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Un mundo llamado China - Superpollo - Travel Journeys of China
Journey: Preparativos  |
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Reconozco que no hay escondrijo en la red (eso creo) que hable de viajes a China, en el que no me haya zambullido de manera ansiosa en los últimos días. De los que más me han llamado la atención puedo destacar:
losviajeros.com/
locurachina.blogspot.com/
diario.grumpywolf.net/
www.viatgeaddictes.com...a05_es.php
www.vagamundos.net/v4/...a.php?id=1
Todos ellos coinciden en que China es un lugar impresionante y que sólo visitándolo puedes darte cuenta de sus verdaderos límites. Cuentan del pasmo de algunos viajeros ante paisajes de ensueño, mientras son zarandeados por olores y sabores nunca descritos. Tengo ganas de comprobarlo y queda muy poco para ello. En mi estómago empiezan a llegar mariposas ¿Serán turistas también? ¿Tendrán su propio cuaderno de viajes?
Ayer recogí el billete en la agencia junto con la confirmación de la ruta a seguir, que será el esqueleto de este relato:
Madrid – Helsinki – Shanghai – Suzhou – Shanghai – Hangzhou – Guilin – Xian – Pekín – Helsinki - Madrid. Total 16 días de aventura organizada oriental. Hay algunos que recomiendan ir por libre, en plan mochilero, sobre todo por el ahorro final en el precio y por la experiencia total, pero creo que por ser la primera vez y estar “algo mayor” voy a preferir viajar más a lo señorito y no dejar a Phileas Fogg salir de su jaula de papel por el momento...
Nada mas salir de la agencia de viajes me fui a comprar un maletón con ruedas (trolley) de color chillón (parece una bombona de butano) donde, por recomendación, llevaré ropa de verano, dado el calor extremado y húmedo que hace en el mes de julio por aquellas tierras. También llevaré una mochila para la do*****entación y esas cosas que siempre conviene tener a mano, por si las moscas…
En el centro de la habitación, sobre la cama, yace como una almeja gigante la maleta abierta. A su alrededor, colgadas de todo punto saliente o simplemente colocadas sobre cualquier punto libre, encontramos las ropas candidatas a acompañarme en el viaje. Sé que si fueran seres vivos se estarían mirando entre ellas con envidia y temor, y cuchicheando cosas como “El amo me va a llevar a mí y tú te vas a quedar aquí, en la soledad oscura del armario”. Dejemos el escenario de la “nominación” tal como está unos días más. Alarguemos un tiempo la incertidumbre de las cosas… “Pantalón vaquero, si vuelves a hablar de esa manera a la camiseta de los ‘Simpson’ te quedarás todo el verano si ver la luz del sol. Que lo sepas."
Los que han viajado alguna vez a China recomiendan llevar poco equipaje y es que cuentan de las buenas ofertas de compras que uno puede llegar a encontrar allí, sobre todo en los famosos mercados de imitaciones en los que el regateo es el jefe indiscutible. ..
¿Cuánto cuesta esto? - duoshao qián?
¡Qué caro que es! – tài gui le!
¿Hacen descuento? – dazhé ma?
Bien, me lo llevo… - wo yào zhè ge…
Equipaje:
- 2 pantalones vaqueros
- 1 pantalón con 600 bolsillos
- 4 camisetas
- 2 pares de deportivas
- 6 pares de calcetines
- 8 gallumbos
- mini botiquín (Relec Forte para los mosquitos y Almax Forte para mí)
- bolsa de aseo
- teléfono móvil
- cámara de fotos con 2 Gb de memoria
- cuaderno y 2 bolis
- diccionario y guías de China y Madrid (con las obras no hay quién se aclare)
- “Sin noticias de Gurb” para combatir el pánico a volar ¿Me recomendáis otro?
- Muchas ganas de pasármelo bien y de volver para contarlo…
Próximo post: T4, Madrid – Helsinki. ¡Glub!
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Journey: Madrid-Shanghai (1ª parte)  |
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Los tres despertadores que tenía preparados no tuvieron necesidad de ejercer esta mañana. Envuelto en sueños surrealistas he despertado con la ansiedad de un crío en época navideña. Entre penumbras veo los bultos de viaje, colocados desordenadamente, como las montañas mágicas de Guilin. Saliendo del sopor, a mano derecha, los últimos apuntes de la pasada noche me recuerdan mi cita telefónica con una empresa de taxis. A pesar de la prontitud, me acicalo como los gatos y desayuno como los modernos: un par de “pascualines” energéticos y un vaso de agua… El cronómetro de la aventura se ha puesto en marcha y no hay tiempo que perder, aunque el ascensor del edificio esté más por la labor de apoyar la huelga de Iberia. Ciento diez escalones más abajo me espera la todavía noche.
