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Chile: Santiago y la Patagonia -Diarios de Viajes de Chile- Juanmaycarol
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Diario: Chile: Santiago y la Patagonia  -  Localización:  Chile  Chile
Descripción: Relato de nuestro viaje por la Patagonia Chilena: cuando la palabra inolvidable adquiere todo su significado.
Autor:    Fecha creación: 
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Índice del Diario: Chile: Santiago y la Patagonia



Etapa: Santiago y Valparaíso  -  Localización:  Chile Chile
Fecha creación: 29/11/2010 16:26  
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Lo mejor: el crucero por la Patagonia.
Lo peor: la polución en Santiago de Chile.
Imprescindible: el Parque Nacional Torres del Paine.
Prescindible: Viña del Mar.

Preparativos

Con la excusa de ir a Chile para ver a parte de la familia que allí tenemos, decidimos redondear el viaje con una escapada a la Patagonia Chilena que incluyera un crucero por esa región.
Se nos plantearon pronto dos cuestiones: con qué compañía volar hasta Chile, y con cuál hacer el crucero. Para volar allí valoramos dos alternativas: vuelo directo de Madrid a Santiago, o vía París. La diferencia de tiempo era considerable. La de precio, también. Así que, como tendríamos que gastar bastante dinero durante todo el viaje, decidimos comenzar ahorrando. Al fin y al cabo, una escala y seis horas más de vuelo, a cambio de ahorrar 500 euros por persona, no era descabellado.
La segunda cuestión fue un poco más compleja. Encontramos dos compañías que hacían cruceros por la Patagonia Chilena: Skorpios y Australis. La compañía Skorpios ofrecía tres cruceros que transitaban cada uno por una zona diferente, mientras que Australis ofrecía dos en la misma zona solo que en diferente sentido. Finalmente nos decidimos por el Australis, en parte porque era el que navegaba más al sur siendo el único que pasaba por el Cabo de Hornos, y en parte porque la familia de Chile nos comentó que los conocidos que habían hecho el Australis, habían quedado encantados.
Una vez despejadas las dos incógnitas, compramos los billetes de avión internos y reservamos unas cuantas excursiones y hoteles en el sur.
Ya estábamos listos para el viaje.

Santiago de Chile

Para llegar a Santiago de Chile desde Europa, además de un interminable viaje, es necesario atravesar los Andes, cordillera que tiene una altura media de 4.000 metros y con numerosos puntos que alcanzan los 6.000. Semejante altura hace que se pueda observar perfectamente desde el avión toda la grandiosidad de esta cordillera, y que inevitablemente venga a la memoria el famoso accidente de 1972 tan bien retratado en el libro y la película que todos conocemos.
Una vez superado el escollo, llegamos a Santiago. Nuestro viaje fue en el mes de diciembre, lo cual supuso cargar la maleta de manga corta. Pero como teníamos previsto un viaje a la Patagonia, tuvimos que meter también el forro polar. Fue lo que podríamos denominar, un viaje de contrastes.


Empezamos en Santiago con una visita guiada al Palacio de la Moneda. Esta visita hay que solicitarla con cierta antelación en la página del Gobierno de Chile y es gratuita (es necesario llevar el pasaporte). A nosotros nos tocó hacerla con dos colegios de Antofagasta, ciudad del norte de Chile, con lo cual éramos los únicos no chilenos de la visita. El guía fue muy considerado al respecto y no paró de explicarnos cualquier cosa que pudiera ser obvia para ellos pero totalmente desconocida para nosotros. El edificio del Palacio de la Moneda no es de una gran belleza arquitectónica, pero tiene un gran interés histórico-cultural para cualquiera que conozca un poco la historia de Chile. En el interior se puede apreciar, entre otras cosas, una maqueta del propio edificio, la Placa Conmemorativa en el supuesto lugar donde fue asesinado Salvador Allende, una capilla y diversos salones y salas, entre las que destaca la sala de las monedas: de todos los Presidentes de la República de Chile se acuña una moneda con su cara por un lado y por el otro una frase célebre del personaje y el periodo de su mandato.



