Por fin llegó agosto.
Llegamos a las 15h de la tarde en vuelo directo desde Tenerife. El viaje una maravilla, pudimos ver toda la costa de África, el estrecho, Gibraltar con su peculiar aeropuerto, los plásticos de Almería y ¡por fin las Baleares!
Hace mucho calor y mucha humedad, 35° que parecen más. Nada más salir de la terminal de llegadas vemos el minibus de Híper que nos lleva a la oficina a recoger nuestro coche. No está lejos y la gestión es rapidísima, nos dejan elegir silla de bebé en la oficina, la instalamos y rumbo a la villa donde nos esperan nuestros cuñis que también acaban de llegar.
La villa es preciosa, en la campiña mallorquina, de estilo tradicional y con una piscina perfecta para refrescarse. Es antigua, pero bien conservada y decorada con muchísimo gusto y lo más importante con este calor, tiene aire acondicionado. Se encuentra en las afueras de Llucmajor y se puede respirar la tranquilidad de la zona al instante, solo escuchamos algún gallo, algún burro y alguna oveja balar.
Nos pegamos un chapuzón rápido en la piscina y nos vamos a la compra, esta noche vamos a encender la barbacoa y cenar en el porche.
Las vacaciones empiezan bien, excepto por los mosquitos que ya me tienen abrasada