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EN RUTA POR EL PAÍS VASCO (EUSKAL HERRIA / EUSKADI). EN CONSTRUCCIÓN. -Diarios de Viajes de España- Artemisa23
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Diario: EN RUTA POR EL PAÍS VASCO (EUSKAL HERRIA / EUSKADI). EN CONSTRUCCIÓN.  -  Localización:  España  España
Descripción: Relato de nuestro estupendo viaje de 13 días por tierras vascas durante el verano pasado (finales de julio y principios de agosto). EN CONSTRUCCIÓN.
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Etapa: PREPARATIVOS, ITINERARIO Y DÍA 1: CUEVA DE POZALAGUA Y VALLE DE CARRANZA.  -  Localización:  España España
Descripción: En esta primera etapa cuento los preparativos del viaje, el itinerario y la primera jornada en ruta, durante la que pasamos por Villarcayo y el Monasterio de Santa María de Río Seco en Burgos, la Cueva de Pozalagua en Vizcaya y el alojamiento en el Valle de Carranza.
Fecha creación: 31/10/2017 19:05  
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ITINERARIO Y PREPARATIVOS DEL VIAJE.

A la hora de plantearnos la distribución de las vacaciones de verano de 2017, creímos que había llegado el momento de afrontar una asignatura que nos quedaba pendiente en la geografía peninsular: el País Vasco, de cuyo territorio solamente habíamos visitado Bilbao y San Sebastián, además de recorrer alguna de sus carreteras en diversos trayectos hacia Francia.

Así que me puse a planificar. Quería preparar un itinerario lo más completo posible, para intentar conocer al menos un poquito de los lugares más representativos, incluyendo costa, interior y pueblos bonitos de las tres provincias, sin olvidar alguna pequeña caminata por parajes naturales destacados. En fin, un poco de todo, que nos permitiera una visión general y poder volver en otra ocasión con más tiempo y detalle a lo que más nos gustase. En principio pensamos en unos diez días, pero como ocurre casi siempre, fui añadiendo destinos según iba viendo sitios atractivos y, al final, terminaron siendo trece, si bien el primero y el último, al incluir viajes, no fueron completos. Por cierto que al tratarse de la última semana de julio y la primera de agosto, nos topamos con el problema añadido de la saturación propia de la época, por lo que no fue nada fácil encontrar disponibilidad en hoteles a buen precio, aunque hice las reservas con varios meses de antelación. Desde luego, no es la mejor época del año para viajar con tranquilidad, pero las fechas de momento vienen impuestas por las circunstancias y, hoy por hoy, no podemos dedicar más de una semana para viajar fuera de los meses de verano, coincidiendo con las vacaciones laborales.

Como suele ser habitual, recurrimos al sistema de “tour”, que es el que más nos gusta últimamente. Es decir, cada noche (salvo en Hondarribia, que pasamos dos noches) nos alojamos en un sitio diferente. Esta opción no es compartida por mucha gente, que prefiere una o dos bases desde donde realizar excursiones para evitarse el trajín de maletas. Sin embargo, al ir con coche propio, donde dejar el equipaje más voluminoso, y ser solamente dos adultos sin demasiadas cosas con las que cargar a diario, nosotros preferimos cambiar de alojamiento casi a diario para no pasar mil veces por el mismo sitio y las mismas carreteras, convirtiendo también en una experiencia diaria la estancia en distintos hoteles. Además, eso permite conocer varios lugares distintos de noche, lo que aporta una nueva perspectiva, especialmente si son pueblecitos medievales a los que tanto favorece la tranquilidad y la iluminación nocturnas. Pero entiendo que este criterio es muy subjetivo y depende de los gustos y las circunstancias de cada cual.

Después de varias tentativas y de conocer la opinión de algunos foreros que amablemente me informaron, tracé un itinerario-guía, que luego no fue el definitivo porque tuvimos que cambiar el orden de algunas visitas por culpa de la climatología y de otras circunstancias imprevistas, que iré explicando en su momento. Y, al final, resultó lo siguiente:

Día 1. Madrid/Villarcayo/Monasterio de Santa María de Rioseco/Cueva de Pozalagua. Noche en los alrededores de Concha, en el valle de Carranza.

Día 2. Carranza/Valle de Villaverde/Santurce/Portugalete/Puente de Hierro/Guecho/Castillo de Butrón/Balmaseda. Noche en Balmaseda en un antiguo Convento (encantador alojamiento).

Día 3. Balmaseda/Cascada de Gujuli/Orduña/Torre Palacio de los Varona/Salinas de Añana/Mirador de Aramaio/Elorrio. Noche en Elorrio.

Día 4. Elorrio/Parque de Urquiola con el Mirador de las Tres Cruces y una ruta de tres horas hasta los picos Urquiolaguirre y Larrado/Durango/Ría de Urbaibai/Bermeo. Noche en las proximidades de Bermeo en un estupendo hotel rural.

Día 5. Bermeo/San Juan de Gaztelugache/Baquio (almuerzo)/Bosque de Oma/Mundaca. Noche en un hotel de carretera en Murieta.

Día 6. Bermeo/excursión en barco por la ría de Urdaibai/Guernica-Lumo/pequeña caminata hasta la ermita de San Pedro de Atxarre con preciosas vistas sobre la Ría de Urdaibai/Lequeitio. Noche en un hotelito rural en Zelaia (Mendaxa).

Día 7. Lekeitio/Ondarroa/Zumaia: ruta en barco para ver el flych y pequeña caminata por el acantilado/Motrico. Noche en Motrico.

Día 8. Motrico/Santuario de San Ignacio de Loyola/Azpeitia/Zarauz/caminata hasta Guetaria con subida al monte de San Antón. Noche en Zarauz.

Día 9. Zarauz/Tolosa/Pasajes de San Pedro y Pasajes de San Juan/Hondarribia. Noche en Hondarribia.

Día 10. Hondarribia/pase en barco hasta Hendaya/ermita de Guadalupe/Jaizquibel. Noche en Hondarribia.

Día 11. Faro de Hondarribia/ermita de San Marcial en Irún para vistas/Fuerte de San Marcos en Rentería/Ermita de la Antigua en Zumárraga/Santuario de Aránzazu en Oñate/Vitoria. Noche en Vitoria.

Día 12. Vitoria (Catedral, ciudad y almuerzo)/El Ciego (visita a las Bodegas de los herederos del Marqués de Riscal)/Laguardia. Noche en Laguardia.

Día 13. Laguardia/Soria/Rubielos de Mora. Bueno, la segunda parte del día ya forma parte de otro recorrido ajeno al País Vasco, así que no entraré en más detalles, que dejaré para otras etapas de diarios de viaje por España.


Y aunque no formaron parte de nuestro recorrido de este verano por haber estado allí con antelación, también incluiré una etapa dedicada a Bilbao y San Sebastián porque me parecen visitas imprescindibles para cualquier ruta por Euskadi.

Por lo demás, señalar que apenas pisamos las autovías (casi todos los kilómetros fueron por carreteras convencionales, de las que hablaré en su momento) y no pagamos ni un solo peaje, de cuyas autopistas logramos huir con éxito pese a algunos intentos del navegador para meternos de cabeza en ellas. Las autopistas nos parecen muy recomendables en trayectos largos, pero si estamos de vacaciones, con la idea primordial de conocer nuevos lugares, preferimos perdernos por carreteras secundarias, que permiten ir despacio, apreciando con más tranquilidad los paisajes, aunque haya que afrontar una y mil curvas, con subidas y bajadas constantes (de las que tanto abundan en el País Vasco, precisamente). Otra opinión que no todo el mundo comparte, pero a nosotros nos apetece viajar así.

