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Picos de Europa 2019 -Diarios de Viajes de España- Lou83
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Diario: Picos de Europa 2019  -  Localización:  España  España
Descripción: Viaje realizado por Cantabria, León y Asturias en julio de 2019
Autor:    Fecha creación: 
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Etapa: Día 1 - De Mallorca a Barcelona  -  Localización:  España España
Fecha creación: 12/08/2019 07:31  
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7 de julio de 2019


Van a ser dos semanas de viaje, tengo tendencia a la verborrea escrita y esto no es ni siquiera la etapa cero, si no más bien la etapa doble-cero. ¿Seré capaz de comenzar este nuevo diario sin que el número de párrafos se me vaya de las manos? Lo voy a intentar, pero temo la respuesta.

Está siendo un julio de los que intimidan en Mallorca. Aunque la ola de calor haya abandonado los medios de comunicación hace ya varios días, en la isla los termómetros han continuado agarrándose a los 38, 39, e incluso temperaturas superiores a los 40 grados cuando permanecían al sol. Y por si fuera poco, en las fechas más recientes una humedad que parecía habernos dado una tregua ha reaparecido provocando así el combo perfecto, la joya de la corona, el heraldo que trae consigo un agobio y abatimiento del que es difícil escapar: El Bochorno.

¿Qué tiene que ver esto con un diario de viaje? Pues más de lo que parece. Y es que hoy empiezan las desventuras para huir, durante dos semanas, de ese implacable calor. Volvemos a una zona que se ha erigido como nuestra Tierra Prometida, esa a la que huiríamos cada verano de ser posible... y cuidado, ya que las últimas novedades en nuestra vida profesional podrían allanar el camino para ello. Pero por ahora nos conformaremos con pasar unos días por la zona en condición de turistas: volvemos a Asturias y, ya de paso, nos adentraremos por primera vez en Cantabria. Amenazas de lluvias y temperaturas máximas de 25 grados son conceptos que tal y como están las cosas, nos hacen la boca agua.

Hace dos años visitamos el Principado por primera vez llegando hasta él en avión y alquilando un coche para recorrerlo. Un año después, nos acercamos a Huesca llevando nuestro propio vehículo a la península vía Barcelona. Si metemos las dos experiencias en una coctelera y agitamos fuerte, se podría decir que del vaso saldrá lo que nos proponemos vivir esta vez: transportar nuestro coche hasta Barcelona metido en un barco de Baleària y desde allí conducir durante nueve horas hasta nuestra primera parada en tierras cántabras.

Y así llegamos a esta mañana de domingo, en la que mi Renault Modus sale del garaje a las 8:00 rumbo al puerto comercial del Port d'Alcúdia, al norte de Mallorca. Y en su interior no van dos personas si no una sola: abordando el problema de que L sea propensa a marearse al navegar y que los billetes de barco son más caros que los de una compañía aérea low-cost, solo yo me moveré por mar mientras que ella lo hará por aire esta misma noche, llegando a Barcelona con apenas dos horas de diferencia.

A las 9:00, tras una hora de carretera en compañía del último programa de la temporada de Nadie Sabe Nada, alcanzo la entrada de vehículos del puerto donde tan solo hay otros dos coches esperando. Tras presentar mi tarjeta de embarque y confirmar que está todo en orden solo queda esperar a que den luz verde al embarque. Aunque las instrucciones de la compañía naviera son de personarse 90 minutos antes de la hora de salida para los pasajeros que lleven su vehículo no es hasta las 10:00, a una hora de zarpar, cuando la rampa nos recibe con brazos abiertos. Esta vez soy de los primeros en subir a bordo, dejando para el final a los coches que bajarán del buque en la temprana escala que el navío tendrá en la ciudad menorquina de Ciutadella.


Que empiece el show...

Con el coche ya aparcado en la cubierta 6, subo hasta la cubierta 7 donde me espera la sala de Butacas Sirena. Confirmo lo que venía esperando: el barco está impecable, como nuevo, y es que este Hypatia de Alejandría parece que es uno de los navíos recién estrenados por la compañía. Cada asiento cuenta con dos enchufes USB y uno tradicional así como entrada de auriculares para el entretenimiento a bordo que se proyecta en una televisión en la pared a la que apuntan todas las butacas.


El patio de butacas

Paso los primeros cinco minutos prácticamente solo, sin nadie más que haya subido a esta planta. La sala de butacas está estrategicamente ubicada junto a una cafetería y, echando la vista atrás, la terraza de la cubierta 7. Y en dicha terraza espera una ventanilla -ahora cerrada- con el título de "Barbacoa", un buen puñado de tumbonas de jardín y, lo que más llama la atención, dos bañeras de hidromasaje cuya agua, según puedo comprobar, ahora mismo está fría. Mi bañador se ha quedado en una de las bolsas del abarrotado maletero del coche, así que será la última vez que toque ese agua.


La cafetería junto a las butacas...


