Habíamos dejado la gran muralla para el último día a modo de fin de fiesta. También porque sabíamos que podía ser una jornada cansada, podía llover, y así pasase lo que pasase tendríamos el día siguiente para reponernos en las 12 horas de avión. La zona elegida, Jinshanling, por ser fácilmente alcanzable en transporte público, estar menos masificada y ofrecernos un recorrido generoso sobre la muralla, algo más de 15 kms de paseo.
Nuestro tren hacia la gran muralla, el S501, sale poco antes de las 7 de la mañana de la estación de Beijingbei, así que toca madrugar mucho para, primero, llegar hasta esa estación. Una vez allí nos dirigimos donde pone Beijing Suburban, ya que esta línea va un poco al margen de los otros trenes. Había leído que este tren iba casi vacío, pero afortunadamente un par de días antes había reservado desde la app de 12306 los billetes (12 yuanes para un trayecto de 2 horas y media), ya que iba a tope. De hecho cuando abren las puertas de acceso hay carreras para pillar asiento, y hubo gente que tuvo que hacer el recorrido de pie.
Pasan las 9 y media cuando llegamos a Gubeikou, el pueblo donde finalizaremos nuestro trayecto. Al salir de la estación te asaltan taxistas que saben a lo que vienes. Intentamos un didi pero no nos salen opciones, así que acabamos aceptando la oferta de un conductor que se ofrece a llevarnos a Jinshanling por 50 yuanes.
Allí compramos las entradas, 65 yuanes por persona (podían pedir mucho mas) y nos dirigimos a la entrada este para comenzar nuestro paseo.
La idea es bien sencilla, volver al tren en Gubeikou andando por la muralla, unos 15 kilómetros, con la única condición de estar allí para las 17:20, cuando sale nuestro tren de vuelta a Pekin. Tenemos unas siete horas para ello, tiempo de sobra.

Tiempo de sobra... pero no tanto, ya que nos llevó alrededor de seis horas. Es verdad que perdimos algo de tiempo al inicio ya que me empeñé en salirme del camino para continuar por una senda y ya sabéis lo que dice el refrán. Vuelta hacia atrás y comenzar de nuevo. En esta zona la muralla queda en una zona relativamente alta así que hay que subir un rato. Cuando llegamos al pie de la misma, en lugar de acceder por la puerta habilitada para ello y aprovechando que no hay nadie, decidimos acceder a la gran muralla trepando por uno de sus muros. Gracias a las grietas y erosión que presenta es una trepada fácil pero son unos metros de escalada. Cuando llego a la parte superior y supero el último resalte una pobre mujer china que descansaba sentada se da un buen susto al verme aparecer de la nada como un invasor. Ya dirá, estos extranjeros están locos.

Terminando de trepar la muralla
Tras nuestra entrada triunfal, comenzamos a caminar por la muralla. Esta zona está bastante reformada, lo que unido a que tiene tramos bastante inclinados le da un aspecto espectacular. Avanzamos atravesando torres de vigilancia, lienzos de muro, mires donde mires la vista de una muralla interminable recortándose en las montañas es impresionante.

Llevamos ya un buen rato caminando en el que apenas nos hemos cruzado con una decena de personas, casi todos occidentales. Es sábado, ¿dónde están todos los turistas chinos?. En 6 horas no creo que viéramos más de 25-30 personas. Curioso.

Sabíamos que a medio camino la muralla queda dentro de una zona militar y hay que "bajarse" de ella durante un tramo, pero un poco antes de llegar a ese punto una señal de obras y prohibido el paso nos detiene. Un poco más adelante, vemos a dos rubias corriendo por la muralla, así que decimos que si ellas pasan, nosotros también. Intentamos darles alcance, cosa que solo conseguimos cuando las encontramos paradas junto a unos simpáticos obreros que, entre risas, nos dicen que pasemos. Creíamos que habíamos superado la zona de obras pero entonces apareció una mujer con muy malas pulgas que nos dijo, en un chino muy claro, que no íbamos a avanzar más y nos diéramos la vuelta.
Las rubias anglosajonas musitan entre ellas, "run" le dice una a otra. ¿Run? pienso yo, qué gran idea, ¿no se te ocurre otra cosa mejor que correr en dirección a una zona militar china? Afortunadamente las jovenzuelas se calman y tras mucho llorarle a la señora nos abre una puertecilla y nos señala un sendero, que suponemos nos llevará hacia nuestro destino. Nos despedimos de las chicas locas y seguimos nuestro camino por el sendero.
Llevaba la aplicación de Organic Maps, así que podíamos ver bien por donde íbamos y qué desvíos debíamos coger, si no, imposible, porque no hay nadie en kilómetros a la redonda, no hay señales, y el camino debido a que no pasa ni Dios por aquí está muy cerrado por la vegetación. Un machete habría venido bien.
El senderillo que evita la zona militar lleva su tiempo, alrededor de una hora, pero al final volvemos a subir a la muralla por una brecha. Hay unas señales en inglés que dicen que prepares tu ticket, ya que se supone que esta es otra zona y se debería pagar de nuevo, pero hoy no ha venido ni el de los tickets. Y eso que hace un buen día, calorcito pero no demasiado, ratitos de sol,... hemos tenido suerte con el tiempo.
A partir de aquí ya no hay tramos reconstruídos, y según avanzamos la muralla comienza a estar cada vez más y más deteriorada. Al principio le faltan algunas piedras, luego se abren agujeros, se desploman lienzos enteros, se abren brechas,... muy curioso ya que te permite ver cómo está construída la muralla: un talud de tierra forrado por paredes de ladrillos. Una vez se caen los ladrillos, solo queda un montón de tierra sin forma. Y eso es lo que queda de la Gran Muralla China cuando nos estamos acercando a Gubeikou, apenas unos montículos de tierra en hilera que nadie diría que en su día fueron una gran muralla. Muy curioso.

Esta parte final empieza a exigir ciertas aptitudes físicas para superarla, y el tramo final resulta ser un caos de caminos llenos de zarzas y espinos que nos dejan las piernas llenas de arañazos. Acabamos en una zona un tanto rara, tan rara como un campo de entrenamiento militar. Un hombre salió a echarnos la bronca por estar ahí, pero no fue a más. Bueno, tuvimos que saltar la tapia del campamento para salir, pero nada más.
Como íbamos bien de tiempo nos vamos paseando hasta la estación de tren que está a algo más de media hora en una zona alta. Allí descansamos, comemos, bebemos y nos limpiamos un poco, que la parte final nos ha dejado un tanto perjudicados. Aventura para recordar. No nos ha defraudado la Gran Muralla, mas bien al contrario.
Regresamos a Pekin hacia las 8 y aunque es un poco tarde nos bajamos en la zona de Nanluoguxiang para pasear un poco por la zona, volver andando hasta el hotel y gastar los últimos yuanes que nos quedan en billetes. Nos quedamos sin un triste jiao.