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Escapada a Sevilla -Diarios de Viajes de España- Lou83
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Diario: Escapada a Sevilla  -  Localización:  España  España
Descripción: Escapada de tres días a Sevilla en junio de 2018
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Etapas 1 a 3,  total 5
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Etapa: Introducción  -  Localización:  España España
Fecha creación: 11/06/2018 11:05  
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Bienvenid@ al relato de nuestra escapada de tres días a la ciudad de Sevilla en junio de 2018.

Tanto el relato de las etapas como las fotografías y vídeos que lo acompañan son de producción propia, tomando notas sobre la marcha para luego redactar el escrito final y tomando el material audiovisual con alguno de los múltiples aparatos que llevábamos con nosotros. En concreto, las imágenes se han tomado con el siguiente equipo:

Cámara DSLR Canon EOS 6D con objetivos 24-105mm f4 L IS y Samyang 14mm f2.8
Cámara de acción Xiaoyi Yi II 4k
Teléfonos móviles Xiaomi Mi Max y Xiaomi Mi A1
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Ver Etapa: Introducción



Etapa: Día 1: Aterrizando en el Monasterio de la Cartuja  -  Localización:  España España
Fecha creación: 11/06/2018 11:12  
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2 de junio de 2018

Dos días y medio. Ese es el tiempo que junio nos tiene reservado para romper una sequía de viajes -una oposición tiene la culpa- mediante una pequeña escapada a una de esas ciudades cercanas que se resistía a salir de nuestra columna del “debe”. Sevilla, su historia y sus encantos a lado y lado del Guadalquivir nos aguardan.

Son las 9:00 horas de un sábado de junio que empieza a mostrar en Son Sant Joan síntomas de lo que seguro será una nueva temporada alta saturada en la isla de Mallorca. La compañía que en ese preciso instante nos lanza por los aires con rumbo al suroeste es Vueling, a cambio de unos razonables 42 euros por persona tras aplicar el descuento por residente -todavía del 50%- y sin añadir extras de equipaje. Lo que entra en nuestras mochilas Quechua deberá bastar.

Palma de Mallorca y Sevilla están separadas por 90 minutos de vuelo, lo cual nos sitúa en el Aeropuerto de San Pablo a las 10:30. Un aterrizaje suave -lo de tomar tierra rebotando es cosa de Ryanair- sirve de antesala a poner los pies por primera vez en suelo andaluz. Durante el viaje llevamos como mejor podemos la mezcla de perfume y sudor de la chica que se sienta junto a nosotros. Nuestros últimos instantes en el aire nos presentan una provincia soleada y con muy poco relieve.

Una vez apeados del avión no nos cuesta mucho encontrar a mano izquierda tal cual abandonamos la terminal el punto de parada de la línea EA de la compañía municipal de autobuses. Por 4 euros por persona que debemos pagar forzosamente en efectivo, el coche nos llevará hasta la estación de autobuses de la Plaza de Armas desde la cual ya nos moveremos exclusivamente a pie. La línea tiene paradas anteriores en centros neurálgicos como la Estación de Trenes de Santa Justa o la Estación de Autobuses Prado San Sebastián, pero nosotros la agotaremos hasta el final.

El trayecto por carretera se hace más largo de lo esperado y contribuye a esa sensación tener que pasarlo de pie durante gran parte del recorrido, ya que el autobús va lleno. Vamos observando en cada parada al turista despistado de turno que no sabe dónde está, hacia dónde se dirige y si tiene que bajarse ya o no del vehículo. Para enviarse tonterías por Whatsapp todo el mundo aprende rápido, pero utilizar el móvil para cosas útiles y estar mejor preparados ya es otro cantar.

Alcanzamos las 11:30 cuando el recorrido llega a su fin en el andén de Plaza de Armas. Salimos al exterior y puerta con puerta nos encontramos con un Mercadona circular que nos resulta muy oportuno para hacer unas compras básicas para nuestra corta estancia. Con algo de agua mineral, unas esponjas desechables y un almuerzo rápido volvemos a la calle, donde nos sentamos el tiempo mínimo necesario para comprobar que, por ahora, la meteorología está siendo buena con nosotros. Fresco a la sombra, un calor dentro de lo razonable al sol y un cielo que presenta nubes sueltas por aquí y por allá que podrían derivar en alguna lluvia esporádica pero en absoluto alarmante.