A continuación, paso a relatar lo que visitamos. Espero que os guste y pueda ser de utilidad a algún futuro viajero. Simplemente un par de comentarios antes de empezar: las fotos son mías excepto algún caso muy concreto, que citaré en su momento. Cuando las hago (aunque me encanta la fotografía, no soy ninguna experta y mis problemas con la espalda me impiden cargar con cámaras pesadas: ya me gustaría tomar esas fotos que veo en muchos diarios), reflejo lo que me llama la atención, como siempre, en especial los paisajes y la arquitectura de los lugares, con todo lo que ello conlleva. Es decir, fotografío lo que veo, por eso en algunos casos aparecerán edificios con pancartas, banderolas e incluso alguna que otra pintada de un signo u otro. No significa más que eso, la foto de ese lugar en aquel momento. En ningún caso las imágenes que añado en este diario tienen ninguna intención política o ideológica y, por supuesto, no pretenden prejuzgar nada. Lo que se ve en ellas, ahí estaba y punto; en las calles y en los rincones de los pueblos y ciudades que tanto me gusta retratar porque para mí constituye el mejor recuerdo. Por lo demás, decir que volvimos encantados tanto por lo que vimos y visitamos como por la espectacular gastronomía (¡ay, como añoro esos pintxos…!) y, más aún, del trato recibido, realmente estupendo en todos sitios: bares, restaurantes, hoteles, atracciones, oficinas de turismo, lugareños… Ha sido un auténtico placer este viaje, salvo algún detalle aislado casi siempre por culpa de la meteorología o de problemas para aparcar en determinados municipios.

Por último, quiero pedir disculpas por si escribo mal el nombre de alguna población o de algún personaje vasco. Trataré de mencionar el nombre de las localidades en euskera al principio, pero durante el relato normalmente utilizaré el castellano por comodidad y para no equivocarme demasiado.

DÍA 1

MADRID/VILLARCAYO/MONASTERIO STA. MARIA DE RIOSECO/CUEVA DE POZALAGUA/CARRANZA.


Distancia total aproximada: 440 Km. Tiempo aproximado: 5 horas y 45 minutos.

Itinerario según Google Maps.

La ruta ya en el País Vasco, desde Ramales de la Victoria (Cantabria)

El 23 de julio amaneció caluroso y soleado, como tantos otros en este interminable verano. Salimos de Madrid con un poco retraso debido a algún imprevisto de última hora, pero a la hora de la comida ya estábamos en Villarcayo (Burgos), donde paramos a comer o a intentarlo, al menos, porque era domingo y estaba todo muy concurrido. Gracias a que nos detuvimos antes de las dos, pudimos encontrar una mesa libre en el restaurante Los Hermanos, junto a la Plaza Mayor. Poco después no había ni un hueco. Tomamos el menú del día por 9 euros (anunciaban otro especial de fin de semana algo más caro, pero cuando hay tanta gente y estamos en ruta preferimos optar por lo que nos ofrecen entre los platos del día). Todo fue muy correcto. El servicio bastante rápido, con lo cual no se puede pedir más, dadas las circunstancias y el precio.

Fuente en la Plaza Mayor de Villarcayo.

Después hicimos una parada corta para echar una ojeada a las ruinas del Monasterio de Santa María de Rioseco, apenas a cinco kilómetros de Villarcayo, y que no pudimos ver durante nuestra anterior visita a las Merindades. Tenía muchas ganas de ir y, con tantas expectativas, la verdad es que me decepcionó un poco. No nos coincidió con el horario de las visitas guiadas y se notó porque solamente pudimos contemplarlo desde la parte exterior, a través de unas rejas que estaban cerradas con llave, desde donde no se distinguían los restos del claustro, que debe ser lo más impresionante. Otra vez será.


Exterior del Monasterio de Santa María de Rioseco.

Retomamos el camino y poco después entramos en tierras vascas por su parte m, si bien durante algunos kilómetros cruzamos varias veces los límites de las provincias de Santander, Vizcaya y Burgos. Por el camino, nos detuvimos en el Mirador del Puerto de los Tornos, en Cantabria, que nos ofrecía, entre otras bellezas paisajísticas, un anticipado panorama del verde Valle de Carranza (Karrantza), adonde nos dirigíamos. La tarde, clara y soleada, contribuía a resaltar las magníficas vistas que teníamos delante.

Vistas desde la carretera.

Mirador de los Tornos (Cantabria): a la derecha, podíamos ver el Valle de Carranza.

A la izquierda, teníamos las tierras cántabras, con algunos picos en torno a los 1.400 metros.

Siguiendo la carretera, nos encontramos con bonitas vistas de la campiña, algunas cuevas y pueblos muy atractivos, como Ramales de la Victoria. Lástima que no fuésemos con tiempo suficiente para habernos detenido a echar un vistazo. Por cierto que enseguida aprendimos que para saborear la esencia de los paisajes vascos es preciso acostumbrarse a circular por carreteras muy viradas, con continuas subidas y bajadas, frecuentemente rodeadas de frondosos bosques. Desde luego, para nosotros no suponía ningún problema sino más bien todo lo contrario pues queríamos huir en lo posible de autovías y autopistas.


CUEVA DE POZALAGUA Y VALLE DE CARRANZA.

Ya en el Valle de Carranza, nos encaminamos hacia la Cueva de Pozalagua, famosa sobre todo por sus estalactitas excéntricas, pues tiene el honor de ser una de las que cuentan en el mundo con mayor cantidad de estas formaciones, que desafían la ley de la gravedad, creciendo en todas direcciones y entrelazándose caprichosamente.

Entorno de la Cueva de Pozalagua.

La Cueva (declarada mejor destino por los usuarios en la guía Repsol de 2013) está enclavada bajo el macizo calcáreo de las Peñas de Ranero y a ella se accede por una tortuosa carretera que asciende continuamente. Junto al centro de interpretación hay unos miradores que brindan unas vistas espectaculares de todo el Valle de Carranza. Sin embargo, dejamos eso para después y, tras aparcar el coche, fuimos a toda prisa al centro de información para conocer los horarios. La chica de la taquilla tuvo la delicadeza de acompañarnos personalmente para unirnos a la visita que se había iniciado hacía unos pocos minutos, ya que de lo contrario hubiéramos tenido que esperar una hora hasta que comenzase la siguiente. Nos dijo que ya le pagaríamos a la salida. Una primera muestra de la amabilidad con que nos trataron durante toda nuestra estancia en Euskadi. El precio de la entrada de adulto (hay descuentos para estudiantes, niños, mayores, profesores, etc.) es de 7 euros. La visita, necesariamente guiada, duró en torno a una hora, durante la cual pudimos ver la gruta, y sus formaciones recorriendo una pasarela y nos explicaron las diversas teorías sobre el origen de las curiosas excéntricas. Es un lugar bastante interesante para los aficionados a las cuevas (como es mi caso) y las susodichas excéntricas resultan espectaculares, componiendo un sorprendente encaje en el techo de la cueva, que no es demasiado grande pues cuenta con 125 metros de largo, por 70 de ancho y 20 de alto). De todas formas, la valoración de si merece o no la pena el desplazamiento para verla resulta bastante personal porque la cueva está situada en el extremo occidental de Euskadi, algo lejos de los principales puntos de interés, y puede hacer perder bastante tiempo si lo que se pretende es realizar un recorrido general por los lugares más representativos del País Vasco sin disponer de demasiados días. Abre todos los días desde el 15 de junio al 15 de septiembre y el resto del año solamente los fines de semana, puentes y festivos. Las visitas empiezan a las 11:00, siendo el último pase a las 19:00, del 1 de abril al 15 de octubre, y a las 18:00, del 16 de octubre al 31 de marzo. En el interior no está permitido hacer fotos.