... y la terraza tras ellas

A los cinco minutos se termina la tranquilidad, y es que empiezan a entrar en la sala un puñado de adolescentes en lo que a todas luces parece un viaje de fin de curso. Muchos de ellos pasean pulseras y camisetas del "Mallorca Island Festival", una suerte de viaje organizado para cursos que han terminado el bachillerato. Vienen acompañados del alboroto y revuelo hormonal propio de su edad, aunque viendo el lado positivo de las cosas, podría haber sido mucho peor y parecen respetar al resto del pasaje.

Dan las 11:00 y el buque se empieza a mover, dando así comienzo a las largas nueve horas y media que acabarán con nosotros en Barcelona. Con una temperatura exterior que ya supera los 35 grados, no queda más remedio que pasar la mayor parte del viaje refugiado en el aire acondicionado del interior alternando lectura, series, películas o música, según lo que cada cual haya traído para su gozo y disfrute y así no volverse loco durante la travesía. Yo aprovecho las circunstancias para dar el último empujón a un objetivo que me marqué hace ya algo más de tres meses: leer toda la saga literaria de Harry Potter en inglés. Enciendo mi Kindle y sigo leyendo el último tomo, Harry Potter and the Deathly Hallows, con la perspectiva de haberlo terminado cuando salga del barco.


Hasta otra, Alcúdia

Son las 14:00 cuando ya hemos abandonado la escala en Ciutadella, he leído un par de capítulos, he almorzado un hojaldre de tomate y un perrito caliente que compré ayer en Lidl y me he echado una intermitente cabezada patrocinada por las dos pastillas de Biodramina sin cafeína que me he tomado media hora antes de zarpar. Aunque la butaca se esfuerce en ser cómoda no es apta para pasar nueve horas con el trasero encajado en ella, así que empiezo a explorar toda la zona visitable del barco para acabar concluyendo que la cubierta 5 es el lugar en el que quedarse. Se concentran aquí los acogedores sofás, mesas y sillas del restaurante, una pequeña sala de butacas junto a ella y dos terrazas en sendos laterales del barco, ofreciendo muchas mejores vistas que las de una cubierta 7 abarrotada de gente tomando el sol y cuya principal panorámica consiste en coches aparcados y la inmensa chimenea junto a ellos.


Nuestro efímero paso por Ciutadella


Y a partir de aquí, solo el Mediterráneo

A las 18:00 llego al último párrafo de JK Rowling y paso a ser un Potterhead de pleno derecho, dejando para más adelante la misión de maratonear las ocho películas, leer el guión de la obra de teatro y ponerme al día con la nueva saga de Newt Scamander. Con el libro electrónico de nuevo en la mochila, mi enésimo paseo por el barco me lleva a una cubierta 7 en la que ha comenzado un espectáculo de magia que me hace ver la posibilidad de tirarme por la borda con renovada ilusión. Vuelvo al restaurante, mi espacio favorito, para sacar por primera vez de la mochila el portátil y escribir estos primeros párrafos. Para este viaje el objetivo es volver a casa con los textos y fotos del diario de viaje prácticamente terminados, ya que a mi vuelta me esperan unas semanas algo ajetreadas debido a que estaré estrenando un nuevo puesto de trabajo. Son las 18:45 y por mis auriculares bluetooth suena Jamiroquai a todo volumen para amortiguar los llantos de un bebé que, a una mesa de distancia de la mía, empieza a desear salir de esta jaula flotante tanto como yo.


Tantas horas dan para ponerse artístico


El restaurante, ahora vacío

Salgo al exterior esperando seguir viendo agua y más agua, pero para mi sorpresa la costa de Barcelona ya es perfectamente distinguible. Veo la Montaña de Montjuïc tras las grúas del puerto y la silueta del Hotel W tras el efecto borroso del polvo en suspensión de un mes de verano. El barco ya ha reducido la marcha para acercarse lentamente al puerto, pero por mucho que aminore todo parece indicar que llegaremos mucho antes de las 20:30 programadas. Y así es, ya que gracias a que apenas somos 20 coches en el parking más superior y que no hay que desalojar antes el resto de plantas, a las 19:30 ya estoy encendiendo el motor y enfilando la rampa que me devuelve a tierra firme. Según lo acordado con mi hermano, me dirijo a la Estación Marítima para en una parada rápida encontrarlo y que suba con su familia al coche, pero me encuentro unos conos que impiden entrar en el pequeño aparcamiento y, con tal de no dar vueltas por la Plaça de Drassanes sin saber dónde parar, instintivamente enfilo la entrada al parking del World Trade Center.


Barcelona asoma


Carrera sobre el mar

Los 20 minutos que dejo el coche aparcado esperando a encontrarnos me cuestan 1,20€, y a las 20:30 tras dejar el coche en el aparcamiento de mi hermano estamos ya en casa de mis padres esperando a que L llegue en autobús desde el aeropuerto dentro de hora y media. Tiempo de sobra para echar una partida de dominó en familia con la inestimable compañía de dos ventiladores que palían el tremendo bochorno que Barcelona y Mallorca tienen en común estos días.