Echamos a andar con destino al que será nuestro hogar durante las dos próximas noches: un pequeño piso en el casco antiguo de la ciudad estratégicamente situado para no requerir grandes distancias hasta los principales reclamos turísticos. Lo reservamos a través de la plataforma Airbnb a razón de 49 euros por noche incluyendo exclusivamente el alojamiento. Nos atiende al interfono Ana, a la que ya habíamos avisado con antelación de que nos sería muy conveniente poder pasar a dejar nuestras cosas antes de las 13:00, hora que su anuncio tiene publicada como mínima para poder hacer la entrega de llaves. La encontramos terminando de fregar tras limpiar el rastro de los huéspedes anteriores y, tras una breve y agradable bienvenida, volvemos a las calles ahora ya mucho más ligeros de carga.

Pasan pocos minutos del mediodía cuando atravesamos a pie por primera vez el Río Guadalquivir. Lo hacemos a través del Puente de Triana, en el cual nos ofrecen la primera y última ramita de romero del viaje.


El Guadalquivir desde el Puente de Triana


La Torre del Oro, desde el puente


Pádel surf sobre las verdes aguas

Desde la barandilla del puente y mirando hacia el sur podemos ver la Torre del Oro, junto a la cual habíamos pasado antes durante los últimos kilómetros del viaje en autobús. Vienen y van hacia ella barcos llenos de turistas haciendo un recorrido a lo largo del río. Les acompañan algunos adictos al pádel surf y pequeños grupos de piragüistas que me dan mucha, mucha envidia.

En el otro extremo del puente nos espera el barrio de Triana, que por ahora atravesamos sin detenernos demasiado en sus calles. Tenemos la previsión de recorrer estas mismas aceras esta noche de camino a nuestra cena y ya habrá ocasión de saborearlas más detenidamente entonces. Giramos a la derecha y empezamos a avanzar metros por el paseo habilitado junto al río, por el que siguen navegando piragüistas. Pasamos bajo el Puente del Cristo de la Expiración y unos metros más adelante debemos ya abandonar la primera línea y volver hacia el interior. Asoman ya frente a nosotros las vastas extensiones de lo que hace 25 años era la Expo ‘92, escasamente reutilizadas y dando lugar a edificios en su día ostentosos pero ahora ya tristemente abandonados.

Todavía con rumbo hacia el noreste y caminando por una desangelada Calle Américo Vespucio llegamos a la entrada del CAAC, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Lo que nos ha traído hasta aquí es el Monasterio de la Cartuja, en el que nos adentramos y, sin nadie que nos pida pagar una entrada -sábados gratis-, comenzamos a recorrer por su extremo más a la izquierda. En el primer patio nos espera un escenario a medio construir en el que están haciendo pruebas de sonido, pero no somos capaces de averiguar qué banda o intérprete se subirá a él en las próximas horas. Superamos el patio y lo que espera a continuación no tiene demasiado atractivo. Unos exteriores un tanto descuidados solo interrumpidos por una pequeña construcción cuyo interior está resguardado por unas cortinas más propias de un patio andaluz que de un monasterio.


Monasterio de La Cartuja


El arco principal, desde el patio interior


La pequeña construcción en los jardines del Monasterio


Detalle de las cortinas que protegen el interior


Otro de los laterales

Conectamos con la mitad derecha del Monasterio, que presenta un mejor aspecto pero sin llegar a asombrar en ningún momento. Edificios cerrados que ahora parecen alojar oficinas públicas y un pequeño jardín en el que predominan los colores morados de las flores de las jaracandas. Probablemente estemos viendo unos escenarios que guardan su mayor atractivo para la primavera más temprana y no ahora que el verano se vislumbra en el horizonte. Asomamos la cabeza tras la cortina instalada en las puertas de la iglesia, lo suficiente para ver que su interior se ha reconvertido en una suerte de exposición con mesas acristaladas. Faltos de interés, no pasamos de aquí y enfilamos la salida esta vez por el lado del río. Por el camino nos caen las primeras gotas de esa lluvia de verano que anunciaban las nubes desde hace unas horas.


Paseando junto al morado de la jaracanda


Más vistoso por fuera que por dentro


La entrada a la iglesia

Reemprendemos la marcha hacia el norte, esta vez algo más alejados de las aguas del Guadalquivir. Avanzando por el Camino de los Descubrimientos, nos separan de las aguas del río más estructuras faraónicas nacidas el 92. A destacar el rebautizado Auditorio Rocío Jurado y el larguísimo Pabellón del Futuro, en su día espacio dedicado a la ciencia y tecnología y ahora todavía buscando un nuevo uso digno de sus dimensiones. A tenor de los carteles a su entrada parece que el plan es que parte de sus instalaciones aloje en breve los Archivos Oficiales de Andalucía.

