Amanece un nuevo día. La noche ha sido relativamente tranquila y se ha dormido razonablemente bien. He de decir que la cama me ha parecido cómoda y para nada blanda como se suele quejar quien viaja en Virgin Voyages y que inmediatamente a embarcar solicita a su cabinista un sobrecolchón (
mattress topper, por si hay que pedirlo) para darle firmeza. Como tengo la hora de despertar cogida como rutina a las 7:00 ya estoy con los ojos como platos a esa hora por lo que aprovecho el tiempo hasta las 08:00, hora de diana, para repasar acontecimientos pasados y futuros.
Por de pronto, la primera en la frente cuando examino la aplicación de Virgin en el móvil. Ayer se supone que nos habían reservado para mañana martes día de navegación el brunch en The Wake a las 10:00 pero, no, se han equivocado o no nos hemos sabido hacer entender y nos han reservado para el miércoles a una hora donde ya deberíamos estar llegando a Lucca. Tocará, por tanto, pasarse por Sailor Services para ver si nos cambian la reserva….
Suena el despertador, descorremos las cortinas manualmente porque ir a la tablet para que se descorran solas parece de vagos y se va a tardar más tiempo y nos encontramos que el Valiant Lady está navegando y acercándose a nuestra escala del día de hoy, el puerto de Toulon en la Provenza Francesa.

Tolón (en francés Toulon y en occitano Tolon) es una ciudad y municipio francés del departamento de Var. La ciudad es la tercera en población de la región Provenza-Alpes-Costa Azul. Situada a 150 km al oeste de Niza y a 190 km de la frontera con Italia, se asienta a orillas del mar Mediterráneo a lo largo de la rada de Tolón. Acoge el mayor puerto militar del país, la base naval de Tolón, que aún cumple su función de arsenal, y cuenta asimismo con un aeropuerto que transporta a más de 620.000 pasajeros al año. El puerto comercial es el de mayor tránsito a Córcega, cubriendo aproximadamente el 65% de desplazamientos hacia la isla, lo que se debe en gran parte a la creación de la compañía marítima Corsica Ferries en 2001.

Se echa de menos la información que ofrece Royal Caribbean en la televisión del camarote, sobre todo por los datos de la ubicación del barco, temperatura, lugar del itinerario y otros porque, ahora mismo, debemos estar llegando para tampoco tenemos referencia alguna más allá de la cámara del puente de mando. Me asomo al balcón y más o menos me hago una idea porque ya conozco este puerto al que visité con mi mujer hace trece años en el Liberty of the seas. En aquella ocasión el crucero atracó en La Seyne sur Mer, en la parte exterior de la rada de Toulon, y justo en ese momento estamos pasando por allí porque hay un crucero de Costa y deduzco que ése debe ser el lugar. Por tanto, nos quedan minutos para llegar al muelle del Presidente Pierre Fournel, donde tiene previsto atracar el Valiant Lady, justo al lado del casco urbano de Toulon.

Este muelle es el más céntrico por lo que nos ahorraremos tener que coger ningún transporte para visitar el centro de Toulon. En la vez anterior, desde la Seyne sur Mer, tuvimos que usar un bus urbano hasta el centro histórico aunque también se podía coger un barquito que unía esta ubicación con el puerto de Toulon cruzando la rada.
Subimos a The Galley para desayunar y vía QR accedemos al menú del desayuno, que es el mismo durante toda la semana.

Levantamos la banderita y mi acompañante se pide unos huevos revueltos con bacón y hashbrowns y una tosta de salmón ahumado con queso crema y cebolla roja. Por mi parte me atrevo con un sandwich de bacon, tomate y aguacate y una tostada francesa, porque tengo curiosidad de cómo hacen éstas últimas aquí en Virgin. A la hora de pedir la bebida le preguntamos a la camarera que querríamos cacao o chocolate porque no vemos los sobres de cacao, Cola Cao, Nesquick o similares que suele haber en otras navieras. Ella nos comenta que hay chocolate caliente y lo pedimos pero a continuación hace ademán de pedir el cobro del mismo a través de la pulsera y ahí caemos en que es de coste aparte (8 dólares + IVA, la broma). Reculamos, nos confirma que, efectivamente, es de pago y que si queremos leche caliente tenemos que ir a la cafetería Grounds Club 2, a un extremo de The Galley, a que nos sirvan una taza, porque en la zona de autoservicio de bebida caliente sólo hay leche fría, agua caliente para infusiones y café.