Son las 23:00 cuando estamos cenando ya con la vista puesta en el inicio del viaje mañana a primera hora. Una ducha, un poco de charla familiar, y a descansar para enfrentarnos con frescura al buen puñado de kilómetros que nos esperan mañana. Tras ellos, la promesa de un clima mucho más soportable.
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Ver Etapa: Día 1 - De Mallorca a Barcelona




Etapa: Día 2: De Barcelona a Cantabria  -  Localización:  España España
Fecha creación: 12/08/2019 07:39  
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8 de julio de 2019

Venga, al lío. Estando ya en la península, se acabaron los barcos y damos paso a la carretera. El día de hoy vuelve a ser una etapa preliminar, en esta ocasión para consumir los casi 750 kilómetros que separan Barcelona de la que será nuestra primera parada del viaje al oeste de Cantabria.

Desayunamos, nos duchamos, asistimos al ritual de creación de bocatas de "La Lola" -popularmente conocida como mi madre- y son las 9:00 cuando enfilamos ya las escaleras del garaje que mi hermano me ha cedido amablemente para que mi coche no pasara la noche en plena calle. Podríamos haber salido antes pero hemos preferido evitar el tráfico que la salida de la Ciudad Condal podía presentar un lunes laborable a primera hora.

En apenas un par de giros estamos ya enfilando la salida de la ciudad por la Gran Vía y hemos establecido en el móvil la ruta hacia Lleida. Con margen de tiempo para el recorrido que nos espera y el objetivo de abaratar costes, nos hemos fijado como misión hacer todo el trayecto de hoy sin pisar una sola autopista de peaje. La diferencia entre hacerlo o no es de poco más de una hora y en cambio la sangría de desembolsos que supone coger todas las vías de pago de aquí a Cantabria, a ojo de buen cubero, parece superar los 60 euros.

Irónicamente en un viaje cuya principal misión es la de huir de los calores del Mediterráneo, nos acompaña una tormenta de verano ya desde nuestro paso por L'Hospitalet de Llobregat. Una hora después de ponernos en marcha hacemos nuestra primera parada en Ódena, junto a Igualada. Aquí se encuentra una de las estaciones de servicio más económicas de la cadena bonÀrea. Dada la notable diferencia de precio del combustible entre Catalunya y Baleares, ya hemos sido previsores durante las semanas anteriores para llegar aquí con el depósito más escaso posible y así rellenarlo ahorrándonos unos buenos euros. Son las 10:00 y seguimos la marcha.

A las 11:00 hemos pasado de largo Lleida, cuyos puentes sobre la carretera ya no lucen tantos lazos amarillos como hace menos de un año cuando recorríamos estas mismas carreteras rumbo a Huesca. Ha vuelto el calor, que no hace más que aumentar según entramos en Aragón solo 15 minutos después. El primer trozo de N-II huyendo de las rutas de pago viene acompañado de poco tráfico y solo se hace pesado hacia el final, viendo pasar bajo nosotros esa autopista de peaje que hemos evitado. Tras un pequeño tramo con un solo carril por sentido que nos obliga a esperar el momento adecuado para adelantar a un par de camiones, volvemos a parar a las 12:45 en la última gasolinera bonÀrea del camino, justo después de superar Zaragoza. Solo hemos quemado 14 euros de combustible, pero no está de más rellenar al menor precio posible mientras exista esa posibilidad. Aprovechamos la parada para hacer desaparecer el bocata de calamares de La Lola. Cambio de conductor y seguimos.

Según Google Maps, nuestra estrategia de seguir por carreteras gratuitas supone 4 horas y 50 minutos de trayecto por delante, tan solo 30 minutos más que si reculáramos en nuestro propósito y cogiéramos ahora la autopista de peaje. Así que no cambiamos los planes y según devoramos kilómetros y el termómetro del coche vuelve a bajar de los 30 grados, apagamos un aire acondicionado que ya no volveríamos a poner en todo el camino. Son las 13:40 cuando entramos en territorio navarro.

Solo 20 minutos después, a las 14:00, La Rioja nos da la bienvenida con un pequeño tramo de autovía gratuita que nos sabe a gloria. Sin embargo no tardamos en regresar a una Carretera Nacional, pero apenas hay camiones que superar y el paisaje rodeado de viñedos desde el primer minuto hacen el camino mucho más llevadero. Sin haber encendido la radio hasta este momento, ya es hora de aprovechar el transmisor Bluetooth-FM y pasar el rato cantando a pleno pulmón algunos de los grandes éxitos de mi mega-lista de Spotify.

Son las 15:00 cuando atravesamos la ciudad de Logroño acompañados de 27 grados y un cielo totalmente cubierto que hace que se haga de noche pese a la temprana hora. 20 minutos más y abandonamos La Rioja para dar con nuestros neumáticos en Castilla y León y, más concretamente, en la provincia de Burgos. Tras varios avistamientos de un Camino de Santiago que traza su recorrido casi en paralelo a la carretera, vemos al fin al primer peregrino del día.


Pues ya podemos decir que hemos estado en Burgos


Hacemos una parada pocos kilómetros antes de alcanzar la ciudad de Burgos para volver a intercambiar asientos. El exterior nos recibe con 15 grados y una débil lluvia helada que hace las delicias de dos turistas que hace apenas dos días antes estaban siendo castigados por los 40 grados de Mallorca.