Así, en compañía de pabellones abandonados y las pocas bicis que se cruzan en nuestro camino, llegamos a la que es probablemente la instalación que mejor ha sabido aprovechar los terrenos de la Isla de la Cartuja más allá de 1992. Del interior del Parque Temático de Isla Mágica salen los gritos de niños y padres disfrutando de sus atracciones. No es Port Aventura, pero cumple su función. Frente a él se extiende el Puente de la Barqueta, al que guardo especial cariño por ser el que utilizaba para alcanzar la Expo cuando mi versión de 1992 visitaba la ciudad junto a sus padres. De niño todo parece más grande y los gruesos cables rojos que mantienen el puente en pie no son una excepción.


El Puente de la Barqueta, desde el lateral oeste


El antiguo Pabellón de Andalucía junto a Isla Mágica


El Puente del Alamillo, desde el de La Barqueta

Hemos superado ya las 14:00 y no nos cuesta mucho encontrar un sitio para comer. De hecho, prácticamente nada: apenas a unas decenas de metros desde la calle Torneo encontramos el Bar Antojo, uno de los locales recomendados por conocidos durante nuestras pesquisas de la ciudad. Tras un vistazo rápido a la carta expuesta junto a la puerta decidimos entrar y en pocos minutos estamos ya disfrutando de nuestra primera jornada de tapas y cañas. Ensaladilla, rabo de toro, croquetas y lagrimillas de pollo con salsa barbacoa se unen al plato fijo de picos de pan y aceitunas. Todo a la altura y que, junto a la bebida, sacia sobradamente el hambre que traíamos por apenas 22€ a repartir entre los dos.


Bar Antojo: la carta...


... y las tapas

Nuestro plan para este camino de vuelta es atravesar el Parque de los Descubrimientos, un puñado de metros de parque infantil habilitado junto al río. Sin embargo puede más la apetecible sombra que acompaña a la zona más elevada del paseo junto a la orilla, y dejamos el parque oculto a nuestra derecha. Nuestros pasos nos llevan de nuevo a la Plaza de Armas donde todo empezó hace varias horas, y desde ahí unos pocos minutos más nos separan de una casa que, ahora sí, ya tenemos totalmente a nuestra disposición.


Refugiados en la sombra


Los puentes de la Barqueta y el Alamillo, juntos


La Giralda asoma de camino a casa

Tras la primera y apresurada incursión para dejar nuestras cosas, colocamos ahora todo con un poco más de cariño y estudiamos con más detenimiento el alojamiento. Nos ofrece todo lo que andábamos buscando: un espacio reducido pero suficiente para dos y que cuente con cocina para emergencias. Su ubicación, en una calle peatonal y poco transitada, nos hace albergar esperanzas de que el ruido no sea un problema. Sin embargo veríamos como dichas esperanzas se desvanecen cuando, mientras intentamos echarnos una pequeña siesta para descansar los pies y la cabeza, el alboroto de unos niños jugando en la calle atraviesa los cristales de un balcón que permanece cerrado.


Salón...


... comedor...


... cocina...


... baño...


... y dormitorio

Preocupados por la posibilidad de que el efecto rebote del sonido en las estrechas calles pongan en peligro el descanso incluso por la noche, buscamos una solución. Y la encontramos en el sofá cama del salón, cuya ventana da a un patio interior del que es mucho menos probable que nazcan ruidos que puedan interrumpir nuestro sueño. Dicho y hecho: con la promesa de volver a dejarlo todo como estaba, nos llevamos el colchón desde el dormitorio hasta el sofá cama para no renunciar a la comodidad de sus muelles. De rebote, tener nuestra nueva poltrona instalada junto al televisor nos permitirá dejar reproduciéndose por la noche el sonido de lluvia que tenemos por costumbre utilizar a modo de “ruido blanco” para ocultar los sonidos de la noche.

Tras este episodio de improvisación abandonamos la casa para hacer una visita rápida al supermercado cercano de El Corte Inglés, donde compramos un par de latas de refresco y cervezas para tener en la nevera “en caso de emergencia”. Tras dejarlas a enfriar, volvemos a salir para dirigirnos de nuevo hacia la zona de Triana.

Esta vez cruzaremos al otro lado del río mediante el Puente de San Telmo ya que de ese modo nos aseguramos pasar a pie junto a la Torre del Oro. Lo hacemos rodeados de comerciales que nos intentan vender paseos en barco por el río, y es que es difícil disimular que eres un turista cuando llevas colgando del hombro una cámara de fotos nada discreta. Aprovechamos nuestro paso junto a la torre para retratarla, pero no es hasta que empezamos a cruzar el río cuando disfrutamos de los mejores miradores hacia ella. Primero desde el propio puente y luego desde la orilla enfrentada, la torre aprovecha perfectamente su contexto para lucir en fotografías. Le pone la guinda una Giralda cuyos últimos metros de altura asoman tras las fachadas más cercanas.