Algunos ruidos de vecindario acompañan la figura reluciente de un “pimiento” (una de las muchas formas de llamar a los taxis en Madrid) que aparca delante de mí. De él sale un veterano conductor que me pregunta sonriente si me llamo Juan Carlos. Le devuelvo la sonrisa y él se apresura a coger mi maleta de color naranja e introducirla en el maletero de su coche. Le pido que me lleve a la Terminal 4 de Barajas por el sitio que prefiera, ya que aún me quedan más de tres horas para la salida del avión. Nos ponemos en marcha, mis ojos acompañan las calles semidesiertas. Sin quererlo me voy despidiendo del barrio, del río, del aire caliente de Madrid.
“Es curioso, antes la gente se iba a Benidorm y el que más a Palma de Mallorca, y ahora te vas a la China como el que se va a la vuelta de la esquina, je, je, je. Aunque te advierto que con todos los chinos que hay aquí no sé si verás alguno por allí… ” Me comenta el taxista guasón… Si supiera que tan sólo en el casco urbano de Shanghai hay más de 17 millones de ellos…
Media hora más tarde, después de sortear un sin fin de obras, llegamos por fin a la famosa T-4. Pago la carrera con propina y el hombre me desea lo mejor para el viaje. En la segunda planta encuentro el mostrador de la agencia mayorista contratada. Todavía esta cerrado y no se ve un alma por ningún lado. “Es que son las 6 de la mañana y hasta las 7 no abren”, me dice un policía desde un cochecillo diminuto, parecido a los que se usan en el golf. Demasiado temprano he venido. Una hora después empiezan a llegar personas que se van colocando detrás de mí, formando cola. Algunos traen cara de sueño, otros, como yo, de ansiedad. Ninguno del grupo que se va lentamente formando se imagina lo bien que lo pasaremos juntos en un futuro inmediato, la amistad que surgirá ni las aventuras que nos tocarán compartir. La magia del viaje se va formando sin darnos cuenta…
Por fin se abre el mostrador. Un empleado me solicita el D.N.I. A cambio me entrega el visado chino y el billete electrónico hasta Shanghai, vía Estocolmo y Helsinki. También me indica que puedo facturar el equipaje en los puestos 22 y 23 de la compañía aérea Finnair. Hacia allí me encamino, más contento que unas castañuelas. Un poco de espera después una guapa empleada se hace cargo de mi equipaje y me comenta que la maleta irá directamente hasta fin de destino y que no debo preocuparme por ella. Qué encanto de mujer, estoy por pedirle que me acompañe… Unos paseos más tarde entre los largos pasillos del aeropuerto y las tiendas “Duty Free” se abren las puertas de embarque. Entregamos las tarjetas a otra señorita (esta es menos guapa) y bajamos por unas escaleras que nos conducen hasta un autobús de Iberia (afortunadamente no se encuentra en huelga), el cual nos conduce por las pistas hasta nuestro avión: un Airbus A 321. Poco a poco nos vamos acoplando en nuestros asientos. Los nervios empiezan a pincharme. Siempre me ha dado un no sé qué esto de viajar en avión, a pesar de que dicen que es muy seguro. Me consuelo pensando en que es el primer salto y que aun me quedan otros 8 vuelos más… Después de las rutinarias bienvenidas a bordo y los consejos de seguridad en caso de desastre aéreo (qué miedo) surgen del techo unas pequeñas pantallas, a modo de televisores. El avión comienza a moverse en dirección a la pista asignada desde donde iniciará el despegue. Por las teles se empieza a ver la rueda delantera del airbus recorriendo con precisión relojera la raya amarilla que le marca el camino hacia el cielo… Dos minutos más tarde el comandante anuncia el despegue, que va acompañado del rugido de mil leones… Por las pantallitas se empieza a alejar Madrid, por las ventanillas, sobre el horizonte de la imaginación, se atisban las puntas de las primeras pagodas…
Altitud: 12000 metros. Temperatura exterior: -45 grados centígrados. Tiempo estimado de vuelo: 3 horas y 45 minutos. Hora local en Estocolmo 10, 20 horas
Fotografía Guilin : Superpollo
Fotografía A-321 : Guillaume.
