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Viaje por Estados Unidos

Viaje por Estados Unidos ✏️ Blogs de USA USA

Desde Nueva York hasta San Francisco de costa a costa. 56 días en Estados Unidos para completar un viaje por el sur que une Nueva York y San Francisco, las dos costas, los dos mares, a través de un itinerario que sacude con su inmensidad y sus contrastes. Estados Unidos es un gran puzzle formado por piececitas multicolores que nunca se termina de armar. Tras ellas, una maravillosa e inabarcable panorámica de poderoso latido, un territorio a veces acogedor y a veces hostil. Con frecuencia salvaje y emocionante.
Autor: Txisko67  Fecha creación:  Puntos: 5 (3 Votos)
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Prólogo

Prólogo


Localización: USA USA Fecha creación: 26/06/2026 08:26 Puntos: 0 (0 Votos)
El 19 de agosto de 2013 salí de casa para embarcarme en una de las mejores aventuras que he experimentado en mi vida, recorrer a pie el Camino de Santiago. Lo realicé desde Roncesvalles hasta Muxía en 37 jornadas y lo finalicé el 24 de setiembre, completando unos 900 kilómetros paso a paso. En la etapa desde Santiago hasta Oliveira paré a mitad de camino a tomar una cerveza. Era un día soleado y con temperatura suave. Ahí sentado en una terraza bajo el agradable sol de setiembre pensé que aquel viaje acababa. Llegaba a Finisterre, “el final de la tierra”. Pero donde hay un final hay un principio, por lo menos para quien tiene ganas de avanzar y de explorar. Y ahí me vino la vocecita de un “yo interior” que me ha acompañado toda mi vida y que susurra gritando (oxímoron) a veces y que, entonces, le obedezco a pies juntillas. Vas a llegar al final del viaje, me decía, y quieres más aventura. Cruza el mar que te vas a encontrar delante de tus narices. No hay más que agua. Después de cruzarla, lo próximo que pises de tierra firme será Estados Unidos, será Nueva York. Lo tienes ahí, enfrente.

La propuesta de mi voz interior, como siempre, no llegaba porque sí, en cualquier lugar y momento. Era allí y entonces y por algo. En fin, no podía dejar escapar esa oportunidad. Más tarde, con la perspectiva del tiempo adecuada, pensé que, muy probablemente, era una huida temporal. Al mismo tiempo, la experiencia me proporcionaba la posibilidad de disfrutar estando lejos de mi casa. Cada vez más lejos. En aquel momento, era importante poner mucha tierra de por medio. Estados Unidos era mi destino idealizado, seguramente por influencia de todas las películas que había visto en mi vida. Películas de distintos géneros y distintas épocas pero, la inmensa mayoría, procedentes de Hollywood. Venían de Estados Unidos y contaban historias, mostraban paisajes a través de las road movies. ¡Ay, los paisajes! Y esas historias que tenían como gran escenario Nueva York, San Francisco, Nueva Orleans y otras muchas ciudades.

Finalmente, allá me fui. Una vez finalizado el Camino de Santiago y después de descansar durante unos pocos días en casa de mi hermanita, que me proporcionó unos cuidados reconfortantes, llegué a mi casa y preparé rápidamente un viaje a Estados Unidos que duraría casi dos meses, desde el 28 de octubre hasta el 23 de diciembre de 2013. Desde Nueva York hasta San Francisco, cruzando todo el país por el sur a lo largo de 17 estados. Mi móvil era un Nokia, así que no podía largarme tan tranquilo guiándome con el Google Maps y el “puntito azul”, de manera que me compré la Lonely Planet y un enorme mapa Repsol de todo el país, que tenía que desplegarlo en el amplio salón de mi piso de alquiler, frío y destartalado paisaje de mi soledad, para realizar mis anotaciones y recorridos en rotulador. La Lonely Planet y la guía Repsol cruzaron el charco conmigo y me acompañarían bien cerca en mi viaje, en el asiento del copiloto.