La llegada a Burgos viene acompañada de un cielo que se ha abierto por arte de magia y ha hecho resucitar la temperatura hasta pasar los 20 grados. No tardamos en coger el desvío hacia el Puerto de Piedrasluengas que nos llevará hasta el homónimo mirador tras conducir otros 25 kilómetros. La previsión no es la mejor para la ocasión, ya que parece que nos dirigimos de cabeza hacia un nuevo tramo de nubes bajas que cubren totalmente el horizonte.

Los 25 kilómetros son mucho más llevaderos de lo que cabía esperar, concentrando la subida en apenas unos pocos de ellos y haciéndolo de manera muy gradual. Pero al llegar al Mirador de Piedrasluengas nos recibe la más absoluta nada. Engullidos por una nube que se agarra en forma de gotas a nuestra ropa, miremos hacia donde miremos tenemos un lienzo en blanco allí donde deberían estar las tierras cántabras y los Picos de Europa en el horizonte. No nos vamos a engañar: no es el escenario ideal, pero viendo la previsión meteorológica en días anteriores ya temíamos que esto pudiera ocurrir y estábamos mentalizados para ello. Además, tal y como ya he dicho, el objetivo principal de visitar esta zona era reencontrarnos con el frío y la lluvia y eso es lo que nos ha dado la bienvenida.


Aquí está el mirador... y nada más

Volvemos al coche para descender del puerto por el lado opuesto, el que ya nos adentra en Cantabria hasta llegar a nuestro primer alojamiento del viaje. Viendo que la distancia entre nuestro asentamiento y el mirador es de 45 minutos nos planteamos volver si en los dos siguientes días el tiempo y, sobre todo, la visibilidad acompañan. Pero esa posibilidad se va desvaneciendo poco a poco cuando vemos que la carretera hasta el puerto por el lado cántabro es bastante más larga, pesada y llena de curvas de las que deben tomarse a no más de 20 kilómetros por hora. Antes de desviarnos hacia Cahecho nos alejamos un poco en dirección a Potes para aparcar junto a un Supermercado Día en el pueblo de Ojedo. Durante el descenso una pequeña ermita en lo alto de una colina llama nuestra atención, ya que desde nuestra posición parece un muy interesante balcón hacia los pueblos cercanos y a los Picos de Europa cuando la visibilidad acompaña. Los carteles nos informan de que se trata de la Ermita de San Tirso. Lo anotamos para futura evaluación.

A nuestro paso por el supermercado compramos las pocas cosas que no llevamos ya en el maletero: pan del día, chocolate para las excursiones, algo más de fruta, patatillas y cerveza. El primer cántabro al que oímos hablar es el encargado dándole órdenes a un mozo de almacén y... a ver, nada más lejos que querer perpetuar estereotipos, pero es que si cierras las ojos es como estar escuchando a Miguel Ángel Revilla.

Regresamos al coche para encarar nuestros últimos minutos de carretera de un largo día al volante. Tras deshacer unos pocos kilómetros y tomar un desvío que gana altura a un ritmo vertiginoso, en apenas 15 minutos y cuando pasan pocos minutos de las 19:00 aparcamos frente los Apartamentos Rurales Fuente de Somave. Tras escudriñar la zona y querer evitar la zona más turística de Potes, esta nos pareció la elección con mejor relación calidad/precio a tenor de los 55€ por noche que listaba en Booking.com y las espectaculares vistas hacia los Picos de Europa que prometían sus fotos.


Hola, Cahecho


Las calles de Cahecho

Nos recibe Gonzalo, que tras gestionar el papeleo de la reserva nos señala la puerta del apartamento #1 indicando que esa será nuestra casa durante las dos próximas noches. Entramos y enseguida vemos que hemos acertado con nuestra apuesta. Encontramos en el interior un apartamento de dos plantas con dos habitaciones en la parte superior y un más que suficiente salón comedor con cocina y lavadora incluídas en el piso inferior. Al abrir las ventanas ahí tenemos esas vistas que, aún siendo muy mejorables en un día con mejor visibilidad, ya valen mucho la pena. Mientras descargamos todo el contenido de nuestro maletero, los amenazadores truenos que hace un par de minutos sonaban en la distancia se traducen en un diluvio que nos parecía impensable hace un par de días. Entramos y nos relajamos mirando como el agua baña todo el verde de los alrededores.



El resto del día solo tiene como objetivo relajarse, disfrutar del clima, revisar las recomendaciones de excursiones y restaurantes del dossier para huéspedes y estudiar cómo encajarlas con lo que traemos planeado y la previsión meteorológica de los dos próximos días. Son las 21:00 cuando estamos cenando y con tiempo por delante para dejar pasar las últimas horas del día en la cama revisando las redes sociales mientras sigue lloviendo en el exterior. A esto veníamos, y esto hemos encontrado. Nada que objetar.

