Los billetes para el primer tren de la mañana hacia Pekin ni siquiera salieron a la venta, tan pronto como aparecieron disponibles estaban agotados, así que hubo que buscar un itinerario alternativo cuya única desventaja era que salía y llegaba mas tarde, lo que nos quitaba algo de tiempo de nuestro primer día en la capital.
Salimos a las 09:00 de Pingyaogucheng a Taiyuannan, donde tras una breve parada a las 11:00 tomamos otro tren dirección Beijingfengtai. De ahí al metro y del metro unos 15 minutos andando al hotel, el Hexu Shengshi Hotel, bien situado, pero siendo sinceros, el peor del viaje, ya que es poco más que una habitación fea, pequeña, con una triste ventanuca a un pasillo, y además el más caro de todo el viaje, 27€ la noche, prácticamente el doble que cualquier otro hotel, pero tras rastrear mucho, pude comprobar que en Pekín los hoteles tienen precios mucho más elevados que el resto del país. Por lo menos tiene baño privado, aire acondicionado, agua potable a discreción y hervidor de agua.
Al final hemos llegado bastante tarde al hotel, son casi las 4, así que sin perder tiempo nos vamos a ver el templo del cielo, que está a unos 20 minutos andando. Las entradas muy baratas, las había cogido mientras veníamos en tren desde la página oficial, así que entramos directamente.
Situado en medio de un parque junto a otros edificios, es una de las imágenes típicas de China, y como tal, está a tope de gente. Aunque lo que se ve hoy en día es mayormente una reconstrucción, es un templo atractivo y fotogénico, pero solo se puede ver desde el exterior. Hay otros pabellones, terrazas, paseos,... por los que poder caminar de forma que la visita dura su tiempo.

Salimos del recinto por una puerta lateral que da a un edificio donde hay una especie de mercado de falsificaciones, el mercado de la perla, pero un par de minutos en él nos sirven para saber que no es lo nuestro, así que nos vamos caminando hacia Wangfujing, la calle con más vida de todo Pekín, llena de tiendas y gente. Acabamos caminando por varios hutongs, que no son sino barrios de casas bajas, algo laberinticos. Como siempre nos vamos perdiendo hasta que nos cansamos y decidimos retirarnos usando el metro, ya que hemos acabado en el quinto pino.
Día corto pero cansado, desde las 4 hasta casi las 11 de la noche pateando la ciudad sin parar. Mañana más y mejor.