Fotografía Shanghai : Superpollo
Continuará… |
Journey: Madrid-Shanghai (2ª Parte)  |
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No hay nada mejor que una ración de arroz con ternera y pimientos, acompañado de una cervecita, para sacudir las telarañas del estómago. La azafata finlandesa sonríe como una diosa griega al entregarme el tentempié y me pregunto a estas alturas de viaje si no sería mejor, visto lo visto, quedarme en Helsinki y dejar lo de China para otra ocasión…
Una hora después de haber despegado me doy cuenta de que el temor al avión ha desaparecido; reconozco que la máquina voladora va como la seda, sin ninguna turbulencia maleducada que nos moleste. A través de la ventanilla contemplo uno de los motores del avión sobre un fondo de piel de toro. Sigue así, majete. No te pares… ¿Otra cerveza, señorita?
El viaje hasta Estocolmo transcurre tranquilo. Sobrevolamos Paris, Bruselas, Ámsterdam, Hamburgo y Copenhague antes de llegar a tierras suecas sin ninguna novedad digna de mención. A medida que nos vamos acercando y bajando vuelven las mariposas a sobrevolar mis órganos digestivos y los oídos se taponan por culpa de la presión. Atravesamos un mar de nubes y descubrimos un paisaje extremadamente verde, húmedo y (horror) cercano. El comandante, para más recochineo, conecta la cámara de la panza del avión, para que todo el pasaje pueda admirar la puntería que tiene a la hora de tomar tierra en esa diminuta pista que se ve a lo lejos. ¿Acertará? ¿no acertará? La pista 12-R (qué bien se ven las letras a esta distancia y qué calidad de imagen tiene la jodida tele) se agranda a pasos agigantados. El avión corrige al centímetro su posición en el aire y en unos segundos se posa con precisión y dulzura sobre Arlanda. (En este enlace podéis ver un aterrizaje parecido en el aeropuerto de Arlanda. Está realizado con otro avión y en otra época, pero sirve para hacerse una idea:
Aterrizaje
Algunos pasajeros aplauden al piloto como si se tratase de un torero al final de una tarde de gracia. Yo me limito a agradecer al cielo el detalle de que este primer vuelo haya sido inmejorable y que todos estemos vivitos y coleando, sobre todo la guapa azafata y un servidor…
Unas gotas de fina lluvia se marcan en los cristales de las ventanillas. El avión se dirige al estacionamiento asignado y aparca con la suavidad que le empieza a caracterizar… A esas horas, nadie se imagina lo que nos espera un poco más tarde, sobre el Báltico… Algunos pasajeros se bajan, entre ellos Laura y Mónica que todavía no saben que hay que quedarse dentro del avión y esperar a la salida hacia Helsinki sin moverse del asiento. También otros entran, sobre todo ciudadanos chinos, que probablemente nos acompañarán hasta Shanghai. Las primeras sonrisas del grupo se forman al ver entrar de nuevo a las dos impacientes chicas, que algo azoradas, proceden a recuperar de nuevo sus plazas, recriminándose entre ellas el descuido que podía haberlas dejado en tierra, aunque quizás hubiese valido la pena. Por que pasar por lugares de interés y sólo conocer de ellos sus aeropuertos pues llega a dejarte un poco insatisfecho, sobre todo cuando oyes hablar de sus encantos y bondades. En fin, no se puede tenerlo todo. En la agenda de escapadas quedan anotados estos deberes…
Una hora más tarde volvemos a despegar. El tiempo estimado para el vuelo hasta la capital finlandesa es de 40 minutos. El avión coge altura entre algunos bandazos producidos por pequeñas turbulencias. Al llegar a la altura de crucero la lucecita de cinturón de seguridad se apaga, autorizándonos a movernos por el avión, para estirar las piernas, ir al baño o charlar con un vecino siete filas de asientos más abajo. Los auxiliares de vuelo nos ofrecen un bocata de jamón york, queso y membrillo, cuyo pan parece fabricado con una mezcla de harina, cemento y agua. Según el mapa que sale en las teles (por las ventanillas sólo se ven nubes) sobrevolamos el mar báltico. Mi reina griega se acerca sonriente con su carrito de bebidas. Le pediré una cerveza y quizás su mano de porcelana cuando llegue a mi altura, si es que el travieso Dios Eolo le deja acercarse… La lucecita que nos obliga a quedarnos amarrados a nuestros asientos vuelve a encenderse. El comandante dice algo en finlandés que hace borrar automáticamente las sonrisas de auxiliares y azafatas, aunque ellos siguen con su trabajo tratando de no perder el equilibrio e interpretando un “aquí no pasa nada” de mala calidad teatral. De repente, de la cabina de los pilotos, sale el segundo de abordo (lleva tres galones, debe ser el copiloto) y muy enfadado dice (grita) algo al personal que les obliga a salir zumbando hacia el fondo, carrito en ristre… Adiós cerveza, adiós amor ¿adiós vida?