Durante nuestra estancia en el Palacio de la Moneda se produjo el Cambio de la Guardia, que pudimos apreciar en primerísima persona, y del que el guía dijo que es el tercer Cambio de la Guardia más bonito del mundo, después del inglés y del ruso. Nos salió patriota, el guía.
Al finalizar la visita nos dimos un paseo por el centro, donde había el habitual caos que inunda las ciudades en víspera de la Navidad. El centro de la ciudad es la Plaza de Armas, donde habían instalado un árbol navideño descomunal. Se nos hacía extraño estar en diciembre paseando por la calle en manga corta y viendo cómo la gente compraba regalos para Papá Noel (que por cierto, allí lo llaman “el Viejito Pascuero”). La Catedral y el edificio de Correos son los edificios más representativos de esta plaza.



Después entramos en un clásico de la ciudad: un café “con piernas”. Son cafés en los que solamente hay camareras, que llevan unos vestidos cortos y ajustados: de ahí le viene el sobrenombre. No queremos emitir ningún juicio de valor al respecto. Sólo diremos que son auténticas instituciones en la ciudad, y como tales queríamos conocerlas. Una vez saboreado el café, continuamos con nuestra visita.
Para tener una panorámica de la ciudad (dentro de lo que permite la polución) subimos al cerro San Cristóbal. La subida la hicimos en funicular y la bajada en teleférico. Dicen que desde lo alto del cerro, en los pocos días claros al año que disfrutan en Santiago, se obtiene una magnífica vista, con todas las montañas rodeando la ciudad. En realidad, el hecho de estar rodeada de grandes montañas es el motivo por el cual la contaminación permanece y la ciudad amanece casi siempre cubierta de polución. A nosotros nos tocó un día gris en el que las montañas tan solo se intuían.

Valparaíso y Viña del Mar

Antes de emprender nuestro camino hacía el sur, hicimos una visita estas dos ciudades, que están cerca de Santiago y se pueden visitar en un día. Nosotros quisimos tomarlo con calma e hicimos noche en Valparaíso.
Viña del Mar nos decepcionó bastante. Nos pareció la típica ciudad de veraneo, toda ella destinada a satisfacer las necesidades del turismo y con pocos sitios de interés.
Iniciamos nuestra visita viendo el Reloj de Flores; después caminamos por el paseo marítimo, donde cabe destacar el Castillo Wulff; continuamos por un bulevar muy grande lleno de tiendas y fuimos a desembocar al Parque Quinta Vergara, donde se encuentra el Palacio Vergara.



Como en general no nos estaba gustando mucho la ciudad, decidimos dar por finalizada la visita y poner rumbo a Valparaíso.
Valparaíso es otra cosa. Rodeada de colinas repletas de casas con vivos colores, lo mejor para apreciarla es ir al puerto y dar una vuelta en barco. Desde el agua, además de tener una vista espectacular de la ciudad, se pueden ver los leones marinos que merodean por el puerto en busca de comida.
Valpo (como la llaman los lugareños) está dividida en dos zonas: el Plan, que es la zona llana, y los Cerros, todos con sus antiguos ascensores (en realidad son una especie de pequeños funiculares) que suben a lo alto y así ahorran una pequeña caminata por una empinada cuesta.


Pero no nos engañemos: la ciudad está descuidada y sucia, hay bastante pobreza, la visión de los cables eléctricos que hay sobre las calles es muy chocante, e incluso cuando caminábamos por uno de sus cerros se nos acercó una patrulla de la policía y nos recomendó que nos marcháramos de esa zona. Suponemos que habrá gente a la que esta ciudad no le guste, pero a nosotros nos pareció de lo más auténtico.
Comimos en el Café Turri, se supone que uno de los sitios más famosos de Valparaíso. A nosotros nos defraudó: nos pareció bastante caro y la comida era sofisticada pero nada especial. A nuestra vuelta leímos en un blog chileno que lo llamaban “Trampa para turistas”. No podríamos estar más de acuerdo.