No entendemos ambas premisas porque que en el crucero no haya niños no significa que un adulto no pueda querer una buena taza de leche con bien de cacao haciendo grumos para remojar la bollería de turno, por ejemplo. Estos americanos que lo solucionan todo con el café aguachirri que beben ellos…. Y el que haya que ir a hacer cola a otro lugar a por una taza de leche caliente me parece también de traca cuando podrían tenerlo en el mismo sitio que el café. De hecho en días posteriores me pasé por el Grounds Club 2 y había unas colas de aúpa por lo que opté por leche fría mezclada con café chirri caliente por darle algo de temperatura a la bebida. En fin….
Nos traen la comanda y ya vemos que al alimento principal, como también pasó ayer, tienen la costumbre de echarle siempre patatas onduladas de bolsa “del Carrefour” (hasta luego, Mari Carmen). En el caso de mi acompañante el bacon y el hashbrown están excelentes y el salmón ahumado de pecado mortal. En mi caso el bacon con el aguacate está sensacional y la tostada francesa es como tiene que ser: blandita, jugosa, calentita y con un sabor aterciopelado que te lleva al séptimo cielo (esto, Royal Caribbean, es una French Toast, no lo que llevas sirviendo últimamente que es una rebanada de pan más seca que el ojo de un tuerto y con menos sabor que un chupete de hierro…).

Habiendo saciado el hambre y habiendo hecho provisión de fuerzas para la excursión de la mañana volvemos a la cabina y preparamos los aperos para bajar a tierra. Antes de ello me propongo afeitarme y a tal fin cojo la maquinilla eléctrica y la llevo al baño para tal fin pero no encuentro clavija alguna donde enchufarla. Como el cabinista anda pululando por el pasillo salgo un momento y le pido que se acerque preguntando por la ubicación del enchufe. Éste me responde que los baños no tienen enchufe de ningún tipo y que si me quiero afeitar que use el que hay debajo del espejo en la mesa del camarote. Se me cae la mandíbula a la altura del ombligo y le interpelo en el sentido de cómo es posible que alguien haya diseñado un camarote con tableta inteligente que enciende y apaga luces, te abre las cortinas y tiene puertos USB de carga como para parar un camión y no haya caído en poner un enchufe normal y corriente en el baño para un secador de pelo o una maquinilla eléctrica, que hasta lo tienen los baños más infectos de un tren regional cualquiera. El hombre sonríe, se encoge de hombros y que es lo que hay.
Ya que está en la cabina aprovechamos y le pedimos que nos traiga el diario de a bordo todos los días a la cabina a lo cual replica que nones y que si lo queremos lo podemos recoger en las dos cafeterías Grounds Club, en el Atrio (Roundabout) y en el Sailor Services. Pues qué bien…. La última petición está relacionada con la escobilla del inodoro, cuyo mango ha desaparecido y dificulta las evoluciones a la hora de realizar su cometido, que va a ser mucho, nos tememos, a lo largo de la semana. Toma nota y pasado un rato viene con una nueva y la cambia pero, ¿no se había dado cuenta hasta que se lo hemos dicho….? Tengamos la fiesta en paz que el viaje está comenzando como aquél que dice….
Desisto de afeitarme pero reconozco que ando algo “encabronao” tras el intercambio de pareceres con el cabinista. Cargamos con la impedimenta turística y bajamos a tierra a visitar la ciudad tarareando los acordes de la orquesta Topolino.
