De vuelta en Jordania
Llegamos de nuevo a Amman. Son casi las 7 y a esa hora cierran la piscina exterior del hotel Le Meridien con su jacuzzi, así que nos cambiamos a toda prisa y todavía tenemos tiempos de estar 10 minutos dentro. Al llegar hay tres personas que nos parecen claramente árabes y entramos cuatro de golpe con la clara intención de echarlos. El primero lejos de asustarse intenta hace piernecitas con Ana y cuando se marchan los otros dos celebramos ruidosamente que ya hemos echado a todo, en esto el señor se vuelve y nos dice en perfecto castellano que desde luego a ellos si que es verdad que les hemos echado. Menudo corte, de todos modos a mi madre le da igual y aprovechando que es español le pide que nos haga una foto a todos dentro.

Otro amigo de los amigos del primer día cuya mujer es compañera de mi madre y de Marisa nos invita a su casa a cenar. Esto de tener amigos por todas partes es un chollo y, sobre todo, cuando puedes volver a probar el jamoncito, el quesito y el gazpachito de nuestra tierra, también hay moutavel y humus pero casi no le hacemos caso y nos lanzamos sin piedad sobre los productos de nuestra tierra. La comida árabe está muy bien y nos gusta pero nos está resultando un poco repetitiva. Parece que llevamos una semana comiendo, pollo, cordero, sandía y humus
En el transcurso de la cena nos cuentan una curiosa y dramática anécdota, al parecer una pareja vasca vino de viaje de novios a Jordania y se fueron al mar muerto. El chico no sabía nadar y en un momento determinado se quedo boca abajo y fue incapaz de darse la vuelta por lo que tragó abundante agua. El agua del mar muerto es tan terriblemente salada que prácticamente le destrozo por dentro. Estuvo internado varios días en Amman y la colonia española se movilizo para acompañar a la mujer en tan terrible trance. Al final se lo llevaron a España y allí murió al poco tiempo. Procuraremos estar con la cabeza bien alta en el Mar Muerto
Sexto día. Camino de Petra.
Volvemos a madrugar de lo lindo para ir a Petra. Estamos bastante excitados, porque para muchos éste es el objetivo del viaje. Por el camino, nuestro guía Rashad nos explica como Petra era el centro de una zona dominada por los nabateos que controlaban el comercio en la ruta real que iba de Aqaba a Damasco.
Llegamos a Petra donde la visita incluye un paseo a caballo hasta la entrada del Siq, no lo encuentro muy recomendable por que los caballos apestan y los que los llevan se te ponen tan cerca que para no pegarles patadas al avanzar con el caballo tienes que hacer un considerable esfuerzo, son 500 metros que se hacen interminables. Al fin entramos en el Siq que es un verdadero espectáculo. El Siq es un desfiladero de 1200 metros de largo, con zonas donde las paredes alcanzan los 90 metros de altura, está protegido por una presa que desvía el agua para que no lo atraviese, en esta época del año no hubiera hecho falta. Por en medio hay como altares a unos dioses sin cabeza que cuando son hombres tienen forma de columna y cuando son mujer de media bola. Hay zonas muy bonitas donde la piedra tiene formas y colores muy especiales.

Al final de Siq esta el tesoro que es la fachada espectacular que todos tenemos en mente por salir en la tercera entrega de Indiana Jones. Es muy espectacular por estar toda tallada en la piedra y tener formas como águilas y escultura, se ha conservado muy bien porque está protegida por un tejadillo que forma la misma piedra.

El tesoro es la más vistosa de las más de 800 fachadas de tumbas que hay en Petra. Siguiendo el camino vamos encontrando muchas de ellas como las tumbas imperiales. Todas las fachadas son tumbas y parece mentira que hagan tanto esfuerzo para enterrar a los muertos. Muchas de las tumbas presentan pequeñas escaleritas en la parte superior de la fachada como indicando a los muertos el camino hacia el cielo.

