Jornada de muchos kilómetros de nuevo. Teníamos que atravesar la isla de Oeste a Este, por Lewis Pass. Como llegamos muy tarde al hotel la noche antes me dedique a recorrerlo a primera hora. Disponía de una playa privada llena de rocas Pancake y grandes algas secas que formaban pequeños montículos en la arena.

Rocas pancake en la playa del hotel
Almorzamos muy fuerte en el restaurante que hay frente a la ruta de los Blowholes: pancakes con mantequilla, fruta y mermelada. Y al coche.
Lewis Pass es una carretera de montaña, rodeada de bosques espesos. De vez en cuando se cruzan ríos crecidos por el deshielo y se ven cascadas en la lejanía. Se pasa por muy pocos pueblos y todos son muy pequeños. Cuando las montañas se acaban empiezan a verse prados, con muchas flores y mucho ganado. Evidentemente hay mayoría de ovejas, pero también vacas, caballos y hasta vimos una granja de llamas, graciosísimas con sus peinados modernos jejeje.
Lewis Pass es una carretera de montaña, rodeada de bosques espesos. De vez en cuando se cruzan ríos crecidos por el deshielo y se ven cascadas en la lejanía. Se pasa por muy pocos pueblos y todos son muy pequeños. Cuando las montañas se acaban empiezan a verse prados, con muchas flores y mucho ganado. Evidentemente hay mayoría de ovejas, pero también vacas, caballos y hasta vimos una granja de llamas, graciosísimas con sus peinados modernos jejeje.

Verde que te quiero verde...
Nos hizo un día de sol y lluvia, con nubes esporádicas que iban y venían. El viaje acabo haciéndose pesado, sobre todo cuando empezó a entrar el hambre y no encontrábamos ningún sitio decente para comer. Ese día las galletitas con trozos de chocolate nos salvaron el pellejo.
Llegamos a Kaikorua pasadas las 4 de la tarde y nos metimos en un restaurante a comer, supongo que ellos fliparon que alguien entrase a cenar tan pronto. Una vez instalados en el hotel recorrimos el pueblo y fuimos a ver el sitio desde donde saldría nuestro barco para ver ballenas al día siguiente, así nos asegurábamos de no perdernos y llegar tarde. Una visita al súper para comprar pan, quesos y pates para cenar en la habitación y vuelta al hotel.
Llegamos a Kaikorua pasadas las 4 de la tarde y nos metimos en un restaurante a comer, supongo que ellos fliparon que alguien entrase a cenar tan pronto. Una vez instalados en el hotel recorrimos el pueblo y fuimos a ver el sitio desde donde saldría nuestro barco para ver ballenas al día siguiente, así nos asegurábamos de no perdernos y llegar tarde. Una visita al súper para comprar pan, quesos y pates para cenar en la habitación y vuelta al hotel.

El Oceano Pacífico hace honor a su nombre
Gemma estaba cansada y se quedó en la habitación, yo decidí salir a catar la vida nocturna del lugar pero solo encontré 1 bar abierto y lo cerraron a las diez y media, ¿comorrrr? El bar valía la pena: un estilo a Pub inglés, con billares, madera por todas partes, muchas cervezas distintas y una chimenea en el interior y otra en el patio exterior muy acogedoras.
Volví al hotel y ordené fotos hasta que me venció el sueño. Y a las 3 de la madrugada…
Al principio pensé que era la alarma para levantarnos y que Gemma había cambiado el tono del teléfono. Pero cuando abrí los ojos me di cuenta de que aún era de noche y me dispuse a seguir durmiendo. La alarma subía en intensidad pero yo estaba decidido a no hacerle caso. En cambio Gemma se despertó y me zarandeó diciendo nosequé sobre una alarma de incendios.
Volví al hotel y ordené fotos hasta que me venció el sueño. Y a las 3 de la madrugada…
Al principio pensé que era la alarma para levantarnos y que Gemma había cambiado el tono del teléfono. Pero cuando abrí los ojos me di cuenta de que aún era de noche y me dispuse a seguir durmiendo. La alarma subía en intensidad pero yo estaba decidido a no hacerle caso. En cambio Gemma se despertó y me zarandeó diciendo nosequé sobre una alarma de incendios.

Ni se os ocurra flambear nada más...
Me levante medio zombi y ella me pidió que saliese a ver qué pasaba, la alarma seguía sonando y ahora si podía escuchar claramente “fire alarm” entre los aullidos que pegaba el altavoz. Abrí la puerta y me encontré que todos los inquilinos del hotel estaban asomados a la barandilla de la pasarela que daba al patio. Todos se giraron para mirarme, y con razón puesto que suelo dormir desnudo y así salí a la pasarela. La viejecita coreana de metro treinta de la habitación de al lado estaba flipando.
Volví a meterme dentro rápidamente, aun un poco dormido y le dije a Gemma que no sabía que pasaba pero que todos estaban fuera. Abrió ella la puerta mientras yo me vestía y volvió diciendo que el restaurante que había al lado del hotel estaba ardiendo y que era increíble que yo no lo hubiese visto… Y yo que se… recién despertado no veo a mas de 3 metros, si ya me costó distinguir a la coreana boquiabierta…
Como teníamos las maletas casi hechas ya, las cerramos y salimos de la habitación con todas nuestras pertenencias encima, debidamente vestidos. Quizá fue por eso que fuimos los últimos en llegar al punto de reunión y que todos allí estaban en pijama aun. Y desde esa terraza de bar a 50 metros del hotel vimos como trabajaban los “eficientes” bomberos de Kaikorua.
Volví a meterme dentro rápidamente, aun un poco dormido y le dije a Gemma que no sabía que pasaba pero que todos estaban fuera. Abrió ella la puerta mientras yo me vestía y volvió diciendo que el restaurante que había al lado del hotel estaba ardiendo y que era increíble que yo no lo hubiese visto… Y yo que se… recién despertado no veo a mas de 3 metros, si ya me costó distinguir a la coreana boquiabierta…
Como teníamos las maletas casi hechas ya, las cerramos y salimos de la habitación con todas nuestras pertenencias encima, debidamente vestidos. Quizá fue por eso que fuimos los últimos en llegar al punto de reunión y que todos allí estaban en pijama aun. Y desde esa terraza de bar a 50 metros del hotel vimos como trabajaban los “eficientes” bomberos de Kaikorua.

El dueño se va a cabrear... Y con razón
Tardaron casi 2 horas en extinguir lo que empezó siendo una llamita pequeña en la cocina del restaurante, y que acabo creciendo hasta devorar toda la planta superior. Les ofrecimos ropa de nuestra maleta a un par de mujeres en pijama que se notaba que pasaban frio allí esperando a la intemperie. Me sorprendió mucho la incompetencia de los bomberos en un país donde todas las casas son de madera ligera.
A las 5 de la madrugada pudimos volver a la habitación y seguir durmiendo, el olor a quemado seguía ahí pero el peligro ya era inexistente, menuda nochecita…
A las 5 de la madrugada pudimos volver a la habitación y seguir durmiendo, el olor a quemado seguía ahí pero el peligro ya era inexistente, menuda nochecita…