Cuando salimos del barco nos topamos con la cruda realidad: son las 10:05 de la mañana y el termómetro marca casi 28 grados de temperatura. Esto y la humedad reinante pues nos da una buena piedra de toque de lo que puede suponer la permanencia en la escala tolonesa. Como es lo que hay salimos de la zona portuaria y nos disponemos a comenzar la ruta junto al muelle de barquitos que circunda la rada.
De lo que a continuación sucedió visitando la ciudad se dará buena cuenta en la próxima y marítima etapa.
Como comenté con anterioridad el Valiant Lady ha atracado en el Muelle Pierre Fournel y eso nos deja prácticamente al lado del casco urbano de Toulon. Cuando estuvimos programando qué ver en esta ciudad ya le comenté a mi acompañante que tenía poca chicha a la hora de ver cosas, habida cuenta de mi experiencia anterior y que podríamos compaginar cultura y relax. En honor a la verdad, Toulon, en una primera visita, tiene un arte urbano lo bastante destacable como para rellenar un paseo en una escala de crucero pero no tiene nada destacable. Valoramos subir en el teleférico del Monte Pharon pero también lo descartamos por lo que la visita quedó configurada tal que así:
. Visita cultural al Museo Nacional de la Marina.
. Rato de arena y mar en las Playas de Mourillon.
. Regreso a la zona de atraque y realización de compras para traer de vuelta a casa.
. Volver al barco a recogerse y reponer fuerzas hasta dejar puerto.
Para cubrir incidencias de aguas mayores y menores que pudieran sobrevenir hay las siguientes opciones en cuanto a baños públicos:
- 303, Quai Cronstadt.
- 12, Square Etienne Pelabon.
- 621, Littoral Frédéric Mistral.
- En la playa de Lido.
- En el Museo de la Marina
- En el Centro Comercial Mayol
Nada más bajar del barco rodeamos el paseo marítimo con los yates y barcos de pesca dejando el crucero detrás y a la izquierda y tras un paseo de 15 minutos por el muelle Cronstadt llegamos al Museo Nacional de la Marina en la Plaza Monsenergue junto al muelle Norfolk.

El Musée National de la Marine es un museo dedicado a la marina francesa. Fue creado en 1814 durante el reinado del emperador Napoleón, al final del Primer Imperio puesto que Tolón era, de hecho, el puerto de la marina francesa y el mayor puerto de guerra del Mediterráneo en aquella época. Este museo recorre la historia del arsenal y la vida marítima de Toulon desde el siglo XVIII hasta nuestros días y recoge modelos de barcos, pinturas, maquetas, esculturas o instrumentos utilizados por los navegantes. Su horario es de 10:00 a 18:00 y el precio de la entrada general es de 9 euros con suplemento de audioguía de 2 euros. Para los desempleados de la Unión Europea es gratis previa presentación de demanda de empleo y documento de identidad y para los cruceristas, enseñando la tarjeta de embarque, el precio se reduce a 7 euros. Más información en
www.musee-marine.fr/ ...oulon.html.
Accedemos al museo, adquirimos las entradas a los precios indicados (en el caso de la tarifa crucerística el propio taquillero te lo dice y en el caso de la gratuidad por desempleo es mencionarlo, enseñar los papeles y aplicarlo), nos solicitan que dejemos en consigna las mochilas y nos advierten que no hay aire acondicionado aunque sí ventiladores. El museo consta de dos pisos y allí se muestran maquetas de barcos de todo tipo de tamaño, mascarones de proa, pinturas, uniformes, réplicas de armamento o material audiovisual.
Lo que no hay es calabozo, mira tú por donde.
Se supone que este museo es el equivalente al Museo Naval de Madrid pero, sinceramente, no le llega a la suela de los zapatos ni en tamaño ni en contenido, bien es cierto que el acervo marítimo español es superior con mucho al francés y eso se nota. Por ejemplo, de Trafalgar ni palabra y entiendo que será por evitar dar muchas explicaciones al respecto de la conducta irresponsable del Almirante francés Villeneuve que llevó a la derrota a la escuadra franco-española frente los buques del inglés Nelson.
