Nuestro plan para hoy era ir hasta “Cayo Levisa”. El barco partía del embarcadero de Palma Rubia, el cual dista más o menos una hora de coche desde Viñales. El único problema es que sólo hay un barco al día en cada sentido. Por la mañana, hacia el Cayo, a las 10.00, y la vuelta, de regreso a tierra firme, a las 17.00, así que si le pierdes, pues ya sabes, a cambiar de planes.
Salimos de casa sobre las 8.30 para ir con tiempo de sobra y menos mal porque nos equivocamos una vez y perdimos diez minutos preciosos. Llegamos al embarcadero de Palma Rubia a las 9.45 y compramos los billetes. El precio era de 20 CUC por persona e incluía el traslado en barco hasta el Cayo y un bocadillo con una bebida en un restaurante que hay en la playa.
El barco iba bastante lleno para ser el mes de mayo y el trayecto hasta Cayo Levisa dura unos treinta minutos. Llegamos al embarcadero y caminos unos 300 m. por un muelle artificial construido en medio de un manglar. En la cafetería de la entrada del Cayo nos ofrecieron un cocktail de bienvenida bastante malo y ya cada uno se dirigió a buscar unas hamacas y sombrillas porque sin esto es casi imposible aguantar un día de playa.
Nos aposentamos y nos dispusimos a pasar una jornada de playa completa pues aquí sí que no teníamos posibilidad de escapatoria a ningún sitio. Esto lo digo porque mi amigo y yo no somos mucho de pasar largas horas al sol, aunque nuestras respectivas mujeres lo disfrutaron mucho. Nosotros empleamos el tiempo en dar un largo paseo, buscar algunas conchas, alquilamos un kayak y estuvimos haciendo el “clown” remando como animales de un lado para otro. El caso era matar el tiempo hasta la hora de volver a casa. Se nos pasó más o menos deprisa el día porque a eso de las tres de la tarde se nubló todo y descargó un chaparrón increíble, así que no quedó otra que meterse en el bar y tomar mojitos y piñas coladas hasta las cinco que salía el barco de regreso.
Cayo Levisa
En el camino de regreso desde el muelle de Palma Rubia a Viñales decidimos dar botella a alguien por el camino. El primero fue un chaval de catorce años que había venido a visitar a su tío y llevaba unos mangos para su madre. Nos ofreció alguno, pero lógicamente rechazamos el ofrecimiento. Poco más adelante paramos a otro hombre que nos dice que se le había muerto la viejita (su madre) y que llevaba desde las cuatro de la tarde esperando para que alguien le llevara al policlínico donde estaba hospitalizada, a sólo 12 km. de allí. A todo esto eran las seis de la tarde, así que el pobre hombre llevaba dos horas esperando para poder llegar hasta un pueblo próximo para poder ver a su madre muerta. Y menos mal que lo llevamos porque al poco de recogerlo empezó a llover como si se fuera a acabar el mundo. Después de la experiencia se nos quedó un mal cuerpo a todos tremendo pues la situación de ese hombre era muy triste y dura.
Altarcillo pidiendo la vuelta de los cinco héroes
Hoy para cenar Bartolo nos había preparado otra sopa distinta, ensalada, arroz de otro tipo y muslos de pollo. De nuevo todo estaba rico, aunque otra vez, el haber comido en todo el día un solo bocadillo, también ayudó.
Esa noche era nuestra última en Viñales y todavía no conocíamos el ambiente nocturno así que aprovechando que era sábado nos acercamos hasta el centro Polo Montañez, que estaba animadísimo. Había actuaciones de bailarinas, cantantes y espontáneos que aprovechaban para demostrar sus habilidades bailando salsa con las turistas.