Entre los Pirineos y las llanuras del Languedoc se extiende un territorio de montañas, valles solitarios, pueblos medievales y fortalezas que conservan la memoria de uno de los episodios más singulares de la historia europea.
Hoy lo conocemos como País Cátaro.

Mapa general de la ruta por los castillos y villas del País Cátaro.
Durante los siglos XII y XIII, estas tierras vieron desarrollarse el catarismo, un movimiento religioso que cuestionaba muchos de los principios y prácticas de la Iglesia católica de la época.
Su expansión por el sur de Francia acabó provocando una respuesta implacable. La Cruzada Albigense, impulsada por el papado y la monarquía francesa, convirtió el Languedoc en escenario de años de guerras, persecuciones, asedios y matanzas.
Con el tiempo, los cátaros desaparecieron.
Los castillos, sin embargo, permanecieron.
Algunos todavía dominan ciudades y pueblos desde lo alto de una colina. Otros se levantan sobre crestas rocosas que parecen imposibles de alcanzar. Unos conservan buena parte de sus estructuras; otros se han convertido en ruinas abiertas al viento.
Todos comparten una misma capacidad: transportarnos a una época en la que estas montañas marcaban fronteras, protegían refugios y decidían el destino de quienes las habitaban.

El castillo de Montségur, alzado sobre su característico pog rocoso.
Este viaje nació precisamente de la fascinación por esos lugares.
No se trataba únicamente de ir enlazando castillos. Queríamos comprender el territorio que los había hecho posibles: las pequeñas ciudades medievales, las carreteras que serpentean entre valles casi deshabitados, los pueblos de piedra y esos paisajes ásperos que se extienden hasta el horizonte.

Paisaje de valles y montañas desde el castillo de Puivert.
A lo largo de la ruta fueron apareciendo nombres cargados de historia: Foix, Mirepoix, Montségur, Puivert, Puilaurens, Peyrepertuse o Quéribus.
Algunos son conocidos por cualquiera que se haya interesado alguna vez por la historia medieval. Otros permanecen relativamente alejados de los grandes circuitos turísticos. Pero todos contribuyen a construir el relato de un territorio con una personalidad muy diferente a la de otras regiones francesas.
Tal vez sea precisamente esa combinación lo que hace tan especial al País Cátaro.
Aquí la historia no permanece encerrada en los museos ni se limita a unas cuantas placas conmemorativas. Aparece en los paisajes, en la ubicación de los pueblos, en las murallas y en las fortalezas que todavía desafían el paso de los siglos desde sus cimas imposibles.

El castillo de Quéribus, adaptado al perfil abrupto de la roca.
Algunos de los llamados castillos cátaros fueron transformados o reconstruidos después de la desaparición del catarismo. Otros ni siquiera pertenecieron directamente a los cátaros tal como suele sugerir su denominación turística. Pero todos forman parte de un mismo paisaje histórico y de una leyenda que todavía permanece unida a estas montañas.
Y es precisamente allí, bajo la sombra de esos castillos, donde comienza este viaje.