Volviendo al relato, lo que sí tratan en el museo, aunque no con la profusión que hubiera deseado, son los dos hitos por los que Toulon es conocida: el sitio de Toulon y el hundimiento de la flota gala en los inicios de la segunda guerra mundial. De ambos sucesos daré a continuación algunas pinceladas para no resultarte cansino, estimado lector, que te encuentras leyendo estas líneas.
El sitio de Toulon - 1793
Cuando estalló la Revolución Francesa, Francia no abrazó la causa de la libertad en todo su territorio. Una de estas plazas rebeldes era Tolón, a la sazón la principal base naval francesa en el Mediterráneo. De mayoría monárquica, la ciudad se levantó en armas a principios de junio de 1793 y pidió ayuda a los enemigos de la naciente República francesa. Entonces Gran Bretaña y España enviaron sus respectivas flotas a Tolón con la finalidad de derrotar a la Convención y restaurar la monarquía en Francia. Los españoles e ingleses, mandados por, entre otros, el jefe de escuadra Federico Gravina (sí, el oficial español que participó y murió tras la batalla de Trafalgar esta vez con los franceses como aliados) y el general británico Charles O´Hara, defendieron la plaza contra las fuerzas republicanas, pero tuvieron que ceder ante el empuje del ejército comandado por el pujante Napoleón Bonaparte quien, gracias a sus tácticas nuevas utilizando la artillería, logró vencer la resistencia de la coalición proborbónica. Por su desempeño en esta acción, la Convención otorgó a Napoleón el grado de general de brigada habiendo empezado la campaña como teniente de artillería y con el sitio de Tolón terminaron las rebeliones realistas en el sur de Francia.
Como anécdota cabe destacar que el tal general O´Hara tiene el dudoso honor de haberse rendido consecutivamente a dos ases militares de la época. Ante George Washington al final del Sitio de Yorktown, última batalla de la Guerra de Independencia de Estados Unidos y ante Napoleón Bonaparte en el sitio de Toulon.
" Operación Lila " - El hundimiento de la flota Francesa de Toulon - 27 de noviembre de 1942.
Tras la ocupación alemana de Francia al inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Alto Mando alemán decidió activar la Unternehmen Lila, una operación destinada a ocupar la base naval de Toulon y apoderarse de la considerable flota francesa allí anclada antes de que ésta se uniera a los aliados. Para evitar que cayera en manos nazis el almirante Jean de Laborde ordenó el hundimiento de la flota. A pesar de los intentos alemanes por impedir el autosabotaje, 77 buques fueron destruidos, incluidos 3 acorazados, 7 cruceros, 15 destructores y 13 torpederos, una de las mayores operaciones de autodestrucción naval de la historia moderna. Las autoridades alemanas emprendieron trabajos de salvamento, pero ningún buque de gran tonelaje volvió a prestar servicio durante la guerra.
Como datos anecdóticos de este suceso se cuenta que los oficiales franceses retrasaron a los alemanes con café y largas conversaciones y que en muchos barcos prestos a autohundirse se improvisaron marchas militares tras las cuales los músicos se arrojaron al agua.
La visita al museo concluye con el examen detallado por mi parte de una maqueta gigante del portaaviones nuclear Charles de Gaulle, enseña de la Marina Francesa actual. Se da la circunstancia de que la semana pasada el portaaviones estuvo atracado en la base de Toulon y tenía yo la secreta esperanza de poderlo visualizar cuando el Valiant Lady se acercara a puerto pero debe ser que ya concluyó su estancia y me quedé sin verlo. Una pena porque uno no ve un portaaviones de cerca así como así.
Como colofón comentar que la visita al museo es para amantes del tema naval por lo que si el tema no interesa demasiado reconozco que es evitable. A mí, que me gustan estos intringulis, me dejó algo frío dentro de que tampoco me disgustó por lo que me puedo imaginar a quien no le atraiga demasiado.
Finalizada la visita al museo toca seguir los sabios consejos de Righeira.
