
Segunda visita a esta isla, la otra vez fue en 2004, y la época fue similar, anteriormente fui a finales de diciembre y esta ha sido a mediados de enero de este año. Madeira debe de tener un clima bastante similar todo el año, temperaturas agradables durante el día en la costa, sobre todo en la costa sur, incluso para estar en manga corta con días soleados, pero cuando uno tira a la montaña lo fácil es tener lluvia, niebla y aire, y desde luego hay que abrigarse. Y es que Madeira es una isla totalmente montañosa en toda su superficie, desde el sur y el este las laderas suben más suavemente según te alejas del mar, pero sobre todo al norte abundan los acantilados.
Cogí vuelos de la TAP con escala en Lisboa, ya que no había vuelos directos. La duración del vuelo entre Lisboa y Madeira es de 1h45’, el aeropuerto de Funchal está situado al este de la isla, al menos antes se decía que era uno de los aeropuertos más complicados del mundo.
Al ser una isla montañosa es recomendable coger un coche de alquiler, porque si bien las mayoría de las poblaciones están en la costa o cerca de ella y probablemente haya transporte público el acceso al interior será más complicado sin coche propio. Madeira es una isla donde lo que más destaca es su naturaleza, mientras que los pueblos o la capital no lo hacen tanto, Funchal se puede ver tranquilamente casi en un día. Escogí Europcar, con oficina en el aeropuerto, al realizar el registro online al llegar tuve que ir a una especie de cajero automático frente a sus oficinas, allí proporcionando el identificador de la reserva y mi fecha de nacimiento me dio a elegir entre 3 vehículos (indicando el kilometraje de cada uno de ellos), una vez elegido el vehículo me proporcionaba las llaves y me indicaba su ubicación en el parking. Para cualquier duda enfrente estaban las oficinas y mostrador de la compañía.
Me han sorprendido (no lo recordaba de la vez anterior) las carreteras de la isla, aunque se trate de carreteras de montaña, con sus curvas y serpenteos, en su mayoría son carreteras con buena anchura y firme, bastante seguras. Aparte Madeira está llena de túneles, principalmente paralelos a la línea de costa para comunicar las poblaciones, no puede ser de otra manera con esa orografía. Otro túnel comunica el norte con el sur de la isla en el centro, entre Sao Vicente y Ribeira Brava. Aquí no hay que preocuparse por el precio del combustible, por ley todas las gasolineras de la isla tienen el mismo precio.
El tema del alojamiento lo tenía claro, preferí Funchal porque al anochecer pronto por estas fechas la capital tenía más actividad que otros sitios. Madeira no es un lugar donde destaquen las playas, además hay pocas y deben ser casi todas de piedras, aparte que el agua supongo que estaría bien fresquita. Sí hay algunas piscinas naturales. En pleno centro escogí los apartamentos “Welcome Madeira”, bastante bien y con disposición de parking en una calle paralela.
Por último comentar la gran cantidad de gente de los países del este que me he encontrado allí, no sabía decir de donde aunque he visto que tienen vuelos directos desde algunos sitios, como Budapest, y es que iban a las levadas a veces en grupos de 20 o más personas.
Cogí vuelos de la TAP con escala en Lisboa, ya que no había vuelos directos. La duración del vuelo entre Lisboa y Madeira es de 1h45’, el aeropuerto de Funchal está situado al este de la isla, al menos antes se decía que era uno de los aeropuertos más complicados del mundo.
Al ser una isla montañosa es recomendable coger un coche de alquiler, porque si bien las mayoría de las poblaciones están en la costa o cerca de ella y probablemente haya transporte público el acceso al interior será más complicado sin coche propio. Madeira es una isla donde lo que más destaca es su naturaleza, mientras que los pueblos o la capital no lo hacen tanto, Funchal se puede ver tranquilamente casi en un día. Escogí Europcar, con oficina en el aeropuerto, al realizar el registro online al llegar tuve que ir a una especie de cajero automático frente a sus oficinas, allí proporcionando el identificador de la reserva y mi fecha de nacimiento me dio a elegir entre 3 vehículos (indicando el kilometraje de cada uno de ellos), una vez elegido el vehículo me proporcionaba las llaves y me indicaba su ubicación en el parking. Para cualquier duda enfrente estaban las oficinas y mostrador de la compañía.
Me han sorprendido (no lo recordaba de la vez anterior) las carreteras de la isla, aunque se trate de carreteras de montaña, con sus curvas y serpenteos, en su mayoría son carreteras con buena anchura y firme, bastante seguras. Aparte Madeira está llena de túneles, principalmente paralelos a la línea de costa para comunicar las poblaciones, no puede ser de otra manera con esa orografía. Otro túnel comunica el norte con el sur de la isla en el centro, entre Sao Vicente y Ribeira Brava. Aquí no hay que preocuparse por el precio del combustible, por ley todas las gasolineras de la isla tienen el mismo precio.
El tema del alojamiento lo tenía claro, preferí Funchal porque al anochecer pronto por estas fechas la capital tenía más actividad que otros sitios. Madeira no es un lugar donde destaquen las playas, además hay pocas y deben ser casi todas de piedras, aparte que el agua supongo que estaría bien fresquita. Sí hay algunas piscinas naturales. En pleno centro escogí los apartamentos “Welcome Madeira”, bastante bien y con disposición de parking en una calle paralela.
Por último comentar la gran cantidad de gente de los países del este que me he encontrado allí, no sabía decir de donde aunque he visto que tienen vuelos directos desde algunos sitios, como Budapest, y es que iban a las levadas a veces en grupos de 20 o más personas.