Tumba de Ramsés V y VI (KV9).
Nuestra primera tumba de pago adicional me encantó. Para quien considere que se le va de precio la tumba de Seti I, esta es bastante más asequible y merece mucho la pena, lo que se aprecia nada más entrar.


Aunque no es de las más largas (116 metros), las decoraciones me parecieron alucinantes; los relieves y los colores de las paredes, las escenas del techo astronómico… ¡Qué bonito, por favor!



Es cierto que ha sufrido alguna inundación y que la calidad del trabajo de los constructores de tumbas se considera inferior al realizado para anteriores faraones en la época de mayor preeminencia de Egipto, pero se trata de una de las mejor conservadas del Valle.


Ramsés V reinó solo cuatro años (de 1147 a.C. a 1143 a.C.) y no se le recuerda por ningún hecho notable; además, Egipto estaba en plena decadencia. Le sucedió su tío, Ramsés VI, uno de los hijos de Ramsés III, quien sin realizar nada digno de mención puso mucho empeño en suplantar a anteriores faraones, llegando incluso a usurpar la tumba de su predecesor, borrando sus cartuchos y poniendo los de él en su lugar.




Según avanzamos, seguimos admirando el techo astronómico, que en la cámara funeraria muestra una doble representación de la diosa Nut tragando el sol al anochecer y dando luz al amanecer.

Igualmente se considera una de las mejores colecciones de textos funerarios del Libro de las Puertas, el Libro de las Cavernas, el Libro de la Tierra y el Libro de los Cielos. Hice un montón de fotos, de las que dejo una muestra.


Tumba de Seti I.
Y para culminar nuestra visita al Valle de los Reyes, quedaba poner la guinda al pastel: la tumba considerada como la más bella de todas las que se encuentran abiertas en la actualidad. Eso sí, para disfrutar de ella hay que pagar 2.000 libras egipcias, que equivalen a unos 32 euros.


Fue descubierta en 1817 por el explorador italiano Giovanni Battista Belzoni, y es una de las más bellas por sus profusas y completas decoraciones; además, sus altorrelieves policromados están considerados como la obra cumbre de los artesanos que allí trabajaron en el Valle de los Reyes.



Seti I fue el segundo faraón de la XIX Dinastía, que inauguró su padre Ramsés I. Reinó durante dieciséis años, de 1305 a 1289 a. C. Le sucedió su hijo, el gran Ramsés II.


Se extiende por un área aproximada de 650 m2, tiene una longitud de 137,19 metros, alcanza una altura de 6,05 metros y su profundidad llega a los 100 metros. Cuenta con siete corredores y diez cámaras, incluyendo salas de pilares que muestran escenas del faraón con dioses como Osiris y Hathor.


Lo mejor de esta tumba es su decoración de calidad excepcional, con relieves policromados que mantienen la viveza de sus colores originales. Los muros están cubiertos con textos sagrados del Libro de las Puertas, el Amduat, la Letanía de Ra, el Libro de las Vacas Sagradas, el rito de la apertura de la boca…


Bajando una escalera, se accede a la cámara funeraria que cuenta con un imponente techo astronómico en el que se representan las constelaciones y el cielo nocturno con figuras de color dorado. Impresionante. Mis fotos no hacen justicia a lo que se ve dentro.



Podría seguir contando cosas que he leído en guías, revistas e internet, pero no tendría sentido. Prefiero poner unas cuantas fotos para ilustrar estos comentarios, aunque no reflejan ni por asomo lo que ves en persona allí. Sé que es un asunto muy particular y no me gusta hacer recomendaciones, pero por lo que a mí respecta mereció la pena cada euro que pagué por entrar a esta tumba. Sin duda, repetiría.


Una vez vista y revista esta tumba, subimos al trenecito para volver al parking, donde nos esperaba Ahmed Camel para dirigirnos a nuestro siguiente destino: Deir-el-Medina. El sol comenzaba a pegar con fuerza.