A lo largo de mi viaje escribí un diario de a bordo. Lo hacía por las noches, en la tranquilidad del motel de turno. Escribía con entusiasmo, profusamente. Y mandaba mis notas a mis amigos. Cuando llegué a casa después de la aventura, ordené mis escritos y los amplié con los recuerdos que guardaba y que no había reflejado en aquellos primeros pasajes elaborados in situ. Le di al asunto un aire más literario. También aproveché el material gráfico, ya que saqué unas 5.000 fotografías, para revisarlas y seguir escribiendo con lo que trajeran a mi mente las imágenes. Las fotografías completaban una larguísima y magnífica secuencia con la que podía enriquecer mi narración con multitud de detalles que ofrecían precisión a mis vivencias en aquel viaje.

Me puse manos a la obra o, mejor dicho, manos al teclado, con el objetivo de crear una historia a partir del viaje y decidí compartirlo a través de un blog. Lo alimenté durante unos meses, pero finalmente lo abandoné. Muy pocas veces he sido capaz de fijar mi atención durante mucho tiempo en un mismo proyecto. Algunos proyectos profesionales que comenzaban y no terminaban de cuajar hicieron que olvidara lo avanzado hasta el momento entre los circuitos informáticos de mi ordenador. Encontré un trabajo estable y me embarqué en la inmensa e intensa aventura, otra más, de elaborar mi tesis doctoral, que finalmente defendí con éxito el 26 de mayo de 2022. Posteriores intentos de mantener un hábito prolongado para finalizar el proyecto quedaron diluidos en el mar de la procrastinación que frecuentemente me invade, amén de otras ocupaciones que se me cruzaban en mi vida cotidiana. Sin embargo, poco a poco y a trompicones, fui ampliando, perfeccionando y, por fin, completando mi relato de aquel viaje a Estados Unidos. Lo hice a rachas, avanzando a impulsos más o menos prolongados y sucesivamente interrumpidos. Gran parte de los datos necesarios para armar el esqueleto ya los había escrito y atrapado en el papel durante mi viaje y en los meses inmediatamente posteriores, cuando alimentaba el blog. Pero todavía me quedaba mucho por escribir.

Todo el corpus de imágenes que conservaba y diversas consultas “viajando” fundamentalmente a través de la herramienta de Google Maps y otros recursos a través de los túneles cibernéticos lograron rescatar algunos lugares y escenarios que habían caído en el fondo de mi memoria y me ayudaron a dar forma definitiva a mis crónicas aportando a través de estos procedimientos datos precisos, algunos concretos y otros más generales que, de otro modo, hubiera resultado imposible recuperar.

De este modo he llegado hasta aquí y ahora estoy en disposición de recuperar mi blog. He decidido borrar las entradas que ya había publicado y empezar de nuevo desde cero, ya que he realizado en las mismas algunas pequeñas modificaciones. Este blog presenta la información dividida en episodios, postales y vídeos. Los episodios siguen un orden lineal en el tiempo, desde el primer día hasta el último y acompaño los textos con fotografías. Estas entregas están intercaladas con lo que he denominado “postales”. Las postales son fotografías acompañadas de un texto breve y, en ellas, quiero destacar determinadas situaciones o escenarios. Recogen elementos que me llamaron especialmente la atención, curiosidades o momentos o lugares dignos de ser destacados por algún motivo. Guardan, más o menos, un orden temporal lineal sincronizado con los capítulos, aunque me he permitido un margen de maniobra para saltar hacia adelante en el tiempo en algunas postales y proporcionar un mayor dinamismo al relato. He decidido numerar correlativamente estas postales a medida que las vaya publicando. Por su parte, los vídeos estarán compuestos de una sucesión de fotografías, en algunas ocasiones alternadas con vídeos, y girarán alrededor de un tema unificador e irán acompañados de un fondo musical. Es un producto elaborado a partir del material obtenido en el viaje. En algunas ocasiones, aportaré videos en bruto, de muy corta duración, tal como los grabé en directo, que se encontrarán insertos en un capítulo e ilustrarán algún pasaje del texto. Todo el que quiera, puede seguir mi blog alojado en la página web llamada viajeusa.org.