Aprovechamos los baños del museo para ponernos el bañador que llevamos en la mochila y nos disponemos a acercarnos a las Playas de Mourillon que son una sucesión de cinco calas orientadas al sur, con zonas verdes, parques infantiles y aparcamientos gratuitos. Las playas son: Lido, Mistral, Source, Tabarly y Pins y será a la de Lido a la que iremos por ser la que está más próxima y tener bandera azul.
Para ir a la playa de Lido desde el Museo de la Marina lo más práctico es coger un autobús. Al lado del museo está la parada de Préfecture Maritime y las opciones son las siguientes:
- Bus 23 – La parada al lado de la playa, a 2 minutos, es Ste Hélène y el trayecto son 10 minutos.
- Bus 40 – La parada al lado de la playa, a 10 minutos, es Circaëte y el trayecto son 10 minutos.
- Bus 6 – La parada al lado de la playa, 10 minutos, es Circaëte y el trayecto son 10 minutos.
El billete cuesta 1,40 euros (julio de 2026) y se puede pagar en efectivo al conductor. Una vez se tiene el billete hay que validarlo en una máquina junto a éste. Más información en
www.reseaumistral.com.
Llegamos a la parada y en unos minutos tiene prevista su llegada el bus n.º 6. Nos ponemos dentro de la marquesina para evitar el intenso solazo que nos acompaña y aguardamos su venida.
Llega el autobús, pagamos y validamos billete y en los diez minutos previstos el mismo llega a la parada de Circaete donde descendemos y callejeamos hasta llegar a la entrada de las playas de Mourillon. De camino paseando por la acera una señora pasa al lado nuestro y al oirnos hablar en español se para, levanta los brazos y nos grita “¡Espagne, champions!”. Secundamos la moción y le damos las gracias. Los ecos de la victoria de ayer aún continúan….
A lo tonto es mediodía y un chapuzón nos va a venir bien para refrescarnos antes de volver al barco por lo que procedemos.
De lo que acaeció a continuación se relatará en la siguiente y descansada etapa.
Bajamos a la playa y aquello está razonablemente lleno aunque la arena presenta mucho espacio libre donde aposentarse. Observo, curioso, como a la entrada de la zona de playa propiamente dicha han instalado unas improvisadas taquillas para poder dejar lo que pueda estorbar a la hora de practicar el nado y es algo que está muy bien pensado sobre todo para aquel que vaya solo y no tenga con quien dejar sus cosas mientras se mete en el agua. Nos calzamos las chanclas y buscamos un sitio despejado donde poder dejar los aparejos.
Esta mañana, al regresar del desayuno, hemos pasado por la zona del Aquotic Club junto a la bañera/piscina del crucero y nos hemos agenciado de unas toallas blancas de piscina para bajarlas a la playa. En Virgin no hay control como sí lo hay por ejemplo en Royal Caribbean de manera que en esta naviera tienes que pasar tu tarjeta al coger y dejar las toallas para llevar un control y si no las devuelves te la hacen pagar. En Virgin te limitas a coger la toalla del estante, la usas y luego la echas en el cesto y ya está. Es cierto que te dejan en el camarote sobre la cama unas toallas especiales de color rojo destinadas a la playa y de mayor tamaño y calidad a las de la piscina pero junto a ellas también hay un cartel que te dice que si la pierdes te cobran 25 dólares. Ante la posibilidad de que todo pueda suceder pues nos fuimos a lo seguro que fue coger las de la piscina y si les pasa algo nadie va a pedir cuentas, aparte de que hacen su apaño también.

Los que están por la playa son veraneantes franceses y aparte de nosotros no vemos a nadie de fuera. La arena es relativamente fina, el agua no está demasiado fría, el suelo del mar no es excesivamente áspero y se puede uno echar unos nados tan ricamente. Quizá la aparición de algas de forma esporádica enturbiara algo la experiencia pero para estos efectos nos vale la playa de todas, todas. A ver, las playas del Levante español le dan mil vueltas pero para el ratillo que vamos a estar nos hace el apaño.
