el impacto de los altos precios de algunos productos en el país de destino. A saber: embutidos, sobres de sopas, pastas y risottos, paté, café soluble, sacarina, chocolate, quesitos, frutos secos, un pan y una botella no demasiado grande de aceite de oliva.


Algunas de las provisiones que llevábamos con nosotros

Según Infovuelos -la web oficial de Aena para consultar el estado de los vuelos en tiempo real- nuestra primera escala a la ciudad condal sigue en hora y sin incidencias. Sin embargo, FlightRadar24 anuncia ya un retraso de diez minutos. No nos sorprendería a sabiendas de que se espera un fin de semana de cifras récord en el aeropuerto mallorquín. Y efectivamente, a nuestra llegada avistamos la explanada de llegadas totalmente invadida por decenas de autocares que recogen y devuelven a los ya clásicos ingleses y alemanes que monopolizan la isla durante los meses de verano.

Por suerte, los mostradores de facturación de Vueling no presentan ante sí ni una cuarta parte de las kilométricas colas de otras compañías. En apenas diez minutos es ya nuestro turno y una agradable y eficiente azafata nos da exactamente lo que deseamos: tarjetas de embarque tanto de la escala a Barcelona como el salto final a Keflavik para esta noche, pero facturación del equipaje solo hasta el aeropuerto de El Prat para que podamos recoger nuestras bolsas en la ciudad condal y volver a facturarlas antes de partir.

Los vuelos tanto de la ida como de la vuelta están operados por Vueling, si bien comparten código con Iberia que es con quien realmente los contratamos a través de Internet hace ya la friolera de seis meses. El coste total para dos personas es de 864,40€, previa rebaja de 20€ por cabeza gracias a los puntos acumulados en el programa de fidelidad Iberia Plus.

Llegados ya a la puerta de embarque D94 desde la que saldrá nuestro pequeño paseo sobre el Mediterráneo y con mucho tiempo por delante antes de la hora programada de las 10:10, aprovecho el momento para dejar preparada la aplicación de Vedur, el servicio meteorológico islandés, caracterizada por su precisa previsión del tiempo hora a hora. Algo muy útil en un destino en el que el clima es inestable, por lo que un diluvio universal a las 12 del mediodía no es impedimento para tener un cielo soleado y despejado solo un par de horas después.

Sucede finalmente aquello de lo que FlightRadar24 ya intentaba advertirnos: el vuelo se retrasa no solo diez, si no hasta 35 minutos según las pantallas del aeropuerto. Que a estas horas tan tempranas y en un día que ya se preveía intenso tengamos un retraso de ese calibre, habla muy poco en favor de Vueling y su capacidad de responder ante imprevistos como el retraso de un vuelo de conexión.

Vemos a algunos -bastantes- pasajeros haciendo cola con tarjetas de Ryanair en la mano pese a que hace ya varios minutos desde que su vuelo dejó de aparecer en la pantalla sobre la puerta de embarque. A ninguno de ellos se les ocurre caminar los diez metros que les separan de una pantalla de vuelos para descubrir que su puerta de embarque ha cambiado. Si es que a veces parece que la raza humana no se ha extinguido de milagro.

La espera con el retraso añadido se hace muy larga, y el avión no llega a la terminal hasta diez minutos después de la hora de salida programada. Afortunadamente nuestra larga escala de nueve horas en Barcelona nos evita cualquier problema, pero ya oímos en algunas conversaciones a varios pasajeros que van a pasar grandes apuros para conectar con su vuelo a Lanzarote de la una del mediodía. Incluso en el caso poco probable de que puedan alcanzar corriendo por la terminal su próximo avión, no hay muchos motivos para creer que su equipaje vaya a poder hacer lo mismo sobre las pistas. Y al parecer el siguiente vuelo disponible a Lanzarote sería unas seis horas más tarde. Vaya forma de iniciar unas vacaciones.

El avión despega finalmente alrededor de las 12:20, más de una hora después de lo previsto. Tras los 20 escasos minutos que separan por el aire Mallorca de Barcelona, toca sufrir un aterrizaje brusco digno de algunos vuelos de Ryanair. Unos inevitables minutos de incertidumbre hasta ver nuestras bolsas aparecer por la cinta de equipaje, y ya está mi hermano esperándonos para hacer las veces de conductor hasta casa de mis padres.

Nos espera allí una buena -y excesiva, faltaría más- comida casera de mi madre, una siesta corta para intentar compensar los efectos de la hora tardía de llegada de nuestro vuelo nocturno, un pequeño paseo hasta un supermercado cercano para hacer unas últimas compras de emergencia como desodorante o pomada para rozaduras en el pie, y una partida de dominó en familia para ponerse al día tras un par de meses sin poder vernos las caras. Finalmente dan las 20:00 y es nuevamente mi hermano convertido en chófer quien nos lleva de vuelta a la T1 del Aeropuerto de El Prat.

Gracias a tener las tarjetas de embarque en nuestro poder desde esta mañana, nos ahorramos la considerable cola de facturación estándar y usamos el atajo de los mostradores de "Baggage drop-off" donde simplemente facturar los bultos. El empleado de Vueling nos pregunta si vamos a un sitio tan remoto para trabajar. Para dedicarse al turismo, no parece muy al día de cuáles son los destinos en auge.


Pasando unas horas en El Prat

Llegamos al ala B de la terminal con una hora de antelación y todavía sin saber la puerta de embarque exacta. Momento perfecto para disfrutar de la cena por cortesía de Doña Bastos: sendos bocadillos de tortilla de patatas, por supuesto, con cebolla. Un "B39" aparece en las pantallas junto a nuestro vuelo, y son las 21:30 cuando estamos ya enfilando la pasarela hasta el interior del Airbus A320 que nos dejará tras cuatro horas en el Aeropuerto Internacional de Keflavik. La tripulación anuncia que debido a la alta intolerancia de uno de los pasajeros a los frutos secos, piden comprensión al resto del pasaje a la hora de consumir estos artículos a bordo.