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Ver Etapa: Día 2: De Barcelona a Cantabria




Etapa: Día 3: Pico Jano y Desfiladero de La Hermida  -  Localización:  España España
Fecha creación: 12/08/2019 07:50  
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9 de julio de 2019

Lo de viajar en barco tiene su gracia. Lo de atravesar provincias y más provincias durante un mismo día por carretera tiene su encanto. Pero al final, en nuestros viajes la piedra angular son las excursiones. Y ahora que llevamos dos días fuera de casa, ya va siendo hora de ponernos a ello.

Son las 7:00 en el tranquilo pueblo de Cahecho cuando ya ha amanecido según nos indica la claridad que entra por el tragaluz justo encima de nuestra cama. Volver a dormir con ropa de cama por encima es otro de los alicientes del viaje, en contraste con las cálidas y húmedas noches mallorquinas en las que los ventiladores son obligada compañía. Durante la noche, la lluvia real rebotando contra ese tragaluz se mezclaba con la lluvia pregrabada que llevamos siempre encima a modo de "ruido blanco" para atenuar los sonidos externos, y a la que nos hemos acostumbrado tanto que tenemos que seguir llevándola encima incluso en escenarios como este en el que no existen tales ingerencias. Volver a sentir los muelles de un colchón no es lo ideal tras muchos años ya acostumbrados a un viscoelástico, pero no se le pueden pedir peras al olmo.

Soy yo el primero que baja al salón y desayuna mientras L estira todo lo posible su descanso. A las 9:00 empiezo a oir crujir el techo anticipándome que ella también ha empezado su día. Desde la terraza vemos las cercanas casas de Cahecho y más allá, la más absoluta nada. Una espesa capa de niebla pinta de blanco todo el horizonte y solo muy puntualmente se deja ver alguna silueta de las montañas que nos rodean. No tenemos claro en qué momento exacto empezará a clarear, así que decidimos salir de todos modos con la esperanza de que la visibilidad mejore según nos acerquemos al inicio de nuestra primera excursión del viaje.


Buenos días, Cahecho



Haciendo amigos

A las 9:40 hacemos una primera parada en Potes, el más poblado de los núcleos de la zona y principal fuente de locales y servicios para los turistas del Valle de Liébana. Como por arte de magia, al descender los más de 500 metros de diferencia entre Potes y Cahecho la niebla se ha disipado y lo que nos espera ahora al salir del coche es un sol que empieza a bañar los tejados. Hacemos dos compras rápidas en otro Supermercado Día -nos faltaba papel de aluminio...- y retomamos la marcha. Nos quedan por delante 25 kilómetros que, con un tramo final de carretera de montaña, nos harán subir hasta los más de 900 metros de altura sobre el nivel del mar de Dobarganes, una localidad consistente en apenas tres calles en las que solo se oye el ruido de los pájaros y desde la cual se inicia el ascenso a nuestra primera cima.


Los locales, a lo suyo

Para inaugurar nuestra serie de salidas hemos elegido la subida al Pico Jano, una cumbre de 1500 metros en el Valle de Liébana que combina nuestros dos aspectos favoritos de una excursión: un desnivel y distancia razonable -500 metros a remontar en unos cinco kilómetros- y una recompensa final en forma de vistas muy cercanas a la pared de piedra de los Picos de Europa... cuando el día acompaña, claro. Desde aquí vemos que en el cielo conviven zonas con un radiante azul y zonas donde las nubes se resisten a marcharse, así que es toda una incógnita que nos encontraremos al llegar al destino.

Cambiamos bambas por botas, nos echamos la mochila a la espalda y nos dirigimos hacia el cartel que indica el comienzo del sendero circular a pie... pero algo nos frena. Un anónimo, probablemente un pastor, que va paseando a tres perros nos grita a lo lejos "¡Por ahí no!" y frenamos en seco. Nos explica que la lluvia que no ha dejado de caer durante la noche habrá dejado el sendero embarrado y en muy malas condiciones, y que lo más práctico y sensato es subir por una pista para vehículos todoterreno cuya existencia desconocíamos y que nace al inicio del pueblo. A mí, si un señor con aspecto de haber pasado toda su vida en el pueblo me da un consejo como ese tengo por costumbre hacerle caso, así que pasamos de largo el sendero y nos dirigimos a esa supuesta alternativa más viable.

Efectivamente una pista de tierra nace allí donde terminan las casas y comienza a ganar altura con bastante fuerza. Durante los primeros minutos no estamos del todo convencidos de haber hecho lo correcto, con un ojo puesto en el track que llevamos cargado en el móvil y que muestra como en lugar de acercarnos al Pico Jano nos estamos alejando de él. Pero entonces el camino gira, endereza su trayectoria, y tras unos dos kilómetros y habiendo ganado 100 metros de altura nos cruzamos por primera vez con el sendero por el que pretendíamos subir. Y es en ese momento cuando ese hombre, ese héroe que ha tenido a bien transmitirnos su sabiduría, pasa a ser bautizado como San Anónimo de Dobarganes, protector de los despistados senderistas. El sendero que se nos cruza y que tiene aquí marcado un hito numerado con un "7" dibujado en su base tiene un aspecto amenazante, siendo difícil distinguirlo en aquellos tramos donde la hierba es alta y mostrando una pendiente mucho más fuerte que la de la pista por la que estamos caminando. Sería la ruta óptima para un Killian Jornet cualquiera capaz de correr por paredes verticales, pero para nosotros hubiera sido demasiado.


