Hoy deberíamos de estar camino de casa, pero como ampliamos un día más nuestra estancia en el camping todavía nos encontramos en tierras aragonesas.
Nos tomamos este último día con calma, por la mañana después de desayunar dejamos a los peques que jueguen con sus amigos y disfruten de las actividades para niños que organizan los monitores del camping (pasan allí todo el día y lo hacen siempre con una sonrisa en la cara).
Cuando están de vuelta nos subimos al coche para buscar por la A-138 un buen sitio para bañarnos en el Cinca. En días anteriores habíamos visto al pasar varios aparcamientos para dejar el coche y poder bajar al río, particularmente uno desde el que se accedía a una zona con unas pozas muy chulas. Paramos ahí, todavía encontramos mucho sitio.
A diferencia de los ríos gallegos, estos ríos de montaña tienen el fondo de cantos rodados, en verano para acceder al agua hay que recorrer un trecho del cauce que va seco (en primavera, con el deshielo, el caudal tiene que ser impresionante). Nos damos un chapuzón y nadamos un poco para entrar en calor porque el agua está muy fría, ¡Animo valientes!. Pasamos un ratito secando al sol ya que nos hemos olvidado en el camping la bolsa de playa con las toallas.
Después del baño refrescante nos vamos a Aínsa, volvemos a la parte antigua por las ya conocidas escaleras y en la misma tienda en la que unos días antes los niños habían comprado sus cajas de música nos dejamos 60 euritos en recuerdos para el resto de la familia.
Teníamos pensado una tortilla de patatas de menú, como en el súper hay que comprar una bolsa de 3 kgs de patatas y nos sobran mucho decidimos utilizar una antigua receta para vagos de tortilla de patatas con patatas de bolsa.
De vuelta en el camping nos hacemos la tortilla en un santiamén, después del postre siesta y tarde de piscina. Después de cenar recogemos todo lo que no resulta indispensable para que mañana podamos terminar rápido y salir lo antes posible que nos queda una larga jornada de carretera.