La Torre del Oro


El acceso a la Torre


Ni cinco minutos sin cruzarnos un carro de caballos


Desde el Puente de San Telmo


La Torre, ahora desde el lateral oeste del río


San Telmo, La Torre del Oro y el río sigue su curso hacia el norte

En la zona junto al río de Triana nos aguarda lo mismo que en el resto del barrio: muchas, muchísimas terrazas. Sin embargo ninguna va a conseguir convencernos para que nos sentemos, ya que tenemos más que decidido dónde celebrar nuestra primera cena del viaje. No muy lejos de aquí espera una Freiduría Reina Victoria que, cuando pasan pocos minutos de las 20:00, presenta un aspecto solitario esperando a que lleguen las horas de mayor ambiente.


Aquí se pide...


... y aquí se come

Sentados en el más pequeño de los comedores disponibles más allá de la barra disfrutamos de raciones de calamares fritos y puntillitas religiosamente envueltas en papel tal cual salen del aceite hirviendo. Sumado a una Coca Cola y dos latas de Cruzcampo -es lo que hay, y el aceite da mucha sed- pagamos apenas 8 euros por una cena que cumple lo esperado.

Volvemos al casco antiguo, cruzando de nuevo el Puente de Triana pero en sentido inverso al de este mediodía. Antes de regresar a casa nos perdemos brevemente por las calles comerciales más cercanas a nuestro destino. En la Calle San Pablo no podemos resistir la tentación de sendos cucuruchos en una de las numerosas heladerías esperando a incautos y acalorados turistas. En vista de la cantidad de gente -turista y no tan turista- que habita las calles a estas horas, el horario comercial está más que justificado.


Atardece en el Puente de Triana


Atardece en el Guadalquivir

Son las 22:00 cuando estamos de nuevo en casa y, tras una reparadora ducha, podemos descansar tras un día que ha servido de aperitivo para el plato fuerte que llega mañana. Porque Sevilla es, por encima de todas las cosas, su Giralda, su Catedral, y su Plaza de España. Y todo eso es lo que nos queda por delante. El día de hoy terminará cuando la iglesia cercana decida que ya está bien de hacer repicar las campanas.
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Ver Etapa: Día 1: Aterrizando en el Monasterio de la Cartuja



Etapa: Día 2: Terrazas de la Catedral, subida a la Giralda y Plaza de España.  -  Localización:  España España
Fecha creación: 11/06/2018 11:23  
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3 de junio de 2018

La operación “sofá cama y colchón” ha sido todo un éxito. Hemos pasado una noche decente sin tener que preocuparnos por los ruidos, en parte gracias a mantener cerrada la puerta que conecta el salón con el dormitorio y a su vez con la calle, y en parte gracias a ese fichero MP3 de lluvia que hemos dejado reproduciendo repetidamente toda la noche. Noche que empezó algo cálida pero fue dejando paso a un agradable fresco que nos ha acompañado hasta el amanecer.

Nos echamos a unas calles todavía desiertas pero ya bien iluminadas por la luz natural a las 8:00. Con la intención de disfrutar de un desayuno tradicional, subimos la calle comercial de Sierpes -todavía anormalmente tranquila- hasta alcanzar la Confitería La Campana, uno de esos locales que rebosa tradición ya desde su fachada de madera. Sin embargo sería una visita en falso, ya que cuando vemos que sus escaparates van más enfocados al postre que al desayuno y que en su interior no hay mesas, cambiamos a última hora los planes y terminamos desayunando en el Starbucks situado justo enfrente. Luego sabríamos que las mesas de La Campana se encuentran en la propia Calle Sierpes, en la parte trasera del edificio.


Confitería La Campana, otra vez será

Ya desayunados, deshacemos nuestros pasos por Sierpes y seguimos más allá de nuestra casa hacia el sur. El camino nos lleva a través de la Plaza de San Francisco, donde todavía quedan levantadas frente al Ayuntamiento las estructuras instaladas con motivo de la celebración del Corpus Christi. Lo más llamativo son los dos arcos a lado y lado de la plaza que a nosotros, neófitos total en materia de festejos religiosos, nos recuerdan más bien a la Feria de Abril. Algunas señales a la entrada de las calles peatonales que aquí nacen advierten del riesgo de resbalar por cera durante todo el año. En el horizonte, ya más cerca que nunca, el Giraldillo nos saluda tras las fachadas de los últimos edificios que nos falta superar antes de llegar hasta sus pies.


