Hoy es el día gordo en Jeju: la subida al monte Hallasan, el techo de Corea del Sur. Puedo parecer que soy un exagerado por levantarnos a las 5:15, pero aquí la gente con el tema del monte no tontea, y el aparcamiento solo tiene capacidad para 100 plazas... y hay reserva para 700 personas entre las 5 y las 8 de la mañana.
Dejo aquí el TRACK DE LA RUTA donde detallo más la parte organizativa.
Nos hemos despertado con el WhatsApp lleno de mensajes de gente de España sobre un supuesto golpe de estado que se ha producido esta madrugada. Tiene narices que aquí en Corea te manden alertas al móvil porque hace frío y las carreteras pueden estar heladas, pero por el golpe de estado, si no llega a ser por España, ni nos enteramos. Tras comprobar que en la misma noche se ha liado y se ha resuelto, nos hemos arreglado para subir el monte con nieve y frío, y hemos puesto rumbo al aparcamiento del Seongpanak. Hemos llegado a las 6:15 y ya estaba más de la mitad lleno, y eso que es miércoles. Dicen que el fin de semana es de locos. El problema es que si pillas el parking lleno no te queda otra que irte a la Universidad de Jeju, a 30 minutos de distancia, aparcar y esperar un bus. Además tampoco puedes marear mucho porque para subir a la cima tienes que estar en el último refugio a las 11:30, de no ser asi no te permiten subir. Esto implica empezar a andar como muy tarde a las 8 a buen ritmo.
Con un frío importante, nos hemos preparado y hemos echado a andar con la penumbra del amanecer, siguiendo a un grupo de coreanos que parece que van a subir el Everest. Esta gente, cuando hacen trekking en Europa, deben alucinar. Si para una ruta que está mega preparada, llena de escaleras y tablados, van así de equipados, Qué llevan a los Alpes?
La ruta es súper popular y se nota, porque constantemente ves gente. Son 10 kilómetros de subida, bastante progresiva, con unos 1.200 metros de desnivel. El 80% del recorrido transcurre por bosque, y constantemente se anda sobre nieve. El paisaje es muy bonito y, aunque el acondicionamiento tan salvaje de la ruta le quita algo de naturalidad, está súper bien conservada. Viendo la presión turística que soporta, con más de 1.000 personas al día, hasta me parece un acierto que la hayan acondicionado a este nivel con el fin de preservar el entorno. En latino america e incluso en España, rutas así son un drama de la erosión que sufren y las múltiples sendas que se crean alternativas arrasando con todo. Aquí todo por su caminito y ni fumar se puede. Mis respetos.
En la subida se va pasando por pequeños refugios donde los coreanos se juntan para cocinarse fideos y estirar en grupos sincronizados, para conseguir conquistar el Everest. Van todos con minicrampones, y si bien es cierto que facilitarían el andar, tampoco son necesarios. Exceptuando un grupillo de franceses, somos los únicos occidentales que nos hemos cruzado. Es una maravilla cuando te saludan con sus añoaseó y te dicen un consomidá cuando les dejas pasar. Que idioma tan dulce y bonito.
Los últimos dos kilómetros se sale del bosque para avanzar por la loma. Detrás quedan unas vistas preciosas de la isla de Jeju, y delante la cima de la montaña, que tiene forma de cráter. En esta parte el viento ha comenzao a apretar y el frio se ha hecho más que notar, aun así hemos pillado un día espectacular para subir. La nieve está bastante suelta y, afortunadamente, no hay mucho hielo, por lo que poco a poco hemos conseguido llegar. La cima es bastante bonita: un cráter con un lago helado, todo cubierto de nieve. Hay un árbol conmemorativo y una especie de piedra con letras coreanas que debe ser como los vértices geodésicos en España. Aquí le dan un simbolismo tremendo, porque se ha formado una cola de fácil 50 personas para hacerse la foto.
