Hoy era nuestro último día en esta zona, así que queríamos disfrutar del paraíso que nos rodeaba.
Por la mañana los chicos se fueron a jugar al tenis mientras la mami ponía una lavadora y se relajaba tomando el sol en la terracita de la casa. La verdad que el tiempo estaba siendo buenísimo y la temperatura era ideal.
Comimos en casa y después de comer nos fuimos a pasar la tarde a Harderwijk. Aunque la vimos ayer con la bici de pasada, queríamos pasear. El centro y sobre todo la zona de la playita estaba muy animada. Hay muchos restaurantes y tiendas.
Compramos algo en una juguetería y nos fuimos para el paseo donde junto a la muralla hay mucho espacio con césped para jugar.
Allí mismo hay un avión estrellado en el agua. Las fotos del atardecer salieron increíbles. Junto a esta playa también hay un delfinario, pero no nos llamó la atención y no fuimos.

Nos compramos unos pastelitos y helados junto al ayuntamiento y después de dar varias vueltas, pasando incluso por un beaterio, cogimos el coche sin rumbo fijo.
Paramos en la vecina localidad de Ermelo. Y allí, aparcamos sin más junto a una urbanización. Las casas eran preciosas y justo enfrente, tenían un bosque tremendo.
El sol se colaba entre los árboles y decidimos hacer senderismo. Andando sin rumbo y ya con los últimos rayos del atardecer casi nos perdemos, pero encontramos el coche al final sin mayor problema. Eso sí, los niños, iban preocupados por si nos salía algún dinosaurio...
Ingenuidad, bendito tesoro.

Hoy por ser nuestro último día volvimos a cenar al restaurante La Famiglia. Si la comida del otro día estuvo bien, la cena mejor, con sus velas encendidas el ambiente era muy acogedor.
Los niños cenaron rápido y salieron a jugar y nosotros, momento parejita.