El séptimo día, en teoría, tocaba descansar… aunque pronto comprobamos que en un viaje así nadie descansa de verdad. Aprovechamos el día para seguir descubriendo Rovaniemi con planes tranquilos, pero muy interesantes, especialmente pensados para ir con niños.
Por la mañana visitamos el Pilke Science Center, un museo que nos sorprendió muy gratamente. Está centrado en uno de los pilares de la economía finlandesa: los bosques y la madera. A través de exposiciones interactivas, pudimos aprender cómo se gestionan los recursos forestales en Finlandia y su importancia histórica y actual.


El museo es muy participativo: juegos de realidad virtual, pruebas de puntería, actividades de construcción, la posibilidad de disfrazarse de leñadores e incluso experimentar con maquinaria pesada a escala. Todo está pensado para aprender jugando, y las niñas se lo pasaron en grande. Sin duda, es un lugar muy recomendable si viajas con niños y tienes algo de tiempo en la ciudad.


A la hora de comer nos llevamos otra sorpresa agradable en la pizzería Rosso de Rovaniemi. Probamos comida típica nacional y todo estaba realmente bueno, una opción muy acertada para una comida relajada en pleno centro.





Después continuamos con un paseo de tiendas por el centro de Rovaniemi, recorriendo la calle principal, el auténtico núcleo neurálgico de la ciudad. Fue el último momento para comprar algún recuerdo más y despedirnos poco a poco del ambiente local.


Por la tarde regresamos al apartamento. Al día siguiente volvíamos a casa, así que tocaba empezar a hacer las maletas, revisar que no se nos quedara nada y asimilar todo lo vivido durante esos días tan intensos en Laponia.
El viaje estaba llegando a su fin, pero los recuerdos ya se habían quedado para siempre.