Se sienta junto a nosotros una chica que, cuando abro nuestro dossier de planificación del viaje, se ofrece a respondernos a cualquier duda que podamos tener. Resulta que lleva unos meses trabajando en un restaurante de Vík y Mýrdal, lugar por el que si todo va según lo previsto pasaremos durante nuestra cuarta etapa. Charlamos un rato con ella antes de que el avión se ponga en marcha y pongamos el primero del puñado de capítulos de Scandal que traemos para amenizar el viaje en sus ratos muertos. La serie de Shonda Rhimes y sus guiones alocados nos tienen atrapados en su cuarta temporada.

Pasa la primera hora y aprovecho para empezar la inevitable tradición de escribir este diario. Es el momento de convertir en párrafos completos las notas que voy tomando in situ gracias a la aplicación de Google Keep en el smartphone. Según nos acercamos al pequeño tramo en el que sobrevolaremos Gran Bretaña nos metemos en la tormenta y empiezan las turbulencias. Nada que deba sorprender.

Rondan las 2:30 de la madrugada hora española cuando, tras haber matado el rato leyendo Hello, Startup -muy recomendado para ingenieros informáticos que busquen la inspiración-, jugando al Angry Birds 2 y obligándome a estar despierto concentrado en sudokus difíciles, el avión comienza a descender. Luces al fondo indican que la tierra ya está cerca y las ruedas no tardan en topar con ella. No hay pasarela que conecte la cabina con la terminal, por lo que durante los 20 metros a pie que debemos caminar para llegar a su interior recibimos una primera dosis de esos seis grados de temperatura que L estaba esperando para olvidar el calor y bochorno del verano mallorquín.

El pasillo de puertas de embarque nos espera atestado de gente, ya que según vemos por las pantallas todavía quedan algunos vuelos por salir esta noche aunque ya estamos rozando la una de la madrugada hora local. La tienda "Duty Free" nos recibe literalmente al lado de las cintas de equipaje, por lo que aprovechamos la espera para dar una vuelta por ella a la búsqueda, sin éxito, de los kits prepago de Siminn con los que confiamos permanecer conectados durante el viaje. Ahora mismo no tengo el cuerpo como para preguntar nada, así que lo volveremos a intentar mañana en Reikiavik según lo planeado.

Las maletas no tardan en aparecer y tras callejear por unos estrechos pasillos ya estamos en el vestíbulo principal. A estas horas de la noche, no parece haber rastro de nadie encargado de controlar que no estemos introduciendo en el país tipos o cantidades de comida mayores de los permitidos. Hemos corrido el riesgo, pero las normas no permiten introducir embutidos crudos en el país. Una chica morena con gafas, pelo largo y ropa que podría llevar Riley de Sense8 -¡claro!- sostiene una pizarra con el logotipo de B&B Guesthouse y varios nombres escritos, entre ellos el de L. Nos informa de que todavía no han salido dos clientes más que está esperando por lo que podemos aprovechar para ir a cambiar divisas si lo teníamos previsto.

Y así lo hacemos, pero el proceso no lleva mucho tiempo. Como hemos salido de los primeros del avión, apenas hay nadie cambiando coronas islandesas y enseguida nos atienden, dándonos poco más de 14.000 coronas islandesas a cambio de 100 euros. El cambio oficial es de 144 coronas por euro, por lo que la esperada comisión ha sido aceptable.

El vestíbulo principal no tiene mucho más que la mencionada oficina de cambio de divisas, un típico local de comidas de aeropuerto y máquinas para pagar el ticket del aparcamiento. Introduciendo nuestro correo y país de destino, accedemos a una conexión a Internet gratuita que funciona a las mil maravillas. Mientras esperamos a nuestros compañeros de hotel, aprovechamos la conectividad para avisar a la familia de que todo ha ido estupendamente por ahora.


Nuestros primeros minutos en Islandia

Mientras tanto, viajeros con aspecto de ser locales que vuelven a casa salen del aeropuerto cargados con carros llenos de packs de cerveza. Recuerdo ahora como a viajeros que nos precedieron y plasmaron sus opiniones en la red les sorprendía no solo el elevado precio, sino también las dificultades de encontrar cerveza en los comercios de Islandia. Mi teoría es que en el Duty Free además debe ser ostensiblemente más barata así que los locales aprovechan su paso por él para darle una alegría a sus neveras.

Nuestra Riley particular desiste en su empeño de esperar al resto de pasajeros cuando, tras 20 largos minutos, cesa el flujo de gente apareciendo en el vestíbulo y no hay rastro de nuestros compañeros. Decide llevarnos al hotel y volver más tarde a seguir intentándolo. Tras pagar el aparcamiento, nos marca el camino hasta su furgoneta y diez minutos después estamos en el edificio principal del B&B Guesthouse de Keflavik, pueblo situado a un par de kilómetros y que da nombre al aeropuerto.

Reservamos este hotel obligados por la tardía hora de llegada del vuelo, que nos impedía recoger nuestro medio de transporte desde el primer instante. Tramitamos la reserva a través de centraldereservas.com, portal que últimamente siempre ha resultado la opción más cómoda y económica para nuestras instancias. El precio para dos personas por una noche es de 92 euros a pagar en destino, cosa que hacemos en efectivo para poder usar la divisa de origen. De haber pagado con tarjeta, el cobro se realizaría en coronas y el banco se llevaría la correspondiente comisión al aplicar el tipo de cambio que se le antoje. A menos que usáramos la Citi Oro que no aplica comisiones, pero no queremos consumir ya crédito mensual si podemos evitarlo.

Tramitado el pago, la misma chica vuelve a llevarnos volante en mano hasta nuestro bloque de habitaciones. Está en otro sitio completamente diferente del pueblo, lo que hace del hotel -si es correcto aplicarle ese término- algo un tanto extraño. Por el camino vemos a lado y lado de las calles acogedoras casas pero con aspecto de ser prefabricadas.

