Explicar cómo puedes pasar un día sólo en un desierto helado de un país "desconocidamente familiar" podría ser una tarea muy larga de explicar. Pero lo que puede parecer una locura o la antítesis de unas vacaciones de sol, playa, gente y fiesta, se han convertido en uno de los viajes en los que más he disfrutado.
Un par de meses antes ni se me había pasado por la cabeza hacer un viaje semejante: recorrer medio Estados Unidos en coche, sólo y en invierno. Pero está demostrado que no sabes dónde te puede llevar el destino (e internet)
Todo comenzó un día de esos prenavideños, en los que, por culpa del mal tiempo del norte de este país llamado España y esa vorágine consumista en la que se han convertido esas fiestas, se te da por ojear en la red a dónde te podrías escapar en los días de vacaciones que te han quedado pendientes del año que termina, y que debes gastar antes de Semana Santa "por orden de la empresa donde trabajas". Mi profesión de arquitecto me pide a veces un destino urbano donde pueda disfrutar con lo que otros considerarían "ver casitas". Por ese motivo incluí Brasilia en un anterior viaje a Brasil, para compensar tanta caipirinha...
Tras ver varios destinos apetecibles, me topé con una buena oferta de vuelo a Chicago en marzo. Para un arquitecto, Chicago es un "Must", así que no me lo pensé mucho: los 15 días de vacaciones que me quedan me voy a Chicago.
Tras el arrebato consumista, llega la reflexión: quince días está bien, pero incluso para mí puede ser algo excesivo. Necesito algún destino complementario, salir de la ciudad, naturaleza en estado puro: Yellowstone.
¿Yellowstone? ¿En invierno? pero si ya en Chicago te vas a congelar ¿y quieres subir a la montaña? ¿y en coche? Me decían. Estaba claro que nadie en sus cabales me querría acompañar, así que decidí que iría sólo. Ya se arrepentirán.
Esos días de Navidad me informé todo lo que pude y preparé todo lo necesario para el viaje. Vuelos, reservas de hoteles, coche, trámites, excursiones, entradas, todo. Sabía que pasados esos días, mi trabajo podría dejarme poco tiempo para prepararme, así que adelanté todo lo que pude: el 1 de marzo viajaba a USA.
Prevenido de los gélidos inviernos americanos un asalto al Decathlon para hacer acopio de ropa ligera pero que caliente es imprescindible. Un mapa con la ruta a seguir (a ser posible con GPS de casa) y una lista de cosas que se pueden ver por el camino, que de otra forma no podrías ver; y mentalizarte que por muchos kilómetros que vayas a recorrer, son muchos más lo que quedarán grabados en tu memoria.