Amanece un nuevo día y estamos navegando rumbo a Ajaccio, la capital de la isla francesa de Córcega. Decía nuestro ya amigo Boni lo siguiente: "Siempre debes reservarte el derecho a reírte al día siguiente de las ideas que tuviste el día anterior". Y hay que reirse de las cosas de bombero de pegarse un atracón de pizza al mediodía y otro tanto de comida india, picante por añadidura, para la cena. Pues otra noche toledana que te crió….

Mientras el barco llega y no llega subimos a The Galley para desayunar. En mi caso, sigo los pasos del día anterior y le doy de nuevo a la fruta, la manzanilla y el yogur y veo como mi acompañante se pone como el tenazas mientras le observo mientras la envidia me carcome. ¡Tiene bemoles que de siete desayunos de vacaciones, dos ya hayan sido como han sido…! ¡Así no me sale rentable el crucero, gastronómicamente hablando…!Y ésta es otra, el puesto de bebidas calientes está lleno de tés raros pero no hay manzanilla y hay que ir mendigando también la camomile a los camareros....
Desde los ventanales vemos como se dibuja la costa de la capital corsa, donde ya hemos atracado. Hoy parece que vamos a tener también buen tiempo y calor a raudales.

Efectivamente ya hemos llegado a la isla de Córcega y a Ajaccio, su capital, enclavadas en el Mar Mediterráneo.
Ajaccio (en corso: Aiacciu) es un municipio francés, capital del departamento de Córcega del Sur y de toda la isla de Córcega. situada en la costa oeste de Francia. Es famosa por ser la ciudad natal de Napoleón Bonaparte, tener un clima mediterráneo con unos 300 días de sol al año y ser la localidad más poblada de la isla con más de 71.000 habitantes. Efectivamente Napoleón nació aquí el 15 de agosto de 1769 aunque dejó la isla a los 10 años para seguir sus estudios militares en el continente. Por su parte la isla de Córcega, conocida como la "Isla de la Belleza", tiene una superficie de 8.680 km² y unos 322.000 habitantes y destaca por combinar grandes cadenas montañosas con calas de aguas cristalinas. El autor galo, padre del Principito, Antoine de Saint-Exupéry, que partió de la isla en su última misión aérea para no regresar, aludía a la misma como "el sol le hizo tanto el amor al mar que acabaron engendrando a Córcega".
Cogemos los pertrechos del turista y bajamos a puerto. Hoy la idea es seguir el itinerario siguiente:
. Plaza Foch.
. Casa de Napoleón.
. Catedral de Ajaccio.
. Museo Naporama.
. Rato de playa.
. Plaza De Gaulle.
. Compras.
Como podrás comprobar, estimado lector, tampoco tenemos idea de estresarnos demasiado en el día después de la Odisea (de Homero y de Nolan) del día de ayer. El objetivo es visitar lo más relevante del casco urbano de la ciudad para acabar con un chapuzón playero y para el barco a comer.
Tomamos tierra y hoy hay que mentalizarse que toca volver a hablar en francés. De estar metidos en el barco y sólo oir el inglés y hablar entre nosotros en español pues anda uno como en la Torre de Babel.
Llegando a la Plaza Foch y como acabo de quitar el modo avión del móvil ya que estamos en tierra y hay línea, me llega un SMS de mi compañía eléctrica, de la suministradora más bien, i-DE, que el Altísimo confunda porque, sirva el off-topic, tengo un contencioso por temas de trabajo con ellos que me tiene frito y a ver si alguien de la empresa con mando en plaza lee esto y me contacta para ver si lo solucionamos. Nunca se sabe a donde puede llegar el poder de los Viajeros….
Pues bien, en el mensaje me informan de que “por una incidencia imprevista que afecta a la red, podría verse afectado tu suministro (ese tuteo….) en calle xxxxxx. Reposición estimada a las 09:00 del 23/07/26. Puede seguir la evolución en la web, el servicio se repondrá sin previo aviso y blá, blá, blá…." En román paladino, que no salgo de casa en todo el año y para una semana que me voy fuera pues van y cortan la luz (y lo que tengo en la nevera a freir espárragos…). Ipso facto llamó a un vecino de mi bloque y me confirma que, efectivamente, a lo largo de la noche pasada ha habido cortes de luz en el barrio y en la propia comunidad de vecinos. ¡Pues qué bien….! A continuación llamó a mi hermano y le pido que cuando pueda que a ver si se puede acercar a mi casa a echar un vistazo y a subir el diferencial si fuera preciso.
Farfullando el “si es que no puede uno salir de casa…..”, llegamos a la Plaza Foch.

Esta plaza está en el corazón de Ajaccio. Situada cerca del puerto deportivo, alberga el Ayuntamiento de Ajaccio y la estatua de Napoleón ataviado con el traje de cónsul romano y rodeado de cuatro leones. La explanada está bordeada de palmeras y en los edificios que enmarcan la plaza se puede uno hacer una idea de la arquitectura local.
Damos un vistazo rápido, nos quedamos con la copla de que alrededor de la plaza hay bastantes tiendas de recuerdo para luego el regreso y tiramos para el siguiente punto de interés, la casa natal de Napoleón Bonaparte.
La Casa Bonaparte es el monumento histórico más emblemático de Ajaccio. En esta residencia del siglo XVII, situada en pleno casco antiguo, nació Napoleón Bonaparte, justo un año después de la incorporación de Córcega a Francia. En la actualidad, convertida en Museo Nacional, ofrece un recorrido por la historia de la familia y del futuro emperador. El precio de la entrada es de 10 euros (gratis para desempleados de la Unión Europea que demuestren tal condición), sólo se puede pagar con tarjeta y ofrecen audioguía en español sin coste. El horario de apertura del 1 de julio al 30 de septiembre es de 10:00–17:30. Más información en musees-nationaux-malmaison.fr/ ...bonaparte/.

