El día llegó y lo teniamos todo listo, nuestras maletas y nuestro kit de mascarillas y gel desinfectante, cada uno en su mochila llevaba uno. Para desplazarnos de Córdoba a Sevilla utilizamos nuestro coche que dejamos en el parking del propio aeropuerto previa reserva realizada en la propia web de aena. Mire la posibilidad de dejarlo en un parking fuera del aeropuerto, hay varios, pero yo buscaba con opción de dejarlo bajo techo y la diferencia de precio de dejarlo en el aeropuerto o fuera era de tan solo 2€, por eso me decidí por dejarlo en el mismo aeropuerto.
Con esto del covid-19 para viajar en Volotea solo pueden subir las maletas a cabina los que tienen embarque prioritario el resto tiene que facturar maleta aunque es gratuito. Como teniamos prioritario nos dirigimos directamente a la puerta de embarque. El vuelo tranquilo y corto, solo una hora.
El desembarque del avión muy ordenado, la azafata va nombrando de 4 en 4 filas y hasta que no estén fuera no van las siguientes. Me dispongo a bajar del avión, desembarcamos en pista, y nada más salir por la puerta...menuda temperatura!! No me podía creer el frío que hacía, para algunos no lo será pero para mi venir de una tierra que no baja de los 40 grados a la sombra y encontrarme con 23 grados...que me tuve que poner una chaqueta jajaja
Como no teniamos que recoger el equipaje nos fuimos al stand de Avis donde teniamos reserva, allí nos entregan un Seat Arona nuevecito, el coche genial, ninguna queja.
Eran ya las 15:30 bien pasadas pusimos rumbo a un centro comercial para comer, se que no es una buena opción, pero a esas horas mejor comer en un sitio conocido y que tuviera cocinas abiertas y ya de paso comprabamos agua y algo de comida para el día siguiente que teniamos previsto visitar los lagos.
Con la barriga llena y nuestra compra ya hecha ponemos rumbo al hotel. El hotel por fuera impresiona, llama mucho la atención. El check in rápido y ya en la habitación colocamos nuestras cosas y nos fuimos a ver la ciudad para aprovechar lo que queda de tarde.


Vistas laterales del hotel y vistas desde mi habitación.
Fuimos hacia el parque donde esta Mafalda, me hacía ilusión hacerme una foto con ella. No tardamos mucho en llegar, tardamos algo más porque nos ibamos parando viendo la ciudad en diferentes puntos.

Con esto del paseo y fotos nos dio la hora de cenar así que nos pusimos a buscar algún sitio. Entramos en una calle donde había muchos bares y al final nos sentamos en uno llamado LA RONDA. Cenamos muy bien, estaba todo riquísimo, no recuerdo lo que tomó mi pareja pero yo pedí calamares a la plancha y estaban en su punto.
Pues con la cena acabada nos volvimos al hotel a descansar ya que al día siguiente nos esperaba un lugar maravilloso.