Después de un profundo sueño, nos despertamos con los primeros rayos de sol que consiguen llegar hasta nuestras tiendas y con el recuerdo de la música y los bailes de la noche anterior. Aún no hemos terminado de desayunar y aparecen los primeros Baka invitándonos a acompañarles en busca de miel.

Hay dos cosas que vuelven locos a esta gente, la miel y el tabaco. Si eres fumador y vas de visita a un poblado de pigmeos, procura fumar a escondidas, porque como saques un paquete de cigarrillos, te vas a encontrar rodeado de Aka pidiéndote un cigarro y vas a ver cómo te desaparece rápidamente el paquete entero.
No se trata de que sean especialmente “gorrones”, son sus costumbres, para ellos, compartir es una forma de vida, todo se comparte, no existe el concepto de propiedad privada tal como lo conocemos nosotros, si alguno caza un animal, el único privilegio que tiene, es el de escoger la mejor parte del animal, pero a partir de ahí, todo es de todos. Así que para ellos, es normal que si uno tiene tabaco, lo comparta con el resto.
Terminamos el desayuno y nos apresuramos a unirnos al grupo de Baka que van a entrar más adentro de la selva en busca de su otra pasión, la miel. Para ellos, la miel es una exquisitez y si para conseguirla hay que andar todo el día, pues se anda. Así que nos unimos al grupo y empezamos a adentrarnos más y más en la selva. Por el camino, vamos encontrando frutos, que los Baka recogen y nos dan a probar, algunos de ellos, sencillamente exquisitos, otros no tanto.
Después de un par o tres de horas de andar, llegamos a un Bai o claro en la selva, parcialmente empantanado en agua y vemos que empiezan a entrar en una especie de actividad febril. Unos cortan lianas que van a usar como cuerdas, otros, empiezan a fabricar un cesto que utilizarán tanto para subir brasas hasta lo alto del árbol donde se encuentra el panal, como para luego, bajar la miel recogida. Para esta gente, no es necesario tener prácticamente nada, con un machete son capaces de sobrevivir en la selva tranquilamente, cualquier otra cosa que necesiten, la fabrican en el momento en que la necesitan, ¿para qué acarrear peso si cuando llegues a sitio ya podrás fabricarte lo que necesites? Ríete tú de McGyver.

Mientras, nosotros nos sentamos a mirar cómo se van preparando. Y cuando la sed aprieta, uno de los Aka, busca una liana, la corta y de ella sale un agua cristalina que bebemos ansiosos.
Una vez terminados los preparativos, el más experimentado de los Aka, empieza a encaramarse por el tronco del árbol, utilizando un arnés que se ha fabricado con lianas hasta llegar a la parte más alta del árbol, donde se encuentra el panal.

Llegado cerca del panal, sube mediante el cesto que han fabricado antes, un montón de brasas humeantes, que pasea por delante del panal y cuando le parece que las abejas ya han ido saliendo, tranquilamente mete la mano en el panal y empieza a sacar panes de miel que va colocando en el cesto.

Si las abejas le pican o no, no tengo ni idea, pero él se encuentra allá arriba, a unos 30 metros del suelo, encaramado en una rama mientras va sacando la miel y las abejas zumban a su alrededor, que no se caiga o que las abejas no le cosan a picotazos es uno más de los misterios de la selva. A saber qué es lo que ocurre allá arriba realmente.

Finalmente, el cesto lleno a rebosar de panes de miel, baja hasta donde estamos nosotros y podemos catar una miel como no la hemos probado nunca antes.