En el exterior se puede contemplar los restos de una curiosa cantera, de paredes lisas y brillantes, donde se ha construido un auditorio. Y también hay varios miradores, desde los que se divisan unas hermosas panorámicas del Valle de Carranza pese a los antiestéticos cables que estropean un poquito algunas de las tomas. Aquí se inician varios senderos que debe ser una delicia realizar preferentemente en primavera u otoño.

Cantera.

Vistas del Valle de Carranza desde el mirador.


Más tarde, volvimos al valle, pasamos por Carranza Arana (parecía el núcleo urbano principal), y tras cruzar la población de Concha y subir una especie de puerto, llegamos a la aldea (la Tejera, creo recordar que se llama), donde se localiza en plena naturaleza nuestro alojamiento de esa noche, que nos dejó gratamente sorprendidos. Se trata del pequeño hotel rural Galiurretán, que dispone de seis habitaciones, decoradas en diferentes estilos étnicos: a nosotros nos tocó el africano.

Carranza Arana (creo recordar)

Nuestra habitación y otras zonas del hotel.

Esta era la terraza.

Muy bien la casa, con unas vistas espectaculares al valle desde la terraza, incluso cuenta con piscina y tiene una amplia biblioteca con todo tipo de libros y revistas. Las chicas que lo regentan son sumamente amables, lo único negativo quizás sea que se oye bastante de lo que pasa en las demás habitaciones, que no tiene televisión en las habitaciones y que está en una aldea algo aislada, con lo cual se depende del coche absolutamente para todo. Nos costó 65 euros la noche sólo el alojamiento. Hay restaurante: la carta resulta limitada, pero la cocina es bastante buena y no nos pareció caro.

Las vistas desde el hotel eran fantásticas.
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Ver Etapa: PREPARATIVOS, ITINERARIO Y DÍA 1: CUEVA DE POZALAGUA Y VALLE DE CARRANZA.



Etapa: SANTURCE, PORTUGALETE, GUECHO Y CASTILLO DE BUTRÓN (VIZCAYA).  -  Localización:  España España
Descripción: Durante nuestro segundo día de periplo pasamos por los Valles de Carranza y Villaverde, fuimos a Santurce y Portugalete, desde donde cruzamos a Guecho por el Puente de Vizcaya o Puente de Hierro (Patrimonio de la Humanidad). También paramos a ver el Castillo de Butrón, en Gatika, de camino hacia nuestro alojamiento de la jornada en Balmaseda.
Fecha creación: 31/10/2017 21:45  
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CARRANZA / SANTURCE / PORTUGALETE / GUECHO / CASTILLO DE BUTRÓN. Noche en Balmaseda.

Itinerario aproximado según GoogleMaps. Unos 136 kilómetros de recorrido y un tiempo en coche de 2 horas y media, aunque el trayecto entre Portugalete y Guecho no es correcto, ya que cruzamos por el Puente de Vizcaya, ahorrando mucho tiempo y kilómetros.


El drástico cambio de tiempo que nos encontramos por la mañana no nos pilló por sorpresa porque lo habíamos estado viendo en las predicciones meteorológicas: nos esperaba un día fresco, lluvioso y nublado, completamente diferente del anterior. Parece mentira lo rápidamente que varía el panorama en el norte, donde en cuestión de minutos pasas de un sol espléndido a un cielo lúgubre, cubierto de nubes y con lluvia. Menos mal que al final durante el conjunto de las vacaciones el tiempo no estuvo tan mal como se presentó aquella tenebrosa jornada. Desde la terraza de nuestro alojamiento, el paisaje seguía siendo hermoso, aunque había variado su tono desde la tarde anterior, cubriéndolo unos densos y negros nubarrones. Además, estaba chispeando

Valle de Carranza desde la terraza del hotel rural la tarde anterior.

Después de desayunar, salimos en dirección a la costa por Sopuerta, sin hacer caso al navegador, que pretendía desviarnos hacia la costa santanderina, pasando por Castro Urdiales. Así que cruzamos el Valle de Villaverde, que mostraba el mismo aspecto lúgubre que habíamos dejado en el de Carranza y se puso peor cuando empezó a llover con ganas.

Desde el Valle de Carranza hacia Santurce, pasando por el Valle de Villaverde.


Ya en el litoral, el panorama pareció aclararse, aunque sólo muy ligeramente. Fuimos hasta Santurce, ya que queríamos ver el Puente de Vizcaya, también conocido como Puente de Hierro o Puente Colgante. Igualmente, teníamos en la agenda hacer una caminata hasta la cima del Monte Serantes (451 metros), desde donde nos habían asegurado que se contempla una de las mejores vistas de la ría y alrededores. Dadas las adversas condiciones meteorológicas, tuvimos que desistir de esa actividad senderista.

Santurce: puerto deportivo. Al fondo el Monte Serantes (el de las antenas), adonde no pudimos subir.

SANTURCE (SANTURTZI) Y PORTUGALETE.

Intentamos aparcar en Santurce sin mucho éxito, pese a que dimos varias vueltas por los mismos sitios, pretendiendo en vano llegar hasta las proximidades de la Oficina de Turismo para pedir información. Como fue imposible, seguimos hacia Portugalete (están una a continuación de la otra). Tampoco logramos dejar el coche en la calle, así que hartos de vagar, decidimos meter el vehículo en un parking subterráneo, justamente al lado del acceso al Puente. Fue una buena decisión porque a veces pagar unos pocos euros (tres en este caso) ahorran tiempo, problemas y, sobre todo, mal humor.

Vistas de Santurce desde el muelle nuevo.

Habíamos reservado previamente una mesa para comer en el restaurante Tamarises-Ibarra de Guecho (nos lo habían recomendado), pues era nuestro aniversario y queríamos tomar algo especial. Como teníamos tiempo de sobra, estuvimos dando un paseo por las inmediaciones del Puente Colgante, conociendo un poco de Portugalete.

Ayuntamiento neoclásico de Portugalete.

Después fuimos caminando por el paseo paralelo a la ría y llegamos hasta el muelle de hierro, ya frente a Santurce, desde donde se tienen unas buenas vistas de la ría de Bilbao con Guecho de frente y, al fondo, la Playa de Ereaga y los acantilados de Punta Galea. A principios del siglo actual la zona fue recuperada y acondicionada, eliminando fábricas y astilleros y depurando sus aguas.


Mientras tanto, el tiempo seguía loco y tan pronto llovía un poquito como salía un tímido sol, pero se podía pasear con tranquilidad mientras íbamos leyendo varios paneles informativos, que contaban algunas cosas sobre los lugares y edificios que estábamos recorriendo: el muelle viejo, la antigua estación de la Canilla, la Basílica de Santa María, la Casa-Torre Salazar, el Monumento a Víctor Chávarri, el edificio neoclásico del Ayuntamiento, la Plaza del Solar, la Casa Bustamante de estilo modernista, el Convento de Santa Clara, etc.