Al final del camino se encuentra la zona romana con una hilera de columnas y un templo todo ello regularmente conservado
Comemos en el restaurante de la derecha, la comida es un buffet. Como los de siempre, eso sí en esta ocasión hay un tomate y un pepino de chuparse los dedos. También estaban muy ricas las berenjenas rellenas. Nosotros no pagamos la comida porque llevamos pensión completa pero el sitio debe aprovecharse se su posición en el centro de Petra porque de bebida pagamos el triple que en un sitio normal y el doble que en los hoteles.
Por la tarde con la fresca, lo que es un decir por que eran las 3 hora jordana (una hora mas) y debía haber 40 grados, empezamos a subir hacia el monasterio, la subida tiene bemoles ya que mi padre contó 833 escalones pero es imposible que coincidan las cuentas porque hay muchos cachos que no se puede decir si son escalones o que son.

Yo tardé como 25 minutos en subir, mi padre 35, pero el resto tardó casi una hora y llegaron matados. El monasterio es muy parecido al tesoro, solo que sin restos de esculturas por lo que te preguntas si merece la pena subir.

Quizás merece la pena por el camino en el que vas viendo la montaña de cerca con sus formas y colores.

Desde el monasterio seguimos subiendo hasta un mirador mas arriba donde hay una buena vista de las montañas de Petra. Mi padre y yo subimos también a la roca más alta que también tiene una bonita vista.

A la bajada no nos encontramos y formamos dos grupos, Paco, mi padre y yo bajamos a toda prisa y esperamos en un bar que hay mirando a las tumbas imperiales que era una verdadera pasada. A estas horas la piedra es completamente roja y se marcan más los relieves de las fachadas. Es curioso que Petra, que por la mañana era una locura de gente por todas partes, con calesas que te adelantan, burritos que pasan por un lado y otro, después de comer se queda prácticamente vacío respirándose una tranquilidad increíble y pudiendo disfrutar mucho mas del lugar.
Llegamos a la puerta de entrada a las 7 de la tarde hechos una autentica pena, llenos de sudor, polvo, cansancio, etc. pero con la satisfacción del deber cumplido. Nuestro hotel es el Marriot que se encuentra en el punto más alto donde se domina el valle de Petra. La vista es seguramente la mejor de todas, y encima sin tener que hacer esfuerzo porque nos sube el autobús.
Cuando llegamos esta en pleno apogeo la puesta de sol, mi padre y yo nos ponemos el bañador a toda velocidad y todavía nos da tiempo a darnos una bañito y contemplar el espectáculo. Verdaderamente, la vista desde el Marriot es soberbia con todas las montañas abajo y el sol poniéndose. Curiosamente el sol no desaparece sobre las montañas de Petra sino bastante más arriba sobre unas montañas que están más lejos.

Cenamos de nuevo buffet a base de con pollo y cordero y, novedad, un pescado que no estaba mal. De postre hay pastel de coco que esta muy bueno y unas empanadillas de queso y miel también muy ricas.
El hotel Marriot esta genial parece claro que los hoteles de Jordania son bastante mejores que los de Siria, porque incluso contando con el Sheraton de Aleppo, tanto Le Meridien de Amman como el Marriot son los mejores hoteles que hemos tenido.
Séptimo día. Camino de Wadi Rum
De nuevo nos ponemos en ruta para ver el desierto de Wadi Rum. Antes de salir de Petra el guía nos comenta que cuando el empezó a trabajar como guía hace 15 años en Petra había 2 hoteles y ahora hay 64 y no dan a basto en los meses de temporada alta (marzo, abril y mayo, en julio y agosto solo a españoles e italianos se nos ocurre venir aquí) por cierto, hablando de calor, debo decir solo el día de Palmira en las dos horas, después de comer pasamos verdaderamente un calor sobrehumano, el resto del tiempo el calor ha sido semejante al que pueda hacer en Madrid en esta época del año, incluso con un airecillo bastante mas fresco.
Camino a Wadi Rum vemos abundantes tiendas de beduinos. El guía nos dice que están echas con pelo de cabra que resulta ser un material excelente porque aísla del calor y del frío e incluso la lluvia resbala sin penetrar dentro de la tienda.