Pese a darnos bien de crema solar la verdad es que el calor que reina y el sol que incide acaba por hacernos plantear que ya es hora de retirarse y mirar el regreso al Valiant Lady. Dado que la playa tiene duchas nos quitamos la arena y nos adecentamos para coger el bus de vuelta para pasarnos por el centro comercial Mayol, junto al estadio de rugby de Toulon del mismo nombre y al lado del puerto, para comprar cosas de vuelta a casa en el hipermercado Carrefour que hay en el interior y que ya utilicé hace trece años en mi anterior escala y que está bien surtido para elegir los recuerdos alimentarios que traer a la familia y a uno mismo.
Las opciones para volver de la playa al centro comercial Mayol son:
- Bus 23 – La parada está a 3 minutos de de la playa, Ste Hélène y la parada al lado del centro comercial, 2 minutos, es Mayol siendo el trayecto de 10 minutos.
- Bus 3 – La parada está a 3 minutos de de la playa, Ste Hélène y la parada al lado del centro comercial, 2 minutos, es Mayol siendo el trayecto de 10 minutos.
Si al final no fuéramos al centro comercial y fuéramos al barco directamente había mirado las paradas anteriores: habría que bajarse en Port Marchand de la línea 3 y en Port de Commerce de la línea 23. Esta información nos sería de mucha utilidad en los minutos posteriores. Como decía el Gran Corso, “
sólo con la prudencia, la sabiduría y la destreza se logran grandes fines y se superan los obstáculos. Sin estas cualidades nada tiene éxito”.
Tras unos minutos de espera en la parada de Ste Hélène llega el bus n.º 3 al cual nos subimos. El autobús tiene rótulo digital donde va detallando las próximas paradas pero entre medias da avisos. Me pongo a leer y se informa de que esta semana la parada Mayol no está activa y el bus da un rodeo para continuar camino porque hay obras junto al estadio. Como comentaba hace un momento, llevo apuntado que Port Marchand es la parada anterior y no dista demasiado de la siguiente pues nos bajamos en ésta. Si no lo hubiera mirado antes del viaje y, más aún, no hubiera leído el letrero pues nos habríamos pasado de parada, a saber dónde nos habría llevado y luego habríamos tenido que desandar camino con la pérdida de tiempo y energías correspondiente.
La parada anterior sólo nos demora unos cinco minutos y por fin accedemos al centro comercial con su aire acondicionado tan reconfortante. Llevaba una lista de posibles compras de repostería típica de la zona. A saber:
. Chanteclair: pastel de almendras elaborado con merengue, una mezcla de crema batida y crema pastelera congelada, aromatizado con praliné y moca. Esta especialidad, originaria de Toulon, se distingue por su decoración en forma de gallo.
. Calissons: especialidad provenzal elaborada con almendras y cáscara de naranja confitada, cubierta de glaseado. Se pueden sustituir por dulce de membrillo, jaleas de frutas o fruta troceada: naranjas, manzanas, peras o uvas.
. Cade Toulonnaise: tarta de harina de garbanzos.
. Ker-moco: pastel con higos de Solliès.
. Chichi Frégi : dulce típico de la Provenza que consiste en una masa dulce frita en aceite de oliva, muy similar a los churros y de gran aceptación en Toulon.
. Gibassier : galleta a base de aceite de oliva originaria de Provenza. Se especia con anís y agua de azahar y se espolvorea con azúcar glass.
Pues bien, de lo comentado nada aparte de los calissons, que estaban prohibitivos, por lo que, en mi caso, cogí un variadito de productos franceses en general aunque no fueran de esta región y mi acompañante otro tanto junto a una botella de vino de la zona.
Tras un pequeño paseo hasta el muello subimos al Valiant Lady y toca averiguar lo diligentes que estarán a la hora de tratar el tema de la subida de alcohol a bordo porque, en teoría, deberían requisar la botella de vino hasta su devolución el día antes a finalizar el viaje. En el control detectan la botella y nos indican que la entreguemos en un mostrador que hay un poco más adentro junto a los ascensores. Como ese mostrador no tiene visión directa de lo que sucede en el control de entrada nos hacemos los suecos, metemos la botella en la mochila, pasamos por delante del mostrador, cuyo tripulante no tiene conocimiento de lo sucedido e ignora lo que llevamos, y para el camarote. Menos historias al final.
