El día empieza nuevamente despejado. De momento el tiempo nos está acompañando, qué gustazo.
Hoy vamos a visitar una isla que se llama Ogoy, una isla pequeña y alargada dentro de el Baikal, famosa por la Estupa de la Iluminación que hay en su parte alta. La ruta es en barco por el Maloe More, el “Mar Pequeño”, que es el estrecho de agua entre la isla de Olkhon y la costa continental del Baikal.
Hemos desayunado a las 8:30 unos huevos con salchichas y tortitas con leche condensada y para las 10:00 hemos ido al puerto. El pueblo tiene su vida a primera hora de la mañana, aunque tampoco es que haya mucha gente. El puertecito es pequeño y es básicamente una playa de piedra donde encallan los barcos para embarcar. Aquí se junta la gente que va a hacer básicamente el mismo tour. Estaremos unos 4 barcos. Nuestro barco, uno naranja con motor de narcolancha, el que mejor pinta tiene de lejos. Aquí los barcos van todos cubiertos. Aunque hoy haga bueno, lo normal es navegación con viento o lluvia por lo que el espacio de cubierta es muy pequeño. El capitán ha explicado todo en un perfecto ruso del que no hemos entendido ni papa y hemos arrancado.
La primera parada ha sido una colonia de focas nerpas. Ayer las vimos desde arriba y hoy las hemos podido ver más de cerca. No se acercan tampoco mucho porque son miedosas y en cuanto huelen que se acerca un barco de más se tiran al agua. Las focas son básicamente como una morcilla con ojos y bigote, están tremendísimamente gordas. Imagino que para sobrellevar el frío del invierno acumulan una capa de grasa que aún será más bestia a finales de invierno. Son focas silenciosas, no se les escucha ni un ruido más que los aletazos que se pegan en la barriga o entre ellas para quitarse sitio en la roca.
De la colonia hemos ido a la isla de Ogoy en sí. La isla es estrecha, rocosa y esteparia, sin población permanente. La isla se encuentra en medio del Maloe More. Se considera un lugar sagrado para tradiciones chamánicas locales y para el budismo buriato. La estupa en lo alto, se construyó como lugar de peregrinación y oración, y la gente suele rodearla en sentido horario. Nos dan una hora para que podamos recorrerla. La isla es preciosa, las vistas son privilegiadas. Por un lado Olkhon y por el otro la costa rusa continental. Además coincide con la floración, entre la que destaca una especie de narciso rojo endémico muy llamativo. La estupa es ya el culmen de la fotogenia. La gente se descalza y le da vueltas mientras repite algo mentalmente. Nosotros una vuelta de pedir deseo y a seguir por la isla. Me ha gustado mucho. Me creía que sería algo más turístico pero tiene un punto auténtico y no se nota para nada turistificado. Lo bueno que aunque te explican rollos energéticos y chamanicos, lo exponen como algo cultural sin hacer un circo de esto. Como la isla de Olkhon la pillen los gurús tántricos de occidente, montan aqui un circo importante porque es ideal. De momento espero sigan sin conocerla.
De Ogoy hemos ido a un pequeño asentamiento buriato en la costa continental de Rusia, Sakhyurta. La costa se levanta en mayor altura que la isla de Olkhon. Parece un paisaje sacado de la serie de Doctor en Alaska. Montañas con resquicios de nieve arriba y un bosque superespeso cubriéndolas cayendo como ríos de árboles entre las montañas. Aquí nos dan un par de horas para marear. Hay un manantial sagrado que llaman istochnik. Se puede ir andando pero por 4 euros te montas en una furgoneta UAZ y un señor ruso kamikaze te lleva entre la taiga cuesta arriba en un momento. El manantial será sagrado pero bonito lo justo. El entorno es lo bonito pero el manantial son dos chorrillos de agua canalizados con madera de donde la gente coge agua y se la bebe directamente. Yo viendo que hay caballos y ganado prefiero echármela por el cuello antes que bebérmela. De vuelta al pueblito hemos intentado comer en una especie de restaurante que tienen montado. Me ha atendido un hombre con cara de cero amigos y nula modulación emocional y me ha sido imposible comunicarme, encima el tío al ver que no me enteraba empezaba a cogerle la comanda al siguiente. Un chaval buriato que sabía inglés se me ha acercado y me ha dicho que para comer hay que esperar 30 minutos, que si quería o no. Le he dado las gracias y nos hemos ido para comernos una especie de espetec que traíamos en las mesitas del lago. Después de comer nos hemos ido a un laguito donde la gente se estaba bañando. Un chaval ruso me ha preguntado de dónde éramos, ellos eran de San Petersburgo y dice que aquí el agua es caliente. Al principio no me he fiado pero viendo que la gente se baña me he animado y lo cierto es que el agua está buena y el paisaje es lo máximo para bañarse.
