Durante mi viaje por Colombia estuve visitando el departamento de La Guajira, donde hice un tour de 3 días y 2 noches a Punta Gallinas. Lo contraté a través del alojamiento en Riohacha pagando un adelanto a través de una web de pago de 490000 COP y el resto, 519400 COP al llegar al alojamiento. Como pagué con tarjeta, en ese importe va el 6% de comisión. La agencia intermediaria era Happiness Travel & Tours, aunque a la hora de la verdad el tour fue con Sashii Tours.
sashiitours.com/
Día 1: Riohacha - Salinas de Manaure - Uribia - Cabo de la Vela
Las salinas de Manaure que se visitan son de extracción manual por parte de la comunidad indígena aunque luego todo el procesamiento ocurre en otro lugar. En Manaure hay también otras salinas que ya siguen procesos más industriales. Al llegar te asignan un guía, aunque luego las explicaciones como tal son de 5 minutos y el resto es hacerse fotos por allí. Como no hay unas letras con el nombre de las salinas. Todo muy Instagram, en definitiva.
De Mayapo hasta las afueras de Uribia, el paisaje es un horror quitando las citadas salinas. Hay basura por todas partes, destacando principalmente plásticos, que están extendidos a lo largo de los km. El viento que hace en la zona no ayuda.
Una vez que se llega a Uribia, hay que aprovechar para comprar bebida o comida que se quiera tomar durante el recorrido, y de paso se compran algunos alimentos (bollos, panela, galletas, botellas de agua) de regalo para la comunidad wayuu. El conductor lleva sobre todo muchas botellas de agua. En principio no es obligatorio, pero....
De camino hacia el Cabo de la Vela te empiezas a encontrar por los caminos niños pequeños que cada uno a un lado del camino sostienen unas cintas para impedir el paso, pero son de esas de plástico de las que hay en las obras y los coches pasan sin más. Aquí el conductor dice que no hay que dar nada porque los padres de esos niños no viven tan lejos de Uribia.
Antes de iniciar las visitas paramos para comer ya en Cabo de la Vela en un restaurante plagado de moscas. De hecho mientras comíamos había que estar ahuyentándolas todo el tiempo, porque revoloteaban alrededor mínimo 10 ó 12. Elegí posta de mero frito, que estaba bueno, pero que tuve que compartir con las moscas.
Ya de ahí fuimos a la Playa Arcoiris, donde había una zona donde rompían las olas en la roca generando en ocasiones un arcoiris. Primer paisaje ya destacable.
Volvimos un poco hacia el pueblo y paramos junto a la Playa Dorada, donde había tiempo libre para bañarse, y subir el que quisiese al Pilón de Azúcar, la montaña sagrada de los Wayuu. La panorámica debe ser impresionante, de 360º, pero no subí porque me pareció que había mucha inclinación.
Las últimas visitas que hicimos fueron a la Playa del Agua y a la Piedra Tortuga, que es como una roca unida a la montaña por un pasillo. Se podía ir hasta esa roca por un sendero, pero no era muy seguro. Por lo que vi, si das un mal paso te puedes caer 3 ó 4 metros. Finalmente fuimos a ver el atardecer al Faro de Cabo de Vela.
El alojamiento que nos asignaron fue el Hostal Ananauli, básico, pero me pareció que estaba curioso y la zona de comedor estaba bien. Buena parte del alojamiento estaba hecho con caña. La hora de la cena y del desayuno estaba bien planificada y no había demoras. Había varias opciones en la cena. Yo elegí pechuga de pollo por cambiar con respecto al almuerzo y bien.
La habitación con varios ventiladores para no pasar calor. Tuve un incidente con el cuarto de baño, ya que no me di cuenta de que la tubería del lavabo estaba quitada, así que cuando abrí el grifo empezó a caer agua por el suelo. Aunque luego fueron a limpiarlo y a poner la tubería, ya se quedó embarrado el suelo.
Día 2: Cabo de la Vela - Dunas de Taroa - Punta Gallinas
Empezamos temprano, parando primero en el parque eólico, que no tiene mucho interés, más allá de hacer alguna foto a alguno de los molinos eólicos y sobre todo a los montones de cactus que hay. Luego, durante un tramo el camino va paralelo a la vía del tren que se dirige a Puerto Bolívar para transportar mineral.
Durante las siguientes horas se va recorriendo un terreno complejo con grandes planicies sin ninguna vegetación que pueden ser peligrosas si llueve o si hay humedad en el terreno, y en las que parece que es fácil que el vehículo se quede atascado en el terreno si está blando.
