El domingo desayunamos de nuevo en el buffet del Parador de Zamora, recogimos nuestras cosas y fuimos a por el coche, que seguía en el parking de San Martín desde que lo dejáramos allí el viernes por la noche. El precio “especial” por ser clientes del Parador fue de 25,20 €. (Si no, nos hubiera costado algo más de 29 €).
Galería del Parador de Zamora

Abandonamos Zamora y pusimos rumbo a Toro por la A-11. No tardamos ni media hora en llegar. Antes de aparcar el coche fuimos a ver el famoso Verraco de piedra, que está colocado en una rotonda de la N-122, la carretera que bordea el pueblo por el norte coincidiendo con lo que fue el segundo recinto amurallado.
El Verraco, símbolo de Toro, es una escultura de piedra que representa un toro. Fue encontrada en las inmediaciones de este municipio en el S.X y se sabe que procede de la segunda Edad del Hierro, en la época celtibérica, lo que nos da idea de la antigüedad de este asentamiento.
Detalle del Verraco

Para ser el símbolo de la ciudad, no han podido elegir un lugar menos agraciado para colocarlo. Una rotonda en un cruce de carreteras, junto a una gasolinera, fuera del casco antiguo… El lugar está lleno de señales de tráfico que ensucian su imagen y casi imposibilitan tomar una foto decente. Tengo entendido que en algún pleno del Ayuntamiento se había decidido cambiarlo de ubicación. Espero que lo hagan pronto para darle la dignidad que merece.
Una vista más amplia...

Volvimos con el coche hacia la Puerta de la Corredera y aparcamos justo enfrente para entrar andando al centro de la ciudad.
La Puerta de la Corredera es uno de los antiguos accesos a la ciudad en su segundo recinto amurallado. En ella se inicia un eje formado sucesivamente por las calles Corredera, Puerta del Mercado y Mayor, que tiene como punto final al otro extremo la Colegiata.
Unas vistas de la calle Corredera


Avanzando por la calle Corredera encontramos enseguida la bonita plaza ajardinada de Santa Marina. Allí destacan los soportales de que configuran una de sus fachadas, construidos con pilares de piedra y forjados de madera. Resulta curioso observar cómo no hay dos pilares iguales, lo que hace pensar que tal vez son todos ellos aprovechados de diferentes edificaciones más antiguas.




Otros bonitos edificios en la Plaza Santa Marina

Setos recortados con el nombre y el escudo del municipio

En la misma Plaza de Santa Marina, dando paso entre las calles Corredera y Puerta del Mercado, se halla la Torre del Reloj, construida sobre la llamada Puerta del Mercado, una de las puertas de la primera muralla que tuvo Toro. La Torre es de principios del S.XVIII, más moderna que la puerta, y se atribuye a Churriguera. Es un hito que sirve como punto de orientación en la ciudad, porque puede verse casi desde todos sus rincones, y de hecho ya la hemos visto apareciendo en varias de las fotos anteriores. Antes de cruzar esta puerta ya puede verse a través del arco la cúpula de la Colegiata, como si de una obra enmarcada se tratara.


Atravesamos la Puerta del Mercado y nos encontramos ya en la calle del mismo nombre. En esta calle conviven edificios antiguos y modernos, de todos los estilos, siempre con la Colegiata al fondo como foco de atención.
Aquí vemos la Torre del Reloj mirando hacia atrás desde la Calle Puerta del Mercado:

Y mirando al frente, la Colegiata al fondo:


Llegamos a la Plaza Mayor , donde están el Ayuntamiento, construido en el S. XVIII por Ventura Rodríguez, y la Iglesia del Santo Sepulcro, mudéjar del S. XIII que ya conserva poco de su aspecto original.
Una vista del Ayuntamiento en la Plaza Mayor

Callejeamos hacia otra iglesia mudéjar de ladrillo, la de San Lorenzo, y echamos un vistazo al interior, aunque no hicimos fotos por la poca luz que había dentro.
Callejeando por las pintorescas calles de Toro

Iglesia de San Lorenzo


Volvimos hacia la calle Mayor y ya nos acercamos a la Colegiata, el edificio más importante de Toro. Fue construido entre los S. XII y XIII, por lo que tiene rasgos tanto románicos como góticos. Lo más destacable es su cimborrio, muy similar al de la Catedral de Zamora, aunque de mayor sencillez.