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Etapa: El crucero por la Patagonia  -  Localización:  Chile Chile
Fecha creación: 29/11/2010 17:17  
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Hacia el sur

Desde Santiago volamos a Punta Arenas, lugar desde donde partía nuestro crucero. Al aterrizar, lo primero que hicimos fue ir a la agencia que organizaba el crucero por la Patagonia para hacer el check-in. Bueno, en realidad, lo primero que hicimos fue sacar los forros polares, los guantes y los gorros de lana, y ponérnoslos. Atrás quedaron los pantalones cortos y las camisetas de manga corta: ahora sí nos parecía que estuviéramos en pleno mes de diciembre. Una vez bien abrigados fuimos a la mencionada agencia. El chek-in consistió en mostrar los pasaportes y rellenar los papeles y firmar. Nos permitieron dejar allí nuestras maletas, y nos dijeron que ellos las llevarían hasta el mismo barco, lo cual fue todo un detalle porque así podíamos dar una vuelta por la ciudad tranquilamente hasta que llegase la hora de ir al puerto.
Lo primero que llama la atención en Punta Arenas es el viento tan intenso que hace. Aunque nos habían prevenido, no dejó de sorprendernos. En más de una ocasión, parados en un cruce esperando un semáforo, nos vino una ráfaga de viento que hizo que nos tuviésemos que agarrar al semáforo para no caernos. Aunque pueda resultar exagerado prometemos que fue así.


El centro de la ciudad es la Plaza Muñoz Gamero. En medio de dicha plaza destaca el Monumento Conmemorativo del 400 aniversario del viaje de Magallanes. En un lateral del monumento hay una estatua de bronce de un indígena. Se dice que si se le toca o se le besa el pie, trae buena suerte. Nosotros, a pesar de no ser supersticiosos, le tocamos el pie (lo del beso nos pareció un exceso). Tras dar un paseo por el centro de la ciudad subimos al Mirador Cerro Lacruz, que se encuentra en lo alto de unas escaleras, y desde donde obtuvimos una bonita panorámica de la ciudad. Tras las fotos de rigor, y como todavía nos quedaba tiempo, entramos en el Museo Naval y Marítimo, para ir abriendo boca, ya que íbamos a estar cuatro días dentro de un barco.


Finalmente llegó la hora y fuimos hasta el puerto. Allí nos metieron en una sala de espera, que ya estaba abarrotada, todos impacientes por subir a bordo. Aunque la distancia hasta el barco era un trayecto corto, habían habilitado un autobús, ya que continuaba haciendo un viento de mil demonios. Una vez nos llegó el turno, subimos al autobús y nos bajamos junto a la pasarela de entrada. Allí recogimos nuestras maletas y nos dirigimos directamente a nuestro camarote. En ese momento todavía no lo sabíamos, pero los siguientes cuatro días iban a ser una de las mejores experiencias viajeras de nuestra vida.

El crucero: de Punta Arenas a Ushuaia

- Día 1:

Una vez comprobamos todos los rincones de nuestro camarote, subimos al salón de la cuarta cubierta para el cóctel de bienvenida. Nosotros optamos por el pisco sour, excelentemente preparado por Emilio, el barman, un tío majísimo (como toda la tripulación, todo hay que decirlo). Allí nos presentaron al capitán y a todos los oficiales, y nos dieron una pequeña charla de lo que nos esperaba durante los próximos cuatro días. Lo primero que nos explicaron fue que no estábamos en un crucero de relax, en el que disfrutar de espectáculos que amenizaran nuestra estancia, y cosas por estilo. Estábamos en lo que llamaron un crucero de expedición, en el que lo importante era disfrutar de la fauna, la flora y la belleza paisajística de la zona, y aprender un poquito sobre todos estos temas. Nada que ver con el típico crucero por el Mediterráneo. Una vez hechas las presentaciones, a modo de bienvenida nos deleitaron con el baile nacional, la cueca, mientras hacíamos tiempo para poder zarpar, ya que el puerto de Punta Arenas estaba cerrado por culpa del enorme viento que hacía.