En cuanto al paso del tiempo, quiero recordarle al lector que se dispone a leer las crónicas de un viaje que realicé hace trece años, con la presencia que ello supone de numerosos elementos anticuados, trasnochados o caducos, al mismo tiempo que algunos datos deben ser actualizados. Es evidente que toda la información que tiene que ver con precios u ofertas han de ser revisados. También han podido variar lugares, personas, situaciones o condiciones, entre otros muchos cambios y mutaciones. No digamos si esos cambios se refieren a experiencias que tienen que ver con las nuevas tecnologías. Recuerdo algunas situaciones que me sorprendieron dado el evidente salto de evolución tecnológica entre mi país y Estados Unidos y el salto en el tiempo, ya que, hoy en día, muchas de esas situaciones son parte de nuestra vida cotidiana. En aquella época no lo eran.

El lector observará que en la parte superior izquierda de la página principal del blog luce el icono del sol zia. Los zia fueron un pueblo indígena que habitó en tierras de Nuevo México. Este icono es la actual bandera de ese estado. Tuve el privilegio de pasar por lugares donde habitaron los zia y donde habitan ahora sus descendientes y pude verlos. Fueron lugares que me impactaron enormemente y dediqué varios capítulos de mis escritos a los indígenas, capítulos que se publicarán en este blog a su debido tiempo. Desde esa esquina superior izquierda, el sol zia iluminará el blog y todo el mundo que lo contenga, como gran dios de la naturaleza que es.

Por último, quiero dejar claro que mi intención a la hora de escribir este blog ha sido el de reflejar y compartir con el lector mis vivencias en este viaje. No pretende ser una guía de viaje. Si alguien se ve empujado a visitar alguno de los lugares que menciono, tenga en cuenta mi advertencia anterior. Puede que haya lugares que no hayan cambiado un ápice, otros que hayan cambiado en mayor o menor medida y otros que, simplemente, no existan. No obstante, si la lectura de mis crónicas le anima a alguien a visitar alguno de los escenarios por los que he pasado y disfruta como yo los he disfrutado, ello me proporcionará una enorme satisfacción. Pese a todo ello, mi intención ha sido escribir simplemente un relato de viajes, la crónica de una aventura que me proporcionó uno de los dos meses más felices de mi vida. Aquellos en los que sentí más cercano que nunca el sentimiento de plena libertad.
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Gracias, compañero