Llegamos al edificio y Riley -pobre, supongo que tiene un nombre...- nos enseña la sala común donde podremos desayunar la mañana siguiente sirviéndonos nosotros mismos de la nevera. Nos indica también la ubicación de los baños y las duchas compartidas, y la dirección en la que se encuentra la habitación número cinco que ya está abierta y esperando a recibirnos.

La alcanzamos y, tal y como esperábamos, incluye lo justo y necesario para superar la noche. Una cama de las dimensiones justas para dos huéspedes, un par de mesitas, un armario y un lavabo en una esquina. No tenemos tiempo para mucho más que sacar la regleta para cargar nuestros equipos electrónicos, dejar preparada la ropa que nos pondremos mañana e intentar dormir apenas unas cinco horas.

Y mientras preparo el vestuario, me hago valedor del premio "tarita" ya sin posibilidad de debatirme el título desde el primer día. Tras tanto planificar el equipaje, hacer inventario y comprobar con alegría que Vueling no ha perdido nuestro equipaje, resulta que olvidé meter en él una de las prendas más importantes del viaje: la cazadora impermeable y paravientos con la que pensaba ir equipado durante todas las excursiones. Comprada expresamente meses antes en Decathlon con motivo del viaje. Supongo que la indecisión sobre facturarla o no hizo que no la metiera en su día en la bolsa de deporte y se quedó bien junto al resto de ropa descartada o bien en el armario del dormitorio. Mañana tocará hacer una compra inesperada en Reikjavik.

Apagamos luces, y nos cuesta dormir. Los cuerpos están extrañados por la experiencia y no terminamos de desconectar la mente. Para colmo, una hora después de empezar a intentarlo llegan otros huéspedes que hacen algo de ruido al instalarse, reduciendo todavía más las posibilidades de quedar dormidos. Afortunadamente venimos preparados para la ocasión y un par de tapones de los oídos consiguen el silencio necesario. Conseguimos dormirnos a tiempo para que el cuerpo descanse unas cuatro horas. Mañana empieza la acción.
Ver Etapa: Día 0: De Mallorca a Keflavik pasando por Barcelona



Etapa: Día 1: Reykjavik y Círculo Dorado  -  Localización:  Islandia Islandia
Fecha creación: 23/09/2015 07:40   Compartir esta etapa: 
31 de agosto de 2015


Mapa de la etapa 1

Despierta en silencio la habitación número cinco del B&B Guesthouse de Keflavik. Haciendo todo cuanto está en nuestra mano para no despertar a nuestros vecinos, caminamos de puntillas por el pasillo atestado de estanterías con guías de viaje y otros libros para alcanzar el cuarto de baño compartido. Nos podemos duchar sin problemas y pasamos al desayuno.

Los edificios en los que el B&B Guesthouse aloja a sus huéspedes no son más que casas particulares cuyos dueños han decidido habilitar toda una planta entera para acoger a turistas. Por eso al fin y al cabo nos encontramos en una casa normal y corriente, en la que la sala principal dispone de una cocina completa en la que nos espera todo tipo de opciones para la primera comida del día como leche, café, yogures, cereales, galletas, mermeladas, embutidos y quesos varios. También aceite de oliva español. De lo que cogemos por aquí y allá destacamos los yogures Skyr. El de sabor a fresa es como comerse un Petit Suisse gigantesco.


Veamos qué hay por aquí...

Iniciando la operación "salvemos al pobre desgraciado que se ha dejado el abrigo en su casa a 3.000 kilómetros de distancia", recurrimos a la conexión a Internet gratuita para consultar los horarios de los centros comerciales de Reykjavik. Aunque me vaya a costar un riñón corregir mi error comprando un repuesto a precio de nivel de vida islandés, el dinero es solo dinero y con la salud y la meteorología adversa no se juega. Por desgracia, el centro comercial más indicado es Kringlan, que en un domingo como hoy no abre sus puertas a las 13:00. Nuestro plan era que precisamente a las 13:00 abandonaríamos la capital tras visitar sus lugares más señalados y hacer las compras básicas de supermercado, así que la planificación parece que deberá sufrir algunos ajustes.

Tal y como acordamos ayer, a las 8:15 aparece la furgoneta del B&B Guesthouse para llevarnos de vuelta a la recepción. Esta vez va al volante un hombre de unos 50 años que bien podría pasar por sacerdote, y que en su primera impresión cree adivinar que somos italianos. Alcanzamos así de nuevo el edificio principal, donde hace unos días confirmamos con la empresa que nos proveerá transporte y casa -más sobre esto en unos párrafos- que a las 8:30 nos recogerían para desplazarnos hasta las oficinas de Reykjavik. Sin embargo, no es hasta que pasan 20 minutos sobre lo acordado cuando una Renault Trafic con el logotipo de Happy Campers aparece por la calle. Mientras tanto, hemos podido comprobar que desde Keflavik el ruido de los aviones maniobrando en las pistas del aeropuerto se oye más que la televisión del vecino.


Esperando a nuestro chófer para llegar a la recepción


Recepción del B&B Guesthouse

El conductor de Happy Campers nos informa de que debe recoger a seis personas más antes de poner rumbo a las oficinas, por lo que el proceso se va alargando. Por motivos desconocidos, solo en el trayecto en el que somos sus únicos acompañantes nos deleita con una suerte de heavy metal y cuando paramos en otro alojamiento cercano al aeropuerto y la capacidad de la furgoneta queda completa, pasa a una emisora más tranquila de rock alternativo.

Los dos viajeros que se han sentado junto al conductor resultan ser una pareja de canarios y pasan la media hora de trayecto conversando sin parar con él en un inglés muy fluido, especialmente en el caso de ella. Hablan de absolutamente todo, desde la comparación de clima hasta el sistema educativo, lamentando el bajo nivel de inglés de los españoles y como sigue siendo la norma ver el cine y la televisión doblados, cosa que a nuestro conductor islandés le parece una aberración. Y así nos dan aproximadamente las 9:45 cuando alcanzamos el cuartel general de Happy Campers. Esto merece una explicación.