Cuando amainó el viento comenzamos nuestra navegación y llegó el turno de la cena. Nos sentamos en la mesa que nos habían asignado y conocimos a los que iban a ser nuestros compañeros de mesa durante los próximos días: dos amigas canadienses, que estaban haciendo un tour por Sudamérica; dos hermanos chilenos ya entrados en años y bastante peculiares, uno entusiasmado con que el Rey le dijese a Chávez aquello de “por qué no te callas” y el otro entusiasmado porque el concepto de crucero todo incluido se refería también a cualquier tipo de bebida; y un padre y su hijo, ambos chilenos, siendo el padre director de cine, y que se encontraba invitado en el crucero porque estaba grabando un documental sobre Chile. Una mesa peculiar.
Tras la cena volvimos al bar para dar cuenta de otro pisco sour antes de irnos a dormir. A las doce de la noche se cerró el bar, y los pocos que aún quedábamos por ahí nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente tocaba madrugar.

- Día 2:

Tras el desayuno salimos a cubierta para observar el paisaje mientras navegábamos por el Fiordo Almirantazgo. Después recibimos las instrucciones para nuestro primer desembarco. Como navegábamos por latitudes poco transitadas, no había muelles para desembarcar en ningún sitio, por lo que el barco contaba con cuatro zódiacs que eran desembarcadas en primer lugar. Los pasajeros íbamos subiendo a las zódiacs y éstas iban haciendo varios viajes para poner a todo el mundo en tierra. Cuando llegábamos a tierra había dos personas de la tripulación esperando con una pequeña pasarela para facilitar la bajada de la zódiac. Estaba todo muy bien organizado y planeado.
Nuestro primer desembarco fue en Bahía Ainsworth. Ahí pudimos contemplar un glaciar por primera vez en nuestra vida, aunque lo vimos a lo lejos: el glaciar Marinelli.



También vimos por vez primera una colonia de elefantes marinos, que habían elegido ese lugar para reproducirse. La tripulación, además de hacer las labores propias de su cargo, también daba explicaciones muy interesantes en las excursiones que hacíamos al desembarcar.
Tras contemplar a los elefantes marinos dimos un agradable paseo por el entorno, donde tuvimos la ocasión de comprobar los destrozos causados por los castores en la zona.




Una vez terminada la visita volvimos al barco para comer. Tras el almuerzo nos ofrecieron una charla, ilustrada con fotografías que ponían en un proyector, sobre el pingüino magallánico, cuya observación era el principal motivo de nuestro segundo desembarco. Este se produjo para acercarse al Islote Tucker, donde se encontraba una nutrida colonia de dichos pingüinos. Debido a la fragilidad del ecosistema, en esta visita permanecimos en las zódiacs sin descender a tierra.




De vuelta al barco, uno de los tripulantes-guías nos dio una charla sobre Glaciología, en la que principalmente nos explicó, también ayudado de fotografías, cómo se constituía un glaciar y los distintos tipos de glaciares que existen. Fue una de las charlas más interesantes que nos dieron durante nuestro crucero de expedición.
Aprovecharemos este momento para comentar que en el barco había dos idiomas que podríamos considerar oficiales: español e inglés, y todas las charlas y comentarios los hacían en ambos idiomas, cada uno en un salón o departamento del barco diferente.
Tras la cena nos ofrecieron una película documental sobre la vida animal, pero nosotros preferimos pasar la velada dando un poco de trabajo a Emilio y bebiendo pisco sour, ese magnífico brebaje cuya creación se atribuyen tanto chilenos como peruanos. Esto es un motivo más de disputa entre ambos países, si bien en este caso han llegado a un compromiso decidiendo que lo inventaron los peruanos y lo hicieron famoso los chilenos. ¿O era al revés?



- Día 3:

Esa noche nos despertamos porque sentimos que el barco se estaba moviendo un poco más de la cuenta. A la mañana siguiente hubo muchas deserciones a la hora del desayuno, suponemos que debido al movimiento nocturno. Nosotros tuvimos suerte y no nos afectó en absoluto, de hecho aprovechamos el “ligero” balanceo para quedarnos dormidos enseguida.
Después del desayuno tuvimos una charla sobre las aves de la Patagonia, seguido de la visita a la sala de máquinas, donde nos pusieron unos cascos para mitigar el ruido enorme que había en dicha sala.
Antes del almuerzo, y a modo de aperitivo, pasamos por el bar para comprobar si Emilio había perdido facultades en la elaboración del pisco sour, o seguía siendo un maestro. Tuvimos un pequeño momento de lucidez en el que nos preguntamos si no le estaríamos tomando demasiada afición a dicha bebida. Decidimos que no, y seguimos con nuestro cóctel.