Normalmente, el acceso a este templo es gratuito y sólo hay que pagar 1 € si se quiere sacar fotos de su interior, pero como ahora estaba allí instalada la exposición de “Las Edades del Hombre”, había que pagar para entrar y estaba absolutamente prohibido hacer fotos.
Fuimos hacia la parte de atrás de la Colegiata, donde estaba el acceso a la exposición. Esa zona está en alto y desde allí hay una panorámica de la vega del río Duero con el viejo puente románico del S. XII que parece estar colocado de manera extraña, pero es que el río ha cambiado algo su curso desde entonces.
Preciosa, la trasera de la Colegiata

Vistas de la vega del Duero desde la Colegiata


Allí mismo sacamos las entradas (4€ por persona) y, tras esperar unos quince minutos de cola entramos.
La verdad es que esperábamos otra cosa de la exposición, pero resultó demasiado religiosa para nuestro gusto. Aunque por otra parte es lógico, teniendo en cuenta que la organiza una fundación de carácter religioso participada por obispados y arzobispados. El caso es que se trata de una recopilación de pinturas, estatuas y objetos traídos de otras iglesias, museos y catedrales de Castilla y León, todo ello de corte sacro. El montaje de la exposición, a base de grandes paneles verticales, compartimentaba el espacio e impedía la visión del interior del edificio. Nosotros, más amantes de la arquitectura que de los temas eclesiásticos, nos llevamos una decepción al no poder ver el edificio por dentro. Además, compramos audioguías para que nos fueran explicando las cosas y resultaron ser una especie de sermones a base de parrafadas adoctrinantes y pasajes del Evangelio. No en vano dice un panel al comienzo de la exposición que uno de sus objetivos es la evangelización.
De lo poco que pudimos ver del interior de la Colegiata fue el Pórtico de la Majestad, precioso. Originariamente era una de las portadas de acceso al templo, pero luego se construyó delante de ella una ampliación que la dejó interior, lo que la ha protegido de las inclemencias del tiempo y, por tanto, ha contribuido a conservar su policromía original. Tampoco pudimos hacer fotos.
De allí nos fuimos hacia el Alcázar, único resto que queda de la antigua muralla del S.X. En esta fortificación de gruesos muros de piedra vivieron varios reyes, entre ellos Juana La Beltraneja durante su guerra contra Isabel la Católica. Actualmente alberga dependencias municipales en la zona reconstruida. De aquí, lo más destacable son las vistas que hay desde lo alto de los muros:


Como era la hora de comer, nos fuimos hacia la Plaza Mayor, donde habíamos visto que había varios sitios para elegir. Al final nos quedamos en uno llamado “La Esquina de Colás”, donde comimos en la barra (sólo tienen dos mesas) un par de tostas que no estaban mal y una ración de pulpo a la brasa con panceta… ¡exquisita!
Habíamos salido un poco escaldados de la primera parte de exposición en la Colegiata, pero aún nos quedaba otra segunda parte que estaba instalada en la Iglesia del Santo Sepulcro. Ya que estábamos allí mismo, decidimos terminar de verla. Nada que añadir a lo dicho respecto a la primera parte.
Era ya media tarde y sabíamos que aún podíamos dar una vuelta para ver alguna iglesia y algún palacio más, pero estábamos cansados y nos esperaban más de 200 Km de vuelta a casa, así que nos dimos por satisfechos con la sobredosis de arte románico que habíamos tenido ese fin de semana. Entramos en una pastelería a comprar unos dulces típicos y volvimos hacia la Puerta de la Corredera para salir del casco antiguo, coger el coche e iniciar el regreso.
En resumen, un fin de semana apacible y muy provechoso en un par de ciudades altamente recomendables.