Uno de los dos arcos en la Plaza del Ayuntamiento

Apenas unos minutos después estamos ya en plena zona de la Catedral de Sevilla. Con mucho tiempo de antelación respecto a la visita que tenemos contratada, la rodeamos en sentido de las agujas del reloj, recorrido que nos permite ya ver con lamento como todo un lateral tanto de la Giralda como de la propia Catedral queda deslucido por la existencia de andamios tapando toda la fachada durante las tareas de restauración. El rodeo termina en la Puerta de San Miguel, situada en una Avenida de la Constitución que solo ahora, cuando nos acercamos a las 10:00, empieza a animarse con los primeros turistas pasando junto a las vías de un tranvía que llega a la estación cercana con bastante frecuencia.


El Giraldillo y la Puerta del Perdón


Al fin, La Giralda de principio a fin


Detalles de la Puerta de San Miguel


De aquí a Galicia


Una tranquila Avenida de la Constitución

Llegan las 10:00 y con ello la hora a la que tenemos programada nuestra visita a la Catedral. No es una visita sin más: se trata de un paquete previamente reservado que incluye, en añadido al acceso básico al interior de la Giralda y el Patio de los Naranjos, un recorrido con guía por los entresijos de la Catedral, incluyendo el acceso a varias de las balconadas del interior y terrazas del exterior. La reserva se realiza vía web y tiene un coste de 15 euros por persona. La visita se inicia con el guía, un chico entre los 30 y los 40 años y que se expresa perfectamente, dándonos la bienvenida y haciéndonos pasar a una zona privada en la que repartir unos auriculares conectados a un receptor para que podamos oírle en todo momento sin vernos afectados por la distancia o el ruido ambiental.

Y empieza la visita. Y nos encanta. Al atractivo de una construcción histórica como en la que nos encontramos se suma lo bien estructuradas de las explicaciones del guía, que además complementa su narración con documentos tales como planos o fotos antiguas que va mostrando a través de un tablet. El detalle de los auriculares permite concentrarse mucho más en lo que te cuenta, y consiguen que la experiencia sea en su conjunto perfecta. Pasamos una larga hora y media desplazándonos por la catedral mediante las estrechas escaleras de caracol que utilizaban los operarios durante su construcción, y disfrutamos de la guinda que supone pasar largo rato en pie sobre el techo del edificio o asomados a los balcones interiores a escasos metros de las enormes cristaleras y el rosetón. Mientras tanto, no cesan las explicaciones tanto sobre anécdotas y peculiaridades durante la construcción -de dónde sacar la piedra, cómo transportarla, como aligerar el peso de los tejados…- como del contexto histórico y político que lo acompañaba, haciendo que un símbolo del cristianismo fuera invadiendo paso a paso lo que hasta entonces había sido un icono de la historia musulmana de la ciudad.


Estrechos pasillos...


... y estrechas escaleras


Ganando altura en plena misa


Poniéndonos en contexto


Una mirada hacia el rosetón


Un vigilante


Arcos en las terrazas


El Giraldillo, cada vez más cerca


Espiando a los caballos


Las terrazas y sus vistas (I)


Las terrazas y sus vistas (II)


Las terrazas y sus vistas (III)


Las terrazas y sus vistas (IV)


Las terrazas y sus vistas (V)


Las terrazas y sus vistas (VI)


La Giralda... y su andamio


Casi la podemos tocar


Un rodeo por la terraza de uno de los extremos


El Puente del Alamillo en el horizonte


Como si fueran hormigas


Vistas y explicaciones


De nuevo en el interior


El rosetón, cerca y desde dentro


San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista y San Juan Bautista


El guía y más vidrieras


Una pizca del Patio de los Naranjos


El rosetón, cerca y desde fuera


El último balcón de la visita



Terminamos el recorrido tan satisfechos, que L se plantea seriamente buscar cursos o incluso el modo de matricularse en Historia del Arte mediante alguna universidad a distancia. Son casi las 12:00 cuando terminamos y el guía nos insta a apuntarnos en una lista si tenemos intención de acceder por libre al interior de la Giralda y el Patio de los Naranjos esta misma tarde. Así lo hacemos, y tras unos minutos más en el interior de la Catedral volvemos al exterior con el único lamento de haber pasado de largo sin darnos cuenta la tumba de Cristóbal Colón durante los primeros minutos de la visita.


De nuevo a pie de calle

Pasamos ahora unos minutos en el exterior, sentados en unas escaleras de piedra frente a la fachada sur de la Catedral estratégicamente cubiertas por la sombra de los edificios contiguos. El ir y venir de gente es incansable, en contraste con la tranquilidad que reinaba en estas mismas calles alrededor de las 9:00. A pocos metros de nosotros el aparcamiento oficioso de los carros de caballos espera a su próxima víctima. Tras un breve estudio de la zona mediante el teléfono móvil, decidimos desplazarnos para comer a un lugar muy cerca de aquí.