Gracias, compañero


Localización: USA USA Fecha creación: 28/06/2026 09:49 Puntos: 5 (1 Votos)
Llego al aeropuerto de Tucson (Arizona) a las 9:00 horas de una soleada mañana de diciembre. Aquí dejaré el Chevrolet Aveo que me ha acompañado durante los últimos 40 días por las carreteras de Estados Unidos. Cuando salí con él desde el garaje de la compañía de alquiler de coches El Álamo, en Manhattan, olía a nuevo. Pequeño y valiente coche gris plateado. Tan pequeño que la maleta no cabía en el maletero y la tenía que llevar en el asiento de atrás, pero con una cabina lo suficientemente espaciosa como para conducir despanzurrado y cómodo con mi 1.85 de estatura. Entonces, el cuentakilómetros marcaba 2.104 millas. Ahora miro el mismo marcador, el disco de la derecha salta por última vez, del 1 al 2. Son 11.632 millas. He recorrido unos 15.000 kilómetros, en cifra redonda, y quince estados de costa a costa en un viaje formidable. Penetro en el aparcamiento cubierto del aeropuerto donde aparecen en fila india los carteles de todas las compañías de coches de alquiler. Leo El Álamo, mi destino, aparco junto a la cabina y abandono el automóvil. Está reluciente. De víspera lo he llevado a un servicio de lavado, donde me han cobrado 20 dólares por limpiarlo a conciencia por fuera y por dentro. Por dentro, ay, por dentro aquello era el caos. Es un momento emotivo. Cuando pasas muchos buenos ratos, largos e intensos, quizá los mejores, junto a la máquina, es inevitable crear un vínculo sentimental con ella, “humanizarla” de alguna manera. Ahí lo miro, sus faros alargados son fieros ojos de gesto decidido.
Automático, él se preocupaba de todo, de renquear en las subidas y forzar el motor hasta cambiar de marcha, de llevarme suavemente en los perfiles llanos, de rodar infatigable a través de las enormes rectas de hasta 50 kilómetros en Oklahoma, Nuevo México o Arizona, de soportar hasta diez grados bajo cero o de hacer girar incansablemente las cubiertas desnudas al contacto con el asfalto helado de las Montañas Wichita. Hasta que lo calcé, pobre, con cadenas para hacerle más llevadera la fatigosa subida por el duro, gélido, blanco y brillante firme en el último tramo de la excursión a través del Parque de las Sequoias. Mi Chevrolet, avanzando empecinadamente bajo aquellos impasibles gigantes milenarios. Yo sólo me preocupaba de aco(mo)darme bien y conducir grandes tramos con una mano. Y la mente libre, volando al tiempo que él volaba sobre el asfalto.
Ahora, la cordialidad del empleado que lo recoge no está exenta de cierta indiferencia. Es su trabajo, pienso. Aparcará decenas de coches en una jornada laboral. En toda su trayectoria puede que hayan sido cientos o miles. Y llega mi Chevrolet. Uno más para él, pero no para mí. Le entrego las llaves como si le entregara un pedazo de mi alma. Me beso la palma de la mano y la apoyo suavemente sobre el capó. Gracias compañero.
Me voy con nostalgia, melancolía porque me despido de mi fiel guía de metal brillante y, en breve, de este maravilloso viaje. Vuelo a San Francisco para permanecer durante cinco días en una de las perlas más brillantes iluminadas por el magnífico sol de California. En SF, una vez más echaré de menos a mi Chevrolet y será en mi visita a la calle Lombard, famosa por las ocho curvas cerradas en bajada en tan sólo 400 metros de recorrido. Subo por la acera y pienso que me hubiera gustado cruzar calle abajo las ocho curvas del demonio con mi Chevrolet, pequeño y manejable. Seguramente, ahora estará sirviendo a otro dueño, conociendo más mundo, quién sabe si de vuelta a cualquiera de los puntos que ya ha visitado conmigo o sufriendo los rigores del invierno en Dakota o Michigan o gozando del cálido clima de Florida. Aquí, en el momento de dejar mi caballo de cuatro ruedas, comienza la evocación del viaje.
De nuevo, gracias, compañero.

Viaje por Estados Unidos - Blogs de USA - Gracias, compañero (1)

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La cosa de la seguridad (I)

La cosa de la seguridad (I)


Localización: USA USA Fecha creación: 30/06/2026 15:44 Puntos: 0 (0 Votos)
Viajo a Nueva York. Llego prevenido al aeropuerto de Barajas en Madrid, de tal modo que, aunque sean las 8:00 de la mañana y apenas haya descabezado un sueñecito en los 470 kilómetros que separan Donostia (salida a las 00:30) del aeropuerto madrileño, uno tiene el ánimo vivo para soportar los rigores del marcaje en corto. Por un lado, el entusiasmo del viaje lo mitiga todo y, por otro, no hay más remedio que aguantar mientras uno piensa que la resignación en masa es el mejor antídoto ante cualquier conato de rebelión contra el sistema.

