Uno de los rincones que teníamos claro que queríamos visitar era el Caló des Mort. Hacia allí nos dirigimos pero encontramos que había muchísima gente. Es precioso, con rocas,... Pero nos quedamos apartados un poco antes. Estábamos delante de un hotel pero había menos gente. Cual fue nuestra sorpresa cuando a las 12:00 h. viene una chica con un altavoz, lo planta en la playa y empieza una clase de aquagym. Además tres chicas organizaron una especie de mercadillo de faldas, vestidos, petos,... No desmontamos la sombrilla etc, pero si que nos partamos un poco para bañarnos porque después de la tranquilidad del km 10'5 aquello era un estrés total!
Llegamos bastante tarde a comer al apartamento. Mi marido no tenía ganas de más playa así que lo dejé durmiendo una siesta y yo repetí Es Caló! Qué bonito! Y siguiendo con las repeticiones volvimos al faro de Barberia pero pensamos que en vez de quedarnos a ver la puesta de sol allí nos íbamos a la zona de Cala Saona. Si la del faro nos encantó, esta también. Son muchos los barcos que van hacia allí y también le da su encanto a las vistas. Los que nos dieron más envidia los que decidieron verla remojándose. A acabar a puesta de sol fuimos a cenar a MACONDO. Como os he dicho no se puede resevar pero es muy grande y no tuvimos que esperar. Hay bastante movimiento.

Macondo es un restaurante italiano en [b]San Ferran . Pedimos pizza. Son grandes de masa fina. Hay una sección de pizzas blancas (sin tomate) y una de pizzas rojas (sin queso). Están entre 10 y 16 € aproximadamente. Los mojitos valían 8€, una jarra de cerveza 2'80, una alhambra 4€... La Isla no es barata pero creo que donde más abusan es en las bebidas. El resto de platos no tenían mala pinta.
San Ferran es el pueblo de vida nocturna. Luego podéis tomar algo, por ejemplo en la mítica la Fonda Pepe. Tenía buena pinta pero no estuvimos. También hay chiringuitos hippies.