Tras el almuerzo desembarcamos para visitar el Glaciar Pía, ubicado en el Canal Beagle. Una vez descendimos de la zódiac, caminamos hasta llegar casi hasta el mismo glaciar, en lo que fue una imagen increíble. Tras la pequeña excursión nos invitaron a un whisky con hielo milenario, que previamente se había encargado de recoger uno de los conductores de la zódiac. El whisky sabía igual que con hielo hecho con agua del grifo de casa, pero tenía mucho más glamour beberlo al lado de un glaciar, cerca del fin del mundo, con un trozo de hielo de más de mil años de antigüedad.



De vuelta al barco, continuamos nuestra navegación por el Canal Beagle y atravesamos lo que llaman la Avenida de los Glaciares, por tener una gran cantidad de ellos. Nos atreveríamos a decir que fue un momento mágico, si no sonara muy cursi, así que preferimos decir simplemente que no hay palabras para describir la sensación de ir navegando viendo esas maravillas de la naturaleza de tan cerca.


Antes de irnos a dormir nos dieron una pequeña explicación del Cabo de Hornos, nuestra primera parada del día siguiente. Entre otras cosas nos comentaron que las condiciones climatológicas en esa zona son casi siempre muy adversas, y que en general, no llevaban un alto porcentaje de veces que había podido hacer el desembarco.


- Día 4:

Y como era de esperar, el día amaneció muy nublado y con lluvia, y las posibilidades jugaron en nuestra contra. El capitán del barco estimó que no se daban las condiciones de seguridad necesarias para efectuar el desembarco, por lo que tuvimos que observar el Cabo de Hornos desde el barco. Como decía el folleto del viaje: “Su ubicación, entre los dos océanos, y la intensidad de los fenómenos atmosféricos que lo rodean, hacen de este paraje una experiencia única e inigualable”. Bien, pues aunque no descendimos, siempre podremos contarle a nuestros nietos que una vez alcanzamos el Cabo de Hornos, punto geográfico más austral del mundo, como acredita el certificado que nos dieron al finalizar el crucero.


Para superar el chasco de no haber descendido en la Isla Hornos decidimos tomarnos un pisco sour en el bar, pero todavía no lo habían abierto, así que nos fuimos al salón a desayunar, que seguramente era lo más indicado ya que solamente eran las 9 de la mañana.
Durante el día nos ofrecieron una charla relacionada con toda la zona de Tierra del Fuego, su origen, su fauna, su flora, y sus antiguos pobladores. Después no hubo mucha más actividad hasta la tarde, cuando llegó la hora de desembarcar en Bahía Wulaia.



Parece que fue en ese lugar donde el capitán inglés Fitz Roy, junto con el naturalista Charles Darwin, tuvo contacto por vez primera con los aborígenes Yámanas en el siglo XIX. Una vez en tierra hicimos una caminata para llegar a lo alto de una colina desde donde disfrutamos de una espectacular panorámica de toda la bahía.




A nuestra vuelta al barco continuamos la navegación hasta llegar al punto final de nuestro itinerario: Ushuaia. Hicimos noche en el barco, y a la mañana siguiente desembarcamos, en esta ocasión por última vez. Dejamos nuestras maletas delante del barco, ya que ellos se encargarían de llevarlas hasta la oficina de la compañía, donde pasaríamos a recogerla una vez terminara nuestra visita a Ushuaia.
Para celebrar el final de nuestro crucero nos fuimos al aeroclub Ushuaia y dimos una vuelta de media hora en una pequeña avioneta, desde donde obtuvimos una magnífica panorámica de la ciudad y sus alrededores.
Una vez terminada nuestra vuelta aérea deambulamos por la ciudad, haciendo tiempo hasta que saliera nuestro avión que nos llevaría de vuelta a Punta Arenas, lugar de partida de nuestro crucero. Tras parar a comer en un restaurante, recogimos nuestras maletas y nos fuimos al aeropuerto. Terminaba así nuestro inolvidable periplo por Tierra de Fuego.