Total, que desde los altavoces ya se empieza a escuchar aquello de “Pasajeros con vuelo número tal con destino a Nueva York…”. Los avisos nos advierten de que pasemos ya por la zona de seguridad para que la cosa del toqueteo vaya ligera y el vuelo salga a tiempo, con lo cual pasamos de ser viajeros a especímenes perfectamente diferenciados del resto. Esto quiere decir que conviene llegar al aeropuerto dos horas y media antes de la hora señalada para el vuelo que, en este caso, sale a las 12:00. Es el precio por el hecho de osar romper la tranquilidad de los estadounidenses, que se creen dueños y señores de esta pelota que gira en mitad de la nada, y ocurrírsenos penetrar en su territorio que, desde 2001, tiene dos torres menos, las dos torres. Piezas importantes en el tablero internacional del ajedrez. Y lo irónico es que se echan las manos a la cabeza. Una semana más tarde de llegar a la ciudad me acerco a la Zona Cero, un solar de 200 metros cuadrados de desolación, la nada clamando a cielo abierto. Sí, tuvo que ser aparatoso y dramático. En un territorio que había sido un mar de seguridad, de repente, el impresionante choque de los pájaros metálicos contra aquellos gigantes imperturbables, el estallido, el estruendo. De pronto, el caos de sirenas, los movimientos desbocados y en todas direcciones y ver todas aquellas toneladas de metal cayendo con sus inquilinos dentro, el olor acre de la masa quemada, esa enorme masa de carne, cristal, metal, madera, plástico -y qué se yo qué más- violentamente entrelazados en su destino fatal. Y, entonces, los ciudadanos huyendo despavoridos entre unas calles invadidas por una inmensa nube creciente de polvo. Tanta seguridad y el cielo se cae encima. Pero ahí se cruza con rabia el recuerdo de otro 11-S, sensu estricto, el perpetrado por los yanquis en 1973 cuando la fuerza del poder popular en Chile fue parada en seco por la dictadura de Pinochet. Fue ese periodo de terror inaugurado con el impactante asalto por tierra, aire -y mar en Valparaíso- y destrucción del Palacio de La Moneda donde Allende, Salvador de nombre y condición, cayó con toda la dignidad de la que careció su sucesor. Y ahí estaba devastadora la “mano firme” de Estados Unidos, esa “mano firme” cacareada por el dictador local, la «mano firme» que aplasta con siniestra frialdad, no dos torres, sino una nación entera. Implacable. También imagino la escena de aquellos días en Santiago y la mancha negra y ominosa extendiéndose con todo su hedor represivo por todo el país con sus 3.000 kilómetros de largo. Demoledor. Sigue la rueda apisonadora y en los noventa llega la “cruzada” contra Irak, una enorme lluvia de fuego caída del cielo. Algunos bebés, iraquíes ellos, que siguen naciendo, por ejemplo, sin cerebro 20 años después del ataque a su territorio como consecuencia del armamento estadounidense cargado de uranio empobrecido. La lista de los damnificados por la política exterior estadounidense es larga, muy larga. Pero todo depende de cómo se propaguen los dramas de cada cual. Y la propaganda es una maquinaria que se lubrica con dinero.

En fin, todo esto aflora en una rápida secuencia de imágenes en mi cerebro mientras ahí estamos los viajeros del vuelo “número tal” con destino a Nueva York, con la cosa de la seguridad a vueltas, pensando en la retroalimentación del ciclo acción-reacción-acción o causa-consecuencia-causa. En resumen, la historia de la historia.

Voy a cruzar el charco y sigo emocionado a las puertas de semejante viaje, que vivo como un gran salto a través de un abismo de emoción. Y, al mismo tiempo, ahí están ellos, montando el numerito para que podamos franquear la “zona de seguridad”; a quitarse los cinturones, el calzado, los colgantes y, en algunos casos y en un rinconcito, los sujetadores; a vaciarse los bolsillos; a depositarlo todo en bandejas para el pertinente escaneado, el cacheo y las prisas al recogerlo todo.

Las fronteras por tierra se franquean, pero por aire se sobrevuelan. Por tierra cruzas después de identificarte, por aire te identificas después de cruzar. Y desde el 11-S allí se mira al cielo de otro modo. Así que el control empieza antes del despegue y para un pasajero hacia cualquier otro destino la “zona de seguridad” es la frontera real entre un territorio y otro, aparte de las medidas en el aeropuerto de llegada, pero para un viajero que vuele a Nueva York no, pues existe una requisitoria antes y otra después de ese paso a “zona de seguridad”.

¿Dos meses? Es mucho tiempo

La requisitoria del “antes” la sufro en el mostrador de facturación. Todos los pasajeros son identificados con el áidi (ID, es decir, pasaporte) y los billetes de ida y vuelta. Le muestro el billete a una funcionaria oriental que tiene acento inglés y, al rato, se me acerca, yo todavía en la cola. “¿Usted va a Estados Unidos por dos meses?”. “Sí”, le contesto precavido. “Es mucho tiempo”. Y a continuación: “¿Va por motivos de trabajo?”. “No, vacaciones”. Silencio. ¿Puede acompañarme? La sigo unos metros, lo justo para separarme de la cola. ¿Puede abrir su maleta? “Sí, claro”. La ojea por encima. “Está bien”. La cierro. “¿Lleva algo que no sea suyo en el equipaje?”. Yo, cara de idiota. “No”. “Está bien, espere un momento”. Y se dirige a una operaria en el mostrador de facturación. Hablan un momento y vuelve. “Puede volver a la cola, gracias”. Me da la documentación y vuelvo a la cola. Llega mi turno y, mientras cumplimento el protocolo, recelo pensando en qué instrucciones habrá recibido la operaria. Todo va bien. Ella se muestra simpática y factura la maleta. Respiro.

