Lo normal era que hiciéramos una parada de un par de horas para comer, pero en esta ocasión tuvimos una hora extra para que el barco se trasladara hasta el siguiente punto.
La recapitulación diaria que siempre habíamos hecho antes de la cena, se trasladaba hoy a después del almuerzo para no “perder” tiempo. ¡Con qué cara de emoción llegamos todos!. La experiencia estaba cumpliendo con creces todas las expectativas.
Aproveché también para secar el guante con el secador y cogerme una coleta resistente al viento, así que ¡¡todo listo para una nueva aventurita!!
Había dejado de llover, y os adelanto que casi no lo hizo de aquí en adelante.
Como esta mañana nos tocó desembarcar en primer lugar, ahora a nuestro grupo rojo le tocaba comenzar con el paseo en lancha por el Canal Neumayer.
Pudimos ver muchos pingüinos, como no, algunos fotogénicamente situados encima de icebergs -tienes que ir pellizcándote continuamente para creerte que estás ahí-. El paisaje es de lo más idílico. También vimos charranes antárticos.

Pingu a la vista

Hora de comer
Tras el paseo, tocaba pisar tierra de nuevo en Punta Damoy, en la bahía Dorian.
En la zona del desembarco nos recibieron una foca cangrejera y un pingüino. En esta isla llamada Wiencke, habita otra colonia de pingüinos Papúa, así que nos encontraremos con muchos de ellos.

Punta Damoy
Como punto de interés había también dos casetas de madera, que pensé ojear a la vuelta de la caminata (aunque finalmente lo olvidé completamente
Una de ellas era un antiguo refugio argentino, construido en 1953, al que no permitieron entrar a nadie, desconozco los motivos. Al lado había otra cabaña naranja, que era una estación de espera para los científicos que iban más al sur pero paraban ahí cuando debido al clima no se podía avanzar. Por lo que me dijeron tampoco tenía excesivo interés salvo el valor histórico. Se podía ver una pequeña cocina y un dormitorio con literas. Se utilizó por última vez en 1993 y desde entonces se consideró sitio histórico.

Comenzamos la caminata subiendo a una zona elevada de la isla por un camino totalmente cubierto de nieve. Esta sí es la imagen de la Antártida que tienes en la cabeza, lo que no imaginaba así es ese bonito colorido debido a las algas
. Durante todo el camino, las vistas del canal eran increíbles y a lo lejos pudimos ver incluso algunas ballenas.
La nieve no resbalaba en exceso, así que subimos y subimos… temí que la bajada fuese más complicada y resbaladiza, pero finalmente no fue tan difícil. Tanto en la zona más alta como durante la bajada nos encontramos con varios grupos de pingüinos, que hicieron que una vez más se nos pasara el tiempo volando.


Una vez de vuelta al punto inicial, me entretuve con el paisaje y la parejita formada por la foca y el pingüino -que seguían en el mismo sitio-, y ni me acordé de visitar las casetas… tampoco me iba la vida en ello, pero si algún día necesito una excusa para volver, ya la tengo


Foca cangrejera y pingüino Papua
Tras este maravilloso primer día en la Antártida, cena -este vez de nuevo buffet- y a dormir, que el día ha sido muy intenso y ¡¡mañana seguimos!!
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