Nuestro segundo dia en Pekin nos llevaría a otros dos lugares emblemáticos de la ciudad: Tiananmen/Ciudad Prohibida y el Palacio de Verano.
Como están muy alejados uno de otro y la plaza de Tiananmen la tenemos cerca andando desde el hotel, decidimos madrugar, ver esa zona primero, volver al hotel a descansar y luego desplazarnos al Palacio de Verano que está casi en las afueras.
A eso de las 6 de la mañana nos levantamos para acercarnos dando un paseo a la zona de Tiananmen. Había leído que debe haber un acto de izada de bandera al amanecer, pero eso por aqui es antes de las 5 de la mañana, así que quedaba descartado. Según nos vamos acercando empiezan a aparecer los controles de seguridad, que son muy superiores a cualquier otro lugar de China, supongo que debido al valor simbólico que todos sabemos que tiene la plaza
La entrada la habíamos reservado con un miniprograma de wechat, y aunque en algún sitio leí que con la entrada a la ciudad prohibida también se podía pasar, no nos arriesgamos y la sacamos ya que además es gratuita. La reserva te dice por qué puerta debes entrar y el turno, mañana o tarde.
Pasamos los dos o tres controles, bastante exhaustivos y ya estamos en la plaza. Hay bastante gente, vemos bastante grupos de familias tirados por el suelo durmiendo (supongo que habrán madrugado mucho) pero la plaza es realmente grande así que no hay sensación de agobio.
Aquí haré un pequeño inciso para explicar que de todos los viajes que hacemos nos solemos traer algo de recuerdo: a mi pareja le gustan los imanes para la nevera, pero yo no lo tengo tan claro y solo compro algo de recuerdo si aparece algo que realmente me motive. En este viaje ya había aparecido el objeto, un libro rojo de Mao que había visto en un par de ocasiones en puestos callejeros tipo viejo tuerto que vende sus recuerdos por dos duros. Lo que pasó es que al preguntarles precio, al verme turista occidental me dieron una cifra que creí alta y como paso de regatear, no lo compré. Así que me encontraba en nuestro último día en China (descartaba encontrar algo así en la gran muralla, aunque curiosamente en algunas torres sí había puestecillos donde vendían libros rojos, pero modernos e incluso en castellano) regañándome a mí mismo por no haberme gastado los 50 yuanes que me pedían por el librito.
Estábamos en esas cuando observo que en la plaza, muchas familias con niños llevan banderitas chinas que agitan y usan para posar en las fotos. Todos llevan el mismo modelo y algunos niños llevan varias, así que supongo que se las dan en algún punto para que hagan muestra de su patriotismo. Me olvido del libro rojo de Mao y me digo: "ese es mi recuerdo de China". Son de apenas un palmo, de plástico, y seguramente se podrán comprar en algún lugar, pero yo quiero una de Tiananmen, no una bandera cualquiera.
Solo me faltaba conseguir una. Descartado el robo al descuido, planifico la estrategia de pedirla, para lo que me preparo en el traductor una frase en chino donde me presento como turista que ha quedado fascinado por China y que estaría muy feliz de tener un recuerdo que un niño chino le había regalado en un lugar tan emblemático. Solo me falta elegir una familia con muchas banderitas a la que dirigirme pero, y aunque creo que el plan habría funcionado a la primera y me habrían dado la banderita entre sonrisas y besos (si los chinos fueran de dar besos, que no lo son), de repente, sobre un banco de piedra cercano, observo un par de banderitas huérfanas ¿perdidas?¿abandonadas?¿olvidadas?. Nadie alrededor. Me siento a su lado y las cojo con disimulo, las agito un poco cual chino patriótico. Nadie se acerca. ¡Son mías!

Aquí estoy ahora, en el sofá de mi casa escribiendo estas líneas desde el cual veo en una balda las dos banderitas.
Tras visitar la plaza cruzamos al acceso a la Ciudad Prohibida, cuyas entradas tuvimos que comprar una semana antes desde la web oficial, y hay que hacerlo rápido que se agotan normalmente en horas. Mucha gente, ya hay bastante cola aunque falta un rato para que abran a las 8:30. Aquí estamos, con el iconico retrato de Mao sobre la puerta de acceso. Supongo que a la gente más joven no le dice mucho, pero cuando tienes cierta edad y viviste la época en que el mundo estaba dividido en dos grandes bloques, estar bajo el famoso retrato de Mao tiene algo especial. He tenido la suerte de haber estado en la Plaza Roja (cuando era roja), cruzado el muro de Berlín, visitar la Cuba de Castro, ver el mosaico de la plaza Skanderbeg,... madre mía qué viejo soy.
Confieso que aunque supongo que habría visto imagenes de la Ciudad Prohibida, no tenía muy claro qué era lo que íbamos a ver y, sinceramente, debo confesar que no alcanzó las expectativas.
Tuvimos la suerte de ver casi todo el complejo casi en solitario, ya que aunque había bastante cola entramos de los primeros y la mayoría de la gente iba en grupos que apenas avanzaban. Evidentemente tiene un gran valor histórico y el mero hecho de haber conservado un recinto tan grande ya es algo a destacar. Pero no sé, casi todos los pabellones están cerrados o vacíos, solo algunos tienen restos de mobiliario y hay que verlo desde fuera. No digo que no sea espectacular pasear por las terrazas, escaleras y pasillos, observando los edificios de tipicos tejados chinos.... pero nos dejó un poco fríos. Lo siento.
Tras algo más de una hora paseando salimos por la puerta opuesta y subimos a la colina Jingshan (un par de yuanes), un pequeño monte artificial con jardines y vistas a la ciudad. De allí volvemos andando al hotel a comer algo y descansar un poco de cara a afrontar el resto del día.
Nuestra segunda visita será el Palacio de Verano, situado bastante lejos, a unos 40 minutos en metro del centro. De nuevo compramos sin problemas las entradas en la web oficial de forma que entramos directamente. Se trata de un recinto enorme con un gran lago artificial en el centro, y está a tope de gente. Una pena, porque el sitio es agradable y tiene muchos edificios por los que pasear. Nosotros nos hacemos a pie toda la tournée del lago, un señor paseo, más la visita a todos los edificios, puentes, etc... que hay en el lugar, que no son pocos y algunos están en alto. Unas horillas que metimos aquí paseando.
Tomamos el metro de vuelta y cuando salimos a la calle vemos que está lloviendo. En la salida, unos empleados del metro reparten ponchos de plástico gratuitamente. Un detalle. Estamos cerca de Nanluoguxiang, un hutong con una calle comercial a tope de gente que recorremos de arriba a abajo. Ya es de noche, y un poco sin rumbo nos vamos hacia el hotel: más hutongs, lagos, zonas residenciales muy elegantes, otra vez la zona de Wangfujing,...
Algo de cenar y a la cama que mañana toca madrugar.