Como hemos desayunado relativamente pronto nos planteamos el acercarnos a The Galley para cumplimentar la comida del día. Ya hay gente yendo y viniendo de los mostradores y muchos asientos están ocupados. Buscamos una zona tranquila y ojeamos la carta.

Mi acompañante deja tiritando la sección de sushi con alguna cosa más y yo le pongo ojitos al ramen de pato, que hoy está como especialidad. Mientras lo traen, porque me dice el camarero que hay mucha gente y están tardando las comandas, pues me pido un sándwich cubano y un PB&J. Este último es el típico sándwich que se piden los chavales en las películas estadounidenses y que consiste en pan tostado con mantequilla de cacahuete y mermelada de frambuesa. Sinceramente, la expectación no concuerda con la realidad y tampoco me parece que hayan inventado la pólvora, amén de que yo le hubiera puesto una cantidad más generosa de ingredientes para que rebosara bien por los bordes.

El ramen se hace de rogar e incluso el camarero se acerca para pedirme disculpas y que la comanda está en curso. Mientras tanto le sigo dando a lo mío y, en un momento dado, se aproxima un encargado para volverme a pedir disculpas y para decirme que se va a encargar personalmente de traerme la comanda. Efectivamente, en vez de volver a “Noodle Around”, desde donde se despachan los udon y los ramen, se dirige al Gunbae, el restaurante coreano donde estuvimos el domingo y que está al lado, habla con un cocinero que se asoma y en unos minutos le entrega un bol y me lo sirve informando de que han dado órdenes al Gunbae de que se pongan a preparar los ramen de pato puesto que casi se han agotado en el Noodle Around de la aceptación que está teniendo. La verdad es que me sorprende esta preocupación a la par que me agrada cómo han solucionado sobre la marcha el retraso del servicio. Son estos pequeños detalles que ponen en valor el desempeño de personas o el buen hacer de una empresa.
Como no recuerdo si alguna vez he probado el ramen tengo especial curiosidad por degustar este plato y ya con el hecho de que se los estén quitando de las manos pues el listón se pone muy alto ante lo que me pueda encontrar. Una vez más, siento decirlo, me llevo algo de chasco porque no le encuentro un sabor definido a este caldo con fideos, carne de pato, huevo y verduras. Que lo mismo para un paladar más entrenado en este tipo de comida o que saboree continuamente este plato esto sería un manjar de Dioses pero me temo que en mi caso no deja de ser un aprobado. No eres tú, soy yo….
Tras una degustación de postres del “Sweet Side” el cuerpo humano solicita arrojarse a cualquier sillón para una merecida siesta pero hay que aprovechar el día y lo dejaremos para otra jornada. Para hacer la digestión y mantenernos activos nuestros pensamientos nos llevan a pasarnos a probar el Arcade.
The Arcade es una sala de máquinas recreativas sin coste ubicada en la cubierta 7 junto al Social Club y enfrente del bar Loose Cannon. En la misma hay una selección de auténticos clásicos de las “maquinitas” a disposición de todos los que añoramos aquellos tiempos de los recreativos. En dicha sala, al menos en el Valiant Lady, se encuentran los siguientes juegos:
• Golden Axe.
• Defender.
• Street fighter II.
• Space Invaders.
• Donkey Kong.
• Sunset Raiders.
• Las tortugas ninja.
• NBA Jam.
• Mario Bros.
• Simulador de golf.
• Simulador de coches de carreras con dos asientos.

Pues allí echamos un buen rato jugando a dobles en algunas máquinas o derrapando por el circuito de Daytona. Aquí le puedes echar las horas que quieras pero echamos el freno y tiramos para el camarote para hacer una parada técnica y organizar lo que queda de la tarde, habida cuenta de que la zona de la bañera y la charca están imposibles de toda la gente que hay y de que no hay ningún hueco libre ni para sentarse ni para tumbarse. Seguro que más de uno se ha levantado pronto únicamente para asegurarse una tumbona en un buen sitio.
También hemos pasado por otras zonas más tranquilas y el panorama es idéntico: todo lo que no sea a pleno sol está más que ocupado. Como conclusión diría que pese a estar todos a bordo no se nota sensación de aglomeración porque estamos repartidos por el barco y sólo el hecho de que haya riesgo de insolación obliga a que sean las zonas de sombra las que estén más disputadas. Si hiciera un día más amable en cuanto a temperatura e incidencia del sol con algo de nubosidad se estaría perfectamente en cualquier lugar de cubierta.
Llegados a este punto, puede ser el momento perfecto para hacer una descripción del camarote (hay que tener en cuenta que es una cabina con balcón y de ello hablaré por lo que las interiores o con ventana serán parecidas pero no iguales).
Por de pronto comentar que todos los pasillos de las cubiertas de camarotes son iguales y no hay distintivos que resalten que te puedan ayudar a ubicarte más allá de si es la zona de babor (letra A) o de estribor (letra Z). Al lado derecha de la puerta está la pantalla digital con el número de camarote y acercando la pulsera se desbloquea el cierre y ya se puede acceder al mismo.