Pero, sin duda, lo más destacable es el Puente Colgante, que une las dos partes de la ría, entre Portugalete y Guecho en un trayecto que apenas dura cinco minutos y que evita una vuelta de varios kilómetros y casi veinte minutos por carretera, pasando por las inmediaciones de Bilbao y Baracaldo.


Sin embargo, no estamos hablando de un puente corriente, sino del puente transbordador en servicio más antiguo del mundo, lo que le ha valido la consideración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Obra del arquitecto Martín Alberto de Palacio y Elisague, tiene 61 metros de altura y 160 de longitud y fue inaugurado el 28 de julio de 1893. Tiene un curioso sistema de transporte de personas, vehículos y mercancías mediante una barquilla colgante, sostenida por varios cables. En la plataforma central van los coches (me pareció que caben seis, no sé si ocho siendo pequeños) y a los lados hay dos habitáculos cubiertos para los peatones.


Recomiendo no solo ver el puente sino también vivir la experiencia de utilizarlo: cuesta 1,60 euros el pase del vehículo y 0,80 por cada persona. El vehículo paga como tal y las personas que van dentro tienen que adquirir también su billete. Asimismo se puede cruzar el puente caminando por la pasarela superior, pero esto lo contaré después.


GUECHO/GETXO.

Pasamos a Guecho y fuimos en el coche hasta la zona de las Arenas, frente a cuya playa se encuentra el restaurante Tamarises-Izarra, que ocupa la primera planta del local, ya que en la planta baja se sirven pinchos y menús más, digamos, normalitos. Como era una ocasión especial, nos decidimos por el menú degustación que cuesta 47 euros, con vino Rioja crianza y café incluidos, y que cuenta con los siguientes platos: aperitivo, terrina de foie con pan de pasas y nueces, tataki de atún rojo con crema montada de tomate y ajo, arroz cremoso de vieira y carabinero, lomo de merluza asada con alga wuakame, solomillo sobre hongos confitados y aroma de trufa y de postre una torrija caramelizada en confitura de naranja y helado de caramelo. Estaba todo buenísimo.


Sé que mucha gente prefiere otro tipo de comida, con platos más contundentes y colmados, mientras que a nosotros nos apetece probar sabores variados e incluso diferentes a que la comida nos salga por las orejas, sobre todo en ocasiones especiales. Por eso, me limito a comentar lo que comemos y si nos ha gustado, pero sin hacer recomendaciones porque no quiero equivocar a nadie.

Playa Ereaga, frente a la que se encuentra el restaurante.

Después de comer queríamos volver hasta el Puente Colgante para cruzarlo a pie, por la pasarela superior, y se nos ocurrió la genial idea de ir caminando desde la playa de las Arenas para, de paso, conocer un poco Guecho. El camino parecía entretenido porque hay una especie de paseo junto al mar, desde el que se pueden apreciar edificios de arquitectura destacada de varios estilos, correspondientes a la nobleza y la alta burguesía del siglo XIX. Hay paneles informativos a lo largo de todo el recorrido con la historia de las construcciones y a nosotros, que nos gusta la arquitectura, nos llamó la atención. Sin embargo, este paseo no atraerá especialmente a los no aficionados.

Desde la playa de las Arenas hasta el Puente Colgante se ven edificios muy llamativos.



A medio recorrido (una media hora más o menos) el tiempo se puso realmente desagradable pues empezaron a caer auténticas cortinas de agua que, aunque eran intermitentes, al venir acompañadas por un viento racheado muy fuerte hacían inútil cualquier intento de dominar nuestros paraguas, que pronto terminaron hechos trizas. Como no había ningún sitio donde cobijarnos, decidimos volver al coche. Entre unas cosas y otras perdimos más de una hora y pese a los chubasqueros terminamos empapados, menos mal que la temperatura no era fría.



Ya con el coche, volvimos al acceso del Puente Colgante. Aparcamos en zona azul (creo que nos costó 1,10, hora y media o algo así) y aprovechamos que el temporal daba una tregua para recorrer la pasarela del Puente Colgante. El ticket se compra en la tienda de recuerdos y cuesta 8 euros. Es caro, pero nos apetecía darnos el capricho. Se sube en ascensor y está incluido el regreso en la barquita. Todavía hay un entrada más cara si se desea contar con la audio-guía, que no me parece en absoluto necesaria.

El Puente con su barquita desde el acceso de Guecho.

Ya en la pasarela hay diversos paneles informativos, que cuentan la historia del puente, aunque sin duda lo mejor son las fabulosas vistas que se tienen de Portugalete, Santurce, Guecho y la ría de Bilbao. La estructura es abierta y quizás haya a quien le dé vértigo, lo que no fue nuestro caso.
Lo malo fue que estando arriba comenzó a caer otro tremendo aguacero y tuvimos que salir corriendo antes de tiempo, aunque sí que pudimos estar lo suficiente para contemplar el panorama y sacar algunas fotos.

Salida de la ría al mar, con Guecho a la derecha.

Vista de Santurce, a la izquierda.

La pasarela.

Vista del interior de la ría, hacia Bilbao, con Guecho a la izquierda y Portugalete a la derecha.

Vista panorámica de Portugalete, a la derecha.

Como habíamos tenido que tirar los paraguas, volvimos al centro de Guecho para comprar otros. De modo increíble, no encontramos ninguna tienda donde los vendieran (ni unos chinos encontramos), así que tuvimos que encomendarnos a los chubasqueros. Con ese tiempo, tampoco pudimos hacer otra rutita a pie que teníamos prevista, desde el Castillo de Punta Galea hasta Sopela, recorriendo la línea costera. Así que tuvimos que conformarnos con ir con el coche hasta el castillo, del que solamente conservan algunos restos muy deteriorados. Luego fuimos caminando por la calle hasta donde comienza el sendero, que ofrece una primera vista de los acantilados.

Entorno de los restos del castillo de Punta Galea

Comienzo de la ruta de los acantilados.


Otra vez empezó a llover con fuerza, así que, cansados de luchar contra los elementos, renunciamos a ir a Plentzia, donde nos hubiera gustado echar un vistazo a su playa y sus formaciones rocosas y emprendimos viaje hacia Balmaseda, donde teníamos nuestro alojamiento de esa noche. Por el camino nos acercamos hasta el llamativo Castillo de Butrón, que se encuentra en el término municipal de Gatika, y cuyas torres vimos sobresalir entre el boscaje desde bastante lejos, aunque luego nos costó bastante encontrarlo una vez metidos en la carreterita que zigzaguea entre los árboles, ya que está rodeado de una frondosa vegetación. Cuidado con un cartel que anuncia “castillo de Butrón”, y que en realidad lleva a un camping y despista bastante.


Al fin, llegamos hasta la construcción y vimos dos de sus fachadas puesto que solamente se puede visitar desde el exterior. Es un bien protegido, pero lamentablemente el edificio se encuentra un tanto descuidado. Ya en la Edad Media existía en este lugar una Casa-Torre de la familia de los Butrón. Sin embargo, su aspecto actual proviene de una remodelación que realizó el Marqués de Cubas a finales del siglo XIX, siguiendo el gusto de la época por los castillos de cuento de hadas
.