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Etapa: Recorrido por la Patagonia  -  Localización:  Chile Chile
Fecha creación: 29/11/2010 17:46  
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Parque Nacional Torres del Paine

Una vez aterrizamos en Punta Arenas tomamos un autobús directamente desde el aeropuerto que nos llevó a Puerto Natales. Esta ciudad es la puerta de entrada a dos Parques Nacionales: Torres del Paine y Bernardo O’Higgins. Nosotros hicimos una visita de un día a cada uno de ellos: al Torres del Paine en autobús y al Bernardo O’Higgins en barco.
Dedicar un día a visitar Torres del Paine es como estar una hora en el Museo del Prado. La visita que hicimos estaba bastante bien organizada y nos permitió disfrutar de las zonas más impresionantes accesibles en transporte público, pero sólo sirvió para hacernos una leve idea del maravilloso enclave que es este sitio. Para poder disfrutar de este parque en toda su inmensidad se debe hacer una visita como mínimo de dos días. Nosotros pagamos un poco nuestra ignorancia: son destinos un tanto desconocidos y no podíamos imaginarnos el espectáculo paisajístico que es Torres del Paine.
La visita de un día es apta para todos los públicos y formas físicas. Comenzamos con una parada en la Cueva del Milodón, en la que se cree que habitó un perezoso gigante. Da la sensación de que aquí se mezcla un poco la leyenda con la realidad.



Tras esa parada nos adentramos en el parque propiamente dicho. Las dos primeras paradas fueron junto a los lagos Sarmiento y Nordenskjöld, respectivamente. En la tercera tuvimos que caminar un poco para poder ver el Salto Grande, desde donde se obtiene una magnífica vista del Paine Grande.




Después hicimos un alto en el camino para comer en un chiringuito junto al lago Pehoé, y desde ahí pudimos fotografiar los famosos Cuernos del Paine.



La última parada fue para ver el lago Grey, sin duda el más espectacular de todos. En este lago van a derretirse los témpanos que se desprenden de los glaciares y es fácil ver alguno flotando. En esa zona hacía un viento formidable, y al parecer es así la mayor parte del tiempo.
Por todo el parque vimos manadas de guanacos, animales similares a las llamas que al parecer escupen. También vimos algún que otro zorro.



Dicen que en este parque las condiciones climáticas pueden cambiar tan deprisa que pueden darse las cuatro estaciones del año en un solo día. Nosotros tuvimos suerte y nos hizo un día soleado y no muy frío.
El Parque Torres del Paine ofrece unas panorámicas y unos paisajes que nos pareció un auténtico espectáculo para la vista. Cualquier adjetivo que escribiésemos se quedaría pequeño para describir la inmensidad de ese Parque. Esperamos poder volver algún día y dedicarle el tiempo que se merece.
A nuestra vuelta a Puerto Natales fuimos a cenar algo muy típico de Chile: un sándwich llamado Barros Luco. Es una especie de pepito de ternera pero en pan redondo, con queso caliente. Se le puede añadir algún ingrediente más, y nosotros optamos por el tomate y el aguacate (allí le dicen “palta”). Es muy popular por todo el país y según parece, recibe su nombre de Ramón Barros Luco, que fue Presidente de Chile entre 1910 y 1915. Seguro que el buen hombre no tenía previsto pasar a la posteridad de esta manera.



Parque Nacional Bernardo O’Higgins

Al día siguiente nos acercamos al muelle de Puerto Natales, donde nos esperaba el barco en el que haríamos la excursión al Parque Bernardo O’Higgins. La excursión consistía en un paseo en barco para visitar los Glaciares Balmaceda y Serrano. Ese día había amanecido lluvioso y con muchas nubes bajas, pero esperábamos tener suerte y poder ver los glaciares.



La única manera de acceder a esa zona es por mar, navegando por el seno Última Esperanza. Durante todo el trayecto hasta el Glaciar Balmaceda no paramos de ver pequeñas cascadas de agua por todas partes. Se notaba que, a pesar del fresco que hacía, la nieve y el hielo se estaban descongelando.
La vista del Glaciar se hacía desde el barco, sin descender, y, a pesar de las nubes, pudimos verlo. Según nos comentaron, era un glaciar en claro retroceso, como casi todos los glaciares del mundo (dicen que el único que no lo hace es el Perito Moreno, en Argentina). Nos sorprendió el color tan extraordinariamente azul que tenía.