Esperando turistas



La Taberna Álvaro Peregil se encuentra en el mismo sitio que muchísimos de los locales en los que sevillanos y no sevillanos se reúnen para disfrutar de vino, cerveza y tapas mayoritariamente a pleno sol en las terrazas que ocupan casi toda la acera. Nosotros preferimos ser de los pocos que permanecen dentro, ya que para bañarse al sol siempre se está a tiempo tanto aquí durante las visitas, como de vuelta en Mallorca. Sin embargo las mesas del interior están igualmente diseñadas para permanecer de pie, ya que los taburetes no tienen una altura acorde a la de las mesas. De esa guisa cubrimos el expediente con una caña de cerveza, una Coca Cola y tres tapas -ensaladilla de cangrejo, bacalao con tomate y montadito de pringá- acompañadas de una media ración de croquetas. La cuenta, de 19,6 euros.


Croquetas y lo que queda de ensaladilla

Echando cuentas, tenemos tiempo de sobra para recalar en casa y descansar un rato antes de regresar a esta misma zona con el objetivo de entrar en la Giralda. Empieza a costarnos muy poco encontrar el camino de vuelta, requiriendo cada vez menos la ayuda de Google Maps para tomar el desvío correcto. Disfrutamos durante algo más de una hora de nuestro piso de alquiler en compañía del sonido de fanfarria de un paso religioso en alguna calle cercana. Como si fuera Semana Santa.


Más iglesias de camino a casa

Son ya prácticamente las 15:00 cuando estamos de nuevo en la calle acercándonos más y más hacia la Giralda, y cuando enfilamos el último tramo hasta la “Puerta del Lagarto” nos llevamos el susto. Una nada despreciable cola que da la vuelta a la esquina acoge cientos de turistas con los mismos planes que nosotros. Pagando la novatada de no saber si la cola es para las taquillas o directamente para el acceso -era imposible abrirse paso en el embudo de la entrada para averiguarlo-, nos resignamos y aguardamos aquí unos largos 30 minutos, afortunadamente protegidos del sol por la fachada de la propia Catedral que queda a nuestra derecha.


Un aplauso para los encargados de la poda


La larga cola para entrar a La Giralda


Hacia ahí vamos

Alcanzamos la cabeza de la cola y escuchamos a los responsables del recinto discutir la mejor estrategia para cortar la cola cuando ya sea evidente que los más rezagados no van a entrar a tiempo. Al parecer, a las 16:00 dejan de admitirse nuevas entradas. No es algo que nos preocupe… de momento. Llega nuestro turno y, efectivamente, nos podríamos haber ahorrado la espera: la chica de la taquilla nos manda directamente a los tornos, donde la empleada de seguridad comprueba nuestros nombres en una lista de los que se han apuntado procedentes de otros paquetes contratados. Sin más tiempo que perder, accedemos al Patio de los Naranjos para inmediatamente girar a la izquierda e iniciar la subida al campanario de La Giralda.

La subida de los dos primeros tercios de la torre, parte correspondiente al alminar de la antigua mezquita, consiste en hasta 34 rampas de unos cuatro metros de longitud y pendiente bastante asequible con un pequeño rellano en el que descansar tras cada una. En algunas de las plantas se habilitan balcones, pero sin demasiado atractivo debido a la rejilla que los separa del exterior y la certeza de que a más altura, mejores serán las vistas. Y la altura máxima llega tras un tramo de escaleras que da inicio a la parte cristiana de la torre, la correspondiente al campanario.


La subida hasta el campanario


El último tramo

Debido a las obras de restauración, solo tres de los cuatro laterales del campanario están abiertos al público. En cada uno de ellos hasta tres balcones ofrecen vistas a los distintos puntos cardinales de la ciudad. Y efectivamente, son las mejores vistas posibles a Sevilla. Personalmente nos quedamos con las del lateral oeste, ya que son las que ofrecen una combinación de la catedral a los pies, la ciudad con la Plaza de Toros de la Maestranza en a continuación, y el resto del municipio más allá del Guadalquivir en tercer plano.


Vistas al oeste


Asomados bajo las campanas


Más vistas al oeste

Pasamos aquí algo más de media hora, escudriñando con la mirada tanto este como los otros dos laterales disponibles. Distinguimos las formas junto a las que pasamos ayer: los pabellones de La Cartuja, los puentes de La Barqueta y el Alamillo… son alrededor de las 16:15 cuando iniciamos el descenso, y en apenas cinco minutos volvemos al Patio de los Naranjos. Segundo atractivo de la visita que, sin embargo, no podemos disfrutar como merece ya que a estas horas la gestión del recinto está ya presionando a los visitantes para que enfilen la salida. Así que aquello que nos había dicho esta mañana nuestro guía de que el horario de tardes era de 14:30 a 17:30 no era del todo cierto. Hacemos alguna apresurada foto antes de salir definitivamente de la Catedral.