De nuevo la lluvia empezó a caer de manera inclemente y apenas pudimos tomar unas fotos, intentando resguardar el objetivo de la cortina de agua. ¡Vaya día!


Desde allí hasta Balmaseda el recorrido se tornó casi tenebroso por los nubarrones negros que oscurecían la tarde, algunos bancos de niebla, la lluvia y el viento. Parecíamos estar reviviendo la escena de la llegada del sevillano al País Vasco en la película “Ocho apellidos vascos”. Y es que un 24 de julio, cuando media España se asaba, no podíamos por menos que pensar: ¡Madre mía! ¿Dónde nos hemos metido? Trist Trist

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Ver Etapa: SANTURCE, PORTUGALETE, GUECHO Y CASTILLO DE BUTRÓN (VIZCAYA).



Etapa: BALMASEDA, CASCADA DE GUJULI, ORDUÑA, TORRE VARONA, SALINAS DE AÑANA, ARAMAIO.  -  Localización:  España España
Descripción: En esta etapa relato nuestro recorrido. por Balmaseda, la Cascada de Gujuli y Orduña. También paramos a ver la Torre Palacio de los Varona, las Salinas de Añana y el Mirador de Aramaio, desde donde se domina un paisaje que el rey Alfonso XIII denominó como la "Suiza Vasca".
Fecha creación: 01/11/2017 00:31  
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El recorrido de la jornada era el siguiente:
BALMASEDA/CASCADA DE GUJULI/ORDUÑA/TORRE-PALACIO DE LOS VARONA/SALINAS DE AÑANA/MIRADOR DE ARAMAIO. Noche en Elorrio.

Sobre la marcha tuvimos que cambiar el itinerario de este día porque el tiempo no iba a ser el más propicio para hacer la caminata que teníamos prevista en el Parque Natural de Urkiola. Quedaría para la jornada siguiente, en que se anunciaba una notable mejoría climatológica.

El recorrido definitivo aparece más o menos así en GoogleMaps. Unos 173 kilómetros, con un tiempo aproximado en el coche de unas tres horas y cuarto.


BALMASEDA.

Era casi de noche cuando llegamos a Balmaseda. Afortunadamente, ya apenas llovía. Fuimos directamente hacia nuestro alojamiento, el Hotel Convento San Roque, de dos estrellas. El edificio, un antiguo convento de monjas de clausura del siglo XVII, ha sido restaurado y nos encantó en cuanto lo vimos. Está magníficamente situado muy cerca del casco antiguo y a un par de minutos caminando del Puente Medieval, tiene parking gratuito y la habitación era una pocholada: grande, cómoda y decorada en un encantador estilo romanticón. Las 19 habitaciones de que consta el hotel eran las celdas de las monjas clarisas que lo habitaban. El exterior es igualmente atractivo. Nos costó 69,30 euros una noche en habitación doble superior.

La habitación que ocupamos y el exterior del antiguo convento, hoy hotel.


El antiguo claustro iluminado: se utiliza para servir los desayunos.

Adosado al edificio del hotel se encuentra la Iglesia del Monasterio de Santa Clara, que actualmente es un museo y la sede de la Asociación de Turismo de las Encartaciones-Enkartur.


Balmaseda (Valmaseda en castellano) está a unos 30 kilómetros de Bilbao y tiene algo más de 7.000 habitantes censados en la actualidad. Pertenece a la comarca de las Encartaciones y se encuentra en un terreno accidentado, flanqueado por numerosos montes, entre los cuales discurre el río Cadagua y sus afluentes, formando un estrecho valle donde se asienta la población, que fue la primera villa del Señorío de Vizcaya. Fue fundada en 1199 por Don Lope Sánchez de Mena, señor de Bortedo, que consideró su abrupto territorio muy apropiado para edificar una ciudad fortificada, aprovechando, además, las buenas comunicaciones existentes con Castilla a través de una antigua calzada romana. Recibió el fuero de Logroño y la localidad pronto se convirtió en un importante centro comercial, de obligado paso entre Castilla y el Cantábrico, que mantuvo su importancia hasta la apertura de otra ruta por Orduña en el siglo XVIII. En su decadencia posterior influyeron también los daños causados por la Guerra de la Independencia y las Guerras Carlistas. La llegada del ferrocarril supuso un nuevo impulso para una villa bastante condicionada en su crecimiento por su tortuosa localización geográfica. En su economía actual destacan las industrias del metal y el mueble.


En el hotel, nos facilitaron un mapa turístico y todo tipo de información. Aunque había restaurante en el propio establecimiento, preferimos salir a dar un paseo por el casco antiguo y aprovechar para cenar algo ligero. El edificio del antiguo convento se encuentra en el vértice del recorrido turístico recomendado, que consta básicamente de cuatro calles paralelas (la Cuesta, Corredera, Pío Bermejillo y Martín Mendía) que confluyen en la Plaza de San Severino. Más a la izquierda mirando desde nuestro alojamiento se encuentra el río Cadagua, con su Paseo Martín Mendía y el Puente Medieval. Es un itinerario corto, que no lleva demasiado tiempo.

Foto del útil mapa turístico que nos entregaron en el hotel.

Como había llovido y hacía bastante fresquito, el suelo estaba mojado y apenas había gente por las calles. Para nada daba la impresión de encontrarnos en pleno verano. Tampoco había demasiado ambiente en plan de bares, pero encontramos uno en la Plaza de San Severino, donde tomamos unas croquetas, una ración de ensaladilla y unos pinchos de morcilla y tortilla, con unas cervezas con limón. Nos cobraron 11 euros y estaba todo muy rico. Después dimos una vuelta para ver los monumentos iluminados y volvimos al hotel porque no había mucho más que hacer por allí.

Resumen de nuestro paseo nocturno. Sobre todo me gustó la iluminación de la Plaza de San Severino y la del Puente Medieval.

Plaza de San Severino de noche.

A la vera del río Cadagua.

Puente Medieval iluminado.


Iglesia de San Severino.

Ayuntamiento.
Al día siguiente nos quedamos en el hotel a desayunar, pues era un buen reclamo poder disfrutar del antiguo claustro del antiguo convento, donde se servían los desayunos. Lo malo fue que la recepcionista estaba para todo y pese a su amabilidad y sus buenas intenciones, como casi todos los clientes coincidimos a la misma hora, la situación fue un tanto caótica. Pero no era culpa de la empleada, que bastante hacía con intentar multiplicarse.

Claustro y exterior del antiguo convento.

Después fuimos a hacer nuestro pequeño recorrido turístico siguiendo más o menos el itinerario de la noche anterior, aunque ahora a la luz del día. La mañana estaba oscura y el cielo aparecía cubierto por densos nubarrones; sin embargo, había dejado de llover y los pronósticos del tiempo anunciaban una clara mejoría a partir del mediodía. ¡Menos mal! De modo que pudimos visitar tranquilamente los lugares más importantes de la villa, empezando por la Plaza de San Severino, la más amplia y bonita en su conjunto, embellecida con numerosos maceteros con flores y donde se encuentran algunos de los edificios más notables, entre los que sobresalen la Iglesia de San Severino y el Ayuntamiento.


La Iglesia de San Severino es gótica, del siglo XV, pero con bastantes añadidos barrocos procedentes de reformas realizadas en el siglo XVIII. Destacan las portadas y los ventanales góticos.