Después de pasar por la zona de seguridad, cada uno a su destino. Otra vez los altavoces con el “Pasajeros a Nueva York…”, esta vez para indicarnos que nos apresuremos porque frente a la puerta de embarque hemos de pasar otro control. La requisitoria del “después”. Pasaporte y visado electrónico en mano. Llega una funcionaria que, con amplia sonrisa, nos dice que podemos ser sometidos a un protocolo especial de medidas de seguridad y si estamos dispuestos. Nadie explica en qué consiste ese protocolo, si es ponerse en pelotas y hacer el pino o someterse a un interrogatorio. ¿Y si no estás dispuesto? Media vuelta.

Ante la alternativa de discutir para nada o de darme la vuelta y quedarme en casa, acepto el reto. Así que, a unos metros de la puerta de embarque, venga otra vez con el calzado, los bolsillos, la mochila, el escáner y manos arriba con el cacheo. Llego al avión aliviado, aunque sin estar del todo seguro de que de debajo del asiento no salga alguien uniformado preguntándome que a ver qué carajo escondo en la tablet. Pienso si soy un exagerado y finalmente decido que su miedo es exagerado.

JFK, hora y media de tour

Lo peor ya ha pasado, pero en JFK nos espera una hora y media de estancia. Los pasajeros se distribuyen en tres filas; business y residentes, muy ligeras ambas, y visitantes; interminable, lenta y pesada. La larguísima espera frente a las cabinas de salida se alimenta de pasajeros procedentes de varios vuelos. Simpático el funcionario de seguridad que me toca en suerte, un negro rotundo y de sonrisa reluciente “queaversinoseponedepieparahacersombra”, sentado tras la cristalera de su cabina, la número “cuarenta y tantos”. “Hello, sir. Your ID please?”. Mira el papeleo. “Do you stay in iunaitesteits for two months?”. “Yes, coast to coast. It’s my dream”, le respondo mientras pienso que vuelta a tocar las narices con lo de los dos meses y encima en inglés, que yo ni jota y ya puedo ir haciéndome a la idea. Así las cosas, le exhibo una sonrisa bobalicona mientras pienso que es mejor parecer un poco tonto en pleno trámite de seguridad.

Entonces él, “Oooh, nice”, se admira. Es protocolo someterse a la prueba de la pupila, así que me señala al aparatito “please, sir” y arrimo el ojo izquierdo a la pequeña bola metálica “miniluz” con una pantalla delante. Una “miniluz” que despide un leve rayito incidente directo al ojo, aparentemente inofensivo. ¿Se trata de una identificación similar a la de las huellas digitales? ¿consiste en medir el grado de nerviosismo del viajero en función de la mayor o menor dilatación de la pupila? ¿es este funcionario sonriente un blade runner a la caza del replicante? Con todo, si hablamos de un ciudadano no estadounidense, los peores problemas con los yanquis no vendrán cuando cruzas a su territorio sino cuando ellos meten las narices en el tuyo, de modo que no me flagelo.

