Amanece un nuevo día. Hoy toca madrugar para llegar al punto de embarque, Barcelona, lo antes que se pueda y luego esperar a que llegue la hora asignada para subir a bordo y comenzar las vacaciones. Virgin estipula unas horas de embarque prioritario para todos aquellos que ya tienen un cierto status o para quienes adquieran paquetes especializados en su reserva. Establecidos estos márgenes, que vienen a rondar las 13:00 horas en adelante, a los mortales comunes nos toca de las 14:30 a las 16:00. Cuando hice la reserva escogí el más pronto habilitado, el de las 14:30, y a él hay que acogerse.
[align=center]DATOS DE EMBARQUE EN EL VALIANT LADY

Esto es así porque Virgin es bastante estricta a la hora de embarcar y tiene sus propios horarios. No es como otras navieras, y hablo de Royal Caribbean, que es lo que tengo más próximo en el tiempo, que la hora de embarque es orientativa y todo Cristo va a la hora que le apetece y no te ponen excesivas pegas si te adelantas al turno asignado. Es más, ya la gente se sabe el truco e intenta acceder a las 11:00 para poder estar en el barco desde primera hora. Por el contrario, a la hora del desembarque, te echan también a primera hora de manera que más allá de las 09:30 ya tiene que estar todo el pasaje en tierra a la espera de recibir a la nueva tanda de viajeros.
En Virgin la cosa cambia: dado que la entrada es a la hora de la comida el desembarque también es más tardío de manera que te permiten desayunar con una cierta tranquilidad y te dejan estar a bordo hasta las 10:30 más o menos. Y hacen cumplir a rajatabla el horario de entrada de manera que si llegas antes de tu hora te hacen esperar aunque sea fuera de la terminal y a la intemperie, con canícula, aguacero tropical o frío antártico. Sinceramente, prefiero la política de Royal porque se aprovecha más el barco el primer día y, total, qué más da ya el último día estar fuera a las 08:30 que a las 10:30 cuando estamos todos deseando llegar a casa para ponernos a la satisfactoria tarea de deshacer maletas, poner lavadoras y recuperarse de toda la semana. Y como toque trabajar al día siguiente…..
Bajo esta premisa cogimos en su día un tren de alta velocidad que llegara a Barcelona hacia las 12:00 del mediodía y así tener unas dos horas de margen para llegar al puerto, dejar los maletones y esperar a nuestro turno de embarque. Como el año pasado también hemos seleccionado asientos en el vagón del silencio del AVE por lo que la cosa promete en forma de nuevas experiencias con el resto de pasajeros que va a compartir vagón con nosotros.

El tren con destino Barcelona-Sants tiene prevista su salida a las 08:27 de la estación de Madrid-Puerta de Atocha y un rato antes me encuentro con mi compañero de fatigas vacacionales de los últimos años con la perspectiva de pasar una semana llena de emociones, también descanso en la medida de lo posible, y que nos permita olvidar durante unos días el peso inexorable de la vida y problemas cotidianos, personales y laborales.
Embarcamos, dejamos maletas en el portaequipaje y nos disponemos a aposentarnos en nuestros respectivos asientos, los cuales son bastantes cómodos, dicho sea de paso, y nos dejan bastante sitio libre para estirar las piernas. Hemos tenido suerte con la ubicación porque, además, está en un extremo del vagón y sólo hay sitio para 8 pasajeros, lo que redundará en menos trasiego y más tranquilidad.

El trayecto transcurre sin novedad y en absoluto silencio. El que más y el que menos o tiene calzados sus auriculares o dormita en todo tipo de posturas o anda absorto en el móvil o el portátil. Llegando a Zaragoza le susurro algo a mi acompañante y, casualidades de la vida, aparece justo entonces un empleado y nos solicita chitón. En fin…
Un poco más adelante el tren reduce su velocidad, se para un buen rato y reanuda su marcha. Aquí RENFE con buen criterio, ha añadido al tiempo programado de trayecto la media hora añadida de limitación de velocidad que está vigente en la actualidad y ya sabe uno que las tres horas de hace unos meses ahora se convierten en tres horas y media. Lo resalto porque, a la vuelta, IRYO informa de que el recorrido no tiene paradas y la duración del viaje será de tres horas pero a mitad del mismo también bajamos velocidad y nos detuvimos un buen rato (informando sólo en ese momento de que se debía a las restricciones por el estado de las infraestructuras y blá, blá) de manera que la duración total del viaje fue de tres horas y media, pero no lo avisaron con anticipación aun sabiendo de que pasaría. Muy mal por IRYO, que italianos tenían que ser y bien que íbamos a padecer su infraestructura en su propia casa en los próximos días. Pero, no adelantemos acontecimientos….
El tren sigue su paso inexorable por nuestra geografía y nos mecemos por el traquetreo que acompasa al vagón.
Por fin llegamos a la estación de Sants en la ciudad de Barcelona más o menos en el tiempo previsto y sin más retrasos de los esperados. Ello conlleva que desde las 12:00 que son ahora nos sobre un tiempo hasta la hora de embarque. En previsión de ello, mi acompañante ha quedado con una amiga suya que vive en Barcelona en la propia estación para verse y echar un rato y así hacemos. Tras una hora larga de amena conservación en la que hablamos de lo divino y de lo humano, nos despedimos con efusividad, cogemos un taxi y llegamos a nuestro punto de destino, el muelle sur de la terminal de cruceros del World Trade Center, junto a la estatua de Colón, donde divisamos al Valiant Lady de Virgin Voyages, nuestra morada de la próxima semana.

Bajamos del taxi (18 euros de Sants a la terminal de cruceros) y nos encaminamos a la zona de entrega de equipaje. Se supone que 72 horas antes del viaje nos tendrían que haber llegado las etiquetas con el número de camarote para ponerlas en las maletas. Como no llegaban volví a contactar con mi agente de viajes que a su vez habló con Virgin y la respuesta fue que no habían llegado ni iban a llegar porque habían tenido una incidencia informática en esa semana. Solución, que nos pusieran en la terminal ellos unas etiquetas y para el barco. De la tecnología “punta” de Virgin tendríamos sobradas pruebas durante la travesía pero, una vez más, trataré este asunto a sus debidos tiempos.
Efectivamente, llegamos al punto en cuestión junto a la torre de Jaume I, que está muy bien indicado (drop-off luggage o algo así), nos recogen las maletas, rellenan a bolígrafo unas etiquetas, las ponen en las asas del equipaje y nos indican cómo proceder a continuación (esperar). Hay chopecientos empleados de Virgin por las inmediaciones por lo que cualquier duda cualquiera te indica.

La Torre Jaime I (en catalán Torre Jaume I) es una torre de 107 metros que se encuentra en Barcelona. Fue construida en 1931 y posee una apariencia similar a la torre de radio de Berlín, formando parte del transbordador aéreo que comunica la montaña de Montjuïc con el puerto de la ciudad. Hasta 1966 fue la estructura más alta del mundo por donde pasaba un teleférico y actualmente es la tercera, por detrás de las de Nueva Orleans, en USA y de Kaprun, en Austria. Comunica con la estación siguiente en la Torre San Sebastián y supone un excelente mirador sobre el centro de Barcelona.
El viaje como tal está a puntito de empezar.
De lo que sucedió a continuación se dará buena cuenta en la siguiente y electrizante etapa.[/align]