La primera de muchas


Eso de la izquierda era nuestro "camino" previsto

Devolvemos la vista a la pista de tierra que ahora ya nos tiene completamente convencidos, aún a sabiendas de que su menor pendiente tendrá como consecuencia una distancia total a recorrer mayor de la esperada. Seguimos subiendo, parando cada vez que lo consideramos necesario para coger aire y viendo como el ascenso sigue y sigue tras cada curva. Las vistas, lógicamente, son cada vez más prometedoras y cuando los árboles lo permiten dejan asomar ya algún balcón al valle que hemos dejado a nuestros pies. No volvemos a cruzarnos con el sendero hasta un nuevo hito cuyo número es ya el 22. Es la antesala a la cima, ya que aquí termina la pista y solo queda por delante un tercio de kilómetro en el que superar los últimos 50 metros de desnivel antes de alcanzar el punto geodésico que marca la cumbre del Pico Jano.


Empiezan a formarse las vistas


Verdes y azules

Lo alcanzamos, y ahí están los Picos... entre comillas. El sitio merece la pena, con pronunciadas caídas al Valle de Liébana a lado y lado, pero los Picos de Europa se resisten a saludar. Un denso banco de nubes que se desplaza a muy poca velocidad está agarrado a la frontera natural entre Asturias y Cantabria, y solo pequeñas ventanas que se abren y cierran nos dejan distinguir la textura de la piedra que hay tras él. Pasando de largo el punto geodésico el camino continúa y a pocos metros ofrece un banco de madera a medio metro de un precipicio con el balcón perfecto a la esquiva cordillera. Con una pareja -que creíamos holandesa pero resultó ser lituana- siguiendo nuestros pasos, nos dirigimos hacia ese banco con el objetivo de pasar un rato a la espera de que las nubes nos den una alegría. Apenas hemos tardado un par de horas desde que iniciamos la subida y es mediodía, así que tenemos margen para ello.


El balcón a los Picos... dicen


Un banco privilegiado

Ya sentados en el banco, los no-tan-holandeses nos alcanzan y se quedan mirando al horizonte cerca de nosotros, en lo que interpreto como una señal de que están esperando su turno para sentarse. Como no tenemos intención de irnos en breve, insto a L a que nos levantemos para que tengan su oportunidad de hacerlo. Pero peco de pardillo ya que cuando se sientan, sacan de sus mochilas sendos bocatas y no parecen tener intención de levantarse en breve. Así que no es hasta media hora después cuando recuperarmos nuestro trono y decidimos hacer lo mismo, echando mano de los bocadillos que nos hemos preparado esta mañana. Mientras tanto, los Picos siguen sin descubrirse.


Las nubes pasan pero siguen sin dejar ver


Haciendo tiempo

Con el estómago lleno y la compañía ahora de una pareja francesa y otra que no conseguimos ubicar, son las 13:30 cuando volvemos a echarnos la mochila a la espalda convencidos de que ya no vamos a ver mayor porción de los Picos de Europa que la que se ha asomado entre las nubes hace unos minutos. Para la vuelta, siguiendo los consejos de San Anónimo, nos reenganchamos al sendero de a pie que traza un recorrido circular y al parecer no se deteriora tanto por la lluvia en su segunda mitad. Suenan cencerros cuando empezamos a perder altura y queda tras nosotros ese banco de madera en el que cada vez se concentra más gente.


El momento de mejor visibilidad


El geodésico que hemos dejado atrás


A falta de montañas, jugamos con los pueblos...

El descenso empieza ameno, con altiplanos de moqueta verde que siguen ofreciendo vistas a los Picos -si estuviera despejado, claro-. Nos esperan por delante unos cinco kilómetros en los que, durante los cuatro primeros, debemos perder los 500 metros de altitud hasta regresar a Dobarganes. La señalización es perfecta, y no sería necesario llevar con nosotros el "track" más allá que para consultar cuánto falta para alcanzar la meta. Poco a poco se va cerrando el valle y el sendero da paso a un hayedo que se agradece tras varios minutos con el sol tostándonos la nuca. Los últimos dos kilómetros son los más pesados y lentos, con un campo de visión ya muy reducido, tramos embarrados que nos obligan a hacer algunos malabares y unos últimos remontes que nuestras piernas acusan tras dos horas de descenso. Superamos un último y pequeño embalse y a las 15:20 estamos de nuevo en el coche, con otros seis vehículos aparcados junto al nuestro. Han sido poco más de cinco horas para subir, conquistar durante hora y media la cima y volver a bajar. Pese a no haber podido disfrutar de la guinda del pastel en el punto más alto, nos sentimos satisfechos. Eso sí, recomendamos encarecidaente seguir el consejo de San Anónimo para quien esté interesado en seguir nuestros pasos.