El interior tiene altas bóvedas de crucería y tres capillas.


El Ayuntamiento fue construido en el siglo XVIII en estilo barroco, pero fue muy modificado y tiene soportales con una galería de columnas que recuerdan el estilo mudéjar.


La otra zona más interesante de Balmaseda es el Paseo Martín Mendía, que va por la orilla del río, desde el que se pueden ver bonitas vistas donde las aguas hacen las veces de espejo; una lástima que la mayor parte de los edificios que se reflejan en el Cadagua no sean especialmente atractivos, a excepción de la Iglesia de San Juan (siglo XV con torre y pórtico posteriores) y del propio Puente Viejo.




El Puente Viejo es la imagen más característica de Balmaseda. Data del siglo XIII y era un punto muy importante de la ruta comercial entre Castilla, el Señorío de Vizcaya y el mar Cantábrico. Además, servía de vigilancia y control aduanero, con el cobro de los consiguientes impuestos.




Se puede contemplar muy bien desde la zona del río adyacente a la plaza de San Juan.


En esa plaza se encuentra la Iglesia de San Juan, del siglo XV, con torre del siglo XVIII y pórtico del siglo XX. Actualmente es un museo. También resulta muy bonita su imagen desde el río



Además del conjunto de casas del casco viejo, otros edificios destacados son los palacios de Urrutia y de Horkasitas, y un par de casas de indianos.


CASCADA DE GUJULI.

Teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, nos vimos obligados a cambiar el itinerario inicialmente previsto. Así que intentamos cuadrarlo de la mejor manera, evitando en lo posible pasar por autovías y repetir itinerarios. De modo que, pasando por Arceniega (nos pareció un pueblo muy interesante con sus sobrias casas de piedra, pero preferimos no detenernos a visitarlo por si apurábamos demasiado el tiempo), fuimos hacia Orduña, localidad que no figuraba en nuestro recorrido primitivo, como tampoco lo estaba la Cascada de Gujuli pues nos imaginábamos que, dada la época del año, aparecería muy mermada. Sin embargo, como nos encontrábamos muy cerca y faltaba todavía un rato para la hora de almorzar, decidimos ir hasta allí, pasando previamente por un alto de montaña desde el que pudimos contemplar unas estupendas vistas del valle.


Hay dos formas de contemplar la cascada, que se encuentra en el Parque Natural de Gorbea: una fácil, desde un accesible mirador, y otra más complicada, caminando hasta la parte superior, desde donde cae el agua. Casi sin pretenderlo, ya que nos dejamos guiar por el navegador, empezamos por la segunda opción, llegando hasta la iglesia románica del Barrio Bajo de Goiuri. Junto a ella dejamos el coche y seguimos andando hasta las vías del tren, que hay que cruzar, para luego caminar unas decenas de metros hasta el promontorio rocoso desde el cual se precipita el agua de la cascada. No llegamos al final. Con todo lo que había llovido el día anterior, el terreno estaba muy resbaladizo y no quisimos arriesgarnos. Así que volvimos al coche y retrocedimos hasta encontrar el parking que da acceso al mirador tradicional, desde el que se ve frontalmente la cascada, y que se alcanza en un cómodo paseo de unos 600 metros. Si utilizáis GoogleMaps como navegador, poned en el destino “mirador de Gujuli”, porque si ponéis “cascada de Gujuli” os conducirá al otro sitio que he mencionado. En la foto de GoogleMaps se aprecia todo esto muy bien:


El artilugio metálico está plantado en pleno bosque, sobre un barranco que mira de frente a otro, por el que se precipita la cascada, que alcanza los 100 metros de altura y que ofrece también el panorama de un gran hayedo de gran valor ecológico. Las ramas de los árboles estorban un poco, pero se podía ver bien la caída de las aguas del río Jaundia (afluente del Altube), un hilillo apenas, como nos habíamos imaginado. El panorama debe ser más impactante en primavera, tras un periodo de lluvias, y en otoño, con las tonalidades marrones del bosque. Pese a todo, el paseo resultó agradable y no nos arrepentimos de haber ido.





ORDUÑA.

Después retrocedimos hasta Orduña. Aparcamos sin problemas muy cerca de la Iglesia fortificada de Santa María. Como ya era casi la hora de comer, decidimos dejar la visita turística para después y fuimos en busca de un restaurante. No teníamos referencias y tampoco nos apetecía nada especial, así que subimos por la calle Burdín, llegamos a la Plaza de los Fueros (la Plaza Mayor) y empezamos a mirar por aquí y por allá. No vimos demasiada oferta, así que nos metimos por la calle Burgos y entramos en un local que tenía buena pinta y servían menús del día por 15 euros. El servicio fue rápido, la camarera muy amable y las croquetas y el pescado estaban muy ricos.

Plaza de los Fueros.

Luego fuimos a dar una vuelta por el casco antiguo. Me ha sorprendido leer que ésta es la única población vizcaína que ostenta el título de ciudad (por cédula real de Enrique IV en 1467) y se encuentra entre las provincias de Álava y Burgos, en el margen izquierdo del río Nervión. En sus proximidades hay varias sierras con alturas de hasta 1.000 metros. Se encuentra a 383 kilómetros de Madrid, a 38 de Bilbao, a 35 de Vitoria y a 124 de San Sebastián. Su población actual supera los 4.000 habitantes.

Llegando a Orduña, destacan los altos de su iglesia fortificada.

En estas tierras existen restos prehistóricos del neolítico (entre 2000 y 400 años a.C.), que se conocen como el Dolmen de las Campas de la Choza. Las crónicas de Alfonso III son las primeras reseñas escritas acerca de Orduña y se remontan al siglo VII, durante el reinado de Alfonso I. Este lugar siempre ha sido un punto estratégico de primer orden debido a su situación geográfica, en la ruta de enlace de Castilla con el mar Cantábrico, controlando asimismo el acceso al Señorío de Vizcaya. Su fundación como villa se produjo en 1229, fue dotada de fueros y enseguida se convirtió en un importante enclave comercial, que despuntó durante los siglos XVI, XVII y XVIII, a finales del cual se llevaron a cabo importantes obras para mejorar las vías de comunicación que unían el interior de la península con el mar y la construcción del nuevo edificio de la Aduana. Durante el siglo XIX, las guerras y el traslado de la aduana a la costa trajeron el declive a Orduña, que perdió sus fueros al final de la primera guerra carlista. No se produjo en la ciudad desarrollo industrial importante, aunque cabe destacar la apertura del Balneario de la Muera para atraer turistas, ya a comienzos del siglo XX. Actualmente se está intentando fomentar el turismo puesto que la ciudad tiene un entorno natural muy bello, con estupendos lugares para visitar y hacer senderismo: el Salto del Nervión, el Monumento Natural del Monte Santiago, la Cascada de Gujuli, el Cañón de Delica… También cuenta con un casco histórico bastante bien conservado pese a que en el siglo XVI fue casi completamente destruida por un incendio y fue declarado Monumento Histórico-Artístico por el Gobierno Vasco desde 1997. También se quiso reactivar el turismo termal, convirtiendo el edificio de la antigua Aduana en Balneario, pero este intentó fracasó y el hotel cerró en 2014 por falta de recursos. Lo cierto es que encontramos muy pocos visitantes en Orduña, quizás porque era el momento del almuerzo. Estuvimos dando una vuelta por el centro y vimos lo más destacado, que es lo siguiente:


La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción destaca ya desde la carretera, concediendo a la ciudad una seña especial. Fue construida en el siglo XV en estilo gótico vasco y formaba parte de las murallas, con lo cual se trata de una iglesia-fortaleza. Dispone de tres naves y capillas, pero no pudimos visitar su interior porque estaba cerrada.