Como el paseo matutino por Toulon nos ha abierto el apetito nos planteamos dónde comer. Virgin Voyages ofrece muchos puntos de restauración aparte de The Galley por lo que decidimos probar uno de ellos, The Dock, en popa de la cubierta 7.
The Dock es una terraza con ambiente chillout, camas balinesas, sofás, mesas bajas y espacio para relajarse. Allí sirven pinchos a la parrilla de influencia mediterránea que se pide a la carta y que lleva el mismo sistema de The Galley (se levanta la banderita, te toman nota y te lo traen a la mesa). Los platos que se ofrecen son los siguientes:
- Pincho de polenta de queso de cabra con alioli de harissa y verduras con azafrán.
- Pincho de calamares a la parrilla con yogur de ajo.
- Pincho de pulpo español (literal) con alcachofas.
- Pincho de pollo a la parrilla con puré de berenjena.
- Entraña de ternera en pan de pita con anchoas y menta.
-Acompañamientos como baba ganoush, cuscús de coliflor, hummus de remolacha o ensalada de sandía y queso feta. Grillismo en estado puro.
No nos complicamos y utilizamos el término que estará en boga durante todo el crucero: “
everything” (pónganos toda la carta, vamos). Y con unos refrescos de acompañamiento, que hay mucha sed. Efectivamente, al rato, llega un camarero con un bandejón al hombro y nos trae todos los platos. Decir que salvo la polenta el resto está extraordinario y me quedo corto. La carne jugosa y el marisco en su punto y nada chicloso. Si le sumamos los aditamentos y que venía calentito pues éxito sin paliativos.
Creo que tengo que relatar algo que sucedió mientras esperábamos la comida. Al lado nuestro hay unas compatriotas que tienen nuestra misma idea de pedir pinchos y bebida. Les traen unas cervezas en lata y las mismas no deben tener una temperatura muy fresca. Una de ellas protesta, se va a la barra, manifiesta con mucho aspaviento que la bebida no está bien, para acto seguido pasar la lata por los mofletes del camarero para que comprobara su temperatura. Enseguida se monta un pequeño follón y varios camareros van en ayuda de su compañero que se ha quedado paralizado ante la actitud de la pasajera. Le comentan que no le van a cobrar la bebida y que le traerán una nueva remesa a temperatura más gélida pero ni con esas ceja en sus protestas hasta que por fin llegan las latas nuevas y se da el tema por zanjado. No voy a entrar en el fondo del asunto, porque la temperatura de la bebida me da que no era la correcta, sino en las formas porque no se puede tratar así a nadie. Vamos, que sólo le faltó escupirle a la cara para que sintiera la temperatura de la cerveza. Las quejas se hacen si hay que hacerlas y manteniendo las maneras porque sino devenimos en caos, libertinaje y perversión. Como decía Bonaparte: “
Pon tu mano de hierro en un guante de terciopelo”.
Satisfecha la pitanza y tras rechazar amablemente una segunda ronda de platos que nos ofrece un ufano camarero nos planteamos cómo echar la tarde. Mi acompañante manifiesta que se va a echar una pequeña siesta antes de ir a la bañera de cubierta y yo opto por arreglar lo del brunch de mañana en Atención al cliente y dar mi clásica vuelta por las instalaciones del barco.
Dirijo mis pasos por tanto de nuevo a Sailor services, hago la cola correspondiente porque allí siempre hay gente esperando y explico la confusión ocurrida a la hora de reservar el desayuno del día de navegación. Quien me atiende me indica que ellos no puedan cambiar la reserva pero que pasan nota al restaurante para que lo realicen si fuera posible y me avisaran en la aplicación del móvil. Con las mismas y a la espera de noticias me dedico a deambular por el barco y a echar fotografías. Queda ya poco para levemos anclas y dejemos la rada de Toulon.
