Amaneció lloviendo en Tallin, nos pusimos los chubasqueros y nos fuimos a desayunar a La Boulangerie. Buena panadería francesa con precios altos. Los bollos desde 3.5€, un zumo 5€ y un expreso 3.90€. Desayuno para 3 por 22.10€.
Cuando terminamos de desayunar habia parado de llover, así que fuimos andando hasta la torre de artillería llamada "Margarita la Gorda". Una impresionante fortificación medieval que protegía la entrada marítima de Tallin. Nos asomamos para ver desde el vestíbulo los resto de una embarcación, pero no pagamos para ver la exposición.

Nos adentramos en la ciudad medieval recorrriendo las calles empedradas de su casco histórico, donde cada rincón parece transportarte varios siglos atrás. Comenzamos visitando la Iglesia de San Olaf, que durante siglos fue uno de los edificios más altos del mundo. Fuimos hasta el edificio donde estuvo el cuartel general de la KGB en Tallin. En la entrada había unos carteles con fotos del interior de las casas más representativa de esa calle, un contraste total con la represión que representa ese edificio.
Continuamos paseando hasta atravesar la muralla para llegar a la pintoresca plaza de las Torres, donde mejor se conserva las antiguas murallas y torres defensivas que han protegido la ciudad desde la Edad Media. La Puerta de Lühike Jalg nos condujo hacia el interior de ciudad por la que estuvimos dando vueltas.

Sobre la 13:30 nos pusimos a la cola del III Draakon. Sitio turístico pequeño. Aunque había cola, dentro había mesas libres. De hecho la cola se forma porque se pide al entrar. Para beber había cerveza o jarra de sidra, que estaba buena. De comer, había cuencos de sopa, empanadas diversas, salchichas (que una vez que pagabas, tenías que pescar de un barril con un palo con un pincho en la punta). La camarera vacila al personal. Resultó un sitio turístico para tomar un tentempié a un buen precio.

Estuvimos viendo tiendas de recuerdos hasta que a las 14:45 nos sentamos a comer en el Restoran Pegasus. Comida muy rica con sabores increíbles. El plato de coliflor estaba riquísimo, con lo insulta que es la coliflor, lo rica que la preparan. Cominos también un pollo en salsa de coco y una pechuga de pollo, más el pan riquísimo de centeno. Para beber una botella grande de agua y una cerveza, todo por 65€. La carta es corta, pero la comida merece mucho la pena.

Una vez terminada la comida, nos dimos un paseo hasta la plaza de la Libertad. Donde se celebraba un campeonato internacional de voley playa. En ese momento descargó una tormenta y nos tuvimos que refugiar bajo las marquesinas de la parada de autobuses.
Cuando paró de llover, volvimos a subir a la impresionante Catedral Alexander Nevsky, símbolo de la influencia rusa en Estonia y uno de los edificios más reconocibles de la ciudad. Sus cúpulas negras y su decoración ortodoxa contrastan con la arquitectura medieval que la rodea. Cuando salimos de la catedral, compramos algunos recuerdos en las tiendas de alrederor, que tenían mejores precios que las del centro. Pedimos un Uber que nos llevó al hotel por 4.34€.
Tras descansar un rato, pedimos un Uber que por 3.60€ nos llevó a al barrio creativo de Telliskivi, una muestra del lado más moderno y alternativo de Tallin. Antiguas instalaciones industriales reconvertidas en espacios culturales, cafeterías y pequeñas tiendas ofrecen una visión diferente de la ciudad, complementando a la perfección la experiencia histórica del casco antiguo.

A las 19:30 las calles y garitos estaban muy vacíos de gente. Subimos al Fotografiska Tallinn Restaurant & Rooftop Bar para tomarnos algo, pero nos pareció caro. Aprovechamos para hacer fotos del castillo de Tallin, que desde este punto de la ciudad si que lo parece.

Nos bajamos y nos paramos a tomar una cerveza (4.5€) en el Põhja Konn. Luego sobre las 20:45 fuimos a cenar al F-Hoone. Amplia nave industrial con muchas mesas con comida internacional. Comimos un "filadelfia", unos deliciosos dumplings de champiñon y una pizza. Acompañado de 2 cervezas (6€) y una fritz-cola (5.10€). Todo por 50.40€.
Al salir fuimos dando un paseo por los garitos de copas cercanos a la estación de tren. Pero había muy poco ambiente y eso que era viernes. Así que a las 22:30, al llegar a la parada de Balti Jaam, pedimos un Uber, que nos llevó al hotel por 4.43€.
Fue un día que combinó historia, arquitectura y magníficas vistas, confirmando que Tallin es para nosotros la mejor de las capitales del viaje por las Repúblicas Bálticas. Su ambiente medieval, perfectamente conservado, y su equilibrio entre tradición y modernidad la convierten en una ciudad inolvidable.