Según entras a un lado está la zona de equipaje, digamos, que incluye un espacio amplio que cierra una cortina (como en los hoteles low-cost) donde hay una balda superior con mantas, toallas y almohadas. Más abajo están las perchas para colgar ropa y queda un hueco en la parte inferior para poner las maletas, así como unas cestas. A continuación, avanzando hay un armario cerrado con baldas y cajones y en el que también están los chalecos salvavidas y la caja fuerte. Enfrente está la entrada al baño, que trataremos luego, y al lado de la misma el control manual de temperatura de la cabina que funciona apretando unas flechas en el sentido que se quiera (rojo-calor y azul-frío).
Una vez que accedes a la zona de camas, por así decirlo, pues dependerá de la distribución de la cabina porque habrá algunas pegadas a la pared del baño y otras pegadas a la puerta del balcón, de tenerlo, o al extremo de la habitación. Al lado de la cama pegada al baño hay un grupo de enchufes USB y una especie de soporte que hace de mesilla pero ni tiene cajones ni nada. Enfrente del cabecero está la televisión, en la otra pared, y luego ya dependiendo de cómo estén las camas pues habrá más o menos espacio para moverse. En el “somier” de las camas hay en su parte inferior unos cajones bastante grandes que hay que levantar un poco del suelo para abrirlos porque como lo intentes como un cajón normal da en un tope y no hay manera.
En la pared de la televisión, más al fondo, está el escritorio. En la parte inferior derecha hay un espacio con un taburete y una papelera y en la izquierda la neverita tapada con una puerta. Encima del escritorio hay un soporte de goma para poner el secador de pelo y una repisa donde va la tablet y el mando a distancia de la televisión. También hay un espejo circular que se ilumina y un conjunto de enchufes y tomas USB, así como una lamparita y el teléfono del camarote. En la parte izquierda superior están las botellas de agua, un pulpo sujeta móviles y un sacacorchos en forma de sextante (estos dos últimos, si te los quieres llevar, tienen coste).
Pegado a la pared junto a las cortinas hay un interruptor para su apertura o cierre y en lo que es el balcón en sí está la hamaca, dos sillas metálicas y una mesita circular. Yo me llevé pinzas de metal para las toallas de la piscina y las usamos para fijar los bañadores a las sillas de la terraza y que se secaran antes porque dentro, en la cuerda de la ducha, no había manera.

En lo que se refiere al baño, según entras, a izquierda y derecha, en un extremo está el inodoro y en el otro la ducha. Enfrente está el espejo que cubre toda la pared y el mueble que incluye el lavabo y una repisa enana para los vasos de lavarse los dientes. Debajo hay otra repisa donde va el papel higiénico y donde se puede poner el neceser. Encima del inodoro va el toallero para las toallas de ducha y en cuanto a las toallas de mano hay que ingeniárselas para buscarles un sitio aunque el mango de apertura de la ducha puede ser un buen lugar. En la parte de dentro de la puerta hay dos perchas. La ducha tiene mampara y sale agua por una alcachofa en el techo o por un mango de ducha de toda la vida. Tiene una repisa para dejar el champú o gel y hay dispensadores de gel para el pelo, acondicionador y para el cuerpo.

Opinión sobre el camarote: pues tengo opiniones encontradas aunque no me acaba de convencer.
En primer término, no me cuadra el diseño y el concepto. Te lo quieren vender como muy moderno pero la apariencia es de ser de baratillo, como de tienda tipo IKEA. Lo de que sólo se pueda separar la cama en forma de L tampoco lo entiendo aunque comprenda que su idea original era tener una de las camas como sofá durante el día y luego que por la noche el cabinista la acondicionara como cama para dormir.
El tema domótica también es de cara a la galería porque al final acabas enciendo y apagando las luces manualmente, abres y cierras las cortinas como toda la vida y regulas la temperatura en el propio cuadro, sin tener que utilizar la dichosa tablet. Es de destacar que haya cargadores USB por todos lados pero muchos no funcionan y al final lo que usas es lo que hay en el escritorio: el enchufe europeo, el americano y los puertos USB de alrededor. Aparte puedes poner luces y entorno según estado de ánimo pero también al final es para hacerte el vídeo para las redes sociales y ya está porque acabas utilizando la luz blanca de costumbre.
Por lo demás, falta alguna repisa más en el baño, no hay enchufe en el mismo y no hay manera de colgar las toallas de mano en condiciones por no hablar del escaso espacio que hay para desenvolverte en este lugar. Son pequeños detalles de los que te vas dando cuenta según pasas los días y que van engrosando la percepción de que hay mucho de fachada, de diseño chic, de querer innovar cuando hay cosas que no hace falta tocarlas si están funcionando en el resto de barcos de crucero. Un último ejemplo es la butaca o tumbona del interior de la cabina que es lo más incómodo que se puede uno echar a la espalda y que por ello ha acabado sirviendo de sujeta mochilas toda la semana. Atractivo a la vista pero nada práctico.
Pero como se dice lo malo también hay que decir lo bueno, para ser justos. Pese a que las dimensiones de la cabina son menores de lo que está uno acostumbrado la verdad es que está todo bien aprovechado y no hay sensación de agobio. También hay mucho espacio de almacenamiento, pese a que no lo parezca, y en este viaje hemos tenido sitio de sobra para desempacar toda la maleta y tenerlo todo guardado. La nevera es la que mayor frío ha ofrecido de todas las que he probado en otros barcos. Los amenities del baño son de muy buena calidad y las toallas extremadamente esponjosas. También hay que mencionar el papel higiénico, que se nota que es de más nivel, por así decirlo, que lo que uno se puede encontrar por otras navieras y eso también se agradece. Y, por último, está el tema de la hamaca en el balcón, que aporta unas posibilidades y una originalidad que tampoco te encuentras por ahí.
Tras el repaso a lo que ha sido nuestro hogar esta semana continuamos con el relato de lo que sucedió en la siguiente y espectacular etapa.