Todavía con vistas durante los primeros minutos de descenso


Por ahí


Y bajar, y bajar...


Un embalse como último hito de la excursión

Volvemos a la carretera por poco tiempo, ya que nada más salir de Dobarganes y girar rumbo a Potes nos detenemos en un mirador que resulta prometer mucho más de lo que finalmente ofrece. Regresamos al volante para esta vez sí dirigirnos al siguiente hito del día. Al norte de nuestra posición, más allá de Potes y ya coqueteando con acercarse a Santander, se encuentra el Desfiladero de La Hermida, un tramo de unos 20 kilómetros en el que la carretera transcurre dejando a lado y lado dos inmensas paredes de piedra separadas por el curso del Río Deva. A medio recorrer ese desfiladero se encuentra un desvío que lleva al Mirador de Santa Catalina, supuestamente el balcón perfecto para ver desde las alturas ese sinuoso trazo de la carretera entre la roca.

57 minutos nos separan de Dobarganes hasta dicho Mirador, con una ruta que nos obliga primero a atravesar de nuevo las calles de Potes. Cuando el GPS señala que faltan 20 kilómetros para llegar al destino aparece ante nosotros el desfiladero. No es nuestro accidente geográfico favorito, pero recorrerlo no deja de ser curioso. Tras un primer tramo desmejorado por la maquinaria y señales de obras en la vía, según nos acercamos al pueblo de La Hermida empiezan a sucederse en el arcén furgonetas de actividades de naturaleza como escalada o descenso en canoa. Cruzamos el río por un puente para iniciar la subida final hasta el mirador, que cuenta con algunos tramos de fuerte pendiente y estrecha calzada en los que agradezco no cruzarme con demasiado tráfico en dirección contraria. Somos el único coche aparcado cuando llegamos al final del camino.

Lo de que era el balcón perfecto para ver el desfiladero no era ninguna exageración. Consiste en una pequeña plataforma metálica que se balancea al más mínimo paso sobre ella y cuyo suelo deja ver la caída de varios cientos de metros que nos separa de la carretera. Frente a nosotros, una panorámica de 180 grados en la que distinguir perfectamente el sinuoso recorrido del río en las profundidades con la carretera avanzando en paralelo a él. Entre esto y el banco a los pies de un precipicio del Pico Jano, ya he cubierto holgadamente mi cuota de vértigo del día. Regresamos al aparcamiento que, anteriormente vacío, ahora está atestado de coches que nos obligan a maniobrar marcha atrás para poder iniciar el regreso.


Desfiladero de la Hermida desde el mirador (1)


Desfiladero de la Hermida desde el mirador (y 2)


Y el mirador en sí

Damos por finalizada la agenda del día y comenzamos ya el camino de vuelta a Cahecho, no sin antes parar a las puertas de Potes en un Centro de Visitantes de los Picos de Europa que ha captado nuestra atención cuando hemos pasado junto a él hace unos minutos. De acceso libre, encontramos en su interior una sucesión de salas con exposiciones e información sobre la flora, fauna y naturaleza geológica de la zona. Antes de abandonar el edificio aprovechamos que el empleado de la recepción no está atendiendo a nadie para pedirle consejo acerca de nuestros planes para mañana, día en el que tenemos previsto visitar Fuente Dé pero no tenemos claro si hacer una excursión en las alturas o descender a pie el tramo que habremos subido en teleférico. Nos enumera los pros y contras de ambas opciones para que tomemos nuestra decisión final con la mayor cantidad de información posible -spoiler: al final no haríamos ninguna de ellas-.


El decepcionante mirador del Centro de Interpretación

Aprovechamos nuestro último paso del día por Potes para rellenar el depósito a sabiendas de que el combustible es mucho más económico en Cantabria que en Castilla y León, donde entraremos mañana. Paramos también en un supermercado de la cadena Lupa, en el que encontramos un surtido mucho más completo y variado que en los Día. Nos abastecemos con lo necesario para hacer los bocadillos de mañana y añadir alguna alternativa a nuestras opciones de desayuno. En las estanterías destinadas a turistas que quieran llevarse algún recuerdo gastronómico reinan los sobaos y las quesadas.

El reloj marca las 19:00 cuando estamos de nuevo en Cahecho, diez horas después de haber abandonado nuestro apartamento. Soltamos las mochilas y apenas caminamos 100 metros para visitar el Mirador de Liébana, una terraza que junto a nuestro apartamento ofrece vistas a todo el valle. El momento del día no es el ideal y el exceso de resol, sumado a las persistentes nubes, siguen privándonos de disfrutar de la silueta de los Picos de Europa. Irónicamente, sobre nuestras cabezas no hay una sola nube y nos debemos recordar a nosotros mismos que, viniendo de donde venimos, estos 26 grados que nos han acompañado toda la tarde no son calor.