Cuando nos propusimos que este 2015 sería el año en el que recorrer Islandia tuvimos que tomar una decisión importante en cuanto al alojamiento. La opción más tradicional era planificar las noches en albergues o hoteles lo más económicos posibles y recurrir a un modesto coche de alquiler para desplazarnos. Esto implicaría tener un plan muy estricto y muy poca flexibilidad si la caprichosa meteorología nos impedía disfrutar de un lugar y permanecer esperando a que el tiempo amainase no fuese posible. El coste total de esta opción pasaría holgadamente los 2.000 euros teniendo en cuenta que el alquiler durante dos semanas de un turismo convencional raramente costaría menos de 1.000 euros y buscar alojamiento para 14 noches en Islandia no es barato a menos que no te importe compartir literas con desconocidos, cosa que para nuestras preferencias estaba descartado de antemano.

La opción más aventurera hubiera sido recurrir a una tienda de campaña, ya que Islandia está sobradamente adaptada para el turismo de mochila y acampada. Sin embargo dormir bajo una lona que montar y desmontar cada jornada tampoco es algo que se ajuste mucho a nuestros requisitos mínimos de comodidad. Me parece fantástico el que disfrute de ese tipo de experiencia, pero no es nuestro caso.

Y luego encontramos una solución híbrida, lo suficiente aventurera para nosotros pero con algunas comodidades más: que el transporte se convierta en alojamiento. Esto en otros países sería sinónimo de hacerse con una autocaravana, pero precisamente en Islandia existen motivos que pueden hacer de ella una opción peligrosa, como los fuertes vientos o el estado de algunas carreteras. Toda esta disertación nos lleva a lo que es nuestra decisión final: alquiler durante nuestra estancia una "campervan" consistente en una furgoneta cuyo interior ha sido reacondicionado para poder dormir durante la noche. En el caso concreto de Happy Campers, ese reacondicionamiento incluye varios espacios ocultos donde guardar equipaje, una pequeña cocina portátil junto a un fregadero y, lo que terminó de convencernos, un sistema de calefacción estacionaria alimentado por una batería auxiliar que se carga tanto mediante el mismo depósito de combustible que abastece al motor como a través de un panel solar instalado en el techo.

Estuvimos de acuerdo en que esta solución híbrida era la que mejor combinaba probar algo diferente y no arriesgar demasiado, así que nos decantamos por la empresa de las campers felices. Y en su oficina nos encontramos, esperando nuestro turno junto a tres parejas más de turistas que llegaron a la misma conclusión de nosotros.


Bienvenidos a Happy Campers


Campers de varios modelos esperando a sus huéspedes...

Llega nuestro momento y empiezan a acumularse las no buenas, si no magníficas noticias. En primer lugar, el precio que nos comunican es 200 euros menor que el que figuraba en el momento de realizar la reserva a través de Internet.. Cuando la tramitamos hace cinco meses, la página web todavía incluía entre los extras seleccionables el "Super CDW", una cláusula que nos reduce a 600 euros la franquicia a pagar ante daños provocados por cualquier tipo de percance. Sin embargo, semanas después de tener nuestra reserva confirmada dicha opción desapareció, si bien a través de redes sociales la empresa nos aseguró que la cláusula seguiría vigente para las reservas realizadas con anterioridad. La cuestión es que, ya sea como gesto de buena fe o por un simple error administrativo, el importe final de dicho seguro en nuestra factura asciende a unos ridículos 50 euros, muy lejos de la cantidad original. De ese modo, el importe total de la reserva por un alquiler de 14 días queda fijado en 1.850 euros que pagamos con nuestra tarjeta de débito, con la que solicitamos pagar en euros para evitar comisiones bancarias. Presentamos también una tarjeta de crédito para posibles imprevistos y penalizaciones.

Pero no acababan ahí las buenas noticias: todavía quedaba la madre de todas las sorpresas. Happy Campers dispone de cuatro tipos de vehículos: 1, 2, 3 y EX. Los tres primeros se corresponden a los distintos tamaños disponibles, siendo el 1 una furgoneta básica como una Ford Transit Connect, el 2 una Renault Trafic y el 3 nuevamente una Renault Trafic pero con un techo más elevado que le permite acoger un segundo dormitorio y doblar así la cantidad de huéspedes que puede acoger. Por su parte, las Happy Campers EX son modelos Ford Transit anteriores que, en lugar de retirar inmediatamente del servicio, ofrecen a precios menores para que los clientes cuenten con una opción más económica. Nos habíamos decidido por esta última ya que la diferencia entre los modelos 1 y EX era de unos 15 euros al día, lo que en el total de nuestra estancia suponía un ahorro de más de 200 euros.

Pero ya a nuestra llegada, nos llama la atención que entre las decenas de vehículos del aparcamiento no hay una sola Happy Camper EX como la que hemos contratado. No podemos evitar ser optimistas y pensar que, quizás por falta de disponibilidad, finalmente nos asignen el modelo de mismas prestaciones pero más moderno. Pero nada podía prever lo que finalmente ocurre: la matrícula del contrato coincide con la de una enorme Renault Trafic que está esperando en una esquina. Un vehículo que fácilmente puede doblar en espacio interior al que esperábamos recibir y que disipa todo temor a que las estrecheces de la furgoneta se hagan muy pesadas con el paso de los días. No sabemos a ciencia cierta cuáles han sido los motivos de este cambio, pero tenemos la teoría de que han debido renovar recientemente la flota de las Happy Camper 2 y como resultado un puñado de modelos antiguos han pasado a pertenecer a la categoría EX. El caso es que nos ha tocado el gordo y nos hemos quedado absolutamente en shock por la suerte que hemos tenido. Nuestro gran gasto del viaje ha resultado ser más barato y con una mucha mejor contrapartida.


¡Nos ha tocado el gordo!