Altitud: 6.500 metros. Temperatura exterior: Desconocida. Tiempo estimado de vuelo: 40 minutos. Hora local en Helsinki 15, 05 horas. Miedo en el cuerpo: Mucho…
Fotografía motor A-321 : Superpollo
Video Arlanda : www.flightlevel350.com...?action=ad
Continuará… |
Journey: Madrid-Shanghai (3ª parte)  |
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Afortunadamente los presagios del copiloto no salieron del todo exactos y no pudimos en cabina experimentar lo que algunos llaman “efecto coktelera”. En los 20 minutos que quedaban de vuelo “sólo” tuvimos unos cuantos zarandeos horizontales, verticales y mixtos… Lo más grave del asunto fue perder la cerveza y la mirada de miel de la azafata. En fin…
Durante la aproximación a Helsinki dejamos atrás la tormenta y el avión no tuvo problemas para aterrizar en el aeropuerto de Vantaa. (Os vuelvo a recomendar otro video. Este si es de un airbus A-321 de Finnair sobre el aeropuerto de Helsinki, a la salida de una fiesta tormentosa.)
Vídeo
El aeropuerto de Vantaa es pequeñito y coqueto, y el corto tiempo que tenemos libre para enlazar con el vuelo a Shanghai lo empleamos en visitar algunas de sus tiendas libres de impuestos. En ellas se pueden comprar fiambre de reno y paté de oso, entre otras delicatessen… Una vez pasado el control de la policía y entregadas las tarjetas de embarque, pasamos a una salita repleta de chinos y gentes de otras nacionalidades. Tras sus ventanales podemos observar la figura grandiosa del nuevo avión que nos va a llevar “non stop” hasta Shanghai: El airbus A-340-300 (Curiosamente este es el único que tiene Finnair y fue con el que volamos). Después de una hora de espera somos autorizados a tomar posesión de nuestros asientos, descubriendo que están mucho más ajustados que en la anterior aeronave y que las rodillas rozan el asiento delantero. Pensar en las 8 horas siguientes nos asusta un poco. La consigna “no hay dolor” se extiende entre el grupo de españoles y las primeras conversaciones empiezan a darse entre nosotros con la naturalidad y el cachondeo que nos caracteriza. Me toca un asiento central, o sea sin ventanilla ni pasillo; en el medio del medio… A mi izquierda están Laura y Mónica (las chicas de Estocolmo) y a mi derecha Luís. El resto del grupo nos rodea… “China milenaria + Guilin?” pregunta alguien en voz alta. “¡Sí!” contestamos todos a coro…
Cada asiento tiene delante una pequeña tele, la cual se pude sintonizar desde un mando insertado en el apoyabrazos. Hasta el momento del despegue todos nos dedicamos a jugar con el aparatito, descubriendo que no hay ningún canal en cristiano. Una voz femenina nos da la bienvenida a bordo en inglés, finlandés y chino… “Es que la azafata que habla español libra hoy…” se escucha el comentario desde atrás. Risas… Despegue sin novedad. Adiós, Europa… ¡Hola, Asia!
El vuelo hasta Shanghai transcurre lento e incómodo. Las horas a*****uladas y la estrechez empiezan a pasar factura a mitad de trayecto, aunque el tiempo exterior permite que al menos sea tranquilo. Paseamos por los pasillos para mover las piernas y aliviar el dolor del culo, y cuando regresamos a nuestros asientos intentamos dar una cabezada. Nos entregan unos formularios que debemos rellenar. En ellos te preguntan cosas como si estás enfermo, vienes como turista o piensas atentar contra alguien en China… Están en inglés y chino.
