Nada más amanecer, el barco se dirigía hacia la siguiente parada prevista: Isla Yalour; para llegar hasta allí había que atravesar el espectacular Canal Lemaire.
Durante los preparativos del viaje, cada vez que veía imágenes de este lugar me parecían una auténtica pasada. Es un estrecho canal de once kilómetros de largo, que a ambos lados, está flanqueado por paredes glaciares y montañas de unos mil metros de altitud.
Me había levantado más temprano de lo habitual porque no quería perdérmelo por nada del mundo. Subí hacia el puente de mando, ya que nos habían dicho el día anterior que las vistas desde allí merecían mucho la pena.

Canal Lemaire
Hay lugares como este que, por muchas imágenes que hayas visto, es imposible que decepcionen.
Cuando más embobaos estábamos todos, nos avisaron de que había surgido un problemilla: un gran iceberg parecía taponar el canal, de hecho, nos cruzamos con un barco más grande que el nuestro que había tenido que dar la vuelta. A mí me parecía un fantástico imprevisto... ¿a qué he venido aquí si no es para ver icebergs gigantes?, pensé.

Canal Lemaire
Nuestro capitán consiguió maniobrar y acceder pese a lo estrecho del hueco que quedaba. De no haber sido así, el camino alternativo para llegar a la Isla Yalour nos hubiera llevado entre tres y cuatro horas más.
No obstante, algo de tiempo habíamos perdido debido a las maniobras, así que decidieron invertir el orden de las visitas previstas, aprovechando las horas de pausa del mediodía para hacer el traslado a Isla Yalour.
Haríamos por la mañana, ambos grupos, la navegación en Port Charcot.
Esto de cambiar los planes, como ya comenté, es habitual para evitar condiciones meteorológicas adversas o adaptarse al terreno como había ocurrido justo hoy.
El paseo no fue del todo apacible, la mañana era la más fría que habíamos tenido hasta ahora y aunque el termómetro marcaba solo un grado menos que ayer, el viento soplaba más fuerte.
Todo quedó compensado por los buenos avistamientos que hubo: las primeras ballenas jorobadas de cerca, y de nuevo focas leopardo, focas cangrejeras y pingüinos.

Port Charcot

Ballenas jorobadas
Ya por la tarde, tocaba desembarcar en Isla Yalour.
Esta isla, perteneciente al archipiélago Wilhelm, era muy especial porque de todos los lugares que visitaríamos, sólo aquí podríamos ver una colonia de pingüinos Adelia.
Los vimos primero desde la zódiac. Había también algunos pingüinos Barbijo pero bastante alejados, no sufrimos mucho por no verlos más cerca porque nos dijeron que veríamos muchos más en los días siguientes.


Pingüinos Adelia
El desembarco no fue fácil, tuvo lugar en unas grandes rocas que resbalaban y además el oleaje golpeaba la zódiac. La ayuda y experiencia de los jefes de expedición y de los guías fue vital para no salir malparados.
La caminata fue algo más compleja que las anteriores debido al hielo y a las piedras resbaladizas. El mix de fango más caca de pingüino, también nos dificultaba acercarnos a las colonias. Sufrimos pero conseguimos el objetivo y salvo algún culazo puntual, todo el mundo mantuvo el tipo.

Isla Yalour
Ya de vuelta al barco, tuvimos el habitual "recap" seguido de una charla sobre los icebergs. Abajo, algunos de los que habíamos visto durante el día.

Icebergs
La cena de esa noche era una barbacoa exterior para aprovechar las vistas mientras volvíamos a recorrer el canal al atardecer. Sé que será complicado que acuda a una barbacoa con mejores vistas que las de hoy.


Atardecer en el Canal Lemaire
El día siguiente, a priori, se presentaba complicado por las previsiones de viento; si se cumplían, las rachas iban a ser de 60 nudos (unos 110 km/h), y sería difícil salir del buque, ya que no sería seguro subirnos a las zódiacs con ese vendaval.
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