Completado el pago y obtenido el contrato nos despedimos de Jon, que es quien ha gestionado nuestra reserva y casualmente el chico con el que había estado intercambiando e-mails para confirmar toda la logística durante las semanas anteriores. La oficina de Happy Campers es moderna y acogedora, con máquina de café, buen ambiente entre los empleados y una "Zona Verde" comunitaria en la que los clientes dejan las provisiones que les han sobrado al finalizar el viaje para que los siguientes que llegan puedan beneficiarse de ello. Nosotros apenas nos llevamos unos rollos de papel higiénico, sal y unas bayetas.

Nos atiende ahora en el exterior otro empleado que pasará a enseñarnos el coche, previo recorrido alrededor de él para anotar todos los daños pre-existentes y poder distinguir entre el maltrato que le infrinjamos nosotros y el que ya traía sufrido con anterioridad. El hombre es todo un personaje, reconociéndonos que narra en voz alta todas sus acciones porque le permite concentrarse y combatir su diagnosticado déficit de atención. Pasa a explicarnos el funcionamiento de los distintos añadidos: cómo rellenar el depósito de agua del que se alimenta el pequeño fregadero, cómo utilizar el pequeño hornillo alimentado por pequeñas bombonas de butano, cómo abrir y cerrar la cama y, lo que más nos interesa, cómo gestionar la calefacción, que nos recomienda no dejar encendida toda la noche ya que podría provocar dejar la batería auxiliar totalmente seca. Tras completar su presentación entregándonos toda la documentación adicional -y reconocer que han puesto el enlace a Google+ al final del dossier porque nadie lo utiliza- nos hace entrega de las llaves, la bolsa con la ropa de cama -una colcha para poner debajo, dos almohadas, dos edredones y dos mantas- y el inverter, un aparato que convierte a 220V la toma de mechero del vehículo habilitando un enchufe y dos puertos USB para poder cargar nuestros aparatos electrónicos mientras estemos en marcha. Estamos listos para salir cuando son las 11:00 de una mañana que definitivamente está retrasando los planes.

Como ya es costumbre en nuestros viajes, soy el primero en ponerme a los mandos del volante. Con el GPS que traemos de casa ya dispuesto incluyendo nuestras futuras paradas pre-almacenadas, los primeros siete kilómetros con los que familiarizarme con la sensibilidad de volante y pedales, las dimensiones del vehículo y el escaso tráfico de Reykjavik nos llevan hasta los alrededores de Hallgrímskirkja, la iglesia cuya fachada imita el aspecto de las columnas de basalto y que capta las atenciones de todos los turistas. Estacionamos el vehículo en la parte de atrás, con muchísimo espacio disponible y totalmente gratis. Buena cosa a saber teniendo en cuenta que el resto de alrededores del edificio son plazas de pago.


Primerísima parada: la iglesia de Hallgrímskirkja

Aprovechando las cortas distancias el plan es recorrer a pie el triángulo que forman los tres puntos de Reykjavik a los que nos interesa echar un vistazo. Es un recorrido que podríamos hacer en nuestro último día cuando hayamos devuelto la furgoneta, pero de todos modos debemos esperar hasta las 13:00 para poder ir al centro comercial -el plan era esperar solo hasta las 12:00 que es cuando abre el supermercado, pero el olvido de la cazadora nos ha hecho cambiar de planes-. La primera parada es la citada iglesia, cuyo interior no podemos visitar ahora mismo ya que hay una misa en curso y durante su celebración se permite la entrada pero no la salida hasta que ésta finalice. Se puede subir hasta el mirador en la parte alta del "órgano", pero esa sí es una actividad que reservamos para nuestra última jornada.

Caminamos por Skólavördustígur, una calle comercial que desciende hasta el nivel del mar y que en algunos tramos está decorada con motivos que, sospecho, guardan relación con el día del orgullo gay. El final de la calle nos ofrece ya vistas al edificio Harpa, un centro de conciertos y conferencias que llama la atención de los turistas debido a cómo su fachada se compone de pequeños poliedros acristalados que juegan con la luz proyectada con el sol. Paramos antes de alcanzarlo en un local de la franquicia de tiendas abiertas las 24 horas 10 11 con la esperanza de encontrar una tarjeta prepago para conexión a Internet como la que buscamos, pero exactamente la tarifa que queremos solo está disponible en tiendas oficiales de la compañía Siminn. Afortunadamente, el centro comercial que pensamos visitar en breve aloja una de esas tiendas, por lo que solo debemos esperar un poco más para conseguirla.


Skólavördustígur, una calle arco iris alejándonos de la iglesia

Los pasos frente a la fachada de Harpa vienen acompañados de un sol que en absoluto esperábamos en la mañana de hoy. Incluso, cuando la suave brisa se detiene, llegamos a tener algo parecido a sensación de calor. Entramos brevemente en el edificio para admirar la vista interior de su fachada, y disfrutamos a la salida de las vistas al océano, que junto a las elevaciones de terreno en el horizonte componen ya un paisaje más que notable.


Erling Blöndal Bengtson, violoncelista danés dando la bienvenida a Harpa


La fachada de Harpa y un día soleado, la combinación perfecta


El interior de Harpa


Preciosas vistas desde el exterior de Harpa


Un vistazo general para despedirnos

Nuestros pasos en paralelo al agua nos llevan hasta el último de los tres puntos de nuestra agenda en la capital: el Sun Voyager, una escultura de acero con forma de barco que protagoniza mil y un trabajos de fotógrafos profesionales. Nos juntamos ahora mismo en ella un puñado de curiosos y simples aficionados a la fotografía.


Sun Voyager, de Jón Gunnar Árnason


Uno de los símbolos de Reykjavik

Cerramos el triángulo trazado alcanzando de nuevo nuestro vehículo en la zona posterior de la iglesia, que ofrece desde aquí unas vistas distintas a las más habituales. Nos ponemos en marcha para en apenas diez minutos alcanzar el aparcamiento de Kringlan, el centro comercial.