Después de comer algo en la cima y hacer las fotos de rigor, el frío no nos ha dejado quedarnos más tiempo, así que hemos bajado esta vez por la ruta que llaman Gwaneumsa. Esta ruta tiene 1.300 metros de desnivel negativo en 9 kilómetros, y las vistas son infinitamente más bonitas que en la subida. Se baja hacia un valle con un anfiteatro montañoso a la izquierda con el Hallasan arriba imponente todo nevadisimo. De hacer esta senda de subida psicológicamente debe ser mucho mas dura al ver el monte así. Es perfecta para bajar porque la nieve te deja deslizarte, y la primera parte se hace bastante entretenida. Más abajo, la nieve ha dado paso a hielo, y ahí ya no ha sido tan divertido. Los últimos 4 kilómetros han pesado como una losa porque, quieras que no, el tute de hoy se resiente en las rodillas. Aun así, hemos conseguido llegar al parking de Gwaneumsa pasadas las 14:00, despidiéndonos un pajaro carpintero justo antes de dejar la senda. Hemos tenido condiciones ideales: sol, viento justo, nada de marabunta y la nieve perfecta para darle el toque invernal sin que fuera un sufrimiento. A pedir de boca.
Finalizada la ruta, nos hemos hecho un lío importante para pedir un taxi de vuelta a nuestro coche. Un paisano nos ha orientado, y al final hemos conseguido pillar uno. En el coche íbamos los dos con las orejas y la cara ardiendo del frío que hemos pasado. Ya en el coche nos hemos acercado al templo budista de Gwaneumsa, que también sale en la abogada Woo. El templo es precioso, de los que más nos ha gustado en el viaje: su estanque, su buda gigante, su pasillo lleno de budas, su anfiteatro de budas y los templos con un nivel de detalle por dentro increíble. Lo hacen bonito hasta decir basta. Prácticamente no había nadie. Solo un par de feligreses que nos seguían por los templos haciendo sus rezos, arrodillándose, y una paz absoluta. Me ha encantado el templo. Es un rollo totalmente distinto al budismo en India o Nepal.
Tras el templo, hemos vuelto justo para tomarnos una cerveza en la terraza de nuestro hotel mientras atardecía. Después, nos hemos pegado una ducha para entrar en calor y hemos ido a un restaurante que había leído que es famoso por poner cerdo negro cocido. El restaurante es mega local, ni carta en inglés ni imagenes orientativas. Nos han colocado entre unos coreanos borrachos y unas chicas coreanas, silla con silla. Para pedir, le hemos indicado a la camarera que queríamos lo mismo que la mesa de las chicas de al lado. A todo lo que nos preguntaban en coreano, yo decía "sí" y que sea lo que Dios quiera, hemos venido a jugar, total el google traductor te traduce locuras que nadan tiene que ver. La mujer me decía que hablaba inglés, pero no le entendía un carajo a lo que me decía.
Nos ha traído un trozo de cerdo negro cocido de más de medio kilo con sus acompañamientos: ajo, kimchi, soja, tofu, salsa picante, cebolletas, queso raro... La mujer nos ha ido cortando los trozos y enseñándonos cómo comerlo. Aquello parecía un examen de cómo usar los palillos, y me he puesto tan nervioso que al principio no daba una. Belén ha suspendido por usar la cuchara, mientras la mujer le decía "OK" con la mano y una sonrisa eterna tras la mascarilla. Al final nos ha enseñado a hacer "tacos" de cerdo con hojas de lechuga y nos ha dejado que nos apañemos solos, acompañados de soju y cerveza Cass. Buenísimo.
Cenados, nos hemos paseado por el mercado de Seogwipo. El mercado está bastante bien, y el protagonista absoluto es la mandarina. Todo es de mandarinas, y los puestos de comida callejera los hemos fichado para mañana. Un paseo por el mercado probando dulces de mandarina envueltos en pastel de arroz, foto en el fotomatón ambientado de rigor, y para casa a descansar, escribir un rato el diario y morir.
Hoy, ha sido un día duro sobre todo por el frio y el sol. Aunque hiciera -10 grados el sol cayendo constante se hace duro y te pela los labios en un momento. Al menos el alojamiento la cama es de reyes y mal se tiene que dar para que durmamos mal.