Al lado derecho se puede ver llegar la noche, mientras por el izquierdo descubrimos un atardecer/amanecer que nos acompaña hasta casi el final (precioso). Sobrevolamos San Petersburgo, las cercanías de Moscú, alguna Siberia que otra y Mongolia antes de llegar a tierras chinas.
Nos dan de comer (carne con espaguetis, ensalada, bollitos, pan y chocolate) nada más despegar. A mitad de vuelo nos ofrecen una merienda a base de bocatas ladrillo y poco antes de aterrizar un desayuno de parecidas argamasas. Eso sí, cerveza gratis a tutiplén. Pruebo por primera vez la cerveza china Tsingtao, la cual me parece de sabor bastante aceptable. ¿Puede ser otra, joven?
Según el horario de nuestro cuerpo, a nuestra llegada a Shanghai es casi la 1 de la madrugada, aunque en China estemos rondando las 8. El aterrizaje en Pudong se realiza de manera perfecta una vez más. Abandonamos el avión bastante cansados aunque animados por haber llegado por fin al lugar de nuestros sueños. Ya respiramos China por los cuatro costados. Recogemos las maletas y nos dirigimos a la salida. Pasamos por los controles de policía, donde entregamos los formularios. Nos revisan el visado con lupa y por fin nos dejan pasar…
¡Hola, hola, hola, españoles, politul, politul…! Grita una joven china desde el fondo agitando los brazos. Es Ana Ying, nuestra guía fija que nos acompañará en todo el viaje. ¡Hola, hola, hola, españoles, politul, politul! Grita un joven chino a su lado agitando los brazos y una banderita verde. Es Diego, nuestro guía en Shanghai. ¡Pol aquí, pol aquí! Nos gritan sonrientes…
Temperatura exterior 35 grados centígrados. Humedad 90%. Tiempo estimado de llegada al hotel: desconocido…
Notas varias: He terminado de leer una vez más "Sin noticias de Gurb" y se me han pegado estos finales. Todos los nombres que salen en este relato están cambiados (menos el mío).
Vídeo A-321: www.flightlevel350.com
Fotografía A-340-300: Barbro.
Continuará… |
Journey: Shanghai (llegada)  |
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Shanghai ha sido a través de los años el principal precursor del comercio y del desarrollo industrial de China. Por ello, ostenta la condición de ser la ciudad más cosmopolita del país y es catalizadora por excelencia de las nuevas ideas de vanguardia, convirtiéndose en principal protagonista del vertiginoso milagro chino… Dicho esto, que por cierto lo he copiado del folleto turístico y en lo que estoy completamente de acuerdo, habría que añadir que esta ciudad es el símbolo mundial del agobio. Los grandes edificios, el caos circulatorio, las innumerables obras faraónicas (Gallardón una monjita al lado del alcalde de Shanghai), el calor, las prisas y otras muchas circunstancias convierten a este lugar en súper estresante, fascinante y repleto de contrastes…
Algunos datos: Alrededor de 17 millones de habitantes (casco urbano), más de 5.000 rascacielos, más de 25 universidades, 18 líneas de metro en proyecto… Bueno, será mejor que empecemos el recorrido…
Ana y Diego, nuestros guías, se presentaron a nosotros de manera muy simpática. Ellos son dos jóvenes estudiantes que ejercen la temporada turística como guías, mientras que la temporada baja la dedican a estudiar y hacer otras cosas. De hecho, Ana tiene fijada su residencia en Madrid.
