La carretera que une La Paz con Coroico, única salida en dirección norte, se construyó entre 1932 y 1936 a golpe de dinamita y maza por prisioneros paraguayos de la guerra del Chaco. La carretera es de grava, de unos 3,5m de anchura y con precipicios de hasta 600m con pocas barreras de seguridad.
Hasta marzo de 2007, fecha en la que se abrió una variante, la carretera fue identificada por el Banco de Desarrollo Interamericano como la carretera más peligrosa del mundo, con una media de 26 muertes por año.
El domingo me levanto a las 06:30h para plantarme antes de las 07:00 en la oficina de Mike, propietario de Evolution Ride Spirit, una joven agencia que ofrece, entre muchas otras, recorrer este tramo de carretera en bicicleta. Son los 64km que van desde la cumbre (4700m) hasta Yolosa (1100m), 3600m de descenso en BTT. Mike hace también de guía.
Después de desayunar en la oficina, salimos el equipo del Huayna Potosí rumbo a la cumbre. Allí nos recibe un rebaño de llamas que pacen entre la nieve. Nos equipamos e iniciamos los primeros 20km sobre el asfalto de la nueva carretera, admirando el verde y abrupto paisaje que inicia el valle de la Yungas. Pasamos el punto de control y tras un túnel que esquivamos (las bicicletas no están autorizadas a pasar por él), volvemos a subir a la furgoneta para salvar un repecho de unos 12km, tras los cuales llega el antiguo camino de ripio. Almorzamos mientras Mike explica lo que nos vamos a ir encontrando, pidiéndonos prudencia.



La carretera es espectacular, aún con la niebla que oculta la profundidad del valle. La vegetación de matorrales de alta montaña pasa a bosque húmedo con numerosos helechos arraigados a los taludes verticales. Curvas pronunciadas, pasos estrechos, cruces por los fallecidos en la carretera y escasez de protecciones hacían aumentar la prudencia a medida que bajamos.



La excursión se hace muy corta y enseguida llegamos a Yolosa. Empieza a llover, por lo que no podemos disfrutar de la piscina del albergue donde nos recogemos. Nos duchamos y damos buena cuenta del buffet que está preparado. Brindamos con cerveza y nos despedimos de Antoine, Martin y Rubén que toman un autobús hacia Rurrenabaque. Mathis y yo regresamos a La Paz por la muy mejorada nueva carretera, disfrutando del paisaje esta vez cómodamente en los asientos de la furgoneta.

En los accesos a La Paz hay un atasco, estamos pasando cerca del cementerio de Ventilla, donde se acumulan los vehículos estacionados de los vecinos que han ido a pasar el día de difuntos con los familiares y amigos que ya no están presentes. Comen y toman para disfrutar de su presencia en estos días en los que la muerte está tan presente.