Caminando hacia la parte posterior, llegamos hasta el recinto fortificado del siglo XIII, desde donde se tienen unas bonitas vistas de las propias murallas y del entorno. Originariamente contaba con siete puertas, pero actualmente solamente se conserva el Portal Oscuro, unido a la Casa Consistorial.



La Plaza de los Fueros, porticada y de considerables dimensiones. Aunque contiene edificios de diversas épocas, desde la fundación de la primitiva villa, en este lugar se desarrollaba la mayor parte del comercio.


En torno a la Plaza de los Fueros y calles adyacentes se encuentran buena parte del resto de edificios destacados de la ciudad, como la llamativa Iglesia de la Sagrada Familia, de estilo barroco, la Casa Consistorial, que aúna dos edificios de épocas diferentes, una torre medieval y una construcción barroca.También vimos allí la antigua Aduana, edificio neoclásico construido en época de Carlos III.




Pueden citarse también palacios como los de Mimenza, Díaz de Pimienta y Velasco. El Palacio Ortés de Velasco o de Arbieto se encontraba muy cerca de donde habíamos dejado el coche. Data del siglo XVI, es de estilo renacentista y trazado militar.


Cuando nos íbamos, ya en la carretera, nos llamó la atención una construcción extraña en lo alto de un monte. Luego nos enteramos que es el Monumento del Txarlazo, que fue uno de los primeros construidos en España con hormigón armado hace más de cien años. Rinde homenaje a la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de la Antigua, y tiene un mirador en su parte superior. Como no lo sabíamos, no fuimos a visitarlo. Debe de proporcionar buenas vistas del valle de Orduña. Claro que también las tuvimos desde el puerto de Orduña.

Entorno de Orduña con sus picudos montículos.

Monumento del Txarlazo, en lo alto del monte.

Vistas desde el Puerto de Orduña.

TORRE-PALACIO DE LOS VARONA.

Como nos pillaba de paso en nuestra ruta hacia las Salinas de Añana, nos desviamos unos pocos kilómetros para ver el que está considerado como el conjunto de arquitectura militar del siglo XIV mejor conservado de la provincia de Álava. Se encuentra en la población de Villanañe.


Al interior solamente se puede acceder mediante visita guiada. Junto a otras personas estuvimos aguardando que alguien viniera a realizarla dentro el horario que estaba anunciado en el cartel informativo, pero nadie apareció. Así que después de casi una hora de vana espera, decidimos marcharnos porque no podíamos perder más tiempo allí.


Sin embargo, no nos arrepentimos de habernos acercado. Nos gustó tanto el exterior del edificio como su localización: el campo tenía un encanto especial, con su manto dorado de girasoles, al que los muros de sillería de la Iglesia de Santa María ,del siglo XVI ,proporcionaban un hermoso contrapunto.




SALINAS DE AÑANA. VALLE SALADO.

Poco después llegamos a Añana, municipio situado apenas a 30 kilómetros de Vitoria. Este municipio consta de dos pueblos: Atiega y Salinas de Añana, que es la capital.



Salinas de Añana tuvo su primer fuero en 1140, concedido por Alfonso VII de León y como Señorío sufrió a lo largo de los siglos diversas vicisitudes, repartiéndose entre reyes, infantas, nobles y damas. El motivo de tal interés y trasiego se debe a la riqueza que le proporcionaban sus salinas. Si bien se dice que los romanos ya las conocían, la primera referencia cierta que existe de su explotación data del año 822. Su formación se debe a los manantiales de agua salada que se forman en el río Muera, debidos a que los cursos subterráneos de agua atraviesan sedimentos de sal antes de salir a la superficie. Estas salinas junto con las de Poza de la Sal fueron las más importantes de la Península Ibérica y la calidad de su sal era excelente.


En un principio fueron explotadas por pequeños propietarios que constituían la Comunidad de Caballeros Herederos de las Reales Salinas de Añana. Más tarde fueron los monasterios los que se hicieron con el negocio de la sal, hasta que en 1564 los manantiales pasaron a la Corona, constituyendo un monopolio real que no finalizó hasta 1869, cuando cada propietario quedó libre para elaborar y vender su sal. La decadencia llegó en los años 60 del siglo pasado con la industrialización y las salinas se abandonaron, deteriorándose rápidamente las maderas que, formando terrazas, sustentaban los canales que encauzaban el agua de la que se extraía la sal y que ofrecía un paisaje muy especial y también bastante atractivo desde el punto de vista turístico. Por eso se decidió recuperarlo y convertirlo en monumento natural. Incluso opta a ser Patrimonio Mundial de la Unesco.


Existen visitas guiadas, con diversas actividades, para recorrer las antiguas instalaciones ahora restauradas. Como estábamos en ruta, era difícil prever con anticipación el horario y tampoco teníamos un interés demasiado grande. Además, por un camino paralelo a la carretera se puede ver perfectamente todo el conjunto, existiendo paneles informativos y varios miradores.


Llegamos a Salinas por la parte de la Iglesia y recorrimos todo el camino hasta la salida en el coche, buscando un sitio donde dejar el vehículo. Todos los aparcamientos públicos estaban llenos, así que dimos la vuelta y fuimos a uno que está a unos treinta o cuarenta metros de la Iglesia. Después hicimos a pie el entretenido itinerario desde el que se divisan las salinas y que, en pronunciada cuesta, va paralelo a la carretera hasta el final. La verdad es que llama la atención contemplar las más de cinco mil eras, es decir, las plataformas de madera sobre las que se vierte el agua salada (muera) para obtener la sal por evaporación. Poco a poco el sol fue ganando terreno a las nubes y el brillo del agua con sus diferentes colores le dio un especial encanto al paisaje. En mi opinión es una visita bastante recomendable pues no lleva mucho tiempo y se encuentra muy carca de Vitoria, desde donde se puede llegar muy fácilmente.


También se puede ver (queda muy chula en las fotos) la Iglesia de Santa María de Villacones, situada en la zona más baja del pueblo, junto al cauce del río Muera. Fue construida en varias épocas y se conservan algunos soportes del siglo XIII. El antiguo templo medieval fue reconstruido en el siglo XV y la torre data de 1700. Estaba cerrada y no pudimos ver el interior, que alberga una imagen de principios del siglo XIV. Si se tiene tiempo, también se puede dar un paseíto por el pueblo.



MIRADOR DE AMARAIO (la Suiza vasca).

La vista de las Salinas nos dejó un buen sabor de boca y nos dirigimos hacia la siguiente etapa del día: el mirador de Aramaio. Recorrimos unos 55 kilómetros de paisaje variado hasta llegar a los frondosos bosques en torno al Parque Natural de Urquiola, por la carretera A-2620, en las proximidades del Alto de la Krutzeta, muy cerca del cruce de Olaeta y que conduce a la Ermita de San Cristobal. Hay que ir con cuidado para no pasárselo porque se trata de una especie de balcón, situado en alto, en la orilla de la carretera (a la izquierda viniendo de Vitoria y a la derecha viniendo de Aramaio), al que hay que subir por un pequeño sendero.