Un vistazo diferente a Hallgrímskirkja

Lo que encontramos dentro no defrauda. Ya en la primera tienda, Hagkaup, encuentro una de las cosas que he venido a buscar. Cazadora de abrigo impermeable y paravientos por 9.000 coronas islandesas con la que restauro el orden del universo y vuelvo a tener una buena chaqueta para los días venideros. El cambio actual es de 144 coronas islandesas por 1 euro, por lo que hay que recurrir a algún atajo de cálculo para hacerse una idea del precio en cantidades que nos resulten más comprensibles. Por ejemplo, pensar en que la etiqueta está marcada en pesetas españolas y añadirle aproximadamente un 10% (en este caso, 9.000 coronas serían unas 10.000 pesetas).

La siguiente parada es la tienda oficial de Siminn, una de las compañías telefónicas del país. El plan original es conseguir una tarjeta prepago que por 2.000 coronas incluye 1GB de datos y, si fuera necesario, ampliar esa cuota con 5GB adicionales por algo menos de 20 euros al cambio. Sin embargo, el empleado de la tienda me informa de que por 2.300 coronas podemos llevarnos una tarjeta que viene ya inicialmente con esos 5GB. Por esa diferencia de precio, no hay mucho que pensar. Clic, clac, y ya tenemos conexión móvil en nuestro teléfono. Instalo la aplicación oficial de Siminn para poder controlar nuestro consumo, pero no puedo entender mucho más allá que eso en la pantalla ya que está íntegramente en islandés.

Nuestra última parada es el supermercado donde aprovisionarnos, pero nuestros estómagos nos recuerdan que nos acercamos ya a las dos del mediodía y no hemos comido nada desde el desayuno de hace más de seis horas. En la planta superior del centro comercial nos encontramos el "food court", donde dudamos entre porciones de pizza en Domino's o hamburguesas en una franquicia local llamada simplemente Burgers. Solo el segundo ofrece carteles con traducciones al inglés, lo cual hace que nos decidamos por dos hamburguesas con salsa barbacoa, bebida y patatas por 1.990 coronas cada una. Tanto la hamburguesa como las patatas nos saben a gloria, si bien duele pensar que nos estamos gastando 27 euros en comida rápida. Tal y como se nos prometía, Islandia es cara.

Aprovechamos los minutos de descanso de la comida para comprobar los pagos realizados. Ahí tenemos el cargo de Happy Campers por valor de 1.850 euros en la tarjeta de débito de ING Direct, y el resto de cargos -chaqueta, Siminn, comida...- en la tarjeta de crédito Citi Oro, que nos aplica el cambio oficial sin cargarnos comisiones encubiertas.

Turno ahora para comprar víveres para nuestro viaje. A la hora de abastecerse, Islandia cuenta con varias cadenas de supermercados con locales esparcidos por todo el país. Una de las opciones más evidentes cuando se quiere contener el gasto es Bónus, la marca del cerdito rosa que cuenta con los precios más bajos, si bien como podremos comprobar su aspecto desaliñado -se nos asemeja a los Lidl en España- sigue ocultando unos costes dignos del supermercado de El Corte Inglés.

Un aspecto curioso de Bónus es que, en lugar de contar con neveras y frigoríficos, para aquellos alimentos que deban conservarse en fresco habilitan estancias enteras con una temperatura muy baja. La consecuencia es que morimos de frío cada vez que pasamos por una de ellas. Lo helados que nos dejan los precios tampoco ayuda a que entremos en calor. Tras un par de vueltas, pasamos por caja y nos dejamos aproximadamente 50 euros en una compra muy básica. Por poner algunos ejemplos: 2,4 euros por cada yogur de 500 gramos, casi 2 euros por un paquete de pan de molde, 1,8 euros por un kilo de bananas.


El paraíso del yogur en Bónus


Una compra muy discreta...

Son alrededor de las 14:30 cuando regresamos a nuestra furgoneta y, ahora sí y con una hora y media de retraso respecto a lo previsto, nos disponemos a abandonar la capital del país. Marcamos en nuestro GPS el aparcamiento de la falla de Almannagjá iniciando así los 44 kilómetros que separan la ciudad y el parque nacional de Thingvellir en el que se encuentra dicha falla. La salida de Reykjavik está sitiada por badenes y rotondas lo cual provoca que nos sintamos como en casa. Empezamos la marcha con límites de velocidad de 60 km/h pero al poco suben hasta los 90, momento en el que el tráfico ya prácticamente desaparece y nos encontramos en una carretera rodeada de pura naturaleza. Cuando quedan solo nueve de los 44 kilómetros anunciados, nos detenemos en uno de los múltiples apartaderos señalizados para contemplar el lago del parque desde la distancia.


Apenas unos minutos tras Reykjavik, comienza el espectáculo


Una parada rápida para situarnos

Alcanzamos ya el "parking 1" de Thingvellir en el que nos esperan numerosos autocares, lo que solo puede significar una cosa: asiáticos. El turismo asiático no hace más que crecer y crecer y últimamente no podemos evitar encontrar hordas de ellos allá donde vamos. La parte positiva es que no suelen salirse del guión preestablecido de las excursiones contratadas, por lo que superados los sitios más populares y los miradores junto a aparcamientos, estos grandes grupos desaparecen.

Thingvellir es una parada habitual en el circuito más turístico de Islandia -conocido como el "Círculo de oro"- y guarda, entre otros, dos atractivos. El primero de carácter histórico, ya que es aquí donde se fundó y reunía regularmente una de las instituciones parlamentarias más ancestrales del país en los años 900. El segundo, de carácter geológico, es que aquí tiene lugar la deriva continental fruto de la fricción entre placas tectónicas, siendo la falla más grande y claramente visible de todas ellas la Almannagjá.


Parque Nacional de Thingvellir

Precisamente dicha falla marca el sendero que desciende desde el aparcamiento, resultando algo menos extensa y angosta de lo que las fotografías dejaban entrever. Llegamos a los primeros miradores con vistas al "parlamento" en el que se tomaban decisiones sobre la región y se castigaba a los criminales. Llevamos recorridos 450 metros desde el aparcamiento y ya solo quedan 1.150 más hasta la que debería ser nuestra primera catarata del viaje.


