ETAPA 8.(200 KM).
CONIMBRIGA se encuentra apenas a 20 Km. de Coimbra y es el yacimiento romano más importante de Portugal. Fue una ciudad relevante en los siglos I, II y III d.C. Con mi gusto por las ruinas romanas y por los mosaicos en particular no podía dejar pasar por alto esta visita.


Se pueden contemplar restos de baños, un foro, un acueducto, tiendas y villas, entre las que destaca una de las mayores casas del Imperio Romano occidental, con un jardín central con columnas, fuentes y estanque, baños y un sofisticado sistema de calefacción, además de varias habitaciones pavimentadas con elaborados mosaicos.


Habitaciones y al fondo los baños:


Jardín central de la llamada Casa das Fontes:


Y este el jardín lateral con fuentes y mosaicos:


Restos de la entrada de una de las casas:


Detalle de los impresionantes suelos de mosaico:



Como habréis observado, soy una fanática de los mosaicos romanos,
En serio, una visita muy, muy recomendable si os gustan este tipo de yacimientos. Merece la pena.
En nuestro viaje hacia Aveiro cometimos el error de tirar a la costa para ir hacia el norte por Figueira da Foz y Praia de Mira. Hasta Figueira da Foz no tuvimos problemas, incluso comimos un excelente pescado en un restaurante próximo a la playa.
Un mirador nos dejó esta perspectiva de Figueira da Foz.


Los problemas comenzaron en las inmediaciones de Praia de Mira, donde nos pilló un atasco monumental. Inmersos en nuestro viaje, no nos dimos cuenta de que era un domingo de finales de julio y, naturalmente, en Portugal como en España, la gente que acude en masa a pasar el fin de semana en las playas por la tarde regresa en coche a sus casas. No sé cuánto tiempo estuvimos moviéndonos a paso de tortuga, pero fueron horas, no sé si tres.
Por el camino, aprovechando la insufrible caravana, me bajé a hacer unas fotos de las típicas casas de rayas de colores de Costa Nova, entre la ría de Aveiro y el mar:
Por el camino, aprovechando la insufrible caravana, me bajé a hacer unas fotos de las típicas casas de rayas de colores de Costa Nova, entre la ría de Aveiro y el mar:

Justamente cuando estaba cámara en mano, como por arte de magia el atasco se deshizo y tuve que darme una buena carrera para alcanzar a mi marido que se iba con el coche pues unos guardias no le dejaban ni parar. ¡Las cosas que pasan!
Por fin llegamos a AVEIRO, que nos sorprendió con una tranquilidad absoluta. Apenas había nadie por las calles, solo unos pocos turistas paseando al borde de los canales; y amarrados los populares y coloristas moliceiros (barcas que recogen las algas para hacer fertilizantes).
Por fin llegamos a AVEIRO, que nos sorprendió con una tranquilidad absoluta. Apenas había nadie por las calles, solo unos pocos turistas paseando al borde de los canales; y amarrados los populares y coloristas moliceiros (barcas que recogen las algas para hacer fertilizantes).

Se nos había hecho algo tarde, pero apenas pasaban unos minutos de las siete de una tarde de sol y calor en el mes de julio y, la verdad, esperaba más actividad y bullicio. Dimos un paseo hasta un puente amarillo sobre el canal de Sao Roque:

Volvimos hacia Canal Central con sus elegantes mansiones art nouveau y más moliceiros:

¡Qué bonitos son! Lástima no haberlos visto navegando e, incluso, haber subido a uno de ellos para dar una vuelta cual góndola veneciana:

Caminamos por el centro, con el Ayuntamiento y la iglesia de la Misericordia con su fachada de azulejos. Esas calles que por la mañana seguramente habían sido un hervidero de gente ahora estaban prácticamente desiertas. Buscábamos un sitio para cenar, pero los numerosos y prometedores restaurantes que vimos por el camino estaban cerrados, únicamente algún bar abierto con escaso ambiente y menos oferta de comida. Sinceramente, estábamos sorprendidos por tan poca actividad. Al final, entramos en un centro comercial donde parecía haberse reunido toda juventud para tomar cerveza y copas; también había muchas familias cenando en restaurantes de comida rápida y locales que servían tapas y raciones de pescado, ensaladas de todo tipo, empanada y marisco al peso. Todo el pueblo parecía estar allí. Y, claro, también nos quedamos nosotros: no era lo que hubiésemos deseado en un sitio como Aveiro, pero tampoco estuvo mal y, eso sí, a muy buen precio.
Esa noche, de vuelta a Coimbra, se notaba una bruma como de humo en el horizonte. Aunque no se veían llamas, estábamos empezando a notar que los montes ardían no muy lejos.
Esa noche, de vuelta a Coimbra, se notaba una bruma como de humo en el horizonte. Aunque no se veían llamas, estábamos empezando a notar que los montes ardían no muy lejos.
