Nos levantamos con la calma, sin despertador, sin prisas, desayunamos tranquilamente (como nos gusta hacer) y nos fuimos al mercado, imprescindible verlo por el ambiente, los gritos, el colorido …. Compramos fruta, tomates, pepino …. lo necesario para hacer ensaladas para cenar en el apartamento las dos noches que nos restaban en Siracusa, nos gusta hacer las cenas ligeras y los desayunos contundentes. Estuvimos un rato haciendo fotos, llevamos la compra y fuimos a recorrer un poco más concienzudamente Ortigia, menos mal que las callecitas estrechas no dejan pasar mucho el sol porque eran ya cerca de las 13 h. y caía a plomo. Hay que ver Ortigia, pasearla y sentirla, no puedo describirla con palabras.
La fuente de Aretusa, los impresionantes palacios, entramos en el Duomo, 2 €, no os lo perdáis, todavía se pueden ver las columnas del antigüo templo griego, cuando salimos fuimos a comer al restaurante El Duomo, en la misma plaza. Mi compañero de viaje en el avión, un señor romano amabilísimo que no dudó en cogerme la mano en las turbulencias, me recomendó comer aquí los canoli (postre típico siciliano) porque eran muy grandes jajajaja. Pedimos una pizza para compartir, unos tallarines con almejas y un bacalao a la putanesa, una cerveza de 0,6, 1 l. de agua y un canolo todo por 40 € incluido el pan y el cubierto, raciones grandes y comida exquisita.
Pas
Paseíto (corto) para bajar la comida y al apartamento a dormir la siesta ¡¡estamos de vacaciones!!. Por la tarde recorrimos el paseo que bordea la península, vimos la puesta de sol, nos volvimos a meter por las callejuelas recorriendo otras diferentes pero igual de interesantes y cuando se hizo la hora de cenar nos recogimos hasta el día siguiente que habíamos planeado ir a Noto por la mañana y pasar la tarde en la playa de Avola.