Estas tierras fueron vizcaínas hasta 1498, en que se incorporaron a Álava. Según se cuenta, el rey Alfonso XIII fue en 1905 hasta Aramaio para saludar a su profesor de ciencias, que veraneaba allí. Y al contemplar las vistas desde el alto de la Cruceta, comentó que el lugar parecía como una pequeña Suiza. De ahí procede esa denominación. Ya era tarde, estaba nublado y no había demasiada luz, pero el paisaje realmente nos pareció bonito. Sin embargo, como nos aclaró el panel informativo, lo que estábamos contemplando no era el que fue antaño, en el que dominaban los bosques de robles y hayas, sin pastizales ni prados, sino el resultado de la intervención humana durante siglos, dando lugar a la llamada campiña atlántica.


Retrocedimos unos metros y tomamos la carretera que se interna en el Parque Natural de Urquiola. Unos pocos kilómetros después nos encontramos con un pequeño aparcamiento a la izquierda, frente a un sendero que lleva a la Ermita de San Cristobal. Desde allí, obtuvimos una perspectiva diferente del Valle de Aramaio. Como no cuesta mucho trabajo llegar allí, si se está cerca, no viene mal pasarse y asomarse a ver el panorama.





Lo que nos quedaba a continuación era el trayecto hasta Elorrio, donde teníamos alojamiento esa noche. Por el camino, descubrimos bucólicos paisajes con caballos pastando, ya muy cerca de la población de Aramaio, en la que nos sorprendieron unos edificios de apartamentos bastante modernos, que no cuadraban demasiado con el entorno.Sólo fueron 25 kilómetros hasta el hotel, pero se nos hicieron muy pesados, sobre todo la circunvalación de Mondragón, donde nos encontramos las sempiternas retorcidas carreteras vascas, pero aquí con mucho tráfico.
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Ver Etapa: BALMASEDA, CASCADA DE GUJULI, ORDUÑA, TORRE VARONA, SALINAS DE AÑANA, ARAMAIO.

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  Últimos comentarios al diario  EN RUTA POR EL PAÍS VASCO (EUSKAL HERRIA / EUSKADI). EN CONSTRUCCIÓN.
Total comentarios 5  Visualizar todos los comentarios

marimerpa  marimerpa  01/11/2017 16:57   
Al igual que tú hace poco, yo también tengo una deuda con esta tierra, solo conozco, y poco, dos de sus ciudades. El diario, tan detallado como siempre, me servirá de referencia para saldar la deuda. Te sigo atentamente.

artemisa23  artemisa23  01/11/2017 23:19   
Hola, mari. Gracias por tu comentario. Estoy segura de que te gustará la tierra vasca cuando la conozcas más en profundidad: la gente es muy amable, los paisajes de lo más sugerente y la gastronomía un autentico placer. Espero avanzar poco a poco con el diario. Un abrazo.

rodei  rodei  02/11/2017 07:37
Comentario sobre la etapa: ELORRIO, PARQUE DE URQUIOLA (P.URKIOLAMENDI, ruta a pie), DURANGO, RÍA URDAIBAI.
Soy de Durango, enhorabuena por este precioso y completo diario, que me hace valorar aún mas mi tierra. Creo que esta a`portación es mas valida que cualquier guia.
GRACIAS.

artemisa23  artemisa23  02/11/2017 20:00   
Muchas gracias, rodei. Me alegro de que te haya gustado el diario, sobre todo siendo tú de esas preciosas tierras. Me gustó mucho el País Vasco, y sobre todo la amabilidad de sus gentes y sus gastronomía. Aún sueño con esos pinchos, jajaja. Tendré que volver.

highlands_2003  highlands_2003  10/11/2017 18:03   
¡¡Muchos datos y muchas fotos como a mi me gusta!!!! Mira que me estás dando ganas de hacer de turista por mi tierra y cómo te comenté, es curioso cómo nos ven los de "fuera" Sonriente te dejo ya las super merecidas estrellas!!!!

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Mensajes: 1

Fecha: Dom Jul 09, 2017 12:19 pm    Título: Re: País Vasco-Francés. Qué ver, rutas, alojamiento....

Hola.

Quiero hacer una ruta con una amiga desde Almería hacia el País Vasco Francés y de ahí ir a Le Mans.

¿Me podríais recomendar sitios donde dormir o que ver en el País Vasco francés?

Gracias!!
Raky81
Raky81
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Ago 28, 2008
Mensajes: 118

Fecha: Vie Ago 04, 2017 11:49 am    Título: Re: País Vasco-Francés: Qué ver, rutas, alojamiento -...

Muy buenas, estoy pensando en ir a pasar el día por la zona de Sara y me gustaría saber hasta que hora dan de comer en Francia al mediodía ya que he leído que a las 14,10 ya es muy difícil encontrar que te sirvan comidas, muchas gracias.
rodei
rodei
Willy Fog
Willy Fog
Sep 07, 2010
Mensajes: 23296

Fecha: Vie Ago 04, 2017 11:51 am    Título: Re: País Vasco-Francés: Qué ver, rutas, alojamiento -...

Raky81 Escribio:
Muy buenas, estoy pensando en ir a pasar el día por la zona de Sara y me gustaría saber hasta que hora dan de comer en Francia al mediodía ya que he leído que a las 14,10 ya es muy difícil encontrar que te sirvan comidas, muchas gracias.

Pues si, en esa zona se come entre las 12.30 y las 14h como muy tarde.
cartojal
cartojal
Silver Traveller
Silver Traveller
Ago 28, 2012
Mensajes: 21

Fecha: Jue Oct 26, 2017 01:40 pm    Título: Re: País Vasco-Francés: Qué ver, rutas, alojamiento

Buenas! Llego a San Sebastán desde Santander el próximo domingo por la tarde-noche, y estaré lunes completo, y martes también hasta por la tarche-noche. Me gustaría hacer una ruta por algunos pueblos del País Vasco francés, y he pensado en coger el lunes por la mañana, madrugar para ir desde San Sebastián a Bayona, bajar a San Juan de la Luz, almorzar allí, y por último pasar la tarde-noche en Hondarribia (no sé si cenaría allí o volvería a San Sebastián), y el martes lo aprovecharía para conocer San Sebastián. Llevo coche propio, ¿Qué tal lo veis? Agradezco vuestras opiniones y...  Leer más ...
izka
izka
Super Expert
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Jul 29, 2008
Mensajes: 289

Fecha: Vie Oct 27, 2017 01:29 am    Título: Re: País Vasco-Francés: Qué ver, rutas, alojamiento

Hola, visita exprés por lo que veo Mr. Green Es una zona tan bonita de ver, pero si lo tienes así de concentrado... pues hay que descartar... St Jean Pied de Port es precioso, o la ruta de las cuevas (frontera del País Vasco francés con Navarra): Zugarramurdi, Sara, Urdax... te lo comento a ver si te entra en gusanillo de querer repetir la visita. A mí hay una ruta que me gusta mucho hacer, pero te toca un buen madrugón para aprovechar bien el día. De Hendaya vas hacia la playa y coges la carretera rumbo la carretera de la Corniche (dirección Ciboure, Sokoa...). A los 3 kms...  Leer más ...
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