Alguna vista mientras descendemos


Desde el Patio de los Naranjos

El día no termina aquí ni mucho menos. A unos 15 minutos callejeando en dirección al sur nos espera otro de los puntos de parada obligatoria para cualquier visitante de Sevilla: la Plaza de España.

El camino nos lleva junto al Real Alcázar que tenemos programado visitar mañana, y vemos con alivio como el acceso para los visitantes con reserva previa evita la infinita cola de su entrada. Se acercan las cinco de la tarde cuando vemos ya asomar por encima de las copas de los árboles una de las dos torres que la parte edificada de la plaza tiene en cada uno de sus extremos. Cuando la alcanzamos nos encontramos bastante gente, pero no una cantidad que hagan el lugar intransitable.


El lateral sur de la Catedral y la cola para entrar al Alcázar


Bienvenidos a la Plaza de España

Realmente se merece el título de ser la Plaza de España más atractiva del país. Construída con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 -aunque empezó a levantarse hasta 15 años antes- tiene de todo: un amplio semicírculo presidido por una fuente central, un vistoso arco edificado de colores vivos rodeando su perímetro, y un canal con varios puentes que lo atraviesan y barcas navegando sobre él que separa la plaza de dicha construcción. Hay gente sonriendo, posando, correteando y, en definitiva, disfrutando mires hacia donde mires.


Plaza de España (I)


Plaza de España (II)


Plaza de España (III)

Pasamos varios minutos en la parte exterior para finalmente refugiarnos del sol en el pasillo interior, que recorremos de extremo a extremo. Dos cosas a destacar aquí: la primera, las placas que bajo cada columna se van sucediendo con el nombre de todas las provincias de España, teniendo en cuenta que hablamos de 1929 y desde entonces ha habido algunos cambios como que Oviedo pasó a ser Asturias o Canarias se dividió dando paso a Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife. La segunda, que es justo en este pasillo, no muy lejos del lugar donde se encuentran las baldosas de Barcelona y Baleares -qué casualidad-, donde Hayden Christensen y Natalie Portman -o lo que es lo mismo, Anakin Skywalker y Padmé Amidala- charlaban a su llegada al planeta Naboo durante una de las escenas del Episodio II de Star Wars.


Bienvenidos a Naboo


La Plaza, desde la planta superior


El interior del palacio principal


Un último vistazo desde la esquina sur

En su extremo más al sur, la Plaza de España termina donde comienza el Parque de María Luisa. No teníamos previsto pasar más que unos curiosos minutos por los caminos del equivalente sevillano al Parque del Retiro de Madrid, pero claro… patos. Alcanzamos una zona en la que tanto ellos como algún sigiloso cisne pasan las horas remojándose y graznando, y no podemos evitar alargar un poco más nuestra estancia.


Los senderos del Parque de Maria Luisa


Los más chungos del barrio


El arquitecto y su obra

Ahora sí, damos por finalizado el día turístico y enfilamos el camino de vuelta a casa. Por el camino, esta vez superando la Catedral por su lado oeste, topamos por accidente con una tienda oficial del Sevilla Club de Fútbol. Continuamos y evitamos pasar por quinta vez en lo que va de día frente al Ayuntamiento tomando las calles paralelas, y pasan pocos minutos de las siete de la tarde cuando estamos de vuelta en nuestro piso del casco antiguo.


Y es por eso que hoy vengo a verte...


Atajando por las calles menos transitadas

Echados en nuestro sofá cama supervitaminado, nos ponemos al día de las redes sociales y llamo a mis padres para concretar los detalles de mañana. Se da la casualidad de que ellos también llegaron ayer a la ciudad para visitar a familiares y hemos acordado visitar el Real Alcázar y comer juntos durante nuestras últimas horas en Sevilla. En el patio interior del bloque de pisos empieza a sonar música atronadora, más si cabe por el efecto rebote sobre las paredes hasta alcanzar nuestra tercera planta. Para nuestra fortuna no es un monográfico de flamenco -un poco vale, pero sin pasarse- sino que el repertorio incluye desde Presuntos Implicados hasta Joan Manel Serrat pasando por, esto si que es inesperado, el “Take Me Home, Country Roads” de John Denver que hace las veces de himno oficial del estado de West Virginia.