Descendiendo por Almannagjá


La mejor panorámica del 'parlamento'

Pero no lo es, porque ya antes de cubrir esa distancia aparecen los primeros saltos de agua que bajan desde el dorsal de la falla hasta el lago en el que ya avistamos patos revoloteando. No falla, en cuanto añades agua a un paisaje natural el resultado mejora exponencialmente.


Un pequeño anticipo antes de llegar

Llegamos, ahora sí, a Öxarárfoss, el salto de agua que protagoniza el río Öxará. En islandés, "foss" significa "catarata" por lo que es fácil saber cuando estamos tratando con una a partir de su nombre. Es una cascada pequeña pero gracias a su entorno y a ser la primera que alcanzamos la disfrutamos durante unos largos minutos. Su atractivo también reside en lo mucho que puedes acercarte a ella, con la pasarela de madera situada a escasos diez metros del agua y nada que te impida caminar sobre las rocas para acabar literalmente a sus pies.


Y ya está aquí la primera: Öxarárfoss


Panorámica en Öxarárfoss

Emprendemos el camino de regreso al aparcamiento por el otro lateral del lago, con Öxarárfoss ahora pequeña y visible a nuestras espaldas. Lo que era un sol radiante en Reykjavik ha pasado a ser un cielo totalmente cubierto por nubes, lo que desmerece algo las vistas ya que la falta de luz hace que los colores sean más apagados. Pasamos junto a la pequeña iglesia de Thingvellir y con esto damos por concluida la visita.


Öxarárfoss desde la distancia


Paseando por la zona baja de Thingvellir


Iglesia de Thingvellir


Gente que no pasa del mirador junto al aparcamiento...

L, que había conducido los últimos kilómetros hasta aquí, vuelve a cederme el volante para poder descansar los pies durante los 50 kilómetros que nos separan de nuestro próximo destino. Rumbo al noreste, los primeros diez se hacen pesados debido al límite de velocidad de 50 km/h, pero cuando vuelve a ascender a 90 la distancia se va reduciendo rápidamente. La carretera se encuentra en perfectas condiciones, y divisamos ya las primeras ovejas y caballos enanos característicos del país. A dos kilómetros del destino nos desviamos por una suerte de urbanización y empieza nuestro primer "camino de cabras" del viaje. Avanzamos con mucha prudencia y poca velocidad -nunca superior a 20 km/h- por un pedregal que va superando a lado y lado impresionantes casas de madera. Un par de grandes rocas insorteables ponen fin a nuestro camino, momento en el que decidimos aparcar la furgoneta lo más apartada posible de la carretera y continuar a pie. Los 50 kilómetros avanzados han conseguido que el cielo se abra y volvamos a contar con un sol prometedor.


Nuestro primer camino de cabras

Los primeros metros a pie dan la razón a esas dos grandes piedras colocadas en la carretera: lo que venía a continuación era literalmente intransitable. Grandes piedras y baches con el añadido de una gruesa tubería que sigue en paralelo al camino y lo hace mucho más angosto, insuficiente para un vehículo de una mínima envergadura. Guiados por el sonido del agua y el curso del río Bruar, pero sobre todo gracias a no perder de vista nuestra ubicación exacta en Google Maps, tras alrededor de 20 minutos encontramos el puente con vistas a todo un regalo para nuestras retinas. Estamos en Bruarfoss.


Superando señales de dudosa utilidad


La maravillosa Bruarfoss

Esta catarata consiste en una serie de pequeños saltos los cuales, si bien son de pequeña altura, forman en su conjunto un paisaje espectacular. A ello ayuda el casi irreal color turquesa que las aguas tienen y que combina a la perfección con el blanco de la espuma que forma esa misma agua al golpear la base de cada salto. Se juntan aquí ya varios fotógrafos bien equipados que trípode en mano inmortalizan el lugar tanto desde el puente justo frente a los saltos como descendiendo a los dos laterales del río y consiguiendo un punto de vista diferente y más cercano.


Los colores de Bruarfoss parecen irreales

Nos hace el favor de tomarnos una fotografía de pareja una chica que parece empezar a aburrirse mientras su pareja la ignora completamente en favor de su pedazo de cámara profesional. Resulta ser una neoyorquina que, al igual que nosotros, llegó a Islandia ayer y hoy ha iniciado su viaje realizando exactamente el mismo recorrido y paradas que en nuestro caso. Pasamos varios minutos más admirando las aguas turquesa desde el puente para acto seguido emprender el regreso que vuelve a llevarnos por unos metros embarrados los cuales, en caso de haber llovido recientemente, hubieran provocado un desastre en nuestras botas y los bajos de los pantalones. Con paso mucho más firme y sin dudar sobre qué dirección tomar, no tardamos nada en llegar a nuestra furgoneta.


Esto debe ser complicado si llueve...


Cuando regresamos, la camper seguía allí

En una carrera contra el reloj y un atardecer que sucederá dentro de pocos minutos, alcanzamos la zona termal de Geysir poco más allá de las 20:00. Salimos a toda prisa del coche tras aparcarlo justo frente a la entrada hacia las dos estrellas del lugar: por un lado el géiser descomunal pero muy irregular que da nombre a la zona, y por otro lado Strokkur, su vecino mucho menos violento pero más previsible y frecuente al que se dirigen todos los turistas y que nunca falta a su cita de una explosión de agua y vapor entre cada ocho y diez minutos.

Precisamente mientras nos acercamos a él nos sorprende con la primera de las columnas de agua, por lo que al llegar a sus pies nos toca esperar unos minutos hasta el siguiente pase. Lo inmortalizamos, y mientras revisamos el material apenas dos minutos más tarde nos sorprende a todos con una explosión de propina. Cumplido el trámite, recogemos nuestras cosas y regresamos a la furgoneta. La zona bien merece una visita de por lo menos una o dos horas, pero nuestro recuerdo de Yellowstone está todavía muy reciente y habíamos decidido no reservar demasiado tiempo para ella en favor de otros lugares menos similares a lo que ya hemos visitado.


