Nuestro tren a Guilin sale a las cinco y pico, así que nos levantamos con calma y emplearemos la mañana en ir a ver lo que aquí llaman un pueblo de agua, Zhujiajiao.
Aquí habría que hacer un pequeño inciso sobre lo que es el turismo en China (o al menos lo que a mí me pareció), básicamente compuesto en un 99,99999999% por turistas nacionales.
El turista chino es un coleccionista de fotos, quiere tener todas las fotos de aquellos lugares de los que ha oído hablar y que ha visto publicar a otros turistas. Y existe una carrera entre los destinos turísticos por ofrecer facilidades para obtener la mejor foto con el fin de atraer a esos millones de turistas, sin importar nada cómo se consigue eso. Así, veremos destrozar paisajes en Yangshuo, asfaltar y agujerear montes en Tian Men, construir pueblos enteros como un escenario en Fenghuang, por no hablar de sitios como Gu Bei, un auténtico parque temático... pero no importa si con ello conseguimos una foto más espectacular. Al turista chino parece encantarle ese rollo, le da igual si lo que ve es auténtico o falso, solo quiere una foto bonita para enseñar.
Y comprar, les encanta comprar. Olvidad cualquier idea que tengáis de un pais comunista, aquí parece ser que triunfa la curiosa versión comunista-capitalista-consumista.
La línea 17 os lleva hasta allí en más o menos una hora. Desde la estación de Zhujiajiao hay una media hora andando hasta el pueblo aunque siempre aparecerán tuktuks, calesas y otros medios si no queréis andar.
Zhujiajiao es un antiguo pueblo de agua en las afueras de Shanghai del que, es cierto, todavía queda algo de su parte original. Pero, hoy por hoy, es muy difícil captar nada de su esencia ya que todas las viviendas han sido reconvertidas en horribles tiendas que, una y otra vez sin descanso, ofrecen los mismos productos. Sí, quedan los canales y algunos puentecillos de piedra (que vete tú ya saber si son realmente originales), pero todo el conjunto queda claramente desfigurado. Con todo, estamos algo más de una hora paseando por allí.
En el camino andando desde y hacia la estación atravesamos el Zhujiajiao de verdad, horrible urbanísticamente hablando, pero curioso de ver. Entramos a un mercado donde, como en toda China, la mercancía se mantiene viva hasta que el cliente la solicita: gallinas, conejos, todo tipo de peces en cubos, ranas, tortugas,... Al menos es auténtico. Feo, pero auténtico.
Tomamos con tiempo de sobra el metro para dirigirnos hacia la estación de tren de Shanghai Songjiang y, por primera y última vez en este viaje, nos perdemos en uno de los intercambios de líneas. No somos capaces de encontrar la conexión y para cuando nos damos cuenta se nos ha echado un poco el tiempo encima. Era el primer tren que íbamos a coger y queríamos llegar con márgen por si surgía algún contratiempo. Terminamos contratando un didi a través de Alipay que también resulta un tanto confuso porque el conductor no nos encuentra pero al final aparece y nos lleva hasta la estación a la que llegamos unos 25 minutos antes de la hora de salida del tren.
Afortunadamente la estación, aunque grande, está muy bien señalizada y en apenas 5 minutos estamos en la puerta de nuestro check-in.
Como ya comenté en el itinerario mi idea era haber entrado por Hong Kong, mucho más cercano a nuestra próxima parada, Guilin, en lugar de Shanghai que está a 1500 kms de distancia. Para no perder mucho tiempo, reservé litera en un tren que en unas 18 horas, noche incluída, nos llevaría hasta la estación de Guilinbei. El precio por litera en compartimento de 6 es de 340 yuanes.
Me daba un poco miedo la idea de 18 horas en un tren, pero afortunadamente resultó ser una de las mejores etapas del viaje. El compartimento no da para mucho: seis literas hard sleeper, suficientemente cómodas, sin puerta ni ningún tipo de cortina.
No hay escalera, así que el acceso a la litera superior exige ciertas habilidades acrobáticas (en la foto la litera superior casi no se ve, está arriba del todo)

Para empezar, ya somos un poco la atracción del vagón. En general, a los occidentales se nos mira con curiosidad, a veces disimulada y otras muy descarada. Algunas personas te dicen "Hello" sonriendo, otras te sacan fotos con mas o menos discreción, ... pero siempre con buen tono, en ningún momento nos sentimos incómodos.
Y nada más arrancar el tren observamos que tiene un ecosistema propio. Además de la gente que no para de moverse, hablar, comer,... empiezan a desfilar un sinfín de vendedores que ofrecen todo tipo de productos: comida caliente, comida fría, fruta, bebidas, gominolas, maquillajes,... a los que se suman otro ejército de trabajadores: revisores, limpiadores, basureros, un individuo cuya única misión parece ser ir gritando el nombre de la próxima estación,... de forma que el tiempo se nos pasa volando simplemente observando lo que sucede a nuestro alrededor.
La nota negativa fue que en la litera de abajo dormía el campeón chino de ronquidos que se pasó toda la noche demostrando el por qué de su título. Soy especialmente sensible a ese ruido, así que me paso toda la noche sin pegar ojo.