Luego otras zonas parecen como más desérticas y están llenas de cactus y arbustos.
También se recorren varias bahías, como la bahía Honda.
No hay carretera. Es ir siguiendo las rodadas de otros vehículos que anteriormente pasaron por el mismo lugar.
En todo este tramo se empieza a encontrar uno a niños más o menos pequeños, pero también adultos, sosteniendo los extremos de una cadena a cada lado del camino. Y éstas ya no se pueden pasar sin más. Unas son más gruesas que otras, e incluso las vimos con candados. Ahí ya hay que parar y entregar o botellas de agua, panela, galletas, o lo que quiera dar cada uno. Y es un no parar. En algunos tramos llegué a contar hasta 5 o más cadenas en una distancia de 50 m o inferior. Y el conductor te va diciendo a quién hay que entregar algo y a quién no, dependiendo de cuando fuera la última vez que se hizo.
Llegamos a media mañana a las Dunas de Taroa, donde comimos en primer lugar en un restaurante al pie de las dunas. Elegí pescado asado en papillote, que también estaba bien.
Luego, al subir a la duna, la vista es espectacular, porque cae hacia el otro lado con mucha pendiente hasta el mar. Ahí se puede alquilar una tabla para deslizarse duna abajo hasta el agua. Ahí había tiempo libre para bañarse, pero como digo la pendiente era muy fuerte y por otro lado no me hubiera bañado en mar abierto. Además, desde lo alto se contemplan km de costa.
Salvando las distancias, los paisajes del Cabo de la Vela y de las Dunas de Taroa podrían recordar en cierta manera a paisajes de Cabo de Gata en Almería o de las islas de Lanzarote y Fuerteventura.
Ya por la tarde fuimos al Mirador de Casares, sobre la Bahía Hondita, y por último hasta el Faro de Punta Gallinas, que es el lugar más septentrional de Colombia y de toda América del Sur.
Para dormir nos llevaron al Hospedaje Alexandra, junto a la Bahía Hondita. Las habitaciones en cabañas, que en este caso eran construcciones de cemento o similar, si no recuerdo mal. Este alojamiento no me gustó mucho por la desorganización en el restaurante. Tardaron mucho tiempo en servirme la cena y el desayuno, y todo porque en ese momento no estaban todas las personas del grupo. Además, lo que pedí de cena, arroz con camarones, no me gustó demasiado. Me pareció que estaba como aguado.
Lo mejor sin duda, la ubicación. Se podían hacer bonitas fotos al amanecer.
Día 3: Punta Gallinas - Riohacha
Día muy largo para deshacer el camino a Riohacha. Presenciamos un accidente grave, en el que un vehículo con varios ocupantes había volcado al ir a gran velocidad y estar el suelo húmedo. Debió derrapar (como si estuviera helado el suelo) y dar vueltas de campana. Cuando pasamos por el lugar había bastantes coches parados y estaban atendiendo a dos de los ocupantes del coche que estaban tumbados en el suelo.
Al margen de esto, hicimos la parada en Mayapo, a menos de una hora de Riohacha, para parar a comer en el restaurante de Playa Isaashi. Fue el mejor almuerzo del tour (también con algunas moscas, pero menos) y en mi caso tomé un plato que era cojinúa en escabeche con salsa de coco, arroz de coco y patacón.
Tras eso, algunas personas se quedaron alojados en Mayapo para hacer un tour un poco más largo y otros volvimos a Riohacha.
En general el tour bien, sobre todo los paisajes de Cabo de la Vela, Dunas de Taroa y el camino entre estos dos lugares. De lo que menos:
- la acumulación de basura, sobre todo de plásticos
- el tema de los peajes de los wayuu ofreciendo alimentos me generaba ideas contradictorias: por un lado se podría considerar mendicidad, sobre infantil al ser los niños los que más están en estos peajes, pero por otra parte está claro que este pueblo tiene bastantes problemas, como escasez de agua debido a las lluvias insuficientes y el clima desértico, la desnutrición y la mortalidad infantil, la falta de infraestructuras y la escasez de acciones por parte del gobierno para combatir estas situaciones, conflictos por los recursos del territorio, economía precaria basada en la artesanía y el pastoreo (lo que más abundan son las cabras). Cobrar en forma de comida puede ser por paliar los problemas anteriores o también porque consideran que estás atravesando un territorio que los wayuu consideran sagrado.
No veo muy factible hacer este recorrido por libre, ni tampoco tengo claro que no haya problemas si no llevas alimentos.