Una vez hechas las fotos de rigor, el barco continuó la marcha hasta el Glaciar Serrano. En esta ocasión había que descender del barco y hacer una pequeña caminata para llegar hasta el glaciar, pues estaba en el interior de una pequeña laguna a la que la embarcación no podía acceder. La lengua de este glaciar sí llegaba hasta el agua y era bastante espectacular.



La siguiente parada fue en una típica “estancia”, nombre que en el Cono Sur dan a lugares semejantes a la “hacienda” mexicana o al “rancho” del oeste estadounidense. Allí comimos en un gran salón comunitario, y después pusimos rumbo de vuelta a Puerto Natales. En el camino de vuelta nos ofrecieron un vasito de pisco con hielo milenario, que ya era un viejo conocido nuestro.


Durante el trayecto en el barco tuvimos el placer de conversar con mucha gente, pero recordamos con especial cariño a una señora francesa ya entrada en años, afincada hace mucho en Venezuela, que nos contó muchas historias muy interesantes de América del Sur, que había recorrido prácticamente en su totalidad. Nos comentó que lo que más le había gustado de ese vasto continente fue la Patagonia Chilena y Perú. Desde entonces hemos incluido Perú en la lista de futuros destinos.
A nuestro regreso a Puerto Natales fuimos a cenar a un asador porque no queríamos despedirnos del sur sin probar el cordero asado. Allí lo asan de una forma muy curiosa, abierto, ensartado frente al fuego. Fue una cena espectacular, cordero asado con un poco de ensalada, regado con un magnífico vino chileno.



Final

Con pena de no haber podido pasar más tiempo en la Patagonia, tomamos nuestro avión de vuelta a Santiago de Chile, donde nos esperaba la familia para pasar todos juntos la Nochebuena. Para nosotros fue una cena un tanto atípica, pues no estamos acostumbrados a pasar la Nochebuena cenando en el jardín en manga corta.

Un tiempo más tarde, ya de vuelta en España, el joven hijo de mi primo me preguntó qué era para mí un privilegio. Yo empecé a tratar de explicarle el significado de la palabra, pero él me interrumpió, diciendo que eso ya lo sabía. Quería saber qué consideraba yo un privilegio en mi vida, y no sé por qué, pero la primera imagen que me vino a la mente fue el crucero por la Patagonia Chilena. Y así le expliqué, que durante ese crucero, navegando por lugares inhóspitos donde casi nunca pasaban embarcaciones, paseando por islas sin colonizar en las que el hombre apenas había pisado, disfrutando de paisajes admirados por no mucha gente, sin duda alguna, me había sentido un privilegiado.
Y aún hoy, después de haber pisado los cinco continentes después de ese viaje, lo sigo pensando.


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  Últimos comentarios al diario  Chile: Santiago y la Patagonia
Total comentarios 16  Visualizar todos los comentarios

Dreilla  Dreilla  16/02/2011 16:32
Muy buenas, me ha encantado tu diario, cuantos recuerdos de mis 17 años en valparaiso y viña, la verdad es que razon no te falta viña tiene poco y lo poco que tiene esta escondido por lo que es dificil ver, pero es una ciudad turistica allí viví toda mi vida hasta venir a españa, valparaiso tiene su encanto, es un misterio pero es una ciudad que te embruja, lástima que si que es verdad que hay que ir con cuidado, pero si va alguién a chile no se lo puede perder.
Bueno el caso es que quiero viajar este año y justamente hacer lo que vosotros hicisteis, con que aerolina cogisteis el vuelo???, cuanto tiempo fuisteis? yo quiero ir 15 dias y a parte de ver a la familia me gustaria ir a la patagonia, pero nunca fui y no se cuanto tiempo necesitaria. si me puedes ayudar te lo agradeceria mucho, un saludito