Llegamos a Wadi Rum y nos meten en el camión más destartalado de todos para hacer la visita. A pesar de su aspecto iba bastante bien y demostró que era capaz subir y bajar por las dunas como si fuera nuevo.

Es bonito Wadi Rum con sus rocas de formas caprichosas sobre el desierto de arena. Paramos en 4 sitios para ver distintas montañas y pinturas que parecen graffitis pero que son del siglo 6 antes de Cristo y la parada final en lo que dicen era el campamento de Lawrence de Arabia. En este sitio hay unas graciosas caricaturas del mismo Lawrence, del rey Abdulah y del rey Faisal con cara de cachondeo.

En este punto hay un desfiladero (Siq) que esta cerrado y es bastante bonito.

También hay una duna que subimos Paulino y yo para bajar corriendo, pero no resulta tan divertido como en otros desiertos.

Al acabar la visita compramos unos cristales con los dibujitos que hemos visto. Curiosamente los más grandes cuestan casi lo mismo que los pequeños, rompiendo algunos esquemas que traemos de España
Comemos allí en el restaurante del centro de visitantes de Wadi Rum y la verdad es que esta muy bien puesto. La comida como siempre, pollo, cordero, etc. Debe ser barato porque la bebida nos cuesta la tercera parte que en Petra
Por la tarde llegamos al hotel, a tiempo de ver la etapa contrarreloj del tour en la que Sastre aguanta el liderato con gran alegría de todos pero sobre todo mía, ya que Sastre es desde hace varios años mi ciclista favorito. Después nueva sesión de Jacuzzi,
Cenamos por fin en el hotel Le Meridien y francamente la cena merece la pena con un buffet bueno y abundante donde destacan los productos frescos y los postres tanto de fruta como dulces.
Octavo día. Camino al Mar Muerto y a casita
Nuestros amigos en Amman nos han facilitado el contacto de un taxista llamado Abu Basin (Si alguien está interesado tengo su teléfono, te lleva a donde quieras por 50 dinares medio día, 90 dinares el día y 150 dinares si son dos días). Es un hombre de origen palestino, mayor, algo contrahecho pero bastante simpático. Se enrolla como las persianas con mi padre en inglés y nos va explicando todos los sitios por los que vamos pasando. Divisamos el valle del Jordán y la ciudad de Jericó. Nos explica que podemos ir a cualquiera de los hoteles que tiene playa en el mar muerto y piscinas, pero teniendo en cuenta que sólo vamos a estar dos horas nos decidimos por ir a unas instalaciones llamadas Amman Beach que cuestan 12 euros y que están francamente bien con buenas piscinas y vestuarios.
La experiencia de meternos en el Mar Muerto es considerable. El agua es pesada y grasosa, parece que te metes en aceite pero no da mucho asco porque está verdaderamente clara y transparente. Es difícil moverse y después de lo que le pasó al vasco tampoco hacemos muchos intentos por nadar. Lo mejor, lógicamente, es hacer el muerto.

Todos menos Paco y yo se deciden a darse los barros del Mar Muerto y les impregnan a 2 dinares cada uno de una cosa negra asquerosa y maloliente, que eso sí da mucho juego en las fotos. Después se tiene que volver a meter para quitársela. Excepto en la cara que tiene que ir a la ducha pues cualquiera mete la cabeza en el Mar Muerto.

A la vuelta a Amman encontramos un tremendo atasco. Hoy es domingo para nosotros pero para ellos es como un lunes y encima como están aquí todos los veraneantes del golfo se ha montado una de categoría. Llegamos con el tiempo justo de terminar de hacer las maletas, pero luego el autobús que nos tiene que llevar al aeropuerto se retrasa más de una hora.
En el aeropuerto nos advierten que tenemos que pagar otros 20 dinares de tasa de salida, menos mal que nos queda dinero y pocas oportunidades para gastarlo