EL TREN DE PINGXI
Al día siguiente quedamos a las 9 para coger de nuevo el metro, linea amarilla y luego roja, hasta la Main Station, donde cogimos un tren hasta Badu.
Tanto el metro como el tren a Badu estaban llenos. Es en estos lugares donde ves cómo es la gente. Una cosa que me llama la atención es que en Taiwan es muy frecuente la estética "teenager". Hay muchas chicas vestidas de "Lolitas". En las mochilas y bolsos ves muchos muñequitos colgando del asa: ratitas, culebritas, ositos, leoncetes, etc. Vi a un chico que llevaba atado al cinturón un llavero de la pantera rosa de dimensiones gigantescas: Si la cabeza de la pantera estaba a la altura de su cinturón, los pies le llegaban a la altura de las pantorrillas. Todo un "panterón rosa". Los colores claros como rosa y azul celeste son los dominantes, pero no sólo en el atuendo de la gente, sino también en la televisión en general dominan estos colores... incluso en los programas de noticias. Muchas cosas tienen una estética 'infantil'... o al menos eso me pareció a mí.
Otra cosa que me llamó la atención es la cantidad de gente que lleva mascarilla. Especialmente en Taipei y sobre todo en los sitios públicos donde hay mucha gente como los trenes, autobuses, museos, estaciones, aeropuertos, etc. Pregunté a varias personas la razón de ésto. Tom me dijo que era por el temor provocado por los recientes brotes de gripe aviar que ha habido en China. También ha habido alguna víctima en Taiwan. Luisa me dijo que era gente que estaba pasando por una gripe (no necesariamente aviar) o catarro y no quieren contagiar a otros o viceversa: no quieren ser contagiados por otros. Otros me dijeron que era por la contaminación. Aunque a mí me parece que hay la misma contaminación que en cualquier ciudad europea. Yo creo que hay algo de "paranoia" (por llamarlo de alguna manera...) en esto. Creo que son muy sensibles y muy civilizados en muchos ambientes (como el metro o los sitios públicos). Están muy sensiblizados con el aire, con las cosas que comparten, con el entorno, con la ayuda al prójimo... Y en general se nota. Son agradables, muy amistosos, tranquilos y generosos... excepto en la carretera... Es aquí donde se olvidan de la educación, de la armonía, del aire, de la contaminación (muchísima contaminación acústica especialmente). No sé los datos, pero los índices de accidentes tienen que ser espeluznantes. Los semáforos y los cruces están mal regulados. Las motocicletas lo dominan todo y mal. He visto motos andando por la acera, en dirección contraria en plena ciudad, 4 personas en una scooter (dos padres con sus dos hijos pequeños entre ellos. Los padres con casco los niños sin él). El peatón está en clara situación de desventaja (en las ciudades yo me he sentido más seguro sobre la bici que caminando) y tiene que tener muchísimo cuidado al cruzar cualquier carretera. Sobre ruedas no hay ni Buda, ni Zen, ni armonía, ni educación. Los taiwaneses muestran su lado más oscuro en la carretera.
En fin: que me voy por las ramas. A lo que iba: En la estación de Badu cambiamos para coger el tren de Pingxi, que sale desde ahí aunque lo interesante del recorrido comienza en la población de Ruifang a partir de donde comienza a seguir el curso del río Keelung, serpenteando por entre las montañas.
Cuando coges un billete de turista para este tren, puedes subir y bajar en las distintas estaciones del trayecto utilizando todo el rato el mismo ticket, así que no hay que preocuparse de esto.
La primera parada y posiblemente la más interesante se hace en el pueblo de Shifen, cuya calle principal, "The Old Street" curiosamente se sitúa junto a las vías del tren y a la estación. Nada más llegar aquí, me llamó la atención la estatua que hay en honor al minero, situada antes de un puente en suspensión para cruzar el río.
Monumento al minero
Había bastante gente. Eran alrededor de las 12 del mediodía y decidimos comer algo, así que entramos al primer sitio que vimos. Un sitio chinísimo, en plan tasca, muy rústico, en el que servían comidas.
Fuera la temperatura superaba los 30ºC y dentro del lugar, con las cocinas, el calor era tal que hasta las moscas pedían misericordia. Pedimos unos noodles con carne de ternera y unas espinacas al ajillo. Probé y picaban que se mataban ya que había guindilla... por si acaso teníamos frío... para entrar en calor.
- ¿Y qué quieren para beber?
- ¡¡Agua...!! ¡¡Agua por favor!!... ¡¡'Aqua Fontis Purissima' embotellada y precintada!!
Tom, al verme comer, me dijo:
- Tus maneras en una mesa china son vergonzosamente barbáricas.
- ¿Y qué quieres que le haga? A mí no me han educado para comer con palitrokis. Y la cuchara para la sopa de los noodles es tan profunda que no te queda más remedio que sorber la sopa, haciendo el consiguiente ruido. Simplemente nuestras maneras son distintas ya que he observado que, como los palillos son bastante inconsistentes, los chinos tienen que acercar el cuenco de los noodles a la cara. En fin... que bastante hago consiguiendo terminar todo el plato y disfrutar de la comida taiwanesa, que es realmente buena.
