Volamos de Roma a Catania con Vueling, nuestra idea inicial era llegar a comer a Siracusa por lo que cogimos billetes para el vuelo que salía alrededor de las 11 h. de Roma, pero Vueling, el viernes a las 12 de la noche nos informó de la cancelación de nuestro vuelo y nos indicaban que nos devolvían el dinero o podíamos coger otro diferente. Imaginaros mis nervios al leer el sms ya que teníamos los apartamentos reservados en Siracusa y Catania, pero bueno, tuvimos la suerte de que en el vuelo posterior, a las 14 h., quedaban 3 plazas vacantes, así que pudimos reservar para los dos, con la resignación de que no íbamos a poder aprovechar ese primer día como habíamos planeado. Y menos que lo pudimos aprovechar ya que salimos más de una hora tarde por problemas de over booking. Al fin llegamos a Catania, cerca de las 17 h., con un calor sofocante que no nos abandonó durante los ocho días que estuvimos en Sicilia y por el que tuvimos que readaptar nuestro planing porque no apetecía nada mover.
El aeropuerto de Catania es pequeño y no supone ningún problema. Saliendo a mano derecha están las garitas donde venden los billetes de los autobuses para diferentes, y numerosos, destinos. Compramos billetes a Siracusa con Interbus, 5,60 € cada uno creo recordar, tuvimos que esperar un rato ya que pasan cada hora y acababa casi de salir cuando llegamos. El trayecto dura una hora y ya en esos momentos nos dimos cuenta de que habíamos hecho genial al no alquilar un coche, íbamos a descansar y el tráfico es infernal y caótico en las ciudades. Alrededor de las 19 h llegamos a la “estación” (es una parada al aire libre) de autobuses de Siracusa y paseando llegamos al apartamento (20 minutos). También está la opción de coger una de las 3 líneas de autobuses eléctricos que recorren toda Siracusa y cuyo billete cuesta 0,50 € para 90 minutos.
Habíamos reservado un apartamento en Homelidays para tres noches, dos personas, 158 €., 100% recomendable. Situación inmejorable ya que está justo a la entrada de uno de los puentes de acceso a Ortigia y una propietaria estupenda que nos dejó en la nevera limoncelo casero muuuyyy frío de bienvenida. Sin deshacer las maletas salimos a comprar lo necesario para el desayuno del día siguiente, lo dejamos en el apartamento y nos echamos a la calle para dar nuestro primer paseo por Ortigia después de una día realmente estresante para mí (odio volar). No tengo palabras para describir mis sensaciones cuando cruzábamos el puente, son … embriagadoras: la luz del atardecer …. los olores …. la brisa del mar …. el paisaje …. Y cuando te metes en el pueblo mmmm esas callecitas estrechas, el ambiente, los olores a pescado fresco, pizza, salsas … dimos un primer paseo de reconocimiento y decidimos sentarnos a cenar en A Putia, en vía Roma,