Habíamos quedado con la del hotel que nos avisaría por wechat si había cambios respecto a lo anunciado. A las 7 de la mañana el móvil no da ningún movimiento, pero me niego a aceptar lo evidente y, ya que no hay nada que hacer, me acerco paseando a la entrada del parque donde compruebo con mis propios ojos que esta todo clausurado. Un cartel anuncia que estará cerrado un par de días más y luego se abrirá con restricciones ya que algunas conexiones no son posibles. Así que adiós a cualquier opción de Zhangjiajie.
Desayunamos con calma y preguntamos en el hotel si la zona de Tianmen estaba operativa. Nos dice que sí, así que, aunque no entraba en nuestros planes y sigue lloviendo bastante, preparamos la excursión.
Paseo a la estación de bus y por 15 yuanes llegamos a Zhangjiajie donde está situado el arranque a la excursión de Tianmen, una curiosa montaña sita a unos pocos kms. de Zhangjiajie, una especie de pequeña meseta elevada sobre escarpados precipicios.
Supongo que hace años alguien pensó en sacarle partido y dijo: ¿cómo podemos llevar a la gente hasta allí? Nada, construimos un teleférico de varios kilómetros de recorrido y llevamos así a la gente desde el centro de la ciudad hasta la cima.
Otro comentó: pero la montaña tiene barro, piedras, caminos incómodos,... ¿cómo haremos que el ciudadano chino que casi no es capaz de caminar disfrute la montaña? Nada, enlosamos todo el monte, les ponemos chiringuitos de comida cada 500 metros, baños que ya quisieran tener en otros lugares, tiendas,...y listo.
Otro concluyó: ¿y los desniveles de la montaña, como los salvaremos? Y como si fueran del mismo Bilbao, decidieron perforar toda la montaña construyendo sucesivos e interminables tramos de rampas mecánicas que llevasen a la gente de un lugar a otro sin necesidad de dar un paso.
Eso es Tianmen, una oda al turismo chino: masificación, comodidad, destrucción,... pero a veces todo esto también es muy curioso de ver.
La entrada completa cuesta 275 yuanes, comprada en el momento en taquilla previa presentación, como siempre, del pasaporte (llevadlo siempre encima porque lo piden para casi todo). Hay dos formas de hacer el recorrido circular, en ambas se ve lo mismo, simplemente varía el sentido de la excursión. Parece que hay una tercera opción por una sinuosa carretera pero vista desde el aire esa carretera estaba destrozada por desprendimientos en múltiples sitios y me parece difícil que esté operativa.
El teleférico arranca desde el centro de la ciudad y te deja en la cima, donde empieza un camino circular que bordea los precipicios por unas pasarelas construidas en el mismo borde. También existen unos tramos donde el suelo está hecho de cristal.

Si al hecho de que, aunque curioso, todo nos parece un despropósito, le sumas que diluvia sin cesar y estamos metidos en medio de las nubes con lo cual la visibilidad es cero, la visita transcurre rápida.
Lo único que nos pareció notable fue un templo budista que había en la zona más alta. Es verdad que nosotros no somos capaces de distinguir un templo antiguo de uno hecho hace dos días, y que sobre religiosidad budista no tenemos ni idea, pero disfrutamos recorriendo este templo, escalonado en varias terrazas, con todo tipo de esculturas en su interior.

El hecho de que tuviera las puertas de los pabellones abiertas permitiendo la entrada en el interior de la niebla, el aire, la lluvia,... le daba un toque muy original. Eso sí, a pesar de que todo el monte estaba a tope de gente, aquí no había nadie.
Descendemos por unos túneles excavados en la roca mediante unas interminables rampas mecánicas hasta la zona de la famosa abertura, donde hay una explanada petada de gente. De ahí parte una larga escalera hacia la zona alta, pero como hace un tiempo horrible, está cerrada. Así que paseo para abajo hasta otro funicular que nos dejará a unos kilómetros de la ciudad, recorrido que hacemos en unos buses incluidos en la entrada.
Hacía tiempo que no me mojaba tanto, porque fueron varias horas bajo una fuerte lluvia constante. Como dije, hace calor y no importa estar empapado... pero vaya diluvio. El calzado que llevé ese día no se me secó casi hasta el final del viaje.
Vuelta a Wulingyuan en bus, buscar algo para cenar y a la cama, que tras dos días por aquí mañana dejamos esta zona para seguir viaje.
¿Volvería a Tianmen? No , ni loco. ¿Volveré a Zhangjiajie a ver el parque? Espero que sí.