Cahecho desde el Mirador de Liébana


El amplio Mirador de Liébana


Más casas de Cahecho

Pasamos ahora algo más de una hora descansando en -ya no por mucho tiempo- salón. El único pero que podemos ponerle a los Apartamentos Fuente de Somave es lo irregular de la conexión a Internet, obligándonos a pasar la mayor parte del tiempo consumiendo datos de nuestra tarifa móvil. Empiezo a procesar las fotos del día hasta que el estómago reclama nuestra atención. Tras una reparadora ducha, nos echamos a la calle con el objetivo de descubrir uno de los dos restaurantes disponibles en Cahecho.


De nuevo en casa


Una sola noche basta para tenerlo todo desordenado

Tras 200 metros de subida llegamos a Peña Sagra, un complejo rural con vistas a todo Cahecho y que incluye entre sus instalaciones un restaurante que cuenta con buenas opiniones en varios portales de Internet. Nos convence lo que vemos en la carta, así que nos sentamos frente a un ventanal que ofrece unas muy dignas vistas a las montañas que empiezan a recibir la luz del atardecer.

Sopa de cocido y filete para ella, plato combinado de croquetas para mí. Tarta de la casa y tarta de queso. Un refresco y, que empiece el show, una botella de sidra. Todo satisfactorio y por 36 euros más la propina para un camarero muy atento pero que esta vez no tiene el acento de Miguel Ángel Revilla. La botella de sidra la sirven con un tapón cuya apertura lateral permite escanciarla cómodamente me da la vida. Me lo apunto como posible recurso si quiero llevarme botellas en el maletero para mí y para mi familia.


Lo que como...


... y lo que pago

Volvemos ya con las últimas luces del día al apartamento, previo paso de unos minutos más por el Mirador de Liébana que sigue sin mostrar su mejor cara debido al resol. Tras otra sesión de retoque de fotos dan las 23:00 y decidimos dar por acabado el día, temiendo que el tremendo alboroto que producen los niños -y sus padres...- en un apartamento vecino nos vayan a dificultar el descanso. Pero nada más lejos de la realidad: como si hubieran pulsado un interruptor -o quizás hayan usado cloroformo-, de repente se hace el más absoluto silencio y solo nuestra lluvia pregrabada nos acompaña mientras cerramos los ojos. Se acaba nuestro tiempo en Cahecho, aunque todavía quedan unas horas que arañarle al oeste de Cantabria durante la jornada de mañana.


Buenas noches, Cahecho
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  Últimos comentarios al diario  Picos de Europa 2019
Total comentarios 2  Visualizar todos los comentarios

Marimerpa  marimerpa  13/08/2019 08:45   
Fantástico viaje y fantástico diario, muy bien contado e ilustrado. Por culpa de tu diario ahora tengo todavía más ganas de volver a Asturias.

Spab  spab  20/08/2019 21:42   
Fantástico diario (tanto el texto - se nota cuidado, como las fotografías (que obviamente no son de aficionado/a). Si que les gusta Asturias, me alegro, la verdad que si vienen unos pocos días y les pilla buen tiempo, luce muy bien. Y si quieren venir a quedarse más tiempo, sobretodo en el occidente, bienvenidos, que hay poquita gente en los pueblos y mayoritariamente de edades avanzadas. *****

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Naturaleza-Bosques-Paisaj Tema: Picos de Europa
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vipach
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Super Expert
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Jul 18, 2008
Mensajes: 535

Fecha: Vie Ago 02, 2019 09:37 pm    Título: Re: Picos de Europa

Pues sí, hemos tratado de hacerlo todos los días (el madrugar) con más o menos dificultad y nos ha cundido bastante: los lagos antes de las 8:30, Fuente Dé a primera hora, ....Simplemente el Sella saliendo a las 11 en punto fuimos con muy poca gente (no sé si tb influyó que estaba lloviendo) luego cuando subíamos con la furgoneta veíamos los márgenes atestados de canoas. La Senda del Oso saliendo a las 10h idem de lo mismo: una gozada tener la vía para ti solito.....Yo lo tengo muy claro: en los viajes esas primeras horas del día valen su peso en oro.
alfredin66
Alfredin66
Indiana Jones
Indiana Jones
Jun 12, 2007
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Fecha: Sab Ago 03, 2019 09:45 am    Título: Re: Picos de Europa

Al que madruga dios le ayuda!!!! Además el día cunde mucho más
LPHNT7
LPHNT7
New Traveller
New Traveller
Jun 06, 2019
Mensajes: 7

Fecha: Jue Ago 08, 2019 08:12 am    Título: Re: Picos de Europa

Recomiendo bañarse en las lagunas que hay en los picos, agua fresquita muy buena pal cuerpo!
alfredin66
Alfredin66
Indiana Jones
Indiana Jones
Jun 12, 2007
Mensajes: 3493

Fecha: Jue Ago 08, 2019 03:28 pm    Título: Re: Picos de Europa

No sé si esta permitido el baño en parques nacionales.
meha
Meha
Dr. Livingstone
Dr. Livingstone
Ene 06, 2010
Mensajes: 5556

Fecha: Jue Ago 08, 2019 06:21 pm    Título: Re: Picos de Europa

En Parques Nacionales marítimos está permitido el baño, pero no está permitido en los Lagos de Covadonga que yo sepa.
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