Salimos del lugar y comenzamos a caminar a lo largo de la calle principal, junto a las vias. Esta calle está llena de tiendas de souvenirs, artesanías, etc y - como no - las famosas linternas. En estos pueblos es famoso el Festival de Linternas de Pingxi, que se celebra dos semanas después del Año Nuevo chino. Pero durante el resto del año, en algunas tiendas lo que se hace es vender linternas, En la superficie de la linterna, la gente escribe oraciones pidiendo buena suerte, poemas... o lo que se les ocurra. Estas linternas funcionan como pequeños globos de aire caliente que, con keroseno, se les enciende para que suban al cielo.
En Shifen hay una oficina de turismo en la que se expone un documenal de unos 10 minutos en inglés explicando la historia de la zona, desde el descubrimiento de las minas de carbón en el siglo XIX hasta la desecación de sus vetas en los años 80. Proseguimos caminando por la calle principal del pueblo, saliendo de este y caminanddo durante unos 20 minutos hasta encontrar la catarata de Shifen. Para ir a verla hay que pagar ya que está en zona plrivada. Es una zona muy tranquila.
Continuamos más adelante, subiendo un poco por la montaña hasta llegar a una pequeña avenida con un conjunto escultórico en el que hay un Buda sentado en frente, con dos pequeños elefantes y a los lados de la avenida, flanqueándola, esculturas de los 18 arhats de Buda.
Volvimos sobre nuestros pasos para regresar a Shifen donde coger el tren para continuar su trayecto, pero lo perdimos delante de nuestras narices. Había que esperar una hora hasta el siguiente tren, así que decidimos caminar, cruzando el puente en suspensión cercano a la estación hasta el siguiente pueblo de la ruta. Ibamos por la carretera, osbservando las vistas del pueblo y la montaña. Desde el pueblo subían las linternas, con sus oraciones, sus deseos y sus poemas escritos. Iban por el aire, volando, planeando y bajando para posarse en las faldas de la montaña de atrás, que estaba repleta de linternas, llenas de buenos deseos y palabras bonitas ahí, tiradas, entre los matojos. En fin, que lo que tan bonito parece desde el pueblo es en realidad un auténtico patadón ecológico.
Llegamos a una parada de bus y al cabo de pocos segundos venía uno que, por suerte, iba a Pingxi. Allí nos subimos. Al cabo de 10 minutos nos dejó en el pueblo, que no tiene gran cosa: Una calle principal, otra vez al lado de las vias del tren y ya está. Llegó el tren y lo cogimos para ir a último pueblo de la ruta, Jingtong, cuya estación es completamente de madera. Nuestra intención era ver el Museo de las minas de carbón, pero al llegar se puso a llover fuertemente.
Minero esperando en la estación de Pingxi:
Andábamos justos de tiempo así que decidimos regresar a Taipei, ya que hay que realizar varios cambios de linea y se tarda bastante. Tanto es así que, viendo que no nos daba tiempo de llegar al comedor de la Universidad a las 6.30, en Taipei Main Station decidimos salir y visitar el centro cultural llamado Huashan 1914.
El Parque Creativo Huashan 1914
Tal como se explica en su página web ( www.huashan1914.com/en/story.html ), hacia mediados de los años 90 los miembros de un grupo de teatro descubrieron que en el centro de Taipei, y cerrado al público, había una gran fábrica abandonada a la que describieron como "una ciudad dentro de una ciudad". Construída en 1914, la fábrica estaba entre las más importantes productoras de vino de Taiwan en los años 20. Pero estuvo abandonada durante largo tiempo.
El grupo de artistas restauró una pequeña parte del recinto y comenzaron a hacer algunas sesiones y funciones de teatro. El carácter experimental de sus interpretaciones trajo la atención de la comunidad... así como de las autoridades que, viendo que eran unos "okupas", les cerraron el chiringuito . Pero el proceso era imparable. Más y más artistas fueron atraídos por los amplios espacios, abundancia de luz natural y altos techos de la construcción. Posteriormente, artistas consagrados de Taipei comenzaron también a utilizarlo para sus propósitos artísticos. Es un lugar que suscita gran inspiración artística.
Así pues, en 1999 se creo una Asociación para la Reforma Cultural de Taipei (una organización sin ánimo de lucro) para estudiar la posibilidad de restaurar y convertir la vieja fábrica en un auténtico centro artístico, cuyas obras comenzaron en el 2005. Huashan 1914 hoy es el principal centro de artes creativas de Taipei en el cual se celebran gran cantidad de actividades culturales.
Huashan 1914 (foto prestada de internet, que no conseguí sacar una foto decente del lugar):
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Lo cierto es que es un sitio muy agradable. Paseamos por entre los distintos pabellones y pudimos comprobar que en en la mayoría de ellos se estaba llevando a cabo alguna actividad: Instalaciones, exposiciones, algún seminario, etc, etc... Hay además en el recinto varios restaurantes. Cenamos en una pizzeria que hay por ahí. Curiosamente, he de decir que la cena para dos en esta pizzeria me costó más o menos lo mismo que la cena para dos en el puerto de Kaohsiung, con la diferencia de que en Kaohsiung comimos marisco y pescado -eso si en un sitio un tanto rústico- y aquí pizza en un sitio mas "glamouroso". Es lo malo que tiene ser "guay", "cool" y "trendy": Que hay que pagarlo. Aún así, el precio no fue superior a lo que se paga en una pizzería en España.
Tras la cena fuimos a la estación de metro para regresar a la Uni. El próximo dia iba a ser mi último día en Taiwan.