A sabiendas de que mañana tendremos que ponernos en marcha rápidamente, aprovechamos las últimas horas del día para dejar nuestro equipaje lo más preparado posible para el viaje de vuelta. Sin demasiadas ganas de volver a las calles para cenar, pedimos a través de la aplicación de Just Eat sendas hamburguesas en el cercano local de HOB House of Burger. Aprovecho el descanso del partido amistoso entre España y Suiza para ir a recogerlas, y las disfrutamos junto a un trozo de tarta de zanahoria y las latas de cerveza y refresco que habíamos comprado el día anterior para situaciones como ésta.


Nuestra cena a domicilio

Fregamos los platos y cubiertos utilizados durante la cena y ya estamos listos para dar por finalizada la jornada. No opina lo mismo el vecino aficionado a la música, que sigue ofreciendo hilo musical para las casas de varios kilómetros a la redonda. Afortunadamente la decencia hace aparición y a las 23:00, justo cuando ya habría contexto legal para pedirle que bajara el volumen, la música desaparece y nos deja abrir la ventana justo a tiempo para dormir con la ligera corriente que entra desde el exterior.
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Ver Etapa: Día 2: Terrazas de la Catedral, subida a la Giralda y Plaza de España.

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  Últimos comentarios al diario  Escapada a Sevilla
Total comentarios 1  Visualizar todos los comentarios

Marimerpa  marimerpa  19/06/2018 07:44   
Preciosa Sevilla y muy buen diario, me ha gustado mucho. Para la próxima quiero hacer la subida a las terrazas de la catedral, parece muy interesante. Suerte habéis tenido en junio con la temperatura, todavía no se había disparado.
Saludos

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Ciudad Tema: Sevilla capital: visitas, actividades
Foro Andalucia, Extremadura y Murcia Foro Andalucia, Extremadura y Murcia: Foro para compartir temas de Viajes por el Sur de España: Andalucia, Extremadura, Murcia, Ceuta y Melilla
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RMonterdeV
RMonterdeV
New Traveller
New Traveller
May 09, 2018
Mensajes: 7

Fecha: Mie May 09, 2018 11:40 am    Título: Re: Sevilla capital: visitas, actividades

Buenos días: La entrada al archivo de indias es gratuita (Hay que pasar por un arco de seguridad). Suelen haber exposiciones temporales. En breve que abre una nueva titulada: "Cuatro Siglos de Ingeniería Española en Ultramar: del s. XVI al s. XIX". El edificio tiene una escalinata espectacular, así como los pasillos en donde esta repleta de archivadores. Así que es una visita que te gustara. Si tu idea es investigar, hay que desplazarse al edificio colindante en donde se encuentran toda la documentación sobre las Indias. Te pongo la pagina web del Archivo de Indias en donde...  Leer más ...
ersevillano
Ersevillano
Travel Adict
Travel Adict
Ene 26, 2018
Mensajes: 56

Fecha: Mie May 09, 2018 10:54 pm    Título: Re: Sevilla capital: visitas, actividades

Ojú, a mi me suena que hace unos años me cobraron 1 eurito Avergonzado ... , entonces únicamente era gratis para estudiantes e invesigadores acreditados... creo
Aburgos
Aburgos
Silver Traveller
Silver Traveller
May 30, 2011
Mensajes: 17

Fecha: Mie May 16, 2018 01:31 pm    Título: Re: Sevilla capital: visitas, actividades

LUNACHULA Escribio:
Buenos días, quiero preparar un viaje de 4 días a Sevilla y alojarme por el centro para no tener que mover el coche, me gustaria que nos recomendarais sitios imprescindibles para visitar, barrios y bares para tapear.....

Muchas gracias.

no se si mi respuesta llega tarde, solo quería decirte que los lunes muchos sitios son gratis, pregunta en turismo, en algunos es a última hora y en otros todo el día.
alfrito.alfrito
Alfrito.alfrito
Dr. Livingstone
Dr. Livingstone
Jul 26, 2010
Mensajes: 8648

Fecha: Dom Jun 17, 2018 08:32 pm    Título: Mapa Google de Sevilla

Hola. Por si le puede ayudar a alguien ... en este mapa drive.google.com/open?... sp=sharing teneis algunas ubicaciones de Sevilla capital. Las de los restaurantes y sitios de tapeo (ver Tapas en SEVILLA - Andaluza. Clásicos. Típicos y tips relacionados) tienen icono personalizado y el resto, de momento, icono temático.
Crucero2017
Crucero2017
Travel Adict
Travel Adict
Abr 21, 2017
Mensajes: 92

Fecha: Lun Jun 18, 2018 09:13 pm    Título: Re: Sevilla capital: visitas, actividades

Buenas noches, en breve iremos 4 dias a visitar sevilla y me gustaria saber si a la casa Pilatos a la planta superior se puede acceder sin llevar un guia? Tengo entendido que si vas por libre solo se visita la planta baja. Gracias y un saludo!!!!
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