Llegamos al edificio de color ocre con contraventanas verdes que se encuentra en una estrecha callejuela del casco antiguo y ya hay una cola para entrar bastante maja. Si no nos hubiéramos entretenido en la Plaza Foch a atender mi tema del corte de luz….. Es lo que hay…. Nos ponemos en la fila, donde ya hay medio crucero esperando, y a esperar a que nos toque, esperando que vaya la cosa rápida porque no contaba con esto, la verdad.
Durante la espera me salta una alarma de la agenda en el móvil. Me extraña porque no tengo apuntado nada de trabajo para esta semana, que voy a estar de vacaciones. Enciendo la pantalla y, efectivamente, no es un tema laboral sino personal (recordatorio para maridos olvidadizos) porque hoy 23 de julio era el cumpleaños de mi mujer. Multitud de recuerdos se me agolpan así de sopetón y paso un rato regulero, no lo voy a negar. Me quedo con alguno bueno, uniéndolo con el momento que estamos viviendo, y es que en esta misma fecha, hace nueve años, estábamos en Helsinki, durante un crucero por las capitales del Báltico y cuando todavía se podía visitar San Petersburgo, y ese día fue muy especial por la fecha en que se desarrolló, por lo que nos gustó la visita a la capital finlandesa y porque por la noche, en la cena en el barco, la cantaron el feliz cumpleaños y la trajeron un trozo de pastel con una vela ficticia para que la soplara, lo que le hizo mucha ilusión. Me quedo con esto, con los buenos momentos compartidos (y también los malos, que forman parte del día a día en común) y la vida, para bien o para mal, debe continuar.
Tras unos veinticinco minutos de cola llegamos ya a la entrada de la Casa Napoleón. El empleado que está en la puerta va avisándonos de que si llevamos líquidos que los saquemos y va inspeccionando bolsas y mochilas. Yo había leído que, ciertamente, no se podía acceder con líquido al interior y que te obligaban a dejar las botellas y envases en un apartado a la entrada. Por ello, ya habíamos previsto tal circunstancia y nuestras respectivas botellas de agua fresquita y néctar de la Diosa ya estaban situadas desde hace un rato en lo más hondo de la mochila con toalla, bañador y demás adminículos encima para taparla y no tenerla que dejar porque luego a saber si se podría recuperar. De todas formas, ya estaba prevista también la oportuna maniobra de distracción.
El empleado nos va diciendo que quien lleve líquidos que los tiene que llevar a la vista en la mano (no hace falta ya por tanto dejarlos) y que tienen que estar así durante toda la visita (vaya lata todo el rato con la mano ocupada con la botella). Llega nuestro turno y como los anteriores visitantes habían usado el inglés con el empleado, qué mejor forma de romper el hielo que hablarle lo más obsequiosamente en francés y darle palique. Nos pregunta de dónde somos y le decimos que de España, añadiendo que también somos campeones del mundial de fútbol. El hombre se lo toma con deportividad habida cuenta de que España eliminó a Francia hace poco más de una semana en ese mismo evento y yo, por si acaso, alabo el juego de la escuadra gala. Con esto ya hemos roto el hielo y nos comenta que el año pasado estuvo de vacaciones en España, glosando los bocadillos de calamares de la Plaza Mayor de Madrid y el vino de Jerez que se tomó con su mujer. Ya nos llega el turno de entrar y, como esperaba y era nuestra intención, mientras departíamos la inspección de nuestras mochilas ha sido más que superficial y para adentro que vamos tras despedirnos del señor.
Pagamos billete y nos hacen la gratuidad del otro y rechazamos las audioguías por no eternizar la visita dado que parece que la misma, como te pongas a escuchar la audioguía y leerte todos los paneles, se te puede ir a más de una hora larga. Leeré los carteles y se los traduciré a mi acompañante.
La visita a las estancias nos muestran lo que era una residencia burguesa del siglo XVIII con muebles de época, retratos familiares y objetos históricos distribuidos en varias plantas que muestran cómo vivía la familia del emperador.

Al final la casa es lo que ofrece porque se circunscribe a lo relativo a la familia del Emperador más que a la figura de Napoleón mismo. Lo aviso porque el que espere encontrarse un espacio centrado en su figura que no se lleve a engaño. Para completar la visita a la ciudad no está mal pero tampoco es una cosa absolutamente imprescindible y más por el precio de la entrada, que me parece algo excesivo para lo que se enseña. No obstante, una visita obligada para los amantes de esta figura histórica, como es mi caso.
En los baños de la Casa Bonaparte, en el sótano de la misma, nos ponemos los bañadores para más adelante y continuamos la visita. Paseamos por sus calles y nos fijamos en la doble nomenclatura de las calles, tanto en francés como en corso.

El corso (corsu) es una lengua romance del grupo italo-romance que se habla principalmente en la isla de Córcega (Francia) y en el norte de Cerdeña (Italia). Está emparentado de forma muy cercana con los dialectos toscanos, aunque convive formalmente con el idioma galo, siendo reconocido por el Estado francés como lengua protegida en Córcega.
El curso de los acontecimientos avanza inexorable por lo que los próximos sucesos serán relatados en la próxima y refrescante etapa.