Pasando el rato junto a Strokkur


Las concentradas fumarolas de Geysir


Y con total puntualidad, el agua saltó

Nos asomamos antes de partir por la Tienda Geysir para descubrir que lleva cerrada desde las 20:30. Probamos suerte con la gasolinera N1 cercana, pero resulta ser un simple surtidor junto a la carretera. A nuestro paso por Bónus hemos sido incapaces de encontrar agua mineral, y parece que seguiremos sin poder contar con ella en el corto plazo.

El sol ya se ha puesto y tenemos dos opciones para pasar la noche. La primera sería permanecer en el área de Geysir y hacer uso de la zona de acampada, con acceso a ducha y electricidad por un módico precio. Sin embargo, siendo nuestra primera noche podemos permitirnos prescindir de instalaciones. La opción que nos queda es adelantar ya los 11 kilómetros que nos separan de Gullfoss para pasar la noche en su aparcamiento y estar ya preparados para la próxima jornada.

Así lo hacemos, y a su llegada comprobamos que la tienda junto a Gullfoss sí que está abierta. Sin embargo las botellas de agua son pequeñas, solo pensadas para el servicio de cafetería, así que tampoco aquí podremos surtirnos con ellas. Sí me llevo de aquí el primero de los artículos de la "operación dedal" de este año, buscando como en todos los viajes dedales con los que completar la colección de mi madre. Me asomo a un montículo con la esperanza de divisar la cascada en anticipo a la mañana siguiente, pero sin acercarme más todo lo que consigo es ver el spray que el agua proyecta hacia arriba.


Gullfoss deberá esperar a mañana

Regresamos a la furgoneta para por primera vez montar nuestro pequeño dormitorio. Cenamos primero un par de rebanadas de pan con queso comprado en Bónus y sobrasada traída desde Mallorca en forma de tarrina. Hago copia de seguridad de las fotos, adelanto un poco la redacción del diario, y viendo que el calor generado por la calefacción tarda poco minutos en disiparse cuando la desconectamos, corremos el riesgo de mantenerla a baja potencia toda la noche. Termina así nuestro primer día completo en Islandia y, aún sabiendo que lo mejor está por venir, como primera etapa el resultado no puede haber sido más satisfactorio.
Ver Etapa: Día 1: Reykjavik y Círculo Dorado



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  Últimos comentarios al diario  Islandia 2015: Cataratas, volcanes, cráteres y glaciares en campervan
Total comentarios 28  Visualizar todos los comentarios

GaLcE  GaLcE  23/08/2016 10:34   
5 estrellas para vosotros! Genial el diario, me ha tenido enganchada y me ha ayudado mucho para mi proximo viaje. Muchas gracias por el relato y por esas magnificas fotos!!!!

matsuda  matsuda  02/12/2016 00:39
Increible!! y solo he visto las fotos...me acabas de decidir el destino del año que viene
Gracias por semejante aporte

highlands_2003  highlands_2003  09/02/2017 15:46   
Hola Lou83,

no sé si te acordarás de mi. Sólo quiero decirte que acabo de terminar de leer vuestro diario y estoy flipando. Las fotos, una pasada y el relato exhaustivo. He tomado buena nota de los lugares que habéis visitado. Muchas gracias por compartirlo. Te dejo 5 estrellitas.

Saludos,

Salodari  Salodari  10/02/2017 19:21   
Muy buen diario, Lou83! Gracias por compartirlo!

Viii  Viii  06/07/2017 14:31   
Aunque lleve años de retraso, muy chulo el diario! Me ha servido de mucha ayuda para planificar nuestro inminente viaje!

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Pais Tema: Viajar a Islandia: dudas
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chamiceru
chamiceru
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Feb 05, 2009
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Fecha: Sab Ago 12, 2017 11:48 am    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Hola
Paso aquí varios mensajes que estaban en el hilo de recién llegados Guiño
Ese hilo es para comentar experiencias, no para intercambiar información
Para estos en el Foro de Islandia tenéis todos los hilos del país. Lo mejor es hacer cada pregunta concreta en el hilo correspondiente Guiño
Salaudos y gracias por vuestra cooperación Aplauso
chamiceru
chamiceru
Zone Moderator
Zone Moderator
Feb 05, 2009
Mensajes: 28964

Fecha: Dom Ago 13, 2017 09:03 am    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Hola
Mensajes trasladados aquí: Guiño
Teléfono, internet, WiFi, Tarjetas SIM en Islandia
Saludos
wanderlust
wanderlust
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Ago 23, 2011
Mensajes: 24676

Fecha: Dom Ago 13, 2017 10:12 am    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Salodari Escribio:
Hola!

Hoy nos toca a nosotros despejar nuestras dudas sobre el terreno. Llegó la hora de vivir Islandia Mr. Green

Aunque no sea el sitio adecuado, mil gracias a todos por sus aportaciones Amistad

Gracias por mil también a moderación y, en especial, a @wanderlust por tener "cada cosita en su lugar", los hilos y subhilos bien delimitados y limpitos.

Saludos Amistad

disfrútalo! y pásate a actualizar a la vuelta! Amistad
mycena
mycena
Travel Adict
Travel Adict
Nov 08, 2006
Mensajes: 99

Fecha: Vie Ago 18, 2017 08:06 pm    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Nosotros salimos mañana por la noche, con previsión "active" de auroras boreales. Lo necesitamos porque, después de lo de ayer en Barcelona, estamos muy preocupados. A la vuelta os contamos cómo nos ha ido todo. Gracias a todos y a todas por vuestra ayuda y comentarios. Hasta la vuelta !
Abdelkrim
Abdelkrim
Indiana Jones
Indiana Jones
Abr 03, 2008
Mensajes: 2160

Fecha: Vie Ago 18, 2017 09:18 pm    Título: Re: Viajar a Islandia: dudas

Suerte y feliz viaje a Islandia.
Ya nos contarás si se siguen viendo frailecillos; yo querría certificar que eso de que se marchan todos el 15 de agosto no es más que una leyenda urbana xD
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