Después de pasar lista y comprobar que nos faltaba una pareja y mientras Ana iba a buscarlos, algunos del grupo acudieron a cambiar dinero (euros por yuanes) a una oficina del banco de china que había dentro del aeropuerto (es mejor cambiar divisas en los hoteles; no te quitan tanta comisión). Mientras, el resto esperaba observando entretenido como un ciudadano chino hablaba por su teléfono móvil a gritos, despertando la sonrisa de todo aquel que se encontraba a diez kilómetros a la redonda. ¿Para qué querrá el móvil? Nos preguntamos… 15 minutos más tarde apareció la pareja perdida y nuestros guías nos explicaron que las maletas no iban a viajar con nosotros hasta el hotel, que en China el equipaje pesado va por delante en un camión aparte, siendo más tarde entregado personalmente en nuestra habitación. Buen detalle…
Al salir del aeropuerto nos recibe un golpe de calor impresionante. Falta el aire y la ropa se empapa a una velocidad increíble. “Es normal en Shanghai, en verano. Ya se acostumbrarán. Hoy sólo estamos a 35 grados… eso sí, la humedad es del 90% ” nos dice Diego sonriente al ver nuestras caras estupefactas. El autocar no tarda en llegar. Subimos a él cansinamente, aunque el aire acondicionado nos da un poco de vida. Una vez en nuestros fresquitos asientos, las ganas de cerrar los ojos y echar un sueñecito se apoderan de la mayoría. Se oye el ruido del motor arrancando y la voz burlona de Diego que nos dice: “¿Habéis venido a dormir o a conocer China?” Tratamos de salir de las telarañas del sueño, sonriendo y dándole la razón al guía… Después de las presentaciones y de una rápida explicación sobre las excelencias de la ciudad, los guías nos explican que lo mejor para combatir el “Jet lang” es intentar acoplarse al nuevo horario a la mayor brevedad posible y evitar, por lo tanto, la tentación de meterse en la piltra nada más llegar al hotel. “Para eso, comenta Diego, no hay nada mejor que una excursioncita opcional (Casi todas las excursiones opcionales suelen rondar de media los 100 yuanes -10 euros- ) que os ponga en marcha… La que queremos ofreceros para el día de hoy incluye las siguientes visitas: Almuerzo chino en Casa de Sedas, Viaje en el famoso Tren Bala, visita al rascacielos “Jim Mao”, vuelta por un mercadillo de imitaciones y paseo nocturno en barco por el río Huangpu (malecón). Eso sí, para que veáis que nos somos malos, os dejamos a la llegada al hotel dos horas para ducharse y descansar un poco… “
La sonrisa de Diego se hace eterna cuando todos confirmamos que nos apuntamos a la excursión. Dejamos atrás las afueras grises de Shanghai y nos introducimos directamente en la vorágine de su urbanidad. Millones de coches, motos, bicis y artefactos circulan a su aire, como si la única regla de tráfico que existiese fuese la de “Tonto el último”. Todo el mundo sortea a todo el mundo. Todo el mundo pita a todo el mundo. Todo vale. Las bicis y las motos pueden circular por la acera o en dirección prohibida y buena parte de ellas no tiene luces por las noches. Cruzar un paso de cebra sin confesarse antes es delito, sobre todo en las avenidas anchas. Una curiosidad que me llamó mucho la atención es que tanto para conductores como para viandantes, en los semáforos suele haber un cronómetro que te va indicando el tiempo que te queda… para cruzar, para avanzar con tu vehículo o… ¿para ser atropellado?
Llegamos a nuestro primer hotel con la bolsa de ganas a tope. Ni sueño, ni leches. Esto es otro mundo y yo soy un explorador del espacio… “No hay dolor”
Nos entregan las llaves electrónicas a cada uno y quedamos, según la promesa, para dos horas después en el lobby (creo que se escribe así) del hotel. La habitación está muy chuli: Tele enorme, minibar repleto, aperitivos variados, aire acondicionado, vistas a la avenida Heng Feng y esa inmensa y blanca cama que me encandila nada más verla…
Temperatura interior: Fresquito total. Humedad: 100% (en la ducha). Tiempo estimado para la bajada al lobby: desconocido…
Fotografías Shanghai edificios: Superpollo (Jc-Sp)
Fotografías hotel exterior y Lobby: Pepe Google
Continuará...  |
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Superpollo 15/03/2009 19:37:08
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| Pues aviso a navegantes: Este año es muy probable que conozca "Un mundo llamado Japón" y estoy buscando gente que me acompañe... |
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terebe 22/03/2009 17:17:37
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Ante todo enhorabuena, tanto por el diario tan fantástico que has escrito, como por haber tenido la suerte de vivir esas fantásticas experiencias. Me ha encantado parece que he estado allí solo con leerlo. Cuando lo estaba leyendo era como estar viviendo el viaje, solo que sin las horas de avión,jajjajajja.
Gracias, gracias por el buen rato que me has echo pasar leyéndote.
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xavivane 17/11/2009 16:51:10
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| Impresionante tu diario a China!!! El verano que viene tendré el gran placer de conocer ese maravilloso país. |
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