El caso es que el negro de sonrisa reluciente cumplimenta y, para mi tranquilidad, me salta “Have a nice stay in iunaitesteits”. Yo “Thanks” y todo solventado. Queda un último control ya con la maleta y frente a un funcionario aburrido que da paso de forma relajada a los viajeros hacia la salida. Aquí todo muy fluido. Yo ya relajado también, salgo del aeropuerto entre el barullo de usuarios. Veo trajín y abro bien los ojos a la salida del aeropuerto. Destino Manhattan.
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Imagen: Diderot  Diderot  03/07/2026 18:34   📚 Diarios de Diderot
De lo más interesante que he leído por aquí. Gracias por compartirlo.
Imagen: Txisko67  txisko67  05/07/2026 10:52   📚 Diarios de txisko67
Muchas gracias Diderot. Lo escribí con el entusiasmo con el que viví el viaje. Y lo publicado sólo es el principio. Me alegra que te guste.
Un saludo.
Imagen: Spainsun  spainsun  07/07/2026 00:23   📚 Diarios de spainsun
Un gran diario. Muy original. Da gusto leerte. Gracias por compartirlo y te dejo mis estrellas.
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Milo88
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Indiana Jones
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05-09-2012
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Fecha: Dom Feb 22, 2026 09:07 pm    Título: Re: Foro de Estados Unidos: Punto de Encuentro Viajeros USA

A ver, vamos a analizar un poco la noticia que ha iniciado esta conversación: Son casos un poco extremos, o al menos no es el simple caso de un turista que viaja desde Europa 15 días de vacaciones; y no digo que no se den más casos ahora que los del ICE les incentivan a detener a todo el que se mueva. Yo mismo estuve retenido hace años en el aeropuerto de Chicago durante unas horas porque no estaban convencidos de mis intenciones, y solo iba de turista un par de semanas. Pero quiere decir eso que puede haber "zonas a evitar"? La respuesta corta es: Si, todos los estados demócratas; pero...  Leer más ...
carolco
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Willy Fog
Willy Fog
23-01-2014
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Fecha: Dom Feb 22, 2026 09:15 pm    Título: Re: Foro de Estados Unidos: Punto de Encuentro Viajeros USA

En España, TODA España, hay un promedio de 300 Homicidios por año [2023, ultimo dato que encontre]

En Chicago, solo Chicago minimo 800 Homicidios por año, que son reportados.

Los no-reportados es un misterio.

La tasa de homicidios en España, se situó en 2023 en el 0,69 por cada cien mil habitantes

En NOLA/New Orleans es de 46 homicidios por cada 100.000 habitantes!

Enjoy! Safely!
slowy
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12-09-2007
Mensajes: 709

Fecha: Lun Feb 23, 2026 12:03 am    Título: Re: Foro de Estados Unidos: Punto de Encuentro Viajeros USA

Muchas gracias a todos por las aclaraciones. No adjunté el artículo para crear polémica, si no por aportar información que de manera eficiente habéis puesto en cuarentena. Así que sigamos organizando y preparando viajes que es lo que nos gusta y se nos da bien. Por cierto el dato de Chicago me ha dejado helado!!! Recuerdo muchas zonas peligrosas en mi viaje, pero donde más vi fue en San Francisco!

Saludos.
carolco
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Willy Fog
Willy Fog
23-01-2014
Mensajes: 28125

Fecha: Lun Feb 23, 2026 01:36 am    Título: Hacía décadas que San Francisco no era tan seguro para residentes

Hacía décadas que San Francisco no era tan seguro para residentes, trabajadores y turistas.

La delincuencia se redujo drásticamente en 2025, con una disminución de más del 25 % en el total de incidentes violentos con respecto al año anterior, según el Departamento de Policía de San Francisco.

La ciudad registró 27 321 delitos, frente a los 36 633 del mismo período de 2024.

Se trata de una de las caídas inter-anuales más pronunciadas de la historia reciente, con reducciones en casi todas las categorías principales.

El descenso de la delincuencia es aún más sorprendente porque la delincuencia también se había desplomado el año pasado.


Enjoy! SFO!
Chary40
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Dr. Livingstone
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30-01-2009
Mensajes: 8337

Fecha: Lun Feb 23, 2026 02:20 am    Título: Re: Hacía décadas que San Francisco no era tan seguro

En serio ? pues que bien...me parece flipante vaya..para enmarcar! Mr. Green Mr. Green
Con la que esta cayendo igual es un gran logro no se.. Ojos que se mueven Ojos que se mueven
Entiendo que la violencia policial , racista y demas no entra en la estadistica no ? bien por SFO debe ser un oasis en el desierto ! igual el ICE no sabe donde queda ..me alegro por lo hispanos que vivan allí Confundido Confundido
Dicho lo cual pues si, que lo disfruteis , faltaria mas ! Amistad
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