Juanmaycarol  juanmaycarol  16/02/2011 22:15   
Hola Dreilla:
Fuimos desde Madrid vía parís con Air France porque era la opción más barata, aunque la duración del vuelo era de 7 horas más.
Para ir a la Patagonia depende de lo que quieras hacer y ver. Es imprescindible ir a Torres del Paine, donde puedes hacer desde una visita de un día (como hicimos nosotros) a una ruta de trekking de 7 días (lo que se conoce como la W). Te recomendamos también hacer un crucero, ya sea con Australis o Skorpios, si tu bolsillo te lo permite, porque es una experiencia única. Ten en cuenta la temporada, porque para ir a la patagonia debe ser entre noviembre y abril. Desde Santiago la mejor opción es volar a Punta Arenas con LAN, y desde allí decidir hacia donde ir. Como mínimo una semanita por la Patagonia, ¿no?
Un saludo.

Dreilla  Dreilla  17/02/2011 09:44
Bufff, ojalá tuviera un mes de vacaiones, pero solo puedo coger como mucho 15 días y por lo que he mirado me sale mas barato el vuelo directi con lan que con airfance, increible pero cierto, lo estoy mirando para ir la ultima semana de noviembre y la primera de diciembre y me encantaría lo de la patagonia, sobre todo por darle una sorpresa a mi chico que se muere por ir, pero despues de 7 años sin ver a la familia no puedo dedicarle una semana a eso, mimiraré a ver si hay algo mas visita relampago jejejeje, igual tocara volver algun dia.
Muchas Gracias por tu ayuda, una ultima pregunta el vuelo a punta arenas lo cogistes allí, porque cogerlo desde aqui sale mas caro no?

Juanmaycarol  juanmaycarol  17/02/2011 21:38   
Pues no, los billetes de avión a Punta Arenas los compramos desde aquí, por eso de comprarlos con la mayor antelación posible.

Nicoleyes  nicoleyes  15/10/2011 00:02
CHI CHI CHI!!! LE LE LE!!! VIVA CHILE!!!

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Pais Tema: Viajar a Chile
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Sweet_travel
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Travel Adict
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Ago 29, 2014
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Fecha: Dom Sep 01, 2019 03:47 pm    Título: Re: Viajar a Chile

Hola!
Me lanzo a mi primer viaje en solitario en diciembre 2019/enero 2020 y Chile es el pais elegido. Leo el foro con atención para ir perfilando ruta y resolviendo dudas, que a estas horas todavía son muchas! Lo que más dudas me genera es Torres del Paine.
Sería genial coincidir en fechas con alguien del foro, para compartir parte del recorrido.
Saludos!
sindromedediogenes
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Sep 05, 2019
Mensajes: 3

Fecha: Jue Sep 05, 2019 11:20 pm    Título: Re: Viajar a Chile

Hola yo hace muchos años cuando vivía por allí, hice la carretera Austral en bicicleta con un amigo, saliendo de Puerto Montt hasta Chaiten y volviendo por Chiloe - Puerto Montt hasta Osorno, y la experiencia ha sido una de las mejores, es un sitio precioso y en bici vas a tu ritmo. Diciembre a marzo es la mejor época para esa zona. Hace un par de años estuve por la zona central y salvo las autovías principales, el resto son carreteras nacionales creo que veloc.max. 80 kmh, tenerlo en cuenta para calcular las rutas.
Saludos
Sweet_travel
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Ago 29, 2014
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Fecha: Vie Sep 06, 2019 06:38 am    Título: Re: Viajar a Chile

Gracias por el consejito! En principio descartaba esa zona pero tenía muchas dudas. Me recomiendas incluirla aun sin hacer la ruta en bici?
sindromedediogenes
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Sep 05, 2019
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Fecha: Vie Sep 06, 2019 07:21 am    Título: Re: Viajar a Chile

Por supuesto, se puede hacer en cualquier vehículo, también en autostop, lo que no vi en aquellos años era transporte público. Para mí es la zona que más me a gustado.
Un saludo
Sweet_travel
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Ago 29, 2014
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Fecha: Dom Sep 08, 2019 07:54 am    Título: Re: Viajar a Chile

Genial! Tomo nota. Muchas Gracias por el consejo!
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