El puerto abandona, majestuosa, la quilla,
rompiendo el espejo de la azul ensenada;
Toulon va quedando en la costa borrada,
mientras la distancia silencia la orilla.
Al rato recibo un mensaje por el cual han hecho la reserva del brunch en The Wake pero sigo leyendo y resulta que la reserva la han efectuado para el viernes donde ya tenemos la reserva del brunch en Ariya de manera que ahora mismo, si queremos, podemos desayunar en Ariya a las 10:00 y tomar el brunch a las 11:00 el mismo día en The Wake. Desando pasos y me vuelvo a plantar en Sailor Services para reclamar el tema dado que no sé si es que nos están vacilando o qué. Espero la cola de turno y esto se está empezando a parecer sospechosamente al “Vuelva Usted mañana” de Mariano José de Larra o a la prueba de “la casa que enloquece” de las 12 pruebas de Astérix.
Me vuelven a atender, doy con alguien que habla español y expongo lo sucedido. La tripulante verifica la cuestión y me da la razón porque, efectivamente, se han equivocado. Hace unas llamadas, regresa y me comunica que está todo completo en The Wake para mañana para desayunar, no hay huecos libres y que lo siente. Le indico entonces que anulen la reserva última del viernes pero que, por favor, que no se equivoquen y no anulen la de Ariya de ese mismo día. Por último, me indica que intentemos pasar por allí aunque no tengamos reserva por si acaso nos pueden hacer un hueco. Veremos….
Tras el mosqueo, que no pago con quien me ha atendido, me marcho rumiando sapos y culebras. Decido aparcar la cuestión porque también ha sido culpa nuestra no haber verificado ayer si el cambio de reservas estaba bien. Es lo que hay….
Continúo la exploración y me paso por el camarote donde mi acompañante ya se ha despertado del reposo. Toca por tanto marchar a la cubierta a refrescarnos un rato, si ello es posible, hasta la hora de regresar para arreglarnos de cara al espectáculo y la cena del día de hoy.
Con las mismas sacamos a relucir el equipamiento especial que habíamos traído para esta ocasión con el fin de proveernos de líquido elemento: un termo metálico de litro y medio para rellenar y tener junto a la tumbona e hidratarnos convenientemente. Y para ello subimos a The Galley.
Allí está, la veo a lo lejos, y me aproximo con todas las emociones a flor de piel porque la ocasión lo merece. Ya ayer me faltó nada para hincarme de hinojos ante ella y pude mantener las formas pero hoy, aprovechando que no hay nadie por las cercanías, inclino la cerviz y hago una genuflexión ante el becerro de oro abrazando la idolatría pagana de su culto. Porque allí, en su tótem, se encuentra la mil veces anhelada,
la Diosa Limonada.
Me tiemblan las piernas al acercarme porque además este año el trato con la deidad es directo, lejos de la influencia de los falsos profetas que son los vasos con un cerro de hielos que el año pasado en el Allure of the seas desvirtuaban su esencia pura. Hoy puedo acercarme a ella sin intermediarios, sin nada que la pueda convertir en herejía, solamente ella, el vaso y yo. El primer trago es ambrosía para el paladar, el segundo es un río de aguas claras por el desierto, el tercero, el cuarto……
Peso poco en tu vida, casi nada,
como un leve rumor, como una brisa,
como un sorbo de fresca limonada
bebido sin calor y a toda prisa.
Volviendo a lo prosaico, procedemos a llenar nuestros termos con el líquido deífico y divino y nos acercamos a la zona de las instalaciones de agua. Dejamos las toallas de la playa, cojemos unas nuevas, conseguimos unas tumbonas en una ubicación razonable y simultaneamos ingesta con baño, mientras nos dejamos mecer por la música ambiente. A una hora razonable nos movemos y regresamos a la cabina. De camino, la aplicación me avisa de que han anulado la reserva errónea del viernes por fin. Ya me quedo más tranquilo.
De lo que ocurrió en el resto del día se pondrá negro sobre blanco en la siguiente y creativa etapa.