Después del baño hemos vuelto para el barco. Antes de llegar a Olkhon hemos pasado por una colonia de gaviota mongola y cormoranes, hemos recorrido la roca del Chamán desde abajo y a las 15:00 estábamos de nuevo en puerto. Muy bonito el tour. Más relajado que el de ayer pero más variado y también muy escénico. Aquí en Olkhon estos tours mínimo hay que hacer, así que lo suyo es quedarse al menos tres días íntegros ya que suele ser frecuente que alguno se cancele por mal tiempo.
Hemos vuelto al alojamiento para comer unos noodles que teníamos y arreglarnos para pasar una tarde en la playa siberiana. Nos hemos puesto el bañador, hemos pillado unas cerves, la mochila y para la playa.
De camino a la playa de repente se nos ha acercado una rusa diciéndonos hola. Dice que le ha sorprendido escucharnos hablar español y que qué narices hacemos dos españoles en Olkhon. Resulta que es una voluntaria del pueblo que está colaborando en el proyecto de crear sendas peatonales y miradores para regenerar la estepa del pueblo. Nos ha enseñado las fotos del antes y el después y, en dos años que llevan de proyecto, han conseguido muchísimo. La chica resulta que tiene un novio español, Juan, y que estuvo dos años en España y se la recorrió de arriba abajo. Estuvo incluso en Murcia y Cartagena. Nos ha estado preguntando del viaje nuestro y luego ella nos ha estado comentando que tenemos suerte porque este año por culpa de la restricción de gasolina hay muy pocos turistas. Que normalmente está llenísimo pero en cambio ahora muchos negocios están cerrados, los precios son más bajos y se puede estar tranquilo. No hay mal que por bien no venga, siempre que podamos volver a Irkutsk claro. Nos ha estado hablando de Olkhon, del problema que hay con el “ayuntamiento” que básicamente no hace nada, que las obras de la calle principal llevan así dos años y que si no fuera por los vecinos y los grupos de voluntarios no habría nada de lo que se ve. Hemos echado casi una hora hablando con la chica, Anna. Superagradable. Nos dice que hay más gente de lo que parece en Irkutsk y Olkhon que habla español porque antes de lo de Ucrania había un instituto español en Irkutsk con intercambio de estudiantes y había mucha tradición de aprender español. Pero desde hace 4 años está cerrado y ya no hay intercambio. La verdad que lo de Ucrania para ellos no es tontería, les ha limitado la movilidad una locura al pasar a ser los parias de occidente.
Después de la charla ya nos hemos ido para la playa, puesto nuestra toalla y a tomar el sol. Lo bueno aquí es que el sol apenas se mueve por lo que no hay prisa de quedarse sin sol. La playa tiene su ambiente. La gente valiente que se mete, pega unos chillidos como si fuera el matadero y se salen corriendo entre risas. Nosotros de momento solo nos hemos atrevido a meternos hasta las rodillas y es que el frío hace que duela incluso, debe estar a menos de 10 grados el agua. Muchos se animan a hacer pádel surf así que no es mala esa si consigues no caerte.
Para las 20:00 hemos recogido para irnos a cenar. Nos hemos metido en un sitio de pozy, los dumplings buriatos. Antes de volver para el alojamiento hemos ido al supermercado para comprar comida para mañana y poco más. Atardeciendo hemos puesto ya fin al día.
Mañana rutilla con la bici por donde la isla nos deje. La idea es acercarnos un poco a la taiga y andar por bosque un